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"La
justicia es ciega y las personas son mudas" refutó un hincha
bohemio al enterarse que finalmente César Dib, autor de los destrozos
en el club el 17 de febrero de 2004, había sido absuelto por falta
de mérito.
Finalmente,
el martes a la mañana en el juzgado correccional N° 13, Secretaría
79, se llevó adelante el juicio oral y público. Después de que
declararan varios testigos y evaluar las pruebas, la juez Patricia Guichandut,
dictaminó la absolución del acusado. Los motivos de la absolución estarían
relacionados con la declaración de dos testigos oculares del hecho que
no pudieron probar que quien cometió los destrozos era efectivamente el
acusado. Uno de ellos argumentó taparse la cara y el otro tener
la vista borrosa. Otro de los testigos, el vice Gustavo Deluca, no se
presentó aduciendo un cuadro febril, mientras que Carlos Moreno
como presidente de la entidad en aquel año, declaró haber
recibido amenazas por parte del acusado, situación que hizo abrir
una nueva causa.
Una decena de hinchas se acercaron al juzgado además de Javier
Castrilli, director del Programa de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos
(PROSEF), y el presidente del Club Atlanta, Alejandro Korz.
Mónica
Nizzardo luego del veredicto afirmó ante el batallón de
periodistas presente: "Me quedo tranquila porque hice lo debido.
No creo que haya perdido una batalla, como me dijo Javier Castrilli. Es
nuestro club, nuestra sociedad... No se puede seguir con la mediocridad
argentina del no te metas."
Luego de varios meses Nizzardo volvió a ver a su Atlanta ante El
Porvenir, y opinó ante Sentimiento Bohemio sobre el apoyo
de la Comisión Directiva y de la presencia de Korz en el juicio
oral: "En la cancha me encontré con algunos dirigentes. Uno
de ellos me dijo que a algunos se les había ocurrido hacer una
plaqueta y darmela en la cancha y finalmente otros dijeron que no. Menos
mal que hay gente coherente...¿Cómo se va a premiar a una
persona que cumple con su deber? Debe ser castigado el que no lo hace.
Eso fue lo que le dije a este dirigente, que me respondió 'o
estás en Atlanta o estás en contra'. Yo quiero explicar
que amo a Atlanta y por eso digo lo que digo, yo no estoy en contra de
Atlanta. Hablar de lo que pasa es quererlo, es preocuparse para ver que
se puede hacer. Para que algo se modifique primero se debe tomar conciencia
de lo que pasa y aceptarlo, luego reflexionar y ver como seguir. Hay cosas
que no pasan sólo en Atlanta sino el el 98% de los clubes".
Si bién
la primer sensación para los que sueñan con un club sano
y pluralista es negativa, es importante destacar que por primera vez un
dirigente puede actuar como indica la ley y no torcer el brazo ante los
mercenarios y su violencia. Pero también queda claro que con actitudes
individualistas no se podrá modificar lo que hasta ahora parece
inmodificable.
Un hincha
bohemio que presenció el juicio definió con exactitud lo
que vivió y sintió en ese momento: "Lo de ayer es la mejor
demostración de que nadie puede actuar solo ante la justicia cuando son
muchos lo que saben lo que pasa; esos muchos tienen que actuar. Esa es
la mejor prueba. Esto lo sabemos muy bien los argentinos, artífices del
“no te metas” y del “algo habrá hecho” para no meternos. Claro, después
reprochar a la justicia o a los que tienen miedo es fácil. Jugarse por
la justicia y unirse para vencer el propio miedo no se nos pasa por la
cabeza. Tengamos cuidado con no hacer el juego a los que nos muestran
como imposible mejorarnos: porque así, en ese escepticismo, siempre nos
van a manejar los violentos, los que los inventan y alientan porque los
necesitan, los que pactan porque la violencia los favorece, y los ideólogos
que necesitan del desánimo, del desapego, del desinterés, de la desconfianza,
para poder seguir manejándonos. Hay una Justicia que es anterior, es la
que está en nuestras mentes y en nuestros corazones; y hay una Justicia
que está después, que es la que reposa en los tribunales. De la convicción
que pongamos en mejorar aquella, dependerá que la última sea efectivamente
justa."
Los hinchas
y socios de Atlanta esperamos ahora y luego del apoyo oficial de la Comisión
Directiva ante la denuncia de Mónica Nizzardo, un cambio de posición
sobre éste tipo de hechos para que el hincha y vecino vuelvan a
acercarse al club. Es decir, que comiencen a haber testigos con la vista
firme y el pulso sano que luego declaren ante los robos de la utilería,
ante la rotura a martillazos de un baño del Open Dorrego y claridad
e información precisa sobre las fichas de inscripción de
socios que maneja un grupo de "hinchas caracterizados" sobre
el primer pago de la cuota social que ellos ofrecen.
Se
dijo en el juicio
Su señoría
La jueza que dictó la sentencia en el juicio oral es la doctora Patricia
Susana Guichandut de Crisetti, titular del Juzgado N° 13 en lo Correccional,
Secretaría 79. Es porteña, tiene 55 años y se recibió de abogada en 1976
en la Universidad de Buenos Aires, con un posgrado en criminología. En
1974 ingresó en el Poder Judicial.
Así
empezó
Citado para las 9, el juicio oral comenzó con cerca de una hora de demora.
En primera instancia hubo una lectura de los hechos que se le imputaban
a Julio César Dib, a saber, los destrozos cometidos en la administración
del club, el 17 de febrero de 2004, que produjeron la rotura de un monitor
y un CPU de una computadora, un televisor, una ventana ojo de buey que
da a una oficina interior y los vidrios de la puerta de entrada. Se señaló
que sobre los hechos, además de las declaraciones durante la instrucción,
obraban en la causa un artículo del diario "Crónica", un croquis y fotos.
Finalmente se nombró a aquellos ciudadanos que no pudieron ser ubicados
por distintos motivos para que testimoniaran ante la jueza y se informó
que el entonces protesorero Gustavo de Luca, que había sido citado para
declarar, no se presentaría porque se hallaba con fiebre y en reposo en
su domicilio y que luego enviaría por fax el correspondiente certificado
médico.
Los
testigos
Los ciudadanos que declararon fueron los siguientes: los tres presenciales,
Mónica Nizzardo (vocal y encargada de prensa del club entre 2002 y 2005)
y los empleados administrativos Osvaldo Devicenzo y Oscar García; Carlos
Moreno (presidente del club entre 2002 y 2005); el subinspector Walter
Bertino, y los presentados por la defensa, Pablo Trombert, Daniel Guinzburg
y Mirta Reta de Corona. Todos juraron decir la verdad y se retiraron a
la antesala para luego ir entrando a prestar declaración.
El
imputado
El acusado, con traje y gafas, al ser llamado a declarar, se abstuvo de
hacerlo -nadie está obligado a hacerlo según rezan las normas vigentes-.
Horas más tarde sí habló en su alegato.
La
declaración de Moreno
Impactante fue el testimonio del titular de Atlanta en el momento de los
hechos. El ex presidente señaló que conocía al imputado de la infancia
y que éste, luego de que saliera de prisión, lo fue a ver con la Biblia
y le dijo que apoyaría su gestión en Atlanta y que trataría de encontrar
a quienes les venden drogas a los jóvenes.
Moreno afirmó que trató de ayudarlo porque no podía conseguir trabajo
y le cedió un local que estaba sucio y abandonado que daba a la calle
Humboldt. Allí se puso a trabajar el imputado montando con otra persona
un local de expendio de choripán y bebidas los días de partido.
De acuerdo con el relato del ex titular bohemio, los problemas empezaron
cuando la policía vetó el local porque carecía de habilitación municipal.
"Él creyó que yo me había puesto en contra de él, pero la cuestión venía
por el lado de la policía o de la municipalidad y era por ausencia de
habilitación, algo que él podía haber tramitado", expresó Moreno, quien
agregó que un día en que había partido, el imputado había entrado en la
administración a lo gritos delante de mucha gente, y arrojó todos los
chorizos y panes que había comprado. Luego narró reiteradas amenazas sufridas,
como con un cuchillo puesto en la garganta o daños infligidos a un comercio
de su propiedad, y reveló que también había sido amenazada quien era su
secretaria por entonces, la ex vocal de CD Bárbara Grichener. El ex presidente
dijo que quería que se hiciera justicia y refiriéndose al imputado, "si
él dice que es de Atlanta, no tendría que romper nada".
Los
testigos oculares
De los tres que presenciaron los desmanes en la administración, sólo Mónica
Nizzardo declaró haber podido identificado a la persona que había ingresado
ese mediodía, y que tiró una PC y luego produjo destrozos con un martillo
que extrajo. Los otros dos, empleados de Atlanta, dijeron que no pudieron
verlo porque se le nubló la vista en un caso y porque se tapó el rostro
en el otro en virtud del susto. La ex encargada de prensa de la institución
señaló que, apenas producidos los hechos, sacó fotos con su cámara digital
-que obran en autos- y llamó por teléfono a un dirigente, que luego vino
al club y que se negó a acompañarla a hacer la denuncia en la comisaría
porque "conocen mi auto". Ante esto, contó que se tomó un taxi y fue a
presentar la denuncia sola. También narró que la madre y el hijo del imputado
le pidieron de buena forma tiempo después que retirara la denuncia, pero
que ella sentía que era su obligación defender el patrimonio del club
ya que para eso había sido elegida como miembro de la CD. La jueza dispuso
un careo entre los testigos oculares y en un momento le recordó a uno
de ellos que había jurado antes de de declarar y que corría el riesgo
de incurrir en falso testimonio.
La
defensa
Fue ejercida por el defensor oficial Ricardo Titto, quien insistió con
preguntas sobre supuestos enfrentamientos políticos e internas en el club.
Durante la declaración de Mónica Nizzardo, pidió un careo entre ella y
su defendido, lo cual fue rechazado por la jueza Guichandut. La magistrada
también le impidió expresar opiniones sobre la intervención de la testigo
en un programa televisivo la noche anterior. En cuanto a los testigos
aportados por la defensa, poco aportaron y uno de ellas, una señora, declaró
que el imputado estaba a esa hora en la ciudad de Junín.
El
fallo
Se conoció a las 15.30. El fiscal solicitó una condena de seis años y
medio. Ello porque el imputado le restaban cuatro por haber cumplido otra
condena a seis años por extorsión, de la cual salió en libertad condicional.
Otros dos años fueron pedidos por ser reincidente -ya había tenido un
juicio por una denuncia del periodista Fernando Tebele por amenazas de
muerte- y seis meses por los hechos que se ventilaron en el juicio oral.
La jueza Guichandut absolvió a Julio Dib por el beneficio de la duda,
teniendo en cuenta que, de tres testigos oculares, dos adujeron no poder
reconocer al autor de los destrozos. La magistrada decidió iniciar una
causa aparte por amenazas en virtud de las declaraciones de Carlos Moreno.
Cómo
sigue
Debido a que no hubo una denuncia institucional y, por ende, el Club Atlanta
no se constituyó nunca en querellante, el fallo sólo podría ser apelado
por el fiscal Dalla Giustina.
El
público
En la sala hubo diez espectadores, la mitad de ellos pertenecía a los
medios que cubrieron el juicio y el resto eran socios de Atlanta interesada
en cómo se resolvía el caso. Algunos medios nacionales llegaron a la hora
de la lectura del fallo, al igual que el ex árbitro y ahora subsecretario
de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos, Javier Castrilli, quien se
acercó para solidarizarse con Mónica Nizzardo. También estuvo presente
el presidente actual de Atlanta, Alejandro Korz, quien era vicepresidente
en el momento en que se desarrollaron los hechos.
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