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| AÑO IX - NÚMERO 248 / Lunes 7 de julio de 2008 | |
| ACERCA
DEL CONTRATO Y LA ASAMBLEA Parar la pelota CARLOS STORTZ |
| El tema del convenio con Proinver ha movilizado al hincha de Atlanta. Los libros de visitas de Internet dan cuenta de discusiones, peleas, ardores, defensas, ataques, etc. Aparecen cartas abiertas de ex-dirigentes apoyando a Halfón y denostando la actitud de la CD. Hasta ha quedado un poco de lado el tema fútbol: pocos hablan de la contratación de Rubén Agüero, y de los primeros refuerzos. Todo se remite a la discusión sobre el contrato. Y al formar parte de un medio, aún cuando éste sea una pequeña página de un medio partidario bohemio, los ecos y repercusiones de las discusiones aumentan. La posición frente al convenio ha reconocido cuatro alineaciones, con algunas subdivisiones entre cada una de ellas: 1.
Los alineados: creen que el convenio es el despegue de Atlanta. Minimizan
los riesgos posibles y maximizan las posibilidades de éxito. De acuerdo a nuestra visión, la mayoría de los hinchas entra en el segundo grupo. Y muy especialmente entre los asambleístas que votaron a favor del convenio (hubo una abstención que se inscribe claramente en el tercer grupo). Cualquier correlación de estos cuatro grupos con la política nacional corre por cuenta del lector. ¿Qué es lo que mueve al hincha a adoptar una u otra posición?. Por supuesto, la pertenencia o la cercanía a la CD arrastran hacia los dos primeros grupos, la oposición a la misma, al cuarto. Las convicciones personales, los prejuicios, el desconocimiento, la desconfianza, la credulidad o hasta la pertenencia a un grupo político pueden orientar a cada hincha a los diferentes grupos. Curiosamente las declaraciones del presidente Korz el martes sirvieron para galvanizar aún más a sus defensores y detractores en cada uno de sus grupos (1 y 4), posiblemente siguieron manteniendo la duda en algunos puntos, y la explicación en otros para los del grupo 2. Sin duda, además, el pasaje de hinchas de un grupo al otro puede ser dinámico en función de lo que vaya sucediendo de aquí en más. Una cancha completa, habilitada y con Atlanta jugando de local en ella obviamente incrementaría el número de partidarios de los grupos 1 y 2. Lo mismo lograría un ingreso sustancial de fondos por el alquiler. En cambio, si hubiera dificultades en la habilitación de la cancha (o gastos excesivos para la misma), destrozos en los recitales no resueltos, conflictos contractuales, o necesidad de alquilar otro estadio por utilización del mismo en recitales o eventos, volcaría automáticamente a un número de hinchas a los grupos 3 y 4. Aún los éxitos deportivos o la actuación de los árbitros serán tenidas en cuenta en las simpatías por uno u otro grupo, tal la volubilidad humana. En cualquier caso, lo que esto demuestra es que la pertenencia a los grupos 1, 2 y 4 se basa (más allá de cuestiones personales) en intentos de hacer futurología. O sea, en la expectativa de cada uno respecto del contrato, con los elementos con que cuenta en este momento, que son realmente muy pocos. Incluso la pertenencia al grupo 3 (ver después), más orientada a un tema de principios ("no hago contratos con grupos sospechosos") podrá verse modificada en función de los resultados prácticos en el futuro que puedan jugar a favor o en contra de esa postura.
Y ya que nadie conoce el futuro, creemos que se debe adoptar una posición pragmática:
Parar la pelota. ¿Por qué?. Muy simple: En cuanto a las críticas de los partidarios del grupo 3, es muy difícil tomar una posición concluyente. Es cierto, a muchos de nosotros no se nos ocurre sobornar a un policía que nos hace una multa o a un boletero de cine que oculta entradas en el centro de la sala, pero estamos avalando un proyecto en el cual podría haber involucrados non-sanctos. Parece una contradicción, y posiblemente tenga algo de ella. Pero es un tema de subsistencia. Lo que se mueve alrededor del fútbol no se rige precisamente por parámetros éticos. Se puede luchar contra eso desde alguna ONG, desde alguna fundación, y es válido y plausible. Pero es muy difícil hacerlo desde adentro de un club. Una lucha frontal contra el sistema te deja más cerca de tu propio fin que del fin del sistema. Dentro de AFA eso se viene evidenciando desde hace muchos años. Y en relación a las cuestiones comerciales aledañas, también es igual. Para el colmo, la viabilidad económica misma de los clubes chicos es discutible. Por lo tanto, si son librados a las leyes de mercado, y no reciben apoyos externos, quedan más cerca de la extinción que del despegue. ¿Es posible dentro del sistema capitalista subsistir como club sin aliarse con algún factor de poder (político o económico)?. Claro, la pregunta no es simpática ni "políticamente correcta", pero es difícil encontrar una respuesta afirmativa concreta. |
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| Está terminatemente
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