AÑO VII - NÚMERO 195 / Lunes 11 de junio de 2007
BOHEMIOS EN LOS MEDIOS
"Korz representa una esperanza"
Cuarta entrega de la serie de entrevistas que mantuvimos con bohemios que trabajan en los medios de comunicación. En esta oportunidad conversamos con Federico Kotlar, de 33 años, nacido en Villa Crespo, periodista y editor jefe de la sección Ultimo Momento del sitio Clarín.com, quien cuenta sus experiencias y vivencias actuales y pasadas con el club y un recordado paso en 1995 por la TV abierta.
EDGARDO IMAS (imased@yahoo.com)

-Contanos tu trayectoria laboral en los medios de comunicación.
-Trabajé como pasante en Clarín Deportes entre mayo del 95 y del 96. En setiembre de 1996 ingresé a Clarín.com. Actualmente soy editor jefe de la sección Último Momento del sitio. También trabajé en radio. Entre agosto y diciembre del 95 en el programa Bravo 1030, por Radio del Plata. Entre los años 1999 y 2001, en el programa Siga Siga, por Radio El Mundo primero y Nacional después.

-¿En tu desempeño profesional se mezclaron el ejercicio del periodismo con Atlanta?
-Sí, se han mezclado muchas veces y se invaden mutuamente, contra mi voluntad. Tanto por haber estado pendiente de algún resultado de Atlanta en la oficina o haberme pedido algún franco compensatorio para poder ir a un partido -por ejemplo, el de la Promoción en Argentino de Merlo, si no me equivoco, el 9 de julio de 2003, que me tocaba trabajar-, como por haber recibido llamadas en la cancha por temas laborales. Me ha pasado también de tener que cubrir partidos de Atlanta cuando estuve en Deportes de Clarín y resultó obviamente difícil. Aunque resulte antipático decirlo, privilegié siempre que el trabajo saliera bien. Primero el deber y después el placer.

-¿Qué colegas han influido en tu aprendizaje y formación en el periodismo?
-En lo cercano, tuve muy buenos profesores que son excelentes periodistas como Sergio Danishewsky y Ariel Scher. Aprendí mucho también el año que compartí redacción con un insigne hincha de Atlanta y gran editor como Néstor Straimel. También la suerte de trabajar en radio con algunos tipos que son admirables por el trabajo que hacen: Miguel Simón, Juan Pablo Varsky, el Ruso Verea. Claro que a nivel general aparecen tipos como Rodolfo Walsh o Riszard Kapuscinski. Pasa que están tan alejados de uno, casi más allá de lo que puedo entender como real, que es complicado definirlos como modelos.

-¿Cómo juzgás el tratamiento y desarrollo de la información deportiva en los medios argentinos?
-Es difícil hacer una definición general sobre el periodismo deportivo que se hace en el país. En todo caso, me parece que tiene virtudes y vicios parecidos a los de cualquier cosa que se hace en la Argentina y que hay mucha cosa desagradable, algunos buenos intentos y unos pocos proyectos claramente logrados y que da gusto ver. Por dar ejemplos -sólo los positivos-, me gustaron mucho los primeros números de la revista Un Caño, me parece que Sports Center, el noticiario de ESPN, es un muy buen producto, y también me gusta TN Deportivo (obviamente mucho más los sábados de 21 a 22).

-¿Cómo fue que Atlanta entró en tu vida?
-Me parece una pavada el cantito que dice: "De Atlanta no se hace, se nace…". Creo que se puede desarrollar un sentimiento muy fuerte por un equipo incluso a partir de la adolescencia, como me pasó a mí. Yo siempre tuve simpatía por Atlanta por mi tío, Jorge Kanovich, y mis primos, Javier y Pablo, pero me hice muy hincha a partir de los trece años, cuando empecé a ir con más regularidad a la cancha. Ese sentimiento fue creciendo en la ceremonia de ir al estadio, como creo que pasa con todo el mundo. Nadie puede decir que siente lo mismo por Atlanta a los cinco años o a los treinta.

-¿Te acordás de tus primeros partidos viendo al Bohemo? ¿Con quiénes ibas a la cancha?
-El primer partido al que fui resultó un 0-1 ante Quilmes, creo que en el Nacional 78, cuando tenía cuatro años y llevados por los familiares que nombré antes. No entendía nada y cuando vino el gol de Quilmes pregunté si iban a dar la repetición. Creo que nunca fui solo a la cancha, es la verdad. Disfruto la ceremonia de ir con gente, de otra manera es difícil.

-¿Eras socio por entonces?
-Fui socio cuando era chico y la sede la usé poco la verdad. Sí tomaba clases de tenis, con muy escaso éxito, en cuanto a mejorar la escasa capacidad con la que había llegado.

-¿Qué equipo de Atlanta de los que viste fue el que más te gustó?
-El mejor equipo que vi me parece que fue el del 95, por ahí no del todo sólido abajo, pero de muy buen juego de mitad de cancha para arriba. Tuve la alegría, además, de posar con ellos cuando me fueron a ver a la tele en Tiempo de Siembra. Fue una gran alegría, tanto que no estoy seguro de que sea un recuerdo real o una fantasía mía, aunque las fotos digan lo contrario.

-Recordanos esa participación tuya en aquel programa de preguntas y respuestas conducido por Pancho Ibáñez.
-Lo de Tiempo de Siembra fue en 1995. Estuve durante nueve programas contestando sobre la historia de los Mundiales y fui el primer ganador del ciclo. El primer programa fue el día del ascenso contra Dock Sud (de hecho llegué medio de raje y no pude ir a los festejos en Villa Crespo) y en el séptimo vinieron al estudio todos los integrantes del equipo, que me entregaron una pelota y una camiseta firmada por todos

-¿El mejor futbolista?
-El mejor jugador de Atlanta, basándome en una trayectoria y no en una temporada buena, por varios cuerpos es el Pepe Castro. No creo que haga falta explicar demasiado eso.

-¿Y en materia de goles?
-El mejor gol que vi en la cancha fue, también por varios cuerpos, el del Bichi Paredes en el 4-1 contra Argentino de Rosario; año 93 si no recuerdo mal. El gol más recordado, acaso el más gritado, me parece que fue el primero de Bonnet contra Dock Sud en la final en Ferro. Me acuerdo de que me ahogué y tuve que dejar de gritar porque sentí que me moría ahí.

-¿Qué anécdotas atesorás vinculadas con Atlanta?
-La mejor es compartida con alguien que ya la contó en una entrevista con ustedes. Fue en la rueda de abajo del campeonato 96-97. Fui a ver el partido con mi amigo Gaspar Zimerman, también fanático de Atlanta, y que cubría el partido como periodista. Cuando vino el gol de Fabio Giménez con el que ganamos después de 13 años en San Martín, nos tuvimos que quedar en las miradas cómplices porque estábamos en la platea de Chacarita. Peor que eso fue sufrir en silencio lo que quedaba hasta el final. Pero sobrevivimos callados y ganamos, que era lo importante. Otra muy graciosa ocurrió una vez que mi viejo Ernesto, a quien el fútbol no le gustaba casi nada, nos llevó a mi hermano Joel y a mí a la cancha de Atlanta por única vez en un partido, creo que del 79, contra Colón. Atlanta iba ganando 1-0 y en un momento él lo llevó a mi hermano al baño, nos distrajimos y cuando miramos la cancha estaba Atlanta sacando del medio. Entre que mi viejo mucho de fútbol no entendía y que nosotros éramos muy pibes no nos dimos cuenta, pero la cuestión es que nos fuimos de la cancha creyendo que Atlanta había ganado 1-0 y días después -en esa época todavía no leía el diario- me enteré de que el resultado había sido 1-1. Muy siome todo.

-¿Cómo te informás de lo que ocurre alrededor de Atlanta?
-A través de los diferentes medios partidarios y sitios de Ascenso. En general me gustan los medios partidarios, creo que están bien para lo que buscan, que es acercarse a los hinchas de Atlanta. Me divierte mucho La Taberna del Siome y debo decir que extraño horrores al Doctor Intratable.

-Hay coincidencia generalizada acerca del proceso de decadencia que arrastra el club. ¿Cuándo situarías cronológicamente el comienzo de ese declive?
-Sobre la decadencia de Atlanta creo que se puede decir algo parecido a lo de los medios deportivos, y es que no se puede escapar a una realidad que está en todos lados. Más allá de que está claro que en el caso del club hay razones puntuales, fracasos puntuales, creo que lo que se puede cuestionar (dejando a un lado casos concretos de mala fe) es no haber podido desarrollar algo para estar listos contra un proceso que se venía y que sufrieron todos los clubes vinculados a la clase media. Me es muy difícil determinar cuándo arrancó la caída de Atlanta y la verdad no quiero hablar de lo que no sé. Pero más me parece que lo deportivo acompañó lo institucional que a la inversa.

-¿Cómo viviste la quiebra de hace dieciséis años?
-La quiebra del 91 fue obviamente algo muy doloroso. Aunque creo que al final sirvió para identificar claramente lo que pasaba y sacudir de la modorra a muchos que, como yo, no teníamos clara la gravedad del cuadro.

-¿Qué pensás sobre el presente institucional?
-Me da la impresión de que institucionalmente las cosas están más encaminadas que en el pasado. Veo a gente que sé que quiere a Atlanta trabajando por el club, y eso me da tranquilidad. Y lo de la construcción de la cancha y la recuperación de la sede lo veo con mucha esperanza. En estos últimos dos años sentí más que nunca que Atlanta no puede ser sólo un equipo de fútbol que juega en equis cancha y está clarísimo que es necesario recuperar el sentido de pertenencia para un barrio que quiere mucho al club.

-Tu opinión sobre tres personajes fundamentales de Atlanta en los últimos años: Hugo Masci, Miguel Ángel Broda y Alejandro Korz.
-Prefiero no opinar sobre personas particulares y no creo tener los elementos necesarios como para hacerlo. Pero en el caso de Korz representa una esperanza, al menos para mí, y ojalá el tiempo me ratifique eso.

-Tu balance de la temporada futbolística.
-Fue muy triste lo que pasó esta temporada. Me pareció mala la política de incorporaciones al comienzo: la llegada de tantos jugadores al club, muchos de los cuales no agregaban casi nada a lo que ya había y muchos también que se lesionan con demasiada frecuencia. Si en eso pesó la suerte no lo sé, pero me resulta llamativa la cantidad de lesionados y expulsados, que tuvo mucho que ver con esta campaña horrible. No me gusta que se cambien los técnicos a mitad de temporada y por eso me desagradó la ida de Martínez, mucho más para traer a alguien que no representaba una garantía, como Pizzo. Si hubiéramos estado hablando de alguien que ya había dado respuestas positivas en Atlanta se podía ver, pero si no desde el vamos es un error. Encontré cosas positivas en el ciclo D’Angelo, con un plantel claramente mejor que el del campeonato pasado, y me pareció bien el esquema de juego en general.

-¿Qué opinás sobre su desvinculación y sobre lo que vendrá?
-Yo quería que siguiera hasta el final del contrato y la verdad que, como dije antes, espero que si se asumió el costo de dejar ir a alguien que ya estaba y conocía al plantel haya sido para traer a alguien que represente un salto de calidad. De los que creo posibles, solamente imagino en ese lugar a Salvador Pasini. Si es para probar con cualquier otro, me quedo más convencido de que fue un error interrumpir el ciclo anterior.

-¿Qué harías en las inferiores?
-Todo lo que sea mejorar el trabajo de las inferiores me parece positivo y creo que eso no se puede hacer sin inversión de recursos, tanto de plata como de trabajo. Sé que hay un tema sobre el lugar de la quinta y honestamente no sé si llevar las inferiores a Villa Crespo va a sumar más de lo que resta. Dejo la respuesta para alguien que sepa sobre el tema.

-Alguna reflexión sobre la violencia en el fútbol y en el club.
-Atlanta no es una isla y el problema de la violencia no parece que se vaya a solucionar sólo con una cuestión de buena voluntad de un club. Ojalá llegue el día en que las complicidades de distintos actores sociales se terminen para entender que se puede dar paso a una realidad distinta. Pero no lo veo cercano, desgraciadamente.

-¿Qué esperás para el futuro de Atlanta?
-Seguramente muchos dejaron este punto para decir que su sueño es ver a Atlanta otra vez en Primera. Yo quiero alguna vez ser original, pero no voy a empezar hoy. Mi sueño es ver a Atlanta otra vez en Primera y jugando en Villa Crespo, y es lo mejor que puedo transmitir.

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Federico Kotlar luciendo la gloriosa casaca en Estocolmo, en el Råsunda Stadion, sede de la final del Mundial 58. "La foto es previa a un amistoso que Suecia perdió 3-2 con Noruega en 2005, el mismo día que Argentina le ganó 3- 1 a Brasil en Buenos Aires por las eliminatorias. Mi mujer y yo estábamos parando en lo de una pareja de amigos suecos, y él me invitó a la cancha y me sacó la foto a pedido mío, para mostrar que el Bohemio llegaba a todas partes. De hecho, me morí de frío para poder ser retratado en remera con la temperatura semiártica de Suecia (que se nota en los muchachos que aparecen detrás de mí)."


La visita del plantel de Atlanta a Federico Kotlar cuando competía en el programa televisivo Tiempo de Siembra. "Si no me equivoco fue el 22 de julio de 1995. Parados están Ghiso, alguien que no conozco, Bonnet, Marabotto, el ayudante Luis Núñez, Alberto González, Virardi, Campi, Macia y Pancho Ibáñez. Sentados: Alcami, Paredes, Papu Insaurralde, yo, Castillo, el gran Pepe y el cordobés Pérez.
(CLICK EN LA FOTO PARA AGRANDAR)

Un milagro bohemio hecho a pulmón
La siguiente columna fue escrita la semana pasada por Federico Kotlar y publicada dentro la nota que el medio donde trabaja, Clarín Digital, publicó respecto de la reapertura de la sede.
Parecía que no iba a pasar nunca, pero llegó el día. Quince años y medio después de la clausura, en la sede de Atlanta van a volver a jugar los pibes y a disfrutar los vecinos. Habrá que agradecérselo a ese grupito de soñadores que no sólo imaginó la recuperación cuando parecía una utopía, sino que después trabajó desde todos los lugares posibles para conseguir eso que ahora vamos a disfrutar también los escépticos de siempre.
¿Milagro? No parece. Los hinchas de Atlanta sabemos que sólo podemos esperar la presencia de una fuerza superior cuando juega el equipo de fútbol. Como aquella vez que Luquitas Ferreiro le metió a Cambaceres un penal que se había cobrado 24 días antes, para que ese equipo del Tano Pasini ganara 1 a 0. Para dar otro paso hacia esa increíble salvación del descenso, después de arrancar el campeonato últimos por 19 puntos en los promedios.
O como cuando veíamos al Pepe Castro eludir rivales en una caminata, con la pelota en los pies. Después llegaba el foul irremediable, cuando los defensores, aturdidos, apelaban al mal menor -por las dudas de que el Pepe entrara en ese mismo lento tranco hasta adentro del arco.
Para la vida institucional, en cambio, no hubo nada parecido a un milagro . Ninguna mano invisible -de esas que sí anduvieron por otros clubes- apareció para salvar a Atlanta en el 91, cuando le decretaron la quiebra y la sede fue a remate para levantar la deuda.
A la tristeza de los más de cuatro meses sin jugar, después de tener que compensar los partidos pendientes jugando sábados, martes y jueves, se sumaba otra. La de ver, entre otras cosas, crecer los árboles en las canchas de tenis en las que me enteré de que mi sueño de ser Vilas quedaba demasiado lejos. O la pileta y los quinchos criando musgo y la mugre por todos lados.
Hoy, lo malo parece empezar a quedar más lejos. Aunque siga el dolor por la cancha cerrada hace más de un año y esa sea también una enorme materia pendiente, nos llega el momento de volver a esa sede que parecía perdida. Ojalá Atlanta pueda seguir su reconstrucción a partir de alegrías como esta, tan necesarias para mantener el vínculo con ese Villa Crespo en el que todavía se escuchan los gritos en la calle cuando hay un gol bohemio.

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