AÑO VII - NÚMERO 156 / Lunes 14 de agosto de 2006
EL LOCO DANIEL
El utilero más famoso
A cuatro años de su muerte, le rendimos el merecido homenaje que Daniel Leocadio no tuvo en oportunidad de su fallecimiento. Durante casi tres décadas fue el encargado de la utilería de Atlanta, engranaje clave de la maquinaria del fútbol, y un personaje muy querido en el ámbito del club y fuera de él.
POR EDGARDO IMAS (imased@yahoo.com)

El fútbol tiene una galería inagotable de personajes que giran alrededor de él y conforman lo que se sintetiza en los noventa minutos que los espectadores ven aproximadamente cada siete días.

Indiscutiblemente, los actores fundamentales son los jugadores. En ello hay consenso unánime. Sin embargo, nuestro fútbol actual, tan mediático y frívolo como amarrete, les viene otorgando un inusual protagonismo a directores técnicos y árbitros, que cada vez acaparan más primeros planos en las transmisiones televisivas y más centímetros en la prensa.

Los hinchas también han pasado a constituir un soporte fundamental gracias a la cultura del "aguante", exaltada por la mayoría de los medios y con orígenes en un tejido social cada vez más desgarrado a causa de la violencia y de la injusticia.

Ni qué hablar del grado de exposición de los dirigentes, y más aún si abrevan en las generosas fuentes de la política o se pelean por quién es más obediente ante los ucases que se dictan desde el búnker de Viamonte al 1300.

En un muy discreto segundo plano, se ubican preparadores físicos, médicos, kinesiólogos y masajistas, pero en ascenso a fuer de la preponderancia física sobre la técnica en el juego y de la cantidad de lesiones que estas características acarrean en los futbolistas.

Recién al fondo del túnel -y nunca tan apropiada esta figura- es posible hallar a los utileros, sacrificados y abnegados, imprescindibles eslabones de una cadena, sin los cuales el público no podría asistir al banquete, ya que ¿quién serviría? ¿Quién atendería a los protagonistas para que salgan completa, adecuada y pulcramente equipados?

Aunque en el tablón juren y perjuren que sólo ellos siguen al equipo a todas partes, los utileros son quienes realmente practican ese acompañamiento en todas las canchas, pero no un día sino seis por semana. A donde van los jugadores, allí están ellos. Difícil imaginarse un vestuario y un partido sin su presencia. Están entre los que más tiempo pasan con el plantel y, por lo tanto, conocen sus secretos, sus internas, su trastienda, y también sus mañas.

Orden, método y disciplina son los principios básicos para poder mantener en impecable estado y listos los equipos de indumentaria completos, tanto para jugar como para entrenar, además de toallas y vendas. Los botines requieren especial cuidado, ya que los tapones se cambian según el terreno donde se juegue.

A esas cualidades los utileros han añadido en las dos últimas décadas otras que tienen que ver con el cuidado y la preservación de los elementos que preparan, especialmente en los clubes de Ascenso, donde los recursos son menores y la violencia acecha más. Es que la camiseta ha tenido un lugar principal en el fútbol desde siempre -allí está el viejo apotegma de que "se juega por la camiseta" para probarlo-, pero que se ha trastrocado y tergiversado de modo tal que las utilerías pasaron a ser uno de los lugares más codiciados por quienes llegan a agredir y robar para hacerse de una prenda con fines de exhibición o de reventa.

Palabras mayores

Si hay alguien que en Atlanta se transformó en sinónimo de utilería es José Leocadio, que aunque no se denominaba Daniel, todo el mundo lo llamaba así. O más precisamente el Loco Daniel, utilero del club durante casi treinta años.

Daniel Leocadio había nacido el 1° de junio de 1934 en Las Rosas, provincia de Santa Fe. De joven se radicó en Buenos Aires, recalando en el barrio de Villa Crespo para trabajar. Allí conoció a quien luego sería su mujer, Nelly Pisanti, de una familia muy identificada con Atlanta.

En 1962 ingresó como empleado del club en la pileta de natación, pero rápidamente fue trasladado a la utilería, como ayudante. Con el tiempo fue aprendiendo el oficio, le gustó y terminó como el encargado, pero a fines de la década del 60 fue contratado por Ferrocarril Oeste, donde fue el utilero hasta pasada la mitad de la del 70, cuando regresó a Atlanta.

Fue el utilero, entonces, de la última época del club en Primera División y, luego, de la del papel protagónico en el Ascenso y de la mudanza de las divisiones inferiores a Villa Madero. Más tarde, el Loco Daniel asistió al hundimiento deportivo e institucional que terminaron en la quiebra judicial de 1991 y la pérdida de la sede social. Hubo que empezar desde cero, y allí estuvo él, cobrando cuando se podía y con sus operaciones y problemas cardíacos a cuestas, y con elementos de trabajo cada vez más escasos, a pesar de lo cual algunos "hinchas" insistían en saquear la utilería. Hasta que en 1999, harto de los problemas, se retiró, a pesar de lo cual seguía yendo al club, que sentía como propio y con cuyos colores terminó identificándose, aunque de chico era simpatizante de Boca Juniors.

El 3 de agosto de 2002 falleció en Capital Federal. Pocos estuvieron junto a él para despedirlo. Por ello, el enojo que acumula su mujer Nelly -también empleada del club durante varios años-, y que estalla durante el diálogo con Sentimiento Bohemio. Es que el Atlanta de los últimos veinte años se caracteriza por dejar heridas y rencores en quienes a pesar de eso siguen amando al club profundamente.

La hija del Loco Daniel, Alejandra Leocadio, también destaca la ingratitud de muchos hacia su padre, luego de tantos años al servicio del club, incluso en momentos muy difíciles.

Así lo recuerda: "Mi papá era una persona muy querida y muy aplicada en su trabajo. Incluso iba al club los días que tenía franco para tener todo arreglado. Tanto es así que en su momento César Menotti y Carlos Bilardo lo quisieron llevar para la utilería de la Selección Nacional. Atlanta lo fue a buscar nuevamente a Ferro y ya después que volvió no se fue más. O, mejor dicho, con problemas de salud y dificultades para cobrar, se retiró. Luego de que se fue, nunca le pagaron lo que le debían y, sin embargo, no inició acciones contra el club", comenta su hija.

Alejandra agrega que "él no traía los problemas del club a casa. Sí tenía muchísimas anécdotas. Recuerdo en particular aquella en cancha de Atlanta, en la época en que aún no había mangas como prolongación del túnel, en que se armó un lío bárbaro y la policía lo buscaba pero le dieron un buzo de otro color, se cambió y no lo pudieron agarrar".

El doctor Juan José Denino, 70 años, es el médico del plantel profesional desde hace muchos años y una persona muy respetada y conocida en el fútbol. Su opinión sobre José Leocadio es muy significativa, ya que lo conoció en profundidad. "Para mí es un dolor muy grande haber perdido a Daniel, porque fue un amigo mío. Yo estuve de 1978 a 1988 en Atlanta y todos los días me quedaba a comer con él. Así que hemos vivido juntos todos los momentos buenos, medianos y malos. Lo aprecio a él y a toda su familia. Me dolió muchísimo que cuando falleció éramos tres o cuatro, nada más, los que estábamos en el velatorio después de tantos años que él estuvo acá. Pero el fútbol tiene estas cosas: es el momento y hay que vivir el momento… es así."

Sobre sus cualidades, Denino reconoció que "Daniel era un personaje especial; nunca vi un utilero tan prolijo, tan limpio y tan cuidadoso como él. He recorrido muchos clubes y, para mí, en utilería era el súmmum; siempre bien ordenado. Llegaba el fin de temporada, y aprovechaba para pintar su utilería".

"También tenía un carácter especial, tenía sus locuras, pero, por desgracia, no se cuidaba: tenía problemas cardíacos y fumaba y comía de todo… Vivió; siempre digo que la vida la vivió…", concluyó, emocionado, el actual médico del club.

Otra persona que tuvo estrechos vínculos con él es el actual utilero, Hugo Pérez, que aprendió el oficio en los años noventa, cuando revistó como ayudante en la utilería. Lo recuerda como alguien "muy laburador, prolijo y en la disciplina era muy completo. Sabía todo de utilería. Yo entré al club en mantenimiento y me pasaron a la utilería. Después lamentablemente tuve que irme de la utilería y ahora me llamaron para volver. Pero con el Loco Daniel aprendí el oficio", y agrega, mientras mira alguna foto de su ex compañero que aún queda en la utilería: "Anécdotas con él tuve muchas, pero siempre me acuerdo de que cuando hacíamos un asado, rompía alguna botella o plato, no porque estuviera enojado, sino porque era loco. Él me contó que una vez en San Martín un arquero le pidió una camiseta y se la puso debajo del buzo de arquero, y después se la mostró a la hinchada de Chacarita. Se armó un despiole…".

Con el estruendoso ruido de fondo del lavarropa, Hugo Pérez asegura que "para ser utilero hay que saber llevarte con los jugadores, que así como son buenos son jodidos y siempre hay una oveja negra. No hay que olvidarse nada los días de partido y tratar de tener todo ordenado para la hora del entrenamiento, para que los jugadores se sientan cómodos".

Secretos y gajes del oficio que el Loco Daniel conocía con detalle y perfecta seguridad. Y que quizá no los extrañe, porque, pensándolo bien, vaya a saber si no andará ahora en algún lugar acomodando buzos, camisetas y botines.

>Opiná sobre esta nota
>Imprimir esta página
>Volver a inicio


Daniel Leocadio en la utilería con su ayudante Juan Ramón González.


El Loco Daniel con Fabián Castro y la dedicatoria del Pepe: «Para la mejor persona que conocí en el fútbol».


El Loco festejando el ascenso a la B Nacional en cancha de Ferro en 1995.


"Daniel" Leocadio, en sus épocas de utilero de Ferro.


La familia Leocadio: su señora Nelly Pisanti, su hija Alejandra y sus dos nietas.


El utilero Leocadio (segundo desde la izquierda) con jugadores (entre ellos Salas y Chesini); su ayudante Hugo Pérez y directivos como Marcelo Aceto.


El Loco flanqueado por el Bichi Paredes y Ariel Pérez.


Una vista de la utilería en la actualidad. Allí pasó el Loco Daniel casi tres décadas.


Los botines reposan en la utilería.


Hugo Pérez (izq.) y su ayudante, los utileros en esta temporada. Hugo Pérez fue ayudante de Daniel Leocadio


El doctor Juan José Denino: «Sólo éramos tres o cuatro del club en el velorio del Loco Daniel».


| Aviso legal | Mensajes | Chat |  Contactate | Nº anteriores | Quienes somos | Suscribite |
Está terminatemente prohibido usar material de esta página sin permiso previo. Todos los derechos reservados 99/00©. Fecha de inicio: 1/6/1999 sentimientobohemio.com.ar® (usuarios.arnet.com.ar/gasgel) es una página registrada en propiedad intelectual. Buenos Aires, República Argentina . Resolución mínima recomendada: 800 x 600. INTENTARON IMITARNOS, JAMAS NOS IGUALARON...