AÑO IX - NÚMERO 246 / Lunes 23 de junio de 2008
A PROPÓSITO DE LA ASAMBLEA
Opinión autorizada
La opinión de tres asambleistas.
POR JORGE H. DE GREGORIO

Gritos y susurros
Por Jorge H. De Gregorio

Sin duda la Asamblea realizada el pasado día miércoles significó, además del reconocimiento a la gestión llevada a cabo por la actual Comisión Directiva y a sus logros, un sólido respaldo institucional a la continuidad de sus políticas.
Más allá de algún aislado cuestionamiento que pareció circunscribirse a los aspectos formales, las autoridades recibieron un espaldarazo, no solo de los Representantes presentes y en condiciones de votar, sino también de casi la unanimidad de los cerca de 200 socios que se acercaron al Salón Infante, desafiando el frío y no cayendo en la tentación de quedarse en sus casa viendo el partido entre Brasil y Argentina.
Un número importante en proporción a la cantidad de socios cotizantes con los que cuenta actualmente el club.
Tal política -como tantas veces se ha dicho- ha girado en torno a tres ejes fundamentales: la construcción del estadio de cemento, la recuperación de la sede y la campaña futbolística. Podríamos agregar, como un datos más en el haber, que tales objetivos se han ido cumpliendo, en la medida de las posibilidades, con una administración financiera que ha logrado una notable disminución de los pasivos del club y sin generar nuevos juicios o deudas que hipotequen su futuro.
Una mirada más global indica que, después de tres años, Atlanta se ha convertido en un proyecto más sustentable y con bases para su despegue y que, de conseguir habilitar definitivamente la cancha y de dar vida a la sede social, el ansiado ascenso caerá más temprano que tarde como una consecuencia natural.
Pero sería un grave error que los dirigentes reelectos y quienes se incorporen a la flamante Comisión leyeran esto como un cheque en blanco extendido por la masa societaria bohemia y un piedra libre para desempeñar -sin rendir cuentas- sus funciones.
Por el contrario, el apoyo recibido en la Asamblea significó que se valoraron los objetivos conseguidos, la capacidad de trabajo y la honestidad de la actual dirección y en virtud de esto- en un acuerdo tácito- tanto asambleístas como socios optaron por disimular las muchas desprolijidades y falencias que precedieron y rodearon a la convocatoria y ejecución de esta Asamblea Extraordinaria.
Se sobreentendió que no era momento de obstaculizar, ante una decisión tan trascendente como la posibilidad de terminar el estadio, con secundarias cuestiones de forma.
Pero estas dificultades existen y deben ser superadas a futuro. No basta con que la mujer del César sea honesta, además debe parecerlo.
Es de esperar que para este nuevo período se aceiten los mecanismos de balances y rendición de cuentas, los caminos de información hacia el conjunto de los asociados sobre las acciones y planes a desarrollar y los vehículos que permitan una mayor participación del socio.
Sería un gesto positivo que la C.D. y las subcomisiones existentes o por crearse funcionen en las instalaciones del club, a las que generalmente se las ve desoladas.
Seguramente la velada del 18 de junio será un jalón -quizás histórico- en el crecimiento de la institución, que se coronará con la cercana reinauguración del León Kolbowski y esto pondrá a Atlanta ante nuevos y apasionantes desafíos.
Casi nadie duda de que esta dirigencia está en condiciones de afrontarlos con éxito y ningún socio o hincha de Atlanta bien nacido puede desear otra cosa.
Pero para ello habría que tomar debida cuenta del mensaje de la Asamblea. El de las palabras y el de los silencios.

Sobre contratos, negociaciones y pasiones (Una visión sobre la Asamblea del 18/6)
Por Alberto Kaminker

Como es lógico -y saludable- la decisión adoptada en la Asamblea del día 18/6 provocó una serie de reacciones entre los hinchas.

Hubieron adhesiones a la firma del contrato con Proinver. La más relevante, la de la inmensa mayoría de los asambleístas que votaron masivamente a favor de su aceptación.

Hubieron rechazos, expresados mayormente en los libros de visitas.

Hasta donde sé, los mayores cuestionamientos hechos en tiempo y forma (bueno, lo de las formas es un poco exagerado habida cuenta del tono de voz que empleó) provinieron de un solitario asambleísta.

Ese asambleísta y viejo socio introdujo, al comienzo de la Asamblea, argumentos interesantes y no desdeñables, acerca de su legitimidad.

Los responsables de la conducción del acto los rebatieron con sus propios puntos de vista y la mayoría de los presentes apoyó esa postura.

En esto incluyo a quien suscribe.

El principal motivo de mi apoyo deriva de estimar que el club pasa por una situación excepcional de crisis institucional y económica –una crisis que lleva más de dos décadas- y, por lo tanto, su solución transita por la adopción de medidas igualmente excepcionales. Esto es lo que hizo la CD y me parece ajustado.

De todos modos, no dejo de considerar que, superados los espasmos de las urgencias, la CD debería tomar debida nota de algunos argumentos que expuso el vocinglero y solitario asambleísta.

En lo que respecta al contrato me permito hacer ciertas reflexiones; algunas referidas a las cláusulas financieras específicas y otras de orden más general.

EL CONTRATO Y CALCULITOS VARIOS

No soy un entendido en leyes pero guardo alguna familiaridad con las finanzas.

Desde esta óptica, creo que quien analiza las cláusulas económicas del contrato no debe dejar de lado el cálculo específico sobre los valores reales presentes y futuro del monto en cuestión, las alternativas de financiamiento, las posibilidades de acceso a los créditos de que se trate, sus respectivos costos, sus condicionalidades, los mecanismos de repago de la deuda, nuestra capacidad concreta de repago durante el lapso de vigencia del crédito y otros elementos de técnica financiera sobre los que no me explayaré porque bastante aburrido debe estar el amigo/a lector/a a estas alturas.

En primer lugar debe señalarse que, desde mi punto de vista, el contrato con Proinver es, básicamente, un convenio en el que una parte entrega un monto de dinero con fines específicos en un plazo inmediato o casi inmediato (se prevé la finalización de las obras en un lapso corto) y recibe como contraprestación la cesión de las instalaciones con fines igualmente específicos por 15 días anuales durante un lapso prolongado pero definido (bajo ciertas condiciones -construcción de la Tribuna Dorrego- el plazo puede ser prorrogado).

A fin de entender el valor real de ese monto de dinero, debe considerarse cual sería el costo financiero en caso que se obtuviese una financiación por las vías bancarias por un lapso similar.

Concretamente, las tasas activas actuales para operaciones de este tipo oscilan entre el 15 y el 30 % (creo que fui generoso con la cifra menor pero debo incluir un escenario favorable y otro desfavorable).

Sólo en el primer año estaríamos hablando de entre 115.000 y 230.000 pesos en concepto de intereses. A esto debe añadirse el resto del período hasta llegar a los 10 años a efectos de un cálculo equivalente al periodo de usufructo del estadio por Proinver.

Con este panorama, si el club obtuviese un improbable préstamo bancario (¿hipotecario?) debería pagar durante 10 años cuotas mensuales de entre 12.500 y 20.000 pesos según la tasa que se acuerde.

Si la tasa fuese variable, el monto de la cuota puede subir o bajar según el “ánimo” del mercado financiero.

Ahora bien, en lugar del dinero mensual contante y sonante -cuya obtención es muy probable pero de ninguna manera asegurada- el club le estaría abonando al inversor (“el prestamista”) en una “moneda” perfectamente accesible y controlable por el club: el uso del estadio.

El estadio está, existe y es nuestro. Por eso digo que sería algo parecido a “pagar en especies” y sin estar sometido a los vaivenes de ingresos de dinero difícilmente asegurables.

 En otras palabras podemos “calzar” nuestra deuda con nuestra capacidad de pago concreta. En mi opinión, esto es bueno.

Pero, por si esto no fuera convincente, insisto en que es bueno poner los pies sobre la tierra y analizar las alternativas para la obtención de las sumas necesarias para terminar el estadio y poder habilitarlo.

Las preguntas a hacerse -y que toda persona honesta debería responderse sin dobleces- son:

·   ¿Se podría obtener una financiación bancaria alternativa en estos momentos?

·   En caso afirmativo ¿cuáles serían las condicionalidades que nos impondrían?

·   ¿Podríamos asegurarle al acreedor una adecuada capacidad de repago?

·   ¿Existen otras alternativas viables que ofrezcan una solución inmediata a nuestras inquietudes?

·   ¿Alguien cree realmente que la CD no había explorado hasta el agotamiento diversas alternativas para llegar a la conclusión que la única firme era ésta?

Un mensaje en el libro de visitas de la Taberna decía esto: “ Sigo creyendo que es lo mejor que pudimos conseguir y que es el puntapié inicial para nuestro despegue”
Le respondo: no es sólo que sea “lo mejor que pudimos conseguir”  sino que es lo único que se pudo conseguir con visos de seriedad y posibilidades de pronta ejecución.

Y comparto fervientemente su deseo que sea “el puntapié inicial para nuestro despegue”.

La oferta no es la mejor, es, simplemente, la única que cuajó. Y además no es una mala oferta.

Con toda seguridad las habrá mejores para nuestros intereses, pero vale recordar a la teoría económica cuando utiliza en sus análisis una categoría denominada “el segundo mejor” que es muy útil y válida para tomar determinaciones en los plazos adecuados cuando no resulta posible obtener el optimo.

El análisis acerca de la bondad del proyecto no sería completo si no se añadiesen los beneficios tangibles y no tangibles derivados del mismo.

Un racconto sucinto de algunos que me vienen a la mente ahora mismo (a ser completados por el lector), nos habla de:

·   Pronta utilización del estadio (probablemente en el próximo campeonato)

·   Garantía de un ingreso de dinero por el porcentaje a recibir por las recaudaciones de los eventos.

·   Explotación del parking.

·   Explotación de la publicidad estática.

·   Eventual alquiler del estadio para otros eventos organizados por el club.

·   Eventual alquiler del estadio para partidos de otros clubes.

·   Alternativa u opción futura para la construcción de la Tribuna Dorrego.

·   Mejoramiento en la relación con las autoridades municipales.

·   Mejora de la autoestima partidaria.

·   Recuperación de cierta identidad barrial perdida.

·   Finalización de uno de los proyectos clave de esta Administración y de la gran mayoría del pueblo bohemio.

Sobre este último punto referido a la culminación de un proyecto deseo hacer unas consideraciones adicionales.

¿negociar es bueno o malo?

Hablando sobre las prioridades del club, en diversas oportunidades mencioné a amigos -y hasta a algún miembro de la CD- que, en mi opinión, el estadio de cemento no ocupaba el primer lugar en mi lista.

Por razones que, para no extenderme, no mencionaré en estas líneas pero quedaron reflejadas en otras oportunidades, yo me inclinaba por la apertura de la sede y una política agresiva de apoyo a las divisiones inferiores como las primeras metas a ser alcanzadas.

Es una opinión tan valedera como las de aquellos que asuman otras opciones y de ninguna manera confrontativa, sino complementaria.

Las vueltas de la vida o, con más precisión, la actuación más que eficiente de los directivos bohemios, hicieron que el estadio de cemento se transformase en el proyecto más avanzado.

En estas circunstancias sin duda alguna doy mi apoyo para que se concrete.

¿Porqué este cambio de posición?

Sencillamente porque soy consciente que no se puede negociar eternamente.

Cuando una negociación se prolonga indefinidamente se está más cerca del onanismo factual que de la búsqueda de las soluciones. Es, nuevamente, aquello del “segundo mejor”.

En cualquier negociación seria se pone lo que se denomina un “dead line”, un tiempo límite, una fecha límite. Esto es así en las grandes negociaciones internacionales y suele ser lo aconsejable cuando, por ejemplo, se está negociando la compra de un bien, cuando la familia decide una opción laboral o de estudios, unas vacaciones y hasta en cualquier pequeño conflicto entre amigos.

Hay un momento en que se debe asumir la decisión y no prolongar las cosas más allá de lo necesario para no ser arrastrado al fracaso y a frustraciones inevitables.

¿Y con quien estaba negociando la CD? Obviamente con los potenciales inversores o socios en el emprendimiento.

Pero también, y aún más importante, estaba negociando con las ansiedades de los hinchas, con la pasión bohemia, con nuestra gente que le exigía resultados concretos (cuanto más inmediatos, mejor).

Y esto no puede ser eterno, no debe ser eterno.

Se corre el riesgo de deterioros institucionales grandes en estos tiempos lábiles. Se compromete de forma lamentable e irreparable, la pérdida de credibilidad de una CD que ha ofrecido un ejemplo de entrega enorme en sus integrantes.

Una entrega y un concepto de la responsabilidad que, mal que les pese a ciertos profetas y agoreros hábiles con el teclado ofensivo y el grito crispador que observamos cotidianamente, fue ampliamente reconocido en ocasión de la Asamblea por parte de la enorme mayoría de los presentes.

Sobre esto, me viene a la memoria el caso de un asambleísta que señaló, con una hidalguía poco habitual, que sus anteriores resquemores o desacuerdos con la conducción por la paralización de las obras del primer proyecto de tribuna y en el cual él tenía parte activa, dejaban paso a un reconocimiento sincero por la labor desempeñada.

Quiero dejar sentado algo que sostengo desde siempre:

una negociación es Buena cuando ambas partes están igualmente ............ disconformes.

Desde mi humilde óptica, no existe buena negociación si ambas partes no se conceden algo mutuamente.

¿Se podría haber conseguido algo más conveniente para Atlanta?

Si, es probable ......... pero creo que era muy poco posible en las circunstancias actuales.

Y aquí  cabe recordar aquello del hombre y sus circunstancias.

Estas son las nuestras. No las creamos. No las buscamos. Son las que se presentaron.

Y así, creo, hay que asumirlas y actuar en consecuencia. Con honestidad, con la mejor predisposición, con los objetivos finales bien claros.

A mi me parece que así actuó esta CD. Y me ratifico en esto hasta que alguien me demuestre fehacientemente que las cosas no son como yo las entendí.

Eso si, a quien lo haga le suplico abstenerse de utilizar simples visceralismos escritos o verbales.

No creo ser tan necio como para desconocer que, tal vez. el mayor cuestionamiento que pueda hacerse a la decisión de firmar este contrato provenga de la composición societaria de la firma inversora, sus referencias empresarias, sus vínculos con un controvertible y omnímodo poder del mundo futbolero (y algo más...).

También me es claro que no se contará conmigo para defender el contrato desde el punto de vista del “no me importa con quien sea y con tal que tengamos la cancha yo firmo con Satanás”.

No pasan por ahí mis valores.

Sin embargo, en este caso debo, nuevamente, recurrir a otra figura de la teoría económica  denominado “costo de oportunidad” vulgarmente difundido como “no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos”.

Nos debemos preguntar:

·   ¿Cuánto resigno y cuanto gano en este tema?

·   ¿Cómo se compatibiliza esta decisión con aquel axioma que dice que en toda negociación se debe resignar algo (ojo, dije algo, no más que eso) con tal de arribar a un acuerdo que, de todos modos considero bastante favorable?

·   ¿Cómo se conjuga una posición inflexible de la CD, es decir la mandataria y representante de los socios, con el hecho de no mantener oídos atentos a lo que sus representados exigen de manera evidente y perentoria, cuando se ha comprobado la imposibilidad fáctica de arribar a opciones alternativas y superadoras?

·   ¿Cuánto tiempo le dan los socios a la CD para que concrete sus exigencias (estadio, sede, campeonato, etc., etc.) antes que la transformen en “material de hoguera”?

Hasta donde yo veo este asunto del contrato con Proinver, la CD ha sido lo suficientemente flexible sin que ello implique desmedro para Atlanta.

Por otra parte, el cuestionamiento a la ética de la contraparte se vería desdibujado si se advirtiese que, al menos en este caso, el procedimiento contractual tiene la suficiente transparencia para que sea encarado con los márgenes de seguridad necesarios para los intereses del club.

No creo que en este caso, deba aplicarse el precepto de “quien esté libre de pecados que tire la primer piedra”. Suena exagerado.

Pero pensemos con franqueza ..... Tantas veces tuvo cada uno de nosotros que lidiar y convivir con quien no está de acuerdo.(a los más ladinos, les digo que no estoy hablando de las suegras precisamente...).

FINAL A TODA ESPERANZA

Por último, me parece importante subrayar a quienes hayan logrado llegar hasta el final de esta larga cháchara que, en todo momento, mantuve mi intención de mencionar la labor de la CD en su conjunto como responsable de este éxito.

No sólo no entro en personalismos que no me parecen apropiados, sino que tampoco tengo alta estima por las adhesiones incondicionales e irreflexivas.

Tal vez pudiera hacer alguna concesión a Incondicionalidades a las INSTITUCIONES, jamas lo haria con aquellas dirigidas a personas.

Me resulta una práctica inaceptable que no recomiendo ni a quienes la ejercen ni a quienes la reciben.

En cambio, soy partidario de ofrecer el apoyo vivo y audible a todo lo que consideremos correcto, bien encaminado, progresista.

La incondicionalidad absoluta no es democrática, no es virtuosa. Arriesga el equilibrio ético de quien la pregona y de quien la recibe.

Pero apoyar lo que está bien hecho es el mínimo reconocimiento que se debe dar, sin ambages, a un grupo de gente que con sus errores (fueron montones y bien señalados por muchos con buena o mala voluntad) y aciertos (otros montones mucho más grandes, pero no tan coreados como correspondía) nos ha reconciliado con la esperanza de un club mejor.

En fin, aceptemos que esto es lo que hay

Pero lo más importante que debemos comprender es que no hay más que esto.

Ni es lo óptimo, ni es un renunciamiento ético absoluto.

Los maximalismos inflexibles no son siempre los mejores aparejos cuando se conducen frágiles naves en mares procelosos.

El futuro no viene solo. Lo construimos entre todos. Los buenos, los malos, los que participan, los que observan, los sensibles, y, sobre todo, los que creen que la inmovilidad es un lujo insoportable para nuestras carencias.

Seamos felices mientras estemos aquí (proverbio del imaginario mexicano).

Yo sé que entre todos sabremos discernir cuanto de tolerables son determinados grados de avance de dedos en el tujes  ........ y cuando ha llegado el momento de gritar y hacerse oír para corregir rumbos.

¿O acaso no hubieron pruebas suficientes al respecto por parte de la sociedad (la bohemia y las de veredas más trascendentes)?.

¿O será que ya estoy en camino de ser apenas un león herbívoro?

VAMOS A LA LUCHA,
VAMOS VIEJO ATLANTA .....

"Yo también quiero a un Atlanta grande"
Por Mónica Nizzardo

Esta vez la asamblea fue mucho más ordenada y organizada que las anteriores. Lo que aun no pudo corregirse es la costumbre de entregar las cosas que hay que votar 15’ antes de la votación.
Valoro que hayan entregado copias de los balances. Sabemos que es muy difícil comprobar irregularidades solamente con ver la copia de un balance, se necesita ver si las facturas existen verdaderamente y demás por lo que en el tema económico generalmente uno confía en los encargados de la cuestión, otra no queda. Mismo como parte de CD, muchas veces te transformas en cómplice de cosas que ni te enteras, al menos esa fue mi experiencia en la gestión entre 2002/2005 porque no siempre se nos informaba todo lo que sucedía o lo que se decidía a nivel económico. Por ejemplo con el tema de Pellerano, yo me sentía cómplice de algo que no sabía que estaba pasando. Nunca supe que sucedió en verdad.
Sobre los juicios me parece que la cosa esta mejorando. Sabemos que es un tema que cada CD que asume carga con una mochila de años sobre temas que parecen interminables pero que están presentes en el día a día del club y muchas veces de eso depende todo lo demás. Es un logro, según informaron, que no se hayan generado en esta gestión nuevos juicios. Sigue preocupando los dos grandes que hay que se postergan pero siempre estan latentes.
Al no haber dos listas y que la actual CD acepte seguir y sea aceptada por la mayoría de los socios genera una importante estabilidad institucional. Atlanta viene remendando caos en ese sentido, así que hoy es algo positivo.
Agradezco la acotación del Presidente sobre la modificación del estatuto. Yo pedí copia del estatuto en la administración del club el año pasado y me han dado el del año ’71. Algo para corregir y como siempre digo que la queja debe ir seguida de una acción me comprometo a pedir el estatuto ‘nuevo’ con las reformas y dejar copias en la administración para que los socios puedan leerlo y conocerlo. Sin querer nos olvidamos de la esencia que conlleva la existencia de los clubes, a veces, conocer el estatuto puede hacernos reflexionar.
Por lo del contrato, 43 a favor 1 abstención. Cuando confirmé que era un contrato con Rogelio Armando Riganti era obvio que no podía avalarlo. De votar a favor, me hubiera visto obligada éticamente a pedirle disculpas a gente que he denunciado, y por supuesto al ex Juez Bergés por el tiempo y dinero que ha invertido en estos dos años en Salvemos al Futbol.
Quiero a Atlanta pero debo mantenerme coherente con mi lucha. Es más fuerte que yo, no puedo sentirme cómplice del negocio nefasto de Grondona.
Yo también quiero un Atlanta grande y fue por eso que participé en CD con toda la ilusión de hacer todo lo que estaba a mi alcance y creo haberlo hecho.
Esta CD me pidió que me mantenga alejada y así lo hago. No puedo hacer más. Es muy pero muy rara la sensación de entender que debo como pedir disculpas por esta lucha que llevo desde Salvemos al Futbol. Todos votaron a favor menos yo, por lo que no tiene sentido extenderse en palabras.
Respeto la decisión de los socios.

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