|
Osvaldo Gutiérrez
Saltó
cerca de la mitad de la cancha con todas las ganas, con toda
la fuerza que siempre distinguió su presencia de gladiador de
otra época, un marcador central más duro que el hormigón. Saltó,
decíamos, y estrelló su cabeza contra la cabeza superfamosa
de Juan Ramón Verón, la Bruja padre, el inolvidable Garrincha
del Estudiantes multicampeón. El estruendo se clavó hasta en
el último escalón de la popular y los dos quedaron fuera de
combate, literalmente dormidos, groggy, nocaut. Un hilo de miedo
recorrió Villa Crespo cuando los dos fueron dados de alta en
el hospital, 48 horas después del partido y de compartir la
misma sala y los mismos socorros médicos del doctor Bartfeld
y compañía.
Cabeza
dura, el Nene, que jugaba ese año 75 su décima y última temporada
en Atlanta, la casa que decidió ocupar desde los 17 años, después
de frecuentar las tres inferiores menores de Boca y el ya desaparecido
Sportivo Palermo. El Nene ¡qué Nene!, alto como una tapia y
potente como un toro, algo lento quizás, pero infranqueable
de arriba; y de abajo te mataba. Sólo pasaba la pelota. El Nene
Gutiérrez debutó en primera a los 19 en la cancha de Chacarita
y después se bancó la ceguera de unos cuantos entrenadores,
esforzándose en la semana y deshojando oportunidades, o aprovechándolas,
como cuando apareció en la última fecha del 70 para marcar su
mejor gol con un mortífero cabezazo que dejó sin aliento a Antonio
Roma, el Tarzán del Boca campeón.
Algunos
lo mandaron sin fundamento a cuidar el lateral, hasta que Pipo
Rossi, por fin, le colocó la número 6 para todo el viaje en
el expreso del 73, que arrancó ganándole a los bosteros y terminó
en la campaña más grande de la historia bohemia. Para ese entonces,
el Nene ya era LA MOMIA, bautizado así por Pichón Rodríguez,
como chiste y homenaje a los trancazos de un picapiedra absolutamente
atento y eficaz, el dueño del área en sociedad con Santiago
Rico o con Miguel Pecoraro, en fin, el rústico pero tremendo
zaguero (como decían anteayer) que transpiró la oro y azul en
205 partidos de hacha y pico, sin dar ventajas jamás. Metiendo
hasta el caracú donde fuese, incluída la práctica en que se
llevó puesto al Viejo Spinetto y obligó a otro susto, a la ambulancia
y a la mareada pregunta de Don Victorio: ¿de quién es el camión
que me atropelló?
De
Atlanta, ¿de quién iba a ser La Momia?, documentos a nombre
de OSVALDO EDMUNDO GUTIÉRREZ, el cuevero que sudó la última
gota bohemia a los 27 y desembarcó con Ribolzi en el Boca de
Lorenzo, es decir, en el punto de partida que lo descubrió un
poco tarde. Y también fue de Vélez, de Gimnasia, de Loma Negra,
del Deportivo Cali.
Pero
él elige una sola casaca a la hora del recuerdo. Su trampolín,
su consagración, los amigos, y el afecto de una tribuna que
le creyó durante una enorme pila de partidos a la seguridad
del Nene, ese tipo que todos quisieran tener allá atrás, donde
no se puede fallar, donde La Momia mostraba los dientes y todos
dormíamos tranquilos.
Volver
a inicio>>>
|

1973. Parados: Carballo, H. López, Ribolzi, O. Gutiérrez,
Cortés y Rico. Agachados: Ferreyra, Onnis, Cano, Gómez Voglino
y Cubetti.

Póster de la revista Goles, 1970. Atlanta sale desde el túnel
a la cancha y primer plano para Santiago Rico y Carlos de
la Iglesia. También se ve a Rubén Cano, Osvaldo Gutiérrez
y Juan Gómez Voglino. De fondo, la platea bohemia y la cámara
televisiva de Canal 7.
Nota
relacionada por Sentimiento Bohemio
La
Copa Argentina
Torneo 1974
Museo historico
Otras
entregras
Fabián Castro
Luis
Artime
Gómez
Voglino
Alfredo Torres
Héctor Candau
Carlos Griguol
Elías Yagodnik
Jorge Fernandez

Enrique
Martín
El
autor
Enrique Martín tiene 54 años y vive en el barrio
de Balvanera. Es periodista, escritor y autor de la novela
Bohemios.
|