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AÑO
VII - NÚMERO 154 / Lunes 31
de julio de 2006
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| INFORME
ESPECIAL Carnaval toda la vida Los bailes, murgas y carnavales nuevamente vuelven a tener protagonismo en el barrio de Villa Crespo. Relanzados por diferentes centros vecinales y grupos murgueros de la zona, los 118 años de nuestro querido barrio nuevamente laten con orgullo, esperando encontrar como epicentro a la recuperada Sede Social de Atlanta. Repasamos la historia de semejante acontecimiento villacrespense y su relación arraigada con el club bohemio. POR GASTON GELBLUNG COLABORAN: EGARDO IMAS / CARLOS GOMEZ |
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Hace pocos días se lanzó el primer carnaval de invierno de Villa Crespo, organizado en conjunto con la Cooperadora de la Escuela Pública Francisco de Vitoria de la calle Julian Alvarez 240, y con los Centros Culturales Alberto Olmedo y Del Barrio. Murgas del barrio, grupos de percusión, clown y actividades plásticas volvieron a hacer revivir grandes epocas de fiesta en el barrio, dónde Atlanta y su sede social eran protagonistas. "Gran baile Hoy": este anuncio era común en las décadas del 30 y 40, instando a la concurrencia de aficionados al dos por cuatro y a los movimientos de Jazz. Los bailes de Atlanta, con grandes orquestas y numerosos bailarines, fue otro de los sucesos que registra la historia del club. La primera pista fue construida por Lualdi. El buffet fue el prólogo de la sede social, surgió como una necesidad de la época, por la gran concurrencia de público. Justamente -afirma Edgardo Imas en una nota realizada en este sitio sobre el poeta Juan Gelman-, las milongas en Atlanta hicieron historia y el club llegó a estar entre los lugares más populares y concurridos entre los innumerables sitios que décadas atrás cobijaban a los habitantes de una ciudad que se movía al compás del dos por cuatro. También se bailaba con otros ritmos y algunos llegaron a fines de los cincuenta. Sin duda, los más concurridos eran los bailes de Carnaval, que se llevaban a cabo en los últimos días de febrero y marzo. Los clubes y los salones competían para alcanzar la mayor cantidad de visitantes, lo cual significaba un ingreso nada despreciable. Una rápida ojeada a los diarios de la época en esos días nos muestra páginas que rebosan de avisos de bailes y notas y fotografías con gente disfrazada. Fue durante la década del 30 cuando los carnavales organizados por Atlanta ganaron popularidad. Así, en 1941, las siete jornadas danzantes dejaban una ganancia neta de $ 9.606,90, descontados los gastos. Además de la contratación de las orquestas y del animador, también había que abonar el alquiler de un piano y de los parlantes; la propaganda mural -por ejemplo, en el subterráneo a Lacroze- y en los diarios Crítica y Noticias Gráficas, la revista Radiolandia y en Radio Belgrano. El guardarropa y el buffet eran explotados por concesionarios. Los bailes tenían lugar en cualquier momento del año, a veces con alguna excusa:la inauguración de una obra, el aniversario de la institución, el fin de año, un fin benéfico -por ejemplo, la ayuda a las víctimas del terremoto en San Juan en 1944-. No pasaban de ser veladas danzantes en las que se trataba de atraer a la familia y vecinos, pero principalmente a los socios. El verdadero impulso llegó en 1942, pues el 21 de mayo Atlanta inauguró la sede social, que pasó a contar con una pista de patinaje, considerada por muchos como la más grande de Latinoamérica, que era utilizada como pista de baile. En 1945, para cancelar la deuda de más de $ 82.000 que el club tenía con la Sociedad Saccone y Borla, se le concedió las dependencias del club para que organizaran los bailes de Carnaval hasta 1949. Durante esos años '40 y '50 desfilaron afamadas orquestas, varias de ellas típicas, como Carlos Di Sarli, Rodolfo Biaggi, Joaquín Do Reyes, Miguel Caló, Juan D'Arienzo, Alfredo De Angelis y Osvaldo Pugliese, y las características, como las del acordeonista Feliciano Brunelli, la de Juan Carlos Barbará y la Numeriani. Paralelamente a una difícil situación deportiva e institucional, hacia 1953 se decidió interrumpir la organización de los bailes de Carnaval en razón del rendimiento no muy favorable, por deficiencias organizativas, que habían tenido los que se habían desarrollado el año anterior. Sin embargo, la inactividad duró poco y se retomó la costumbre de los bailes de Carnaval en Atlanta. Además, gran éxito tuvieron aquellos organizados por la recientemente creada Subcomisión Juvenil destinados específicamente para un público joven. En 1958, con León Kolbowski en la presidencia del club, la Subcomisión de Fiestas, presidida por Isaac Slipak, contrató para tocar a la Orquesta Típica Ases del Tango, con Rodolfo Lezica y un muy joven Raúl Lavié, y a la Orquesta Jazz de Julio Roth y sus Americanos. Al año siguiente, la novedad fue la elección de la reina del Carnaval, designación que recayó en María Isabel Recio. La música estuvo a cargo de la Orquesta Típica de Fulvio Salamanca y la Jazz de Rudy Machado. Carnaval y Villa Crespo Carlos Méndez en conjunto con el Centro Cultural Osavaldo Pugliese, narra una nutrida historia sobre el barrio de Villa Crespo y los carnavales: Si tuviéramos que dar razones del por qué de un carnaval de invierno en Villa Crespo sólo tendríamos que escuchar con atención al corazón que late al compás del sentir del barrio y hacer memoria… porque Villa Crespo tiene memoria. Cada rincón, cada esquina transpira un hermoso recuerdo, basta recordar los famosos Corsos de Villa Crespo que antaño adornaban la Calle Corrientes allá por los años 30 cuando aún los sonidos estridentes, las luces de las bombillas de colores, el agüita perfumada, la serpentina, las máscaras, el papel picado, los disfraces y la magia del carnaval porteño no habían empezado a agonizar. En aquellos tiempos en que la ciudad se expandía inexorablemente, los barrios centraban la actividad de los grupos étnicos que los poblaban y las agrupaciones de carnaval que se sostenían en esos lazos se empezarían a organizar sobre vínculos de vecindad, es así como nace esa nueva forma de organización: LA MURGA, formada por muchachos que se reunían para cantar canciones de tono picaresco acompañándose por instrumentos caseros, más tarde adoptarían de los inmigrantes españoles el bombo con platillo, instrumentos de viento y la acordeona. Con trajes de colores brillantes en telas de satén o raso, imitando las antiguas levitas de arpillera, y al paso burlón que parodiaba el marchar militar mezclados con ritmos negros como el candombe y la milonga, se preparaban cada carnaval las murgas, que tomaron a sus barrios como factores referenciales y de pertenencia, tanto que hasta el nombre con que se denominaban cada una tenía que ver con el lugar del que procedían. Ahí las esperaba, sobre la calle Corrientes, desde el Maldonado hasta Canning, las luces del tradicional Corso Villacrespense. Las asociaciones preparaban las gigantescas comparsas y las luces iluminaban las calles de vereda a vereda. La calle Corrientes cambiaba su fisonomía habitual, la más alta sociedad barrial oficiaba casi como jurado, familias completas disfrutaban del pasar de las grandes comparsas y las infaltables Murgas de los Barrios, que se esmeraban por el mejor salto y desfilaban orgullosos sus maravillosos trajes; armazones de paraguas; banderas; abanicos; cabezudos y toda clase de símbolos del carnaval que hacían alegrar hasta al más amargado de los espectadores Porque era muy importante para cada agrupación murguera pasar por el corso de Corrientes y Canning y sentir la adrenalina de la prueba superada y lo asevera el investigador Coco Romero que cuenta que "las murgas de antaño se consideraban aprobadas luego de pasar por el Corso de Villa Crespo". Desde la Revolución Libertadora en adelante, los sucesivos gobiernos militares intentaron adueñarse del carnaval pero no les fue fácil, el carnaval se mete en la sangre y adopta otras prácticas frente a la prohibición impuesta y los clubes de barrio fueron el escenario ideal para no perder la magia que intentarían apagar. No obstante, la dictadura militar asestó un golpe tremendo contra esta forma de expresión dónde los vecinos celebraban la alegría de encontrarse, la ilusión de la risa que aplacaba los problemas cotidianos y los hacía sentir barrio… Las canciones en los improvisados escenarios que se alzaban en crítica se empezaron a acallar y junto con las ilusiones y los amigos que ya no estaban, desaparecieron los feriados de carnaval y la prohibición hizo que también desapareciera el corso. Luego de largos años de oscuridad, dolor y terror la gente redescubrió en el carnaval un hecho social y cultural que se resignificaría como un elemento superador del miedo que durante 30 años acalló los cantos, los bailes, las críticas y los bombos pero no pudo con nuestra memoria. Las calles volvieron a pintarse con los colores del carnaval, el barrio salió a la calle a adueñarse de lo que siempre fue suyo, su espíritu… AL Rey MOMO no lo pudieron callar. Villa Crespo recuperó su magia y nuestro querido Corso volvió para arrancarles sonrisas a niños y grandes, a cada vecino que late con cada baldosa de nuestro barrio. Por eso, para reivindicar el corso y la fiesta en Villa Crespo y para que el carnaval no dure nada más que ocho noches de verano, porque tenemos memoria y no perdemos la ilusión, tenemos mas de una razón para que la fiesta del carnaval dure todo el año y para no dejar NUNCA MÁS que nadie, con ningún pretexto, calle a las murgas y a la fiesta popular como hace 30 años... Géneros del carnaval porteño Los géneros de carnaval originarios de la ciudad de Buenos Aires, y otros géneros que participan en los festejos porteños son, según la clasificación de la Comisión de Carnaval (ordenanza 52039): Centro
Murga Agrupación
Murguera Agrupación
Humorística Otros
géneros Las murgas de Villa Crespo MANIATICOS
DE VILLA CRESPO LOS NEUROTICOS
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DE VILLA CRESPO ANSIOSOS
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