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Vaya a saber uno, que motivó
a mi viejo a llegarse, esa tarde, a la cancha de Vélez que todavía no
se llamaba Estadio José Amalfitani.
Él era un hincha de San Lorenzo, seguidor de su equipo, pero que manejaba
una ética muy distinta a los códigos que gobiernan hoy el ambiente del
fútbol.
Por ejemplo, se alegró de la obtención del campeonato por aquel formidable
Huracán del 73, con Brindisi, Babington y Housseman, y comandados por
Menotti.
Hoy sus posturas no solo sería incomprendidas, sino incluso, ridiculizadas
en este nefasto imperio de la "Cultura del aguante".
Acompañarlo alguna vez, me dejó entre las telarañas tejidas por el paso
de los años borrosas imágenes del Viejo Gasómetro y el recuerdo de la
pequeña imagen de José Sanfilippo.
Lo cierto que aquella tarde me llevó a Liniers a ver a Vélez con un
equipo que hasta entonces nunca había oído nombrar: Atlanta.
El fútbol había entrado en mi vida como una ráfaga. De golpe. Seguramente
al impulso emanado por la realización del Mundial de Chile, jugado unos
pocos meses antes.
Hasta entonces mis simpatías futbolísticas variaban a diario y me encontraba
a la deriva a la hora de definirme en ese terreno.
Sabía que aquel período de idas y venidas no podía prolongarse eternamente
y decidí que ese partido era la oportunidad para decidir cual terminaría
siendo el club de mis amores. El encuentro se diputó el 28 de octubre
de 1962 y yo estaba próximo a cumplir mis primeros 8 años.
Ganó Atlanta y siempre tuve la certeza de que había sido por 2 a 1.
Muchos años después hojeando periódicos en la hemeroteca del Congreso
inmerso en una investigación que nada tenía que ver con el fútbol, di
por azar con la crónica del partido. En realidad el marcador fue de
3 a 1, siempre a favor de Los Bohemios.
Cuando el árbitro dio por finalizado el encuentro Atlanta tenía un nuevo
hincha. Dos recuerdos me quedaron muy marcados de aquella jornada.
Por un lado, un arquero con pinta extravagante, que me llevó a ocupar
ese puesto de arquero por el resto de mi vida. Era Orlando Hugo Gatti
y sus jóvenes 17 años.
El otro, la indumentaria de mi nuevo equipo de llamativa elegancia:
constaba de camisa, pantalones y medias azules con vivos amarillos,
que invertía sus colores para iniciar el período complementario.
Si aquella temeraria e infantil decisión necesitaba de algo para afirmarse,
eso ocurrió el 6 de enero del año siguiente. Al abrir la puerta de mi
habitación, encontré como regalo de Reyes un equipo completo de Atlanta
con botines con tapones incluidos.
Mi suerte quedó entonces definitivamente echada.
Domingo 28 de octubre de 1962
VÉLEZ: Piazza; Volken y Mareque; Bramuglia, Cieliski y Ramos; Eduardo,
Rubén Fernández, Basílica, Willington y Yudica
ATLANTA: Gatti; Clariá y Ruin; Bettinotti, Griguol y Bonzuck; Luna,
Conde, Jorge Fernández, Castro y Carone. Goles: 1' Willington (V) 28'y
29' Castro (A) 44´ Bonzuck
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