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AÑO
VII - NÚMERO 148 / Lunes 5
de junio de 2006
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| EDITORIAL Fracaso, pesadilla y enseñanza Pronto a conformar un renovado proyecto de fútbol en vistas al próximo torneo, se pone en discusión nuevamente la posibilidad económica de financiar un equipo competitivo y las expectativas de hinchas, dirigentes y medios partidarios. El desequilibrio entre estas partes significarían un nuevo fracaso que Atlanta ya no podrá soportar como institución. A modo de ejemplo y enseñanza, analizamos la peor campaña de Atlanta en el ascenso, para poder así aprender de la historia y no repetirla. POR GASTON GELBLUNG AGRADECIMIENTO: CARLOS STORTZ |
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La llegada
de Oscar Martínez como DT para la próxima temporada y la
previa a la hora de elegir un plantel competitivo en relación a
los gastos que puede afrontar el club, es materia de discusión
año tras año. Luego del
descenso, la primer temporada en esta última etapa en la primera
B concluyó con una catastrófica derrota ante Sarmiento de
Junín. El hincha de Atlanta comenzó a descubrir que irse
de esta categoría no iba a ser nada fácil. Primero llegó la limpieza, donde el DT Oscar Martínez junto a la subcomisión de fútbol cesaron a Pablo Quiñones, Roberto Jerez, Mario Santa Cruz, Francisco Berscé, Walter Fontealba, Luciano López, Sebastián Coronel y Rafael Insaurralde. Lentamente, comenzaron a llegar jugadores que sorprendían no sólo a hinchas de Atlanta, sino a la prensa en general que en pocos días y antes de comenzar la pretemporada, ya se denominaba el dream team. Estrellas estrelladas En sólo cuestión de días, comenzaron a desfilar por Villa Crespo Hernán Pedraza, Gabriel Olivera, Marcelo Pilo, Roberto Besasso, Silvio Gaitán, Germán Cáceres, Bernardo Negro Luqui, Diego Katip, Guillermo Guerrero, Sebastián Montivero, Daniel Banzán Vera y Marcelo Navarro. Si bien las expectativas entre público bohemio eran cada vez más inmensas, dentro de la CD comenzaron a observarse los primeros quiebres, que terminaron con la renuncia del tesorero de la institución (Pablo Clavell) al no tener respuesta de como se financiaría semejante proyecto sin siquiera estar finalizados los balances económicos de los años anteriores. Lentamente, las divisiones dentro de la CD dejaron a Sergio Schapro y algunos colaboradores al frente del fútbol y las finanzas de la institución. Mientras tanto, el conjunto de Martínez ensayaba los primeros amistosos ante equipos de primera C y ante más de 500 hinchas esperanzados, que acudían ansiosos a los amistosos. Ninguno de ellos fueron ganados por Atlanta, comenzando a esbozar lo que vendría. Llegó
el día del debut ante el débil Argentino de Quilmes en el
estadio de Quilmes A.C. ante una multitud bohemia: los locales se impusieron
por 2 a 0 comodamente, con goles de Piaggio y Rojas. Al igual que lo ocurrido en otras ocasiones, Atlanta se fagocitó de jugadores de renombre y experiencia y directores técnicos. Con extraordinaria similitud, por ejemplo, a la campaña de 1947 en Primera División, cuando Atlanta conmovió el mercado de pases con la contratación de varios futbolistas de jerarquía –el más conocido de ellos, Pedernera– y la experiencia culminó en un descenso, el equipo terminó esquivando la pérdida de la categoría sobre el final del certamen, más por la ayuda externa que por mérito propio, y conformando la peor campaña de toda la historia de Atlanta en categorías de Ascenso. En el medio quedaron cuatro directores técnicos (Oscar Martínez, Claudio Zacarías, Castro-Marabotto y Mario Finarolli); el fracaso y posterior desvinculación de casi todas las incorporaciones; la desunión –al menos en la primera parte del torneo– entre varios integrantes del plantel; la aparición en el primer equipo de jóvenes que no estaban aún física ni psicológicamente preparados para tamaño desafío; la ausencia de un planteo futbolístico convincente, y, en definitiva, la certeza de que muchos no estuvieron a la altura de las circunstancias al vestir la camiseta representativa de una institución casi centenaria, con varias décadas en Primera División. Si a ello le sumamos la precipitada huida de algunos “mecenas” y dirigentes, la inhabilitación del estadio de Villa Crespo, las fechas disputadas en días de semanas y todo el caos organizativo que habitualmente caracteriza en los últimos años a los torneos de Ascenso, no resulta extraño que el balance final haya arrojado guarismos tan negativos y que el receso de setenta días fuera tan esperado por todos. Lo extrafutbolístico Parafraseando el dicho "el huevo o la gallina", el presente institucional quedó marcado la pésima campaña futbolística, aunque también ésta fue resultado del marco de crisis que se venía arrastrando en ese momento, y que perdura en el presente. Mientras que cada semana Atlanta era vapuleado por sus rivales, en la voda del club ocurrían las siguientes cosas:
Atlanta volvió
a recuperar el predio del Open Dorrego (pertenecía su alquiler
a Broda), para luego ceder la concesión a un grupo de hinchas de
Atlanta, que practicamente nunca cumplieron el contrato. Toda una enseñanza A modo de conclusión, queda claro que mientras los hinchas de Atlanta fantaseábamos con espejitos de colores, el contexto institucional no era nada favorable, con una Comisión Directiva fragmentada y con resultados que hoy son indudablemente negativos: la promesa del reservorio que nunca ocurrió, sueldos siderales de jugadores que nunca fueron cubiertos por quiénes habían prometido el aporte y meses después implicó una nueva deuda para el club y una inhibición en Agremiados, jugadores que no fueron elegidos por el DT tras presión de allegados y sus representantes, situación que incluso hizo que Pablo Quiñones quede libre y su puesta sea cubierto por Germán Cáceres -obligado a bajar 6 kilos para firmar su contrato-, las ventas muy dudosas de Lucas Ferreiro y Lucas Fantini a Colombia, la vía libre para barras que finalmente terminaron agrediendo y amenazado a jugadores en pleno campeonato, obligando a que muchos de ellos abandonen la institución, y un flaco promedio que por milagro no dejó a Atlanta en la "C". Pronto a iniciarse la octaba temporada consecutiva en la B, queda claro que el peso de la historia no permite llegar a un equilibrio entre dirigentes, hinchas y medios partidarios. Apuntar a un proyecto serio y a largo plazo, asociado la la posibilidad económica, y aceptando el presente en el que Atlanta es un equipo más de la primera B, será el único camino de revertir viejos errores. Caso contrario, se seguirán repitiendo campañas, deudas, promesas inconclusas con las consecuencias mucho más graves que la simple estadística en los resultados deportivos. >Opiná
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