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El llamado
telefónico de Rubén Cano aquella mañana de invierno, hace dos años, fue
breve y directo: "Si querés conversar con Juan, te venís hoy a la tarde
a mi oficina. Mirá que vino imprevistamente por cuatro días y regresa
mañana a Bogotá".
No había,
pues, ninguna opción, de modo que con rapidez Sentimiento Bohemio concurrió
al microcentro para entrevistar a uno de los mayores e indiscutibles ídolos
de la historia bohemia: Juan Antonio Gómez Voglino, de paso fugazmente
por el país, de donde se alejó en 1974 para seguir su carrera en España
y radicado desde 1979 en Colombia.
Al margen
de un reportaje por correo electrónico que le había hecho pocos meses
antes el sitio web Planeta Bohemio, era la primera posibilidad
en tanto tiempo de mantener un diálogo cara a cara con quien es considerado
un prócer en Villa Crespo y aledaños. Por entonces, su imagen no había
aparecido en la película "Siglo Bohemio", estrenada en setiembre de 2004
y para la cual fue filmado en Bogotá, desde donde dirigió un saludo.
Símbolo del
espectacular equipo que logró el tercer puesto en el Nacional 1973 y sinónimo
de buen fútbol, toque exquisito y tremenda y precisa pegada. A todo lo
cual, que de por sí no es poco, hay que agregarle el gol: Gómez Voglino
es el máximo goleador de Atlanta en el profesionalismo, con 68 tantos.
Sólo es superado por el centroforward Antonio Piaggio, que jugó entre
1906 y 1909.
Casi treinta
años sin contactos nos devolvieron a un Juan Antonio con la misma imponente
presencia de cuando lucía la número 10 azul y amarilla en un campo de
juego, con bigotes y, asombrosamente, con una memoria descriptiva increíble,
que le permite narrar jugadas y otros detalles como si el partido se hubiera
jugado ayer no más. En eso ayudó un amigo estadígrafo colombiano que le
consiguió revistas que le permitieron reconstituir su trayectoria en la
Argentina.
Durante la
extensa conversación, el anfitrión, su amigo y ex compañero durante aquellos
años setentistas de Atlanta, Rubén Cano, entra y sale de la habitación,
interviniendo y realizando acotaciones en la charla.
Gómez Voglino
confiesa que está desesperado pues debe tomar el avión al día siguiente
y la recorrida por librerías de la avenida Corrientes y de Florida fue
infrutuosa, ya que no pudo conseguir el libro de la historia de Atlanta.
Suspira aliviado cuando recibe de obsequio un ejemplar, que hojea con
avidez.
-¿Qué
te trajo por Buenos Aires?
-Te cuento: resulta que en noviembre de 2002 un canal de Bogotá que se
llama Siete TV hizo "Camino a la gloria", y el jefe de mercadeo de publicidad
es socio del club donde yo trabajo. Pero como lo querían hacer con el
Club Los Millonarios, necesitaban asesoramiento. En un principio estaba
como jurado invitado y luego quedé como definitivo. El premio para el
ganador del concurso era un viaje a Buenos Aires por tres días para presenciar
Boca Juniors-River Plate. Yo dije en broma que lo debería acompañar por
seguridad alguien que entendiera "el argentino", se lo tomaron en serio,
y aquí estoy. El ganador, por razones de estudio, cambió las fechas. Y
yo no pensaba viajar, pero lo decidí sobre la marcha, porque a partir
del 1° de julio voy a trabajar con un grupo de amigos en una escuela de
fútbol creada por Parmalat. Entonces le dije a mi señora: "Me voy ahora
porque a partir de julio no me voy a poder mover de Bogotá, hasta diciembre
por lo menos. Y por ahí en diciembre se arrepentían..."
-¿A qué
te dedicás laboralmente en Bogotá?
-Trabajo en un club social, con canchas de tenis, de golf, de polo, y
tiene una parte de fútbol, básicamente de niños, pero también en mayores.
El nivel de ese club es de clase alta, bien alta. Se llama Country Club
de Bogotá. De los clubes de ese tipo, que hay varios (Country Club, Los
Lagartos, Arrayanes), es el de clase más alta. Ahí llegás y te podés encontrar
con el presidente de la República, los ministros, con quien sea.
-¿Allá
hay un contraste social más grande, no?
-Grandísimo, inmenso. Para darte un ejemplo, los socios de ese club pagan
como cuota de sostenimiento un millón de pesos colombianos, que son unos
mil pesos argentinos mensuales, sólo por ir al club. Después, si consumen,
si invitan a alguien, pagan aparte. Para entrar ahí, tenés que presentar
una solicitud, mil cosas. El sueldo de un obrero es de 350 pesos; esta
gente paga tres sueldos básicos de un obrero para ir al club.
-¿Desde
que dejaste el fútbol profesional, ¿seguiste ligado a escuelas de fútbol
siempre?
-Sí, infantiles, pero no profesional. Ni siquiera manejé inferiores en
Millonarios. Antes había una política allá de tener entrenadores extranjeros,
pero desde Maturana los que mandan son los entrenadores colombianos.
-¿Los
extranjeros tienen poca chance?
-Muy poca. Antes, de catorce equipos, once tenían entrenadores extranjeros.
El año pasado hubo sólo un yugoslavo y Comesaña, que lleva cuarenta años
en Colombia, ya es como un colombiano, con hijos colombianos. Quintabani
también. Pero es gente que hizo su vida allá.
-Pero
¿hace cuánto que estás vos en Colombia?
-Y… yo ya llevo 24.
-¿Vos
coincidiste con Palito Candau allá?
-No, yo coincidí con el Negro Ibáñez, que jugó en Santa Marta y
en Armenia con el Quindío. En Bogotá estaba Pichón Rodríguez, él
en Santa Fe, y yo en Millonarios. Y el Tanito Onnis en Bucaramanga. El
Nene Gutiérrez en el '80 fue seis meses al Deportivo Cali.
-¿Tenés
contacto con tus ex compañeros en Atlanta?
-Por ejemplo, del Negro Ibáñez, un día me explicó Pecoraro desde
Chile que se lo había encontrado en Charata, en el Chaco, hace unos tres
o cuatro años, cuando fue a jugar un partido de veteranos. Juan Carlos
Sarnari, que tiene un restaurante muy famoso en Bogotá, se lo encontró
en Chile, y cuando le dijo que me veía a mí, Pecoraro me mandó una carta
seis hojas, me contó toda la vida.
De
Chacarita campeón a Atlanta
Curiosamente,
Gómez Voglino se convirtió en ídolo en Atlanta, adonde llegó tras su paso
por Chacarita. Antes había jugado en Colegiales, en Primera C.
-¿Cuál
es la expectativa que tenías cuando debiste irte de ese equipo de Chacarita,
que venía de clasificarse campeón de Primera División, para pasar como
parte de pago de un jugador a un Atlanta que venía de pelear el descenso
y no era gran cosa hasta entonces? Perdón por decirlo tan crudamente...
-No, era así. La sorpresa fue grandísima. Nosotros teníamos que jugar
con Chacarita en Salta por la Copa Argentina, un jueves. El miércoles,
en el entrenamiento, Víctor Rodríguez nos citó en el Aeroparque con uniforme
y maletín a las 9. Me fui a mi casa, al cine, y al volver a la madrugada
me bajé en puente Saavedra y el Clarín ya estaba. Lo compré y me
fui caminando a mi casa, a unas cuatro cuadras. Me puse a leerlo, y decía:
"Chacarita compró a Carnevali por 20 millones y el pase de Gómez Voglino".
No entendía nada.
-Esa remanida
frase: el jugador es el último que se entera.
-Lo llamé a Víctor Rodríguez por teléfono y me explicó que había sido
algo de último momento, que fuera al club a mediodía y averiguara qué
pasa. Si no pasaba nada, me esperarían en Salta. Pero yo no me quería
ir: Chacarita había sido campeón. Teníamos giras por todos lados y había
un reconocimiento para los que jugaban y los que iban a ser suplentes.
¿Qué iba a hacer a Atlanta? Los dirigentes me dijeron que hablara con
la gente de Atlanta, a ver si me convenía. La cuestión es que en la segunda
o tercera reunión con Slipak y Davilman, yo les pedí cualquier cosa. Una
vez Davilman me echó. "¿Qué es lo que usted quiere?", se enojó. Yo le
había pedido lo que ganaba Marcos, que era el capitán de Chacarita. Me
fui, él habló con Nader, que era el presidente de Chacarita, le debió
de haber pedido que me colgara, qué sé yo.
-Quizá
que cambiaran el jugador en parte de pago.
-No, porque Atlanta ya me había elegido de una lista. La cuestión es que
yo especulé en Chacarita con quién venía, porque allá yo jugaba más arriba.
-Claro.
¿Vos en Chacarita eras delantero?
-Sí; en Colegiales era volante, pero en Chacarita jugaba de lo que me
ponían. La cuestión es que parecía que venía Eresuma, pero Orife, que
era el titular, no firmaba, porque iba para Estudiantes. Yo podía ser
el suplente de Eresuma, y la cosa era pareja. Especulando con eso, no
le contestaba a Davilman, y ya empezaba el campeonato, mientras yo entrenaba
con la Tercera. En un momento arreglan con Orife, y entonces, listo, para
ser suplente del suplente, estando Marcos, Orife, Neumann, García Cambón,
y también Loyola, Patti, la pelea iba a ser más complicada. Así que… reunión
familiar, "vaya y arregle". Entonces fui, nos sentamos y arreglamos.
-Por fin…
-Hay una anécdota que no la sabe nadie. Slipak me dijo: "Usted no sabe
todo lo que don Victorio [Spinetto] ha hecho para que usted viniera.
Ya hicimos la pretemporada y él insiste en que le falta un jugador como
usted, con sus características, que es lo único que necesita". Bueno,
me terminó de convencer. Firmé, me dieron una platita, y al día siguiente,
a entrenarme. Llegué y estaba el PF Falasco: "Ya llega don Victorio y
lo presento", me dijo. Por fin arribó don Victorio y, todo ceremonioso,
me dijo: "Hola, nenito. Sentate. Me vas a perdonar mi ignorancia, mi falta
de conocimiento, pero yo de vos no me acuerdo. ¿De qué jugás?". O sea,
el verso había sido completo. Si yo no hubiera firmado y no me hubieran
dado la plata, me habría ido. Pero, bueno, le expliqué: "Don Victorio,
yo jugué en Chacarita más adelante, pero puedo jugar en el medio, como
en Colegiales". Me contestó: "Bueno, listo, vamos a entrenar y ahí me
vas a demostrar lo que pasa con vos". Salimos, hicimos fútbol, Primera
contra Reserva, y fue uno de esos días en que te salen todas: sombreros,
cambios de frente se la ponía en el pecho al que entraba. Todas me salieron.
En diez, quince minutos, se me acercó don Victorio y me preguntó: "Decime
una cosa, ¿en Chacarita hay un volante mejor que vos?". "Chacarita salió
campeón, están Puntorero, Recúpero, Poncio, García Cambón", respondí.
Y ahí quedó. Eso fue un jueves. Entrenamos jueves, viernes, y el sábado
nos juntamos a mediodía a comer en la sede. Y me citó para el partido
con Quilmes. Yo dije, fenómeno, estoy entre los 16. Listo, no quería más
que ir al banco, al sumarme a un equipo ya armado. Cuando me dio la camiseta,
era la 10.
-Y no
la largaste más la 10. Creo que sólo alguna vez jugaste con la 9 y alguna
con la 8.
-Hubo un día, con Ferro, en que Mogilevsky sorteó la camiseta porque nadie
quería ponerse la 7. Y yo jugué con el 6. Sortearon todas, menos la 9
de Rubén [Cano], pues lo venía a ver un empresario.
-Volviendo
a tu debut en cancha de Quilmes, un partido ya casi mítico porque en 20
minutos Atlanta ganaba 3 a 0 con los tres goles del debutante Cano a Fillol.
Vos también hiciste un gol, pero a Traverso que había entrado por Fillol.
¿Cómo vivieron un debut así, ganando 5 a 3?
-Imaginate. Primero la emoción de que don Victorio me hiciera jugar. Listo
con eso. Ya era otro cuento. Además Quilmes venía de hacer buenas campañas.
Encima en la cancha de ellos. Y arranca Rubén [Cano], hace un gol,
hace otro, hace otro. No entendía nada. Pensaba que éramos una máquina.
-¿Vos
a Rubén no lo conocías?
-Tenía dos días de entrenamiento nada más. Nadie te hace mala cara, pero
vos llegás y todos te miran como diciendo... Lo que pasa es que no había
un 10 definido en el equipo. ¿Sabés quien jugaba de 10? Oscar Gómez; después
nos hicimos muy amigos.
-Pero
Oscar Gómez jugaba más retrasado.
-Igualmente no había esa envidia, de que éste me viene a sacar el puesto.
Y con el que más me entendía yo esos primeros días es con la Rana
Juárez, porque era de Boulogne, nos ibamos juntos a puente Saavedra, y
él se tomaba el tren ahí, pero no tenía amistad con nadie. Pero bueno,
3 a 0 yo pensaba que este equipo iba a ser una máquina, y para colmo,
antes del primer tiempo, yo hice el cuarto.
-Cotton
y Della Savia ya habían descontado antes.
-¿Sabés qué me acuerdo de ese partido? Reguera me metió un rodillazo que
me mató. En el segundo tiempo tenía la pìerna a la miseria. Al siguiente
partido contra Racing, me curé sólo porque quería jugar contra Perfumo.
Era un cuento, el sueño del pibe. En Chacarita había jugado poco, pero
una vez contra Independiente jugué contra Santoro, contra Yazalde, una
cantidad de jugadores. Contra Perfumo nunca había jugado. Con River había
jugado en Chacarita, un nocturno que nos hicieron cinco e hice un gol.
Pero, con Racing, don Victorio me sacó ese día.
-Entró
Savino a los 25 minutos de juego.
-Me acuerdo de que después, en un entrenamiento, el Viejo, que
me adoraba, me dijo: "¿Cómo estás? Hiciste una jugada que pensé que era
gol, y después voy yo y te saco. Soy muy burro". Se estaba disculpando
por haberme sacado.
-Era muy
cascarrabias don Victorio, ¿no es cierto? Tenía fama de mal carácter.
-Con algunos. El trato no era parejo con todos. Yo tenía muy buena relación.
Él tenía un grupito consentido: Juárez, Mastrángelo, Fernández Vázquez,
Rubén, Gutiérrez, Savino y yo. Nos llevaba a la entrada de la popular,
al lado de la platea, cada uno a cabecear una pelota de goma, a perfeccionar
cosas. Y no llevaba a los 25, sólo a ese grupo. No sé si era porque lo
respetábamos más o qué. A veces se dan las cosas sin que uno las busque.
Para mí era un prócer.
-Al año
siguiente llegó el momento de Ángel Zof, cuando se fue don Victorio, con
quien habías jugado los cuarenta encuentros del año 1970.
-¿En el Nacional también jugué todos los partidos?
-Sí, igual
que Morales, tuviste asistencia perfecta. De cualquier modo, en la red,
no te perfilabas como lo que llegaste a ser después: cinco goles en el
Metro y dos en el Nacional. Más o menos, todavía no pateabas los penales.
Pero ¿qué expectativas tenías con el cambio de DT?
-El cambio fue fuerte. Incluso, los métodos de trabajo del PF eran distintos
de los de Falasco. No por buenos o malos, sino que eran distintos. Y en
el receso nos fuimos a Villa Giardino, Córdoba. Era una novedad pues antes
la pretemporada se hacía en el club. Salíamos a correr por el cementerio
nomás, pero el hecho de viajar y concentrar quince días era importante.
-¿Cómo
vivieron esa campaña? Atlanta venía de clasificar por primera vez para
el Nacional del 70, donde apenas cumplió. Pero en el '71, la campaña no
fue tan buena, y llegaron peleando el descenso con Banfield y Los Andes.
-Con Zoff era comparable al '73, en juego, no en goles. Los goles no se
me daban tanto. Pero ese fin del Metro fue terrible, porque era sí o sí.
No era como el '70, cuando la alternativa era clasificar o no para el
Nacional. Acá era salvarse o salvarse. Veníamos aguantando los últimos
partidos. La gente se acuerda del último partido con Los Andes, pero antes...
-El 2
a 1 con Huracán.
-¡Eso! Vos no sabés lo que fue ese partido. Estábamos 2 a 0 y ellos descontaron.
Nosotros queríamos matar a alguien para que se acabara el partido, porque
si perdíamos ése, el último ni había que jugarlo.
-Ese partido
la gente de Huracán fue acusada, hubo muchos problemas con los hinchas.
Y curiosamente la fecha siguiente ellos le arruinaron el campeonato a
Vélez. Ahora bien, después vino el torneo Nacional, con una buena campaña
y una huelga de los profesionales y hubo que recurrir a los pibes.
-A nosotros nos mató la huelga. Al grupo grande lo mató. Los chicos hicieron
lo mejor que podían hacer, mejor que nosotros. Me acuerdo de que todos
los que estábamos en huelga nos juntábamos en Parque Saavedra. Yo ya me
había casado y vivía en Villa Martelli; me levantaba, cruzaba la General
Paz y llegaban todos, menos los de River y Boca. Hacíamos picados, entrenábamos.
A los de Atlanta nos decían: "Ustedes ni vuelvan al club, si los pibes
están ganando todos los partidos. El día que vuelvan los matan".
-Y de
hecho reaparecieron en cancha de Ferro con Argentinos y no les pudieron
ganar a ellos con pibes.
-Porque el equipo había perdido ritmo de juego. En puntos estábamos mejor
que si hubiéramos jugado nosotros. De hecho, cuando se levantó la huelga
entrenamos junto con los pibes. Y el clima era medio pesado. Jugamos el
jueves, y nos preguntábamos qué haría don Ángel? ¿Mezclará algunos pibes?
Zof armó el equipo de él, ese jueves, y el de los pibes que venía jugando.
Después mezcló algo, con Baby Cortés, el Tano Onnis, Candau, que
ya venía jugando. Perdimos ritmo. Así y todo, llegamos al partido con
Central con posibilidades. Si lo ganábamos, clasificábamos nosotros.
-Pero
Central tenía oficio para todo eso... Ganaba siempre que tenía que ganar.
Así como en el '73 en cancha de Boca.
-En ese partido del '71 nos mataron corriendo y metiendo.
-También
hubo alguna acusación para algunos jugadores...
-¿En el '71 o en el '73?
-En realidad,
en ambos. Son los coletazos de toda esta situación, con roces con los
juveniles.
-Puede ser. Ermindo Onega decía que una de las ventajas de jugar en un
equipo grande era que nunca te iban a decir que te habías vendido. Estando
en River. ¿quién te va a comprar? ¿Quién te va a acusar de ir a menos?
-En aquel
partido con Central en cancha de Atlanta, concretamente lo acusaron a
Morales.
-¿Al Ratón Morales? Le colgaron esa cruz. Son cosas muy difíciles
de probar.
-Así como
a Ibáñez en el '73.
-Sí. Yo no pensé que había sido tan fuerte, pero en la novela Bohemios
el autor les da con un caño a él y a Hugo Carballo.
-Y llegó
el '72, con Mareque. Mal inicio con un solo triunfo en seis partidos y
mal arranque para vos. Y luego asumió el Pocho Bettinotti, con
una victoria ante Boca Juniors.
-Mareque vino con Socín, que había sido PF mío en Chacarita. El partido
ése con Boca, me doblé un tobillo y por poco no me rompí la pierna. Solo,
en la mitad de la cancha, terminaba el primer tiempo y pisé la línea.
Al siguiente partido me hicieron curar, jugábamos con Independiente y
quería estar, por un primo hincha de Independiente que me volvía loco.
Yo ni podía caminar. Hice el entrenamiento antes del partido y le dije
a Mogilevsky que no podía jugar. Y no fui ni al banco. Empecé el tratamiento
a partir de ahí, pero no me curaba: infiltraciones, yeso, así estuve unos
45 días. Hacía fisioterapia. Entrenaba en el club. Me iba con Mogilevsky
al instituto de él, para fortalecer. Y al final...
-Seis
partidos estuviste parado. Y volviste con Ferro al banco. En el '72 se
formó toda la base que culminó en el equipo del '73. ¿Cómo era Pocho
Bettinotti como DT?
-Fue muy simple. Adolfo tenía un trabajo físico organizado. Incluso él
se quedaba 45 minutos y se iba, porque tenía catorce empleos. Y después
nos quedábamos con Pocho. Y su principal virtud era sacarle el
misterio a todo: al esquema, a la táctica, al entrenamiento. No había
misterio para jugar. Había buenos jugadores, pero ¿para qué les ibas a
meter más cosas en la cabeza? Teníamos más libertad, no sólo yo, sino
todos. A Pichón, ¿qué le iba a decir?. ¿Vos tenés que correr y
marcar acá abajo? No, agarrala y movela. Bettinotti nos dio más libertad,
dentro del orden que tiene que haber. Libertad para jugar. No había tanta
presión. Un poco en contraste con Armando [Mareque], que era demasiado
esquemático.
-Por entonces
seguías sin patear los penales.
-¿Sabés cuando arranqué pateando penales? En la pretemporada del '73 en
Brasil. En un partido que perdimos en Curitiba erré un penal. Y de ahí
nos fuimos a Río de Janeiro. Entrenábamos en la cancha de Botafogo. Y
jugamos con Fluminense que nos hizo el gol de Gerson de tiro libre, y
con Vasco da Gama, donde jugaba Tostao, empatamos. De ese día tengo una
anécdota buenísima. El Negro Ledesma...
-Sí, ya
nos la contó Pocho Bettinotti una vez. Ledesma se había perdido
en una favela…
- No, ésta es otra. Lo de Ledesma fue otro día en otro pueblo, ja, ja.
En el partido contra Vasco jugaba un wing derecho, Cafuringa creo que
se llamaba, el negro Ledesma le pegó 14 patadas...
"Los
Globetrotters del Nacional"
En épocas en que poco se sabía de la NBA por estos lares, la inevitable
referencia al juego-espectáculo que mezclaba virtuosismo y goce era a
aquel equipo norteamericano de básquet que desde hace muchos años se presentaba
en el Luna Park. Los hinchas de Atlanta se desgañitaban comparando al
Atlanta 1973 con los mundialmente famosos Globetrotters; para ellos Gómez
Voglino era como Manu Ginóbili, un conductor dentro de un equipo
con nivel muy parejo de excelentes jugadores.
-¿Cuál
fue la importancia de Pipo Rossi en la conducción técnica de aquel conjunto
que llegó al recordado cuadrangular final del Nacional 1973?
-En aquella época la situación no era buena: no había ropa para entrenar,
la que había era fea, o vieja. No concentrábamos, cobrábamos de vez en
cuando. Futbolísticamente, Rossi dijo: "Éstos son los problemas.Yo me
voy a encargar de arreglarlos. Pero de aquí en adelante, el que no cumpla
y entrene se las verá conmigo. Vamos a concentrar antes y después de los
partidos. Se hizo como un compromiso de un lado y del otro.
-¿Y se
solucionaron los problemas de coyuntura?
-Sí, empezamos a cobrar un poco, se hizo convenio con Adidas por la ropa.
Empezamos a concentrar...
-En aquel
Metro 1973, luego de la fecha libre, hiciste seis goles en los cuatro
partidos siguientes: dos en Santa Fe, dos a Racing (un partidazo, 3 a
1), uno a Vélez de local, de noche, y a Estudiantes en cancha de Gimnasia,
un partido que hiciste un gol a los dos minutos. Ahí te confirmabas como
goleador...
-Sí, en ese partido yo hice un gol a los 3 o 4 minutos de tiro libre,
y después se me cortó la racha. Ese día yo pegué dos tiros libres en el
palo, y después en el segundo tiempo me perdí un gol por no meter la cabeza,
que el Tano Onnis me reputeó. Yo esperé que bajara y subiera para
meterle la pata, y vino uno que me la afanó por atrás. Y se cortó la racha,
estuve varios partidos sin convertir, pero a Racing siempre le hacía,
je, je.
-También
erraste dos penales. Uno te lo atajó Irusta, de San Lorenzo…
-Pateé ese penal en el arco de Muñecas. Fue pocas horas antes de que viajara
con San Lorenzo a Barcelona para participar en un torneo cuadrangular.
San Lorenzo tenía jugadores en la selección y lesionados, y como refuerzos
fuimos Lamelza, Pandolfi, Pascuttini, Aimar y yo. La cuestión fue que
yo pateé el penal y me lo atajan. A Onnis no le cobran el rebote y qué
sé yo. Terminó el partido, nos bañamos, y Pipo me dijo: "Yo sabía
que no tenías que patear el penal. Vos sos demasiado bueno, y no se lo
quisiste hacer porque mañana te vas con estos hijos de puta de gira, entonces
te iban a cargar todo el viaje. Tenía que haber puesto a otro a patear".
Pero no fue así, me lo sacó porque me lo sacó.
-Pipo
Rossi hizo un par de cambios posicionales al asumir: uno fue meterlo al
Tano Onnis de cinco, bastante inusual. Y el otro, a Gutiérrez de seis,
que solía marcar la punta. Desde el punto de vista futbolístico, ¿eso
fue relevante?
-Y sabés qué más: él tenía tantos volantes buenos con Ribolzi, que Pichón
terminó jugando de cuarto volante. Por derecha o por izquierda, dependiendo
de dónde se pararan Candau o Ibáñez, que iban por las puntas. Y entonces
agregó mucho nivel al medio. El Tano, el Ruso, Pichón, la sabían
tener. Entonces los equipos contrarios se preguntaban a quién tenían que
marcar. En River jugaban Merlo, Jota Jota y Alonso. A Merlo no
lo ibas a marcar. Lo agarrabas bien a Alonso y a Jota Jota más o menos,
y le rompías el circuito. En Atlanta teníamos eso.
-Claro,
al poner de cinco a Onnis se aseguraba un talentoso en una posición de
marca. Pero eso cuando jugaba con cuatro volantes. Porque en otros partidos
salía con Ferreyra u otro, para poner tres delanteros.
-Sí, o Ibáñez y Candau.
-Llegamos
al inolvidable Nacional del 73. El primer partido, que se le ganó a Independiente
en Avellaneda, fue clave. Y también el segundo con Ferro, en el que Atlanta
dio vuelta el resultado y El Gráfico te calificó con un diez...
-Yo no sé, perdíamos dos a cero y nos mirábamos entre todos, después de
aquel partidazo con Independiente, que era un equipazo, con Bochini, y
al que le habíamos jugado tan bien. Decíamos: "¿Cómo podemos perder con
Ferro?" Pero iban diez minutos, perdíamos dos a cero, a Ortiz le habían
hecho un gol de lejos, y no podíamos pasar la mitad de la cancha. Y cuando
fue el tiro libre, Candau me dijo: "Dejá que lo pateo yo". "No, dejá que
le apunto yo a Poroto [Oriolo] a la cabeza… y fue gol. El primer
tiempo terminó 2 a 2. En el segundo yo pongo el 3 a 2, por la mitad, y
después el cuarto: jugada por la derecha de Rubén, tiró atrás, yo le pegué
con izquierda y entró.
Rubén Cano: -Como siempre...
-Pero
estaban cambiados: vos, Rubén, eras el nueve, y Juan, el diez; tenía que
ser al revés. Rubén Cano: -Es que nosotros teníamos los números cambiados,
de verdad. En Elche lo mismo: yo hacía tres goles, Juan 18. Yo 4, él 14.
¿Cómo puede ser?
-Hay una foto de la revista Goles en que estamos los dos juntos
y dice: "Goles y talento". El Tano [Onnis] miraba la foto y decía:
"¿Y éste qué hace?". Volviendo a ese Nacional, ¿al tercer partido jugamos
con Huracán o con Argentinos?
-Con Huracán,
que le ganó a Atlanta 1 a 0. Después Chacarita 3 a 1, en el interzonal,
que fue un partidazo; otra victoria ante Gimnasia y la goleada a Argentinos
5 a 3, con tres goles de Cano.
-Con Argentinos me perdí cinco goles. Ese día no la metía ni con la mano.
Me acuerdo de ése y del que perdimos en Tucumán con Atlético por 1 a 0.
Un partido perro, un calor espantoso.
-Después
le ganamos a Belgrano, hiciste dos goles vos, pero jugamos mal.
-Sí, les hicimos los goles, y después nos colgamos del travesaño. Nos
quitaron la pelota y no podíamos pasar la mitad de cancha. ¡Cómo nos retó
Pipo!
-¿Te acordás
el partido con Desamparados? Ganábamos 1 a 0 de entrada, parecía que nos
los comíamos crudos, pero ganamos 2 a 1, y sobre la hora, de penal.
-Cuando dio el penal, protestaron todos. El referee cobró el penal y me
dijo: "Si entra, es gol. No vale rebote, porque se termina el partido"
Puse la pelota, miré para atrás y estaban todos en la mitad de la cancha.
Claro, si no valía rebote. ¡Me habían dejado solo! Je, je.
-El partido
clave fue el de Central, ¿no?
-Los partidos con Central se hacían feos, porque jugaban Aimar, Solari
y Poy. El que más o menos jugaba era Poy. Los otros dos corrían y pegaban
patadas. Y atrás, González, Pascuttini, Fanessi.
-Después
de la goleada a los jujeños llegó el cuadrangular final, con San Lorenzo,
River y Central. ¿Creían realmente que Atlanta podía ser campeón?
-El día que nos quedamos solos en el hotel... porque claro, cuando vienen
buenas todos somos felices, pero en ese grupo, que habíamos comido mierda,
ahora que llegaba la buena, cómo no lo íbamos a aprovechar. Concentraciones,
reportajes, televisión.Y el grupo estaba unido, unido para todo. Para
jugar, para pelear plata, para lo que fuera. Después que comimos, la mayoría
nos juntábamos en una habitación... el problema nuestro era no perder
con San Lorenzo. Sabíamos que a Central y a River les ganábamos. San Lorenzo
era el candidato. Hicieron una encuesta en El Gráfico y todos decían
que el campeón era San Lorenzo. A Atlanta nadie lo eligió, ni uno. Ocho
o nuevo dijeron River, y uno o dos, Central. Como nosotros jugábamos el
primer partido con San Lorenzo dijimos: "Bueno con no perder con ellos...".
Pero empatamos, y Rubén se perdió un gol sobre la hora.
-Al partido
siguiente nos despedimos de la posibilidad de ser campeones, en el partido
con Central en cancha de Boca y la tercera expulsión de Ibáñez en quince
partidos. Por eso a Ibáñez lo acusaron.
-Es la historia de cómo se juzgan los partidos. Cuando ya está el resultado
uno empieza a buscarle cosas. Si no lo hubieran echado...
Rubén Cano: -Si le hubiéramos ganado a San Lorenzo... Yo me acuerdo
cada cosa... Hay cosas que no se pueden contar... Te acordás que nos hospedábamos
en el mismo hotel que San Lorenzo, en el City. ¡Una calentura! Luego del
partido, habíamos terminado de cenar, calientes como pocos, y nos fuimos
para la habitación a dormir. Estábamos esperando el ascensor con el Ruso
[Ribolzi] y se acercaron dos o tres jugadores de San Lorenzo. Tomamos
el ascensor juntos y ¡se armó un quilombo! El Ruso le pegó una
piña no me acuerdo si fue a Chazarreta...
-El Ruso era un pibe, 19 años. Al día siguiente San Lorenzo se
fue del hotel.
-De cualquier
modo, nos abrochó Central, con esos dos cabezazos... Griguol la hacía
bien, hay que reconocerlo.
Rubén Cano: -Si le hubieran dado el gol a Palito…
-Candau
reconoció en un reportaje que él lo hizo con la mano.
-Tantos goles se han hecho con la mano...
-En el
Metro 74 anduviste bien. Hiciste nueve goles, y fue cuando te consagraste
como el verdadero goleador de Atlanta, porque hasta entonces no habías
llegado a ser el número uno. Le hiciste tres en un partido memorable a
All Boys, que ellos llegaban primeros. Y dos a Chacarita en un partido
increíble que ganábamos 5 a 0, terminó 5 a 2, que Cano se perdió cualquier
cantidad de goles en el segundo tiempo.
-Esa tarde del 5 a 2 me acuerdo de que hicieron una jugada Finarolli y
el Gordo Minutti y la terminé yo con el gol de cabeza. Salgo a
gritarlo donde estaban ellos, en la punta izquierda. Atrás del banco había
una platea baja para mujeres. Yo me abrazo con ellos, y una viejita desde
el alambrado me grita: "Voglino, muerto de hambre, acá te enseñamos a
jugar, hijo de puta". Ja, ja. Yo le hice un montón de goles a Chacarita.
-Justamente,
el segundo gol de tu carrera en Atlanta se lo hiciste a Chacarita.
-Sí, una noche. Un 1 a 1. A mí me debían una plata de Chacarita, y había
quedado en pasar a buscarla. Justo después de ese partido. El tesorero
me dijo: "¿Qué? ¿Venís a cobrar? Si nos hiciste el empate el otro día".
En realidad, no había ningún problema. Los que habían estado conmigo en
Chacarita, Puntorero, Barguitas, me jodían, pero no había problemas.
-Bueno,
los hinchas no lo vivían así.
-Lo que no entiendo es esto que ocurre ahora de que pasás a otro club
y no gritás el gol por respeto. ¿Cómo? ¿Y la camiseta que tenés puesta
no merece respeto? Yo le grité los goles a River, después de haber llorado
en el Monumental del '59 al '65, cuando había sido socio. Lloré hasta
el '69 que empecé a jugar al fútbol profesionalmente. Y le grité los goles
a River. ¿Cómo no los iba a gritar?
-¿Qué
goles gritabas más? ¿A los equipos grandes?
-No, que me acuerde... Aunque creo que el que más grité fue uno a Boca,
que fue una jugada por derecha de Pappalardo, me la pasó, caminé un poquito
y se la pateé de izquierda y entró al primer palo. Ese gol, que fue el
primero que le hice a Boca, y otro del partido que ya comentamos en cancha
de Huracán en el '71, que terminó 2 a 1. Le hice el segundo gol a Poletti.
-¿Cómo
era jugar con los grandes? ¿Había favoritismo?
-El primer partido que jugué en cancha de River a los quince minutos ganábamos
dos a cero, una máquina. Después nos pasaron por arriba y nos hicieron
cinco.
Rubén Cano: -¡Qué difícil que era entonces jugar en esas canchas!
Y ahora igual... Pero en ese entonces era muy descarado, ahora está la
televisión, mucha prensa.
GV: Ahora se juegan mucho más. El favoritismo por los grandes lo sentías
hasta de local, en cancha de Atlanta, aunque en el Nacional 73 no fue
una cosa descarada, que te anularan tres goles bien hechos... Poco nos
faltó para ser campeones.
-Posicionalmente,
¿cómo definirías tu posición? Porque lo tuyo no era enganche.
-Volante ofensivo. Lo que decían el número 10. El 5 marcaba, el 8 iba
y venía, y el 10 jugaba de la mitad para adelante.
-Pero
no era el enganche, que ponía la pelota para los delanteros.
Rubén Cano: -Era un nueve retrasado.
-Era más un cuarto delantero que un tercer volante.
-Convengamos
en que mucho a los pies vos no te tirabas.
-No, nunca. En una nota que me hicieron en la revista Goles yo dije eso.
El periodista se quedó frío y lo puso. Yo le dije "Si yo sé que una pelota
va a salir, yo no la corro ni me tiro a buscarla para quedar bien con
la tribuna. Prefiero ahorrarme la carrera de ida y la de vuelta para la
siguiente jugada". Y me advirtió el periodista: "Juan, la gente lo puede
interpretar de otra manera". "Bueno, yo juego así", le contesté. Yo sentía
el fútbol así. No podía jugar de otra manera.
-¿A qué
jugador admirabas?
-Ermindo Onega era mi ídolo de pibe; yo iba a ver a River y tenía su foto.
Por eso, cuando me dijeron en el '71 que íbamos a jugar un amistoso con
Peñarol, lo primero que hice fue agarrar la cámara mía, y Bronstein sacó
todas las fotos, ahí en el Centenario. Ese fue un partido que jugamos
un miércoles. Fuimos a la mañana en avión, llegamos, almorzamos, jugamos
el partido, nos dieron una vuelta por 18 de Julio y nos trajeron. Nos
metieron cinco, nos mataron a patadas, Nos dieron un baile. Estaba el
chileno Elías Figueroa, Matosas, tenían un equipo... Y el nuestro no era
gran cosa. Ermindo agarró una pelota en mitad de cancha, tiró tres paredes,
sacó a Laino e hizo el gol. Ese día Figueroa le pegó una patada a Rubén
que le rompió la camiseta y le dejó los tapones marcados en la espalda.
Éxodo
y desmembramiento
A mediados
de 1974, Atlanta transfirió a Elche, de España a Gómez Voglino, Cano y
Osvaldo Cortés. El resto de los profesionales que permanecieron en el
club no actuaron durante el torneo Nacional de ese año por un conflicto
con la dirigencia, que decidió afrontar ese certamen con jugadores amateurs.
-¿Cómo
sentiste el cambio al fútbol español?
-El cambio fue muy grande. A pesar de que iba Pipo Rossi con nosotros,
que estaban Rubén, Baby [Cortés], un muchacho Cabrero, que había
jugado en Lanús, y un par de paraguayos. Se notaba mucho todo. La mentalidad
de los españoles. Además España era en ese momento la superliga. Italia
estaba cerrada, a Francia iban pocos, recién había terminado el Mundial.
Salvo los equipos chicos, Barcelona tenía a Cruyff y a Neskens; en Madrid
estaban Breitner, Netzer, Repp. Salías a las canchas y te encontrabas
con cada uno.
Rubén Cano: -Nosotros teníamos la ventaja del campo.
-Sí, con el campito nuestro los matábamos. Llegaban ahí y se morían. Era
como la cancha de All Boys.
Rubén Cano: -No, peor. Nunca vi un campo como el del Elche. Dos
o tres atrás que te mataban a patadas. Yo, en realidad, no tomé conciencia
hasta que después pasé al Atlético Madrid y hablaba con la gente, y te
decían: "¿Vas a jugar en Elche? El martes estás lesionado". Aprovechábamos
ese estadio. De hecho, cuando lo cambiaron, chau Elche.
-Además, de la línea de cal había un metro a la grada. Y sin alambrado.
Los gallegos estaban sentados acá, había una barandita acá, como un tubo
y a un metro estaba la raya. Si el tipo estiraba la mano le agarraba las
piernas al juez de línea.
-¡Inimaginable
acá ahora!
-En ese época vivía el Generalísimo. Entonces, en un agujerito que había
en el piso estaba sentado el guardia civil con el sombrerito, mirando
hacia la cancha. Cuando se armaba el tumulto, se daba vuelta, y todos
calladitos.
-¿Cómo
fue que del Elche te fuiste a Colombia? ¿No podías seguir en España?
-Yo tenía 32 años. Podía... Yo había sido goleador del equipo el primero
y segundo año. Yo hacía los goles en el Elche, y él [Rubén Cano] me
daba todos los pases. Pero el ídolo en el Elche era él. Rubén agarraba
la pelota y pegaba una de esas carreras en velocidad, y se paraba toda
la tribuna. En el tercero fue Finarolli. El cuarto año, cuando nos fuimos
al descenso, yo estuve mucho tiempo lesionado, y el quinto año, ya en
el Ascenso, el entrenador armó un medio campo donde ninguno de los tres
marcaban y todos jugaban. No atacaba tanto ni pateaba los penales. El
equipo por un punto no subió a Primera. Teníamos que ganar el último partido
de visitante... Así que el presidente dijo: "El que no sea de acá se puede
ir". Y Finarolli se fue a Argentinos Juniors, otro para otro lado, y a
mí me salió lo de Colombia, por un año y medio, con un buen contrato.
Me pagaban más que en España.
-¿Antes
de que se concretara la transferencia a Elche, ¿habías tenido en Atlanta
alguna oportunidad de irte afuera?
-En el '71 yo viajé a Francia, era para la época del Nacional. Me hicieron
un contacto para ir a Cannes, que es donde vivía Santos, un empresario.
Fui, el tipo jugaba en Tercera, y era empresario. Me quería mandar al
norte, a Lille, pero que me fuera solo. Él iba en quince días. Yo le dije
que si él era el empresario que se ganaba la plata, debería viajar conmigo,
pero me respondió que estaba jugando, que no podía. Nos peleamos, nos
enojamos. En esa época andaba Saporiti buscando equipo; la cuestión es
que me dijo: "Agarrá el pasaje y andate". Así es como me volví; estuve
cinco días.
-¿Fue
la única?
-No. Me habían venido a buscar al Mono Vicente y a mí para ir a
Yugoslavia. Entonces yo me fui a la embajada de Yugoslavia, que en esa
época era comunista, gobernada por Tito. En la embajada pedí hablar con
el cónsul o con un consejero, y le expliqué la película: "Yo juego en
Atlanta y me están ofreciendo ir al Estrella Roja de Belgrado". Me dijo:
"Y allá, ¿qué le pueden pagar? Yo no sé cuánto gana usted acá, pero allá
no le pueden pagar eso. Nada. Se habrán equivocado". La cuestión es que
el empresario daba vueltas por el club e insistía que viajáramos. Vicente
quería irse porque ya era veterano y quería aprovechar. Pero yo no quería
saber nada y tenía mi hijo de 3 o 4 meses. La cuestión es que el Mono
me convenció y fuimos a la casa de León Kolbowski.
-¿Para
qué fueron? Él ya no era directivo.
-Para pedirle un consejo. Yo no lo conocía. Nos recibió la señora con
un café. León nos dijo que si íbamos a Estrella Roja era como jugar en
River o en Boca, pues era el mejor equipo de Yugoslavia, pero que averiguáramos
bien qué plata cobraríamos. La cuestión que nos reunimos con el empresario
un día, y yo en principio le dije que sí. Pero un día antes de viajar
me arrepentí. El empresario me decía que estaba todo arreglado, que el
pasaje... Le dije que no iba. Y se llevaron a Hugo Zerr, de Chicago, con
el Mono. Estuvieron dos o tres días en Yugoslavia, y era una pantalla
para llevarlos a Grecia, donde estaba Nicolau, Poletti y otros. Después
fueron Gil, Morales y el Chino Vallejos, de Atlanta. Cuando arreglaron
lo de Vicente en el AEK de Atenas, se fueron los otros tres. La cuestión
es que ésa fue la segunda posibilidad cierta de viajar. Porque una vez
me dijeron también de una posibilidad de España.
-¿Hacían
alguna diferencia en aquel momento viajando?
-Sí, pero no es lo de ahora. Una vez un empresario nos quiso llevar al
Negro Ibáñez y a mí al Santander, pero quedó ahí. Y aquí en la Argentina
la única posibilidad que tuve fue cuando me pidieron de Rosario Central,
con Zoff de técnico. Y Atlanta no quiso venderme. Fue en el '73.
-¿Por
qué?
-Atlanta había vendido al Negro Cerqueiro a Newell's. Zoff me llamó: "Juan,
yo quiero que venga acá, armamos un buen equipo, ¿qué opina?". Naturalmente,
me quería ir. En esos días, este caballero [por Cano] viajó a Bélgica,
al Standard de Lieja. Entonces, Rosario le hizo una oferta a Atlanta:
40 millones de pesos. Pero Slipak se negaba porque no quería que nos fuéramos
los dos, ya que Rubén estaba vendido a Bélgica [la operación finalmente
no se concretó] y desarmar el equipo. Yo me quería ir porque era buena
plata. Cuando fui a la gira con San Lorenzo [ver arriba], Pascuttini,
que también viajó como refuerzo, me dijo: "Juan, ¿cómo no te viniste con
nosotros, hubiéramos armado un equipo bárbaro? Además en Central no hay
problemas de plata, nos tratan bien". "¿Cuánto ganan?", le pregunté. "800.000
pesos." ¿Sabés cuanto había terminado ganando en Atlanta en el '72? 250.000.
Rubén Cano: -¿Cuánto era eso, no era nada? A ver, yo en el '74
ganaba 600.000 pesos.
-En el '73 me compré un departamento en Márquez y el Fondo de la Legua,
allá en San Isidro. La cuota inicial, por un usado de dos dormitorios,
baño, cocina, comedor, lavadero, del Banco Hipotecario. Pagaba 105.000
mensuales, y ganaba 250.000 en Atlanta. Cuando terminó el '73, ya hice
la diferencia. Con una semana o menos de trabajo, ya pagaba la cuota.
La cuenta se hace fácil. De los jugadores de Atlanta, ¿sbés quién tenía
auto? Éste [por Rubén Cano], que tenía un Peugeot viejo, y Carballo,
que venía de River, un Fiat 128.
-Es decir
que vos eras el goleador del campeonato y estabas arriba del colectivo.
-Yo salía de la cancha de Atlanta por Humboldt, llegaba a Corrientes,
doblaba, me iba hasta Dorrego, tomaba el 93, me dejaba en Márquez y Fondo
de la Legua. Exactamente una hora, viniendo a la mañana. San Isidro, Boulogne,
se metía por avenida Mitre, cruzaba Saavedra y llegaba a Dorrego. A la
tarde tardaba hora y media, o dos horas.
-¿Era
complicado cobrar en Atlanta?
-El primer año se atrasaban con el pago, y yo me casaba en enero del 71.
Les fui diciendo durante el año que tenía que comprar los muebles, la
heladera... "No, no se haga problema", era la respuesta. A fin de año
llamaron a todo el mundo y empezaron a hacer papelitos. Yo les recordé
que ya les había avisado y que no podía ir con los papelitos. "Ah, vos
te tenés que casar. ¿Qué necesitás?" "Dormitorio, sala comedor, lavarropa,
no sé..." Agarró Slipak el teléfono y dijo: "Acá estoy con Gómez Voglino,
que se tiene que casar y necesita esto, esto y esto. ¿Puede ir por allá?"
Me dio una tarjeta y me mandó por Munro. Fui con mi novia y había un local
en el que había de todo. "Ah, ¿usted es Voglino? Venga y elija. Éstos
son los precios de contado. Firme aquí, y pasado mañana le llevamos todo".
Así me pagaron y conseguí lavarropa, cama, un modular para el comedor,
sillas.
-¿Te lo
descontaron de lo que te debían?
-Atlanta pagó, no sé si en cuotas o cómo, pero se arreglaron ellos. En
el '71, el mismo problema, pero ya no podía decirle lo mismo a Slipak;
me iba a contestar: "Ya te casaste". Le digo entonces: "Isaac, necesito
plata". "No, Juan, acá no hay plata para nadie, vamos a hacerle unos documentos",
me contestó. En esa época había uno, flaquito y alto, que no me puedo
acordar cómo se llamaba, que trabajaba en una financiera en Villa Devoto.
Ese tipo, de los diez papelitos que me dieron, me descontó tres o cuatro
y cobró muy poca comisión.
La
gran frustración
No por repetido
deja de ser cierto aquello de que la máximA aspiración de todo jugador
profesional es defender los colores del equipo nacional. Gómez Voglino
no fue la excepción y esperó en vano esa convocatoria. La herida aún no
parece estar cerrada.
-Nunca
fuiste convocado para la Selección, ni para amistosos. ¿Por qué?
-Así es, nunca. No estuve ni en la lista de los 50 para el Mundial 74.
-Pese
a haber sido el goleador del Nacional y del año. O sea, ése era el momento.
Aunque había muchos números diez de renombre, Babington, Bochini...
Rubén Cano: -Él, goleador del torneo, nunca estuvo en una tapa
de El Gráfico. Ayer lo estuvimos hablando. Nunca.
-Pero
a vos, Juan, te dieron un premio...
-Sí, una fotito... En el '74, con el Polaco Cap armaron el triunvirato
y empezaron a llamar jugadores. La cuestión es que armaron un grupo paralelo,
porque llegaban varios jugadores de afuera: Perfumo, Yazalde, un montón.
Un grupo paralelo en que estuvieron Cano, Potente…
Rubén Cano: -Los ocho condenados antes de empezar.
-La cuestión es que entrenaban para completar el grupo. Faltaba poco para
empezar, y Avallay tenía la rodilla que no le servía para nada y el campeonato
acá se seguía jugando. Babington la rompía y El Gráfico le daba
manija. Faltando una semana para ir a Alemania se anunció que Avallay
se volvía. ¿Quién tenía que ir? El único nueve que estaba entrenando...
Rubén Cano: -Un mes llevaba concentrado...
-A vos te hicieron entrenar un mes, con los otros catorce que viajaban.
¿Quién debió haber ido? Fue Babington. Llegó sin entrenar, sin conocer,
sin hacer las giras. Llegó y fue titular, fue el mejor de todos. No hay
que discutírselo. Pero como dicen que a Alonso lo pusieron los militares,
¿por qué no dicen que a Babington lo puso El Gráfico? Lo que me
duele es que llevaron jugadores, por ejemplo, Poy y Togneri, que no jugaron
jugó ni un minuto, ni en el Mundial ni en toda la gira previa. ¿Para qué
los llevaron?
Rubén Cano: -Lo que pasa es que en esa época los mandaron...
-¿Influencia
política?
-Claro.
Rubén Cano: -Me acuerdo de que nos concentramos, pero perdimos
2 a 0 el último partido contra Rumania, nos borraron a todos y lo metieron
a Kempes. Ojo, yo con Kempes me saco el sombrero.
-La discusión no está en la calidad de los jugadores, sino en la manera...
Rubén Cano: -Gracias a Dios, me sacó. Porque me lesioné, si no
no me lo sacaba nadie el puesto.
-Después no hubieras podido jugar en la Selección de España...
-¿Por
qué te decían Fierro?¿Venía de antes?¿Te lo pusieron en Atlanta?
Rubén Cano: -Fierro le decían porque era amigo de Fierro,
el de la hinchada.
-¿No era
porque le pegabas como con un fierro?
-Yo no era amigo de nadie. A mi me decían de pibe Bati, Batito,
que era lo que le salía a mi hermano porque no sabía decir Juancito. Después
quedó Bati. En una revista de Colegiales me preguntaron el seudónimo
y yo dije Bati. Antes de Batistuta y todo eso. La cuestión que
todos me decían Juan. En Atlanta era Juan. Pero nunca pegó. En Atlanta
yo sabía que alguien me decían Fierro. Pero tenía una doble significación
para mí: primero, porque Fierro hablaba todo el día de mí, y segundo,
y alguien me la dijo alguna vez, que porque no me rompía nunca. También
podía ser porque le pegaba fuerte.
-Los que
te querían te llamaban Fierro. Los que no te querían te decían
Marilú, por aquello de que nunca te tirabas al piso.
-¿Marilú? Nunca lo supe.
-Era
cosa de los tres o cuatro plateístas que siempre protestan.
-De haberlo sabido, hubiera ido a gritarles los goles en la cara.
No, eso
era en la primera época, cuando todavía no hacías tantos goles. Después,
en el '73, nadie osaba decirte algo.
Rubén Cano: -Un día que estábamos perdiendo, entró Fierro al vestuario
y le pegó un puñetazo al espejo grande que estaba ahí y lo rompió. Empezó
a gritar: "Miren, hijos de puta, tienen que ganar, porque si no... Entonces,
todos asustados, ni una palabra. Pero le dijo a él: "No, Juan, con vos
no".
-Eso era lo chistoso cuando te venían a apretar. Después a cada uno le
decían: "Con vos no". Entonces, ¿con quién era? Recuerdo que una vez nos
apretaron en el '71 o '72. Fueron las únicas dos apretadas pesadas que
tuvimos. Estabamos entrenando una tarde de invierno y ya era oscuro, cuando
empezó a salir gente del túnel, eran como cuarenta o cincuenta. "Hay que
ganar, si no…", amenazaban. Vicente, Morales y Collado les dijeron: "¿Ustedes
se creen que nosotros no queremos ganar? Encima ni nos pagan". Mientras
nos íbamos juntando en el centro de la cancha, me acuerdo de que un viejito
dijo: "Acá enterraron una lechuza, nos hicieron mal de ojo. Y sacó un
matagatos, y ¡pim!, pegó un tiro en el piso. Mirá, no quedó ni el gato,
ja, ja. Es el cuento de siempre del hincha y el jugador. El hincha por
su amor piensa que el jugador no quiere ganar, pero nadie está más interesado
en ganar que el propio jugador. Salvo rarísimas excepciones
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Derrota en Tucumán ante Atlético. El arquero local Ruiz le tapa un gol
a Gómez Voglino.

La estampa de crack y goleador en la Bombonera.
El
recuerdo de Gómez Voglino sobre el partido Atlanta 6 - Gimnasia de Jujuy
1
(Aparecido en una nota recordatoria de aquel partido, en la edición
n° 32 de Sentimiento Bohemio, el 16 de diciembre de 2003.) Sobre este
partido hay muchas cosas que contar, empezando por la semana previa:
nos había goleado Boca en la Bombonera y nos ponía no sólo a ganar sino
a tener que marcarle varios goles a Gimnasia de Jujuy. El equipo se
preparó como siempre, pero en el grupo había una ansiedad especial por
que estábamos a un paso de ir por primera vez a una final y queríamos
jugar el partido lo antes posible. El viernes anterior al mismo fui
invitado a la Cena de los Campeones de "El Gráfico" y recibí el premio
al goleador del año '73. Me acuerdo de que a la mesa que me correspondió
estaba sentado, entre otros famosos, Carlos Monzón, y el comentario
era que, como faltaba una fecha, podía no ser el ganador del premio.
Yo les dije que, pasara lo que pasara, yo ya tenía mi distinción y que
tendrían que ver cómo premiaban a Morete, mi rival directo en la tabla
de goleadores. Volviendo al partido, todo se hizo dentro de la rutina
normal: entrenamientos, concentración en el City Hotel, compartir la
habitación con Rubén, la cábala de la polera azul, la camiseta blanca
con rayas horizontales azul y amarilla; en fin, sólo había que jugar,
ganar y golear, ¡casi nada! El partido empezó con demasiados nervios
de parte nuestra y con la calma de los jujeños, que no tenían nada que
perder. Para agregarle más suspenso nos hacen un gol en un contragolpe
y ahí apareció el "Palito" Candau, que nos contagió su tranquilidad
habitual para volver a jugar y no a luchar. Ferreyra hizo el gol del
empate y, terminando el primer tiempo, pudimos empatar de penal: nada
de calidad, fuerte y al medio para asegurarlo. Una parte del objetivo
se estaba cumpliendo, íbamos ganando, faltaban 45 minutos y a esta altura
nadie dudaba, en el vestuario, que pasaríamos a la final. Los hinchas
que nos habían acompañado en toda la campaña no pararon de cantar y
cuando salimos al segundo tiempo sólo era cuestión de ir por el resultado.
El comentario de "El Gráfico" de ese día dice que pudieron ser 10 goles
y no exagera. Llegábamos en tromba y cualquiera la podía meter. Ferreyra
metió el tercero y el cuarto y yo el quinto y el sexto. A propósito
de este último, es producto de la racha goleadora que llevaba, porque
me la da el "Pata" Rico pasando la mitad de la cancha, la dejo correr
y, sin pensarlo, le pegó de zurda y se mete en el ángulo del segundo
palo. En otras circunstancias, va a la tribuna o no llega al arco, pero
ésa tenía que entrar y por suerte se metió. El final del partido fue
la locura: los hinchas invadieron la cancha, nos pasearon en andas,
el vestuario se llenó de gente y daba mucha emoción ver hinchas veteranos
abrazarse llorando. Era la foto de toda la alegría de una hinchada y
de un barrio poco acostumbrado a festejar. Y cuando aparecía que la
fiesta había terminado, la sorpresa estaba en Humboldt y Corrientes.
El micro salió de la concentración y ahí nos encontramos a toda la gente
esperándonos para acompañarnos caminando, bailando y cantando: "Son
los bohemios, fútbol y toque, los Globe Trotters de este Nacional",
hasta Plaza de Mayo. En la puerta del hotel siguió el carnaval, hasta
que Pipo nos recordó que en dos días empezaban los partidos finales
y había que descansar y pensar en San Lorenzo, Rosario y River. Aquí
paro el relato de lo ocurrido, para que otro compañero de aquella época
siga contándolo. Llo que queda claro es que los que tuvimos la suerte
de ser protagonistas de ese momento único en la historia de Atlanta,
nunca lo podremos olvidar.

Un tándem que metía miedo: Cano-Gómez Voglino. Aquí festejando el
tercer gol ante los jujeños.

La legión bohemia que en 1974 fue al Elche, de España. De izq. a der.,
Cano, Pipo Rossi, Cortés y Gómez Voglino.

El equipo concentrado en un hotel céntrico para las finales del Nacional
73. De izq. a der., el profesor Rotgart, Pipo Rossi, Onnis, Candau,
Cano y Gómez Voglino.

En la cancha de Boca, de izq. a der., Candau, Gómez Voglino, Ribolzi,
Ibáñez y Ferreyra

El legendario líder de la hinchada de Atlanta de aquellos años, Fierro,
con tres de los valores del equipo. De izq. a der.: Rubén Cano, Miguel
(alias Fierro), Osvaldo Cortés, Jorge (otro miembro de la hinchada)
y Juan Antonio Gómez Voglino. (Gentileza Mario Enrique Raffart.)

La clasificación ya se logró y el pueblo de Villa Crespo lleva en andas
a Gómez Voglino.

Gómez Voglino fotografiado con el fondo de puente Saavedra, muy cerca
de su barrio en aquellos años setenta.

Gómez Voglino ante los jujeños. Imparable. Esa tarde hizo tres goles.

Sería la siguiente: En el estadio de Boca, Gómez Voglino marca el descuento
bohemio de penal superando al arquero Rubén Sánchez. Era la anteúltima
fecha del Nacional 1973.

Sobre la hora, con gol de Gómez Voglino, de penal, Atlanta derrota
a Sportivo Desamparados (San Juan), en Humboldt.

Gómez Voglino, la pelota y la red.

Atlanta le ganó a Rosario Central 1 a 0 y quedó puntero, con gol de
Gómez Voglino. Los hinchas festejan y lo llevan en andas luego de la
finalización del encuentro.

Diciembre de 1973, durante la Cena de los Campeones de la revista "El
Gráfico", Adolfo Imas, jefe de redacción, le entrega a Juan Antonio
Gómez Voglino la distinción al Goleador del Año

La goleada ante Gimnasia de Jujuy que clasificó al Bohemio a las finales
del Nacional 73. Quinto gol de Atlanta y segundo de Juan Antonio Gómez
Voglino, que cabeceó un toque de Rubén Cano. La pelota pegó en el poste
derecho y entró, a pesar del rechazo posterior del arquero jujeño Lugano.
El balón ya había traspuesto la raya y estaba dentro del arco.

El Bohemio golea a Gimnasia de Jujuy y pasa al cuadrangular final.
Cerca del final de la primera etapa Atlanta pasa al frente en el marcador
con este penal convertido por Juan Antonio Gómez Voglino.

Juan Gómez Voglino y Rubén Cano, en el fugaz paso del primero por Buenos
Aires hace dos años.
Gómez Voglino hojeando el libro de la historia de Atlanta, en el cual
él fue protagonista.
El
texto enviado por Gómez Voglino por el centenario del club, leído el
día de la fiesta
El mensaje de saludo por los 100 años es muy simple pero sincero y nacido
del cariño que conservo de mi paso por la familia bohemia. así consideré
siempre al club que me permitió cumplir el sueño de ser jugadfor de
fútbol, una gran familia con las tristezas y alegrías normales pero
donde uno siempre encontró el apoyo para seguir adelante. Seía complicado
nombrar a todos los que me ayudaron durante los casi cinco años de defender
la camiseta de Atlanta, por eso para no olvidarme de nadie quiero agradecer
a todos mis compañeros, técnicos y directivos por su amistad y enseñanzas
recibidas durante todo éste tiempo. Un párrrago para la fiel hinchada,
que sufrió en las malas y gozo en las buenas, ojalá lo hubierámos podido
dar más de éstas últimas. A todosles agradezco su paciencia, comprensión
y aliento,a los viejos plateístas de parte de MARILUZ (ellos saben por
qué), a la barrra de atrás del arco de FIERRO y a todos en general de
"un tal JUAN GOMEZ" como escribió alguna vez ARDIZONE en el Gráfico.
Ojalá éstos primeros 100 años sean el punto de partida para volver a
primera y poder celebrar por la calle Corrientes cantando "SON LOS BOHEMIOS,
FUTBOL Y TOQUE, LOS GLOBETROTERS DE ESTE NACIONAL". UN ABRAZO JUAN GOMEZ
VOGLINO
En
la próxima edición se publicará una completa ficha estadística del jugador.
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