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Es
de los que, a pesar de todo lo sufrido y visto, aún continúan, fieles
y obstinados, con su peregrinaje por distintas canchas acompañando a Atlanta.
No importa que se lleven grabadas a fuego las imágenes de tiempos pasados
con gloria. No importan los absurdos horarios que la entente AFA-Policía
fija para la disputa de los partidos ni los resultados ni los jugadores
de turno. A Néstor Javier Llido, 40 años, nacido el 30 de diciembre de
1966 en Capital federal y vecino de toda la vida del barrio de Floresta,
es posible encontrarlo siempre donde juegue el Bohemio. Aunque para poder
estar presente deba apelar a variadas estratagemas en el cumplimiento
de su labor periodística: "Tuve que cambiar francos que me correspondían
en día domingo para poder ir el viernes pasado a Italiano y hoy con Cambaceres",
confiesa el último martes en la platea de Ferro, acompañado por su hijo
Nahuel.
-Contanos
dónde trabajás y tu trayectoria laboral en el periodismo.
-En la actualidad, me desempeño como redactor de la sección Judiciales-Policiales
del Diario Popular, en el que trabajo desde hace 18 años. Me inicié
en Deportes y luego pasé por los suplementos zonales y distintos sectores
de la redacción general. Al mismo tiempo y en diferentes etapas, estuve
como cronista en varias publicaciones, llegando incluso en una de ellas
-el semanario Ecos Baires, dedicado al conurbano bonaerense- a
secretario de redacción. Por otra parte, trabajé como productor radial
y redactor de informativos.
-Precisamente
en radio condujiste durante un extenso período un programa sobre el fútbol
del Ascenso que fue una referencia obligada para quienes buscaban información
seria y obtenida directamente de las fuentes.
-Sí, Ecos del Ascenso salió al aire durante diez años: desde marzo
de 1994 hasta febrero de 2004. Se emitió por AM 1480 Radio Santa María,
luego transformada en AM 1150 Radio Sagrada Familia, ambas pertenecientes
al Obispado de San Justo, y en la última etapa por AM 570 Radio del Centro,
con excelente alcance en Capital Federal, Gran Buenos Aires y algunas
zonas del interior provincial. Sin dudas fue un producto exitoso, pero
deficitario desde lo económico, como casi todos los emprendimientos periodísticos
independientes. Si bien yo lo conducía, había un grupo de compañeros,
jóvenes por entonces, que trabajaban muchísimo, como Jorge Ibarra, Walter
Marini, Marcelo Massarino, Gerardo Zappa, Daniel Torrisi, Beto Fumo, Gabriel
Sordo, Damián Trillini, José Manuel Fernández, Alejandro Servidio, Leonardo
Castro, entre otros.
-En esa
experiencia tuya se mezclaban dos pasiones: el periodismo y Atlanta. ¿Cómo
manejabas esa situación?
-La información de Atlanta estaba a cargo del Tanito Servidio,
que en ese tiempo editaba la revista A Todo Bohemio -que se distribuía
en la cancha cuando jugábamos de local-. Después él dejó el programa,
porque se radicó en Mar del Plata, y el que traía las novedades acerca
de lo que pasaba en el club cambió. En lo personal, siempre prioricé la
independencia por sobre la identificación partidaria y las veces que,
como cronista radial o del diario, me tocó cubrir algún partido de Atlanta
debo reconocer que me costó mucho, incluso al límite de pecar de exigente
con nuestro equipo.
-¿Qué
referentes has tenido en el periodismo?
-En realidad, uno crece admirando a mucha gente, a la que escucha y lee,
como don Osvaldo Ardizzone, Ulises Barrera, Juan José Panno u Horacio
García Blanco. Luego, a la hora de empezar a trabajar, se va moldeando
su propia identidad periodística y la realidad le impone que el ideal
de los grandes maestros queda muy lejos. De todas maneras, tuve la fortuna
de recibir enseñanzas de don Justo Piernes en la gráfica o Julio César
Calvo en lo radial.
-¿Cómo
calificarías el periodismo deportivo hoy en la Argentina?
-El nivel del periodismo deportivo de hoy es directamente proporcional
al show que intentan montar los dueños del negocio. Poca opinión, escasa
profundidad e información poco útil para rellenar el espacio, donde el
conductor de turno es considerado más importante que el protagonista.
La investigación quedó reservada a unos pocos lugares, con el preconcepto
de que a la gente no le interesa. Sin abusar de mi a veces excesiva nostalgia,
hasta no hace mucho tiempo, el periodismo era una carrera universitaria
y durante los años noventa, en consonancia con la decadencia social, surgieron
un montón de academias, en las que, salvo ciertas excepciones, como TEA,
se promociona a cientos de chicos, siempre y cuando tengan la cuota al
día. Con sólo observar quiénes son los "docentes", uno puede inferir cuál
es el nivel, ya que cualquier personaje mediático se cree con derecho
a "dar clase", sin el mínimo conocimiento pedagógico y dedicándose a contar
una serie de anécdotas, muy jocosas, pero poco productivas.
-En la
amplia constelación radial existe una profusión de programas que se dedican
al fútbol del Ascenso. Como conocés bien el paño, ¿qué opinión te merecen
en general?
-Debido a los horarios de mis ocupaciones laborales, casi no tengo tiempo
de escucharlos. De todas maneras, cuando lo hago para escuchar alguna
información de Atlanta, me doy cuenta de que el nivel es pobrísimo. Sus
conductores se creen más importantes que la noticia, y uno, que ha tenido
experiencia en montar programas sobre la actividad, se da cuenta del escaso
trabajo de producción. Para definirlo a lo tribunero, cualquier gil con
plata hoy tiene un programa.
-¿Cómo
y cuándo te hiciste hincha de Atlanta?
-No lo puedo precisar, pero fue entre 1971 y 1972. Mi viejo, Alberto Llido,
que hasta esos momentos era hincha de River, era de aquellos que te llevaban
a la cancha seguido. Los sábados y domingos, a ver a los equipos que nos
quedaban cerca de casa, como Ferro, Vélez, Argentinos, All Boys, Liniers,
Lamadrid, Almagro. Pero con Atlanta había algo especial: mi abuelo, cuando
llegó de España, simpatizaba con el Bohemio, allá por fines de los años
treinta, y mi padre, que casi no lo conoció, tenía ese sentimiento como
dormido y se lo despertaron sus hijos: mi hermano Fabián y yo. Ya cuando
el hijo de un amigo de mi padre empezó a jugar en Tercera, Osvaldo Catalano,
lo seguíamos siempre y ahí quedamos todos prendidos definitivamente. Fui
socio en dos etapas, del 79 al 84 y ahora desde el 2004. Empezamos a ir
solos con mi hermano, que apenas me lleva dos años, en el 80, después
que descendimos a la B. Con 13 y 15 años lo seguimos a todos lados, y
cuando era lejos -por ese entonces todo parecía muy lejos- la engañábamos
a nuestra mamá Alicia, diciéndole que jugábamos de local e íbamos a ver
la Tercera (eso era muy creíble, porque los equipos del preliminar eran
buenos de verdad) para poder escaparnos antes y llegar afuera. A la sede
iba poco, pero tengo gratos recuerdos, de los partidos de básquet, los
de inferiores antes de que se hicieran las canchas de tenis o los recitales
en el microestadio.
-¿Te acordás
el primer partido de Atlanta que viste?
-Los recuerdos se me amontonan, más aún ante este presente tan pobre.
Pero no hay que pecar de nostálgicos; yo pienso que todo puede andar mejor
todavía, aunque parezca difícil. Creo que después de 35 años de ver a
Atlanta, me es difícil precisar cuál fue el primer partido, pero me viene
a la memoria uno que el paso del tiempo no ha podido borrar, un 1 a 0
a Rosario Central en Villa Crespo, en aquellos partidos que iban televisados
en directo por Canal 7. La cancha llena, las banderas blancas con rayas
azules y amarillas, imitando la camiseta que usaba el equipo.
-Vayamos
a tus recuerdos futbolísticos positivos en relación a Atlanta: mejor equipo,
mejor jugador, mejor gol.
- En cuanto a mejor equipo, a nivel integral no fueron muchos. Aquel del
83 de López-Cavallero jugaba bien, igual que el de Vitrola Ghiso. Sin
embargo, aun careciendo de suficientes imágenes frescas, por todo lo transmitido
en esos corrillos del pasillo tribunero tendría que quedarme con el del
73. Como mejor jugador, he visto varios y en distintas épocas, así que
me permito la licencia de quedarme con dos: Alfredo Manuel Torres y Fabián
Alberto Castro. El mejor gol, también hubo variados, desde la estética
o la emotividad. Aquel del Ñato Torres a Gimnasia; esa corrida
de Porté ante Temperley; los del Pepe Castro en Mataderos o en
la cancha de Racing;, los de Alfredo Graciani, Fabio Giménez, Pachorra
Smaldone o Laviano para amargar a Chaca; y más acá, el de Lucas Ferreiro
a Tigre.
-Alguna
anécdota que merezca ser narrada aquí.
-Hubo muchísimas, algunas gratas, como el día en que mi hijo Nahuel salió
de mascota con el equipo en un partido con Defensores Unidos de Zárate;
otras no tanto, como cuando volvimos de Rosario lastimados, junto a mi
viejo, después que la barra de Central nos encontró en la estación de
trenes a un grupo de catorce bohemios, que habíamos gritado un gol agónico
de Gette para el 1 a 0 en Arroyito. Y hay muchísimas más, vinculadas con
viajes con idas esperanzadas y retornos tristes, como el del 80 a Junín.
-Pasemos
a la actualidad futbolística. El Clausura entra en su etapa final y ya
casi es historia para Atlanta, que empieza a ver con cierta preocupación
para la próxima temporada a una temida tabla a la cual, afortunadamente,
en los últimos tiempos no le prestaba atención.
-El actual equipo me provoca una gran incertidumbre, ya que el técnico
augura que con algunos refuerzos armará un plantel para pelear la punta,
pero considero que no existe una base sólida. De los futbolistas que están
jugando, apenas habría que dejar a cuatro o cinco, darles lugar a algunos
juveniles, e incorporar a muchos para cubrir puestos indispensables, como
el arco y la defensa. Pero para ello hace falta un presupuesto, con el
que el club no cuenta. Respecto de la campaña, es una decepción más, como
en los últimos años; desde aquel equipo del Tano Pasini que no se genera
una sensación de ir al frente, salir a ganar en todos lados y mantener
la ilusión de que estamos para pelear. Apenas si como excepción se puede
mencionar cierto pasaje de la conducción de Marabotto.
-¿Cómo
seguís la actualidad institucional y deportiva en general del club?
-Intento estar lo más informado posible, a través de los medios gráficos,
los sitios de Internet del fútbol del ascenso y de los partidarios, y
también por los contactos permanentes con otros hinchas, que son los amigos
de la tribuna. De los que se dedican a la información de Atlanta, me parecen
buenos, aunque demasiados críticos respecto de esta coyuntura institucional,
como no lo fueron años atrás, cuando las cosas estaban iguales o peor
que ahora, pero no salían a la luz. Por ejemplo, el último informe sobre
los juicios y el análisis que se hace del futuro mediato, generando una
sensación de crisis terminal y sin hacer hincapié en quiénes son los verdaderos
responsables de haber contraído esas obligaciones.
-Cronológicamente,
¿a partir de qué momento situarías la decadencia de Atlanta? ¿Qué razones,
a tu juicio, la desencadenaron?
-La decadencia de Atlanta se inicia con el descenso a la B en los años
ochenta y el hecho de no haber estado en los primeros planos cuando la
AFA decidió "privatizar" el fútbol, al firmar el contrato con la televisión.
Para un club de fútbol esto es gravísimo, como aquellos que intentaron
hacer de Atlanta un club con fútbol. Desde la teoría no era una mala idea
en aquel contexto, pero en la práctica nunca terminó de funcionar y aquellos
dirigentes, con el entonces presidente Hugo Masci, concretaron su proyecto
en otra entidad, el Club de Amigos. En consecuencia, ante su alejamiento
total de la vida institucional, habrá que convenir que por allí le daba
lo mismo Atlanta u otro, para plasmar su idea. Después, siguieron conducciones
erráticas y una quiebra casi inducida por esas pésimas gestiones. Aquel
1991 fue uno de los momentos más tristes y por suerte, hubo un grupo de
gente que puso esfuerzo y la mano en el bolsillo para poder seguir, heridos,
pero adelante. Las comisiones posteriores fueron quedando a merced de
los designios de quien bancaba económicamente la coyuntura, el economista
Miguel Ángel Broda, y es evidente que más allá de ciertos matices, las
cosas no se hicieron del todo bien. Un claro ejemplo de ello es que muchos
de los directivos de esas conducciones no aparecieron nunca más por el
club, ni siquiera van a la cancha y me surge el interrogante: ¿eran hinchas
de Atlanta?
-¿El presente
institucional deja margen para creer en el futuro?
-El presente no está claro. Se sabe de las buenas intenciones de la poca
gente que trabaja en la comisión directiva, pero también existe un permanente
fantasma de agitación de cuestiones apocalípticas, de aquellos que critican
desde las sombras. ¿No serán aquellos que se borraron? En relación con
las obras de la cancha y la recuperación de la sede confío en que se cumplirán.
Estos proyectos son fundamentales para volver a Villa Crespo y recuperar
a mucha gente que está alejada por estos motivos. Reitero: Atlanta es
un club de fútbol, pero al que hay que rodear de otras actividades, como
en otras épocas, para recuperar el protagonismo perdido.
-¿Qué
habría que hacer en el fútbol amateur?
-En las divisiones inferiores debe haber gente confiable y que apunte
a generar un lazo de integración entre Villa Crespo y la Quinta La Bohemia.
Tengo la sensación de que nunca se ahondó en ello, que siempre fueron
dos cosas distintas que corrieron por carriles separados. La Primera debe
entrenar en Villa Madero y que los que están en inferiores observen que
alguien se interesa en ellos, si no seguirán existiendo los pillos que
nos roban los futbolistas amateurs, como ha venido ocurriendo en los últimos
años.
-Tu opinión
sobre tres personajes clave de Atlanta en los últimos años: Masci, Broda
y Korz.
-Creo haberme referido antes a Masci y Broda. El primero fue un buen presidente,
aunque privilegió su idea de club para plasmarla en otro lado. Quizá porque
encontró muchas trabas, pero cuando uno se siente de un lugar, debe dar
pelea hasta el final. En cuanto al economista, nunca dejó en claro por
qué se alejó, y tampoco cuando estuvo, qué lo llevaba a estar por detrás
de las cosas, casi sin dar la cara. No obstante, hay que reconocerle su
aporte en un momento muy crítico del club. Sobre el actual presidente
Alejandro Korz tengo un buen concepto en general, pero sus sanas intenciones
chocan con los manejos poco claros de la mayoría de los dirigentes del
fútbol. De todas maneras, hay que apoyarlo, aun con la crítica, pero yendo
de frente, como me parece no lo hacen muchos.
-El fútbol,
en especial del Ascenso, está jaqueado por la violencia y, en directa
conexión con ella, por la desorganización de sus torneos.
-La violencia en torno al fútbol es un hecho detestable. Siempre existió,
pero con otras "formas" y hoy algunos personajes confunden el folclórico
enfrentamiento con el rival de turno con la cultura del aguante. Me molesta
no poder ir con mis hijos de visitante a ciertas canchas o escuchar, ya
que nunca los presencié, que en el seno de nuestro club, donde casi todos
nos conocemos, existan apretadas o gente que se sirva de los escasos recursos
con que se cuentan. A esos personajes, ¿les interesa el futuro de Atlanta,
sienten el fervor de ir a alentar a los colores o simplemente ocupar un
lugar en la tribuna para propender a hostigar al hincha de enfrente? Creo
que equivocan la fiesta de la pasión futbolera y a veces nos terminan
perjudicando a todos. los torneos del Ascenso están mal organizados, a
partir de haber resignado la posibilidad de continuar con los dos ascensos
a la B Nacional. En pos de erradicar a los violentos, se termina cediendo
espacios y los partidos se juegan a cualquier hora y cualquier día. Entonces,
los que trabajamos tenemos que hacer malabares para ir y a los que se
pretende sacar de las canchas están siempre, pues en general no tienen
ocupación, cuentan con los medios para transportarse y hasta entradas
gratis. ¿Alguna vez los dirigentes premiarán a los que tratamos de ir
a todos lados, con un viaje y una popular sin cargo?
-¿Cómo
te imaginás el regreso a Villa Crespo?
-Tengo una idea para cuando se dé: en cada partido armar una homenaje
a grandes figuras del Bohemio que convoque a la gente a no perderse esas
ceremonias, y también invitar a los socios de instituciones de la zona,
deportivas, educativas o sociales, a que presencien los partidos. En síntesis,
armar un proyecto de reinserción, ya que han sido muchos años de ausencia
de la sede y en los últimos también del estadio.
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Néstor Llido, con su hijo Nahuel, el martes pasado en Ferro, y los malabares
para seguir al Bohemio en días y horarios insólitos: "Cambié francos
que me tocaban en fin de semana en el diario, para poder ir a ver a
Atlanta el viernes con Italiano y hoy martes con Cambaceres"

El ya fallecido Horacio García Blanco (izq.), uno de los periodistas
deportivos admirados por Néstor Llido. Aquí el Gordo acompañado por
el marplatense Juan Carlos Morales.
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