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Construido
como un moderno estadio de fútbol e inaugurado el 5 de junio
de 1960, el histórico predio de Humboldt 350 pronto fue la sede
de otro tipo de competencias deportivas y acontecimientos de
toda índole. Ello ocurrió así gracias a la óptima ubicación
geográfica y la diversidad de medios de transporte para llegar,
la comodidad y amplitud de sus instalaciones, a lo que se sumó
a partir de 1963 la iluminación, renovada totalmente cuatro
años después.
Así, al
uso intensivo que durante las primeras tres décadas soportó
la cancha debido a la gran cantidad de partidos de fútbol que
allí se disputaron -llegaron a jugar casi noventa en una temporada-,
se le fueron agregando distintos acontecimientos no futbolísticos
que tuvieron lugar, muchos de los cuales reseñaremos en esta
nota. De la protohistoria del terreno, de los principales cotejos
jugados y de las distintas renovaciones edilicias, nos ocupamos
en otra nota en esta
misma edición.
Dentro
de los espectáculos hay que mencionar que en los primeros años
de existencia del estadio se desarrolló una relevante exhibición
de una compañía de equilibristas alemanes. Ya más tarde, a mediados
de los ochenta, se llevaron a cabo carreras de midget en el
campo de juego. Para construir la pista, se tuvo que correr
el alambrado perimetral, reduciéndose el ancho de los pasillos
en las populares.
El midget
es una categoría originaria de los Estados Unidos que llegó
en la década del 30 al país de la mano de un grupo de pilotos
norteamericanos que arribaron al país junto con sus máquinas
de competición para presentarse en la ciudad de Buenos Aires.
Combina una cabina de piloto abierta, un chasis ligero y pequeño,
un motor de 160 caballos de fuerza, sin frenos, con escape libre
y acelera a velocidades de 140 km/h derrapando sobre la pista
de tierra.
Otros estadios
de fútbol como el de Nueva Chicago ya habían albergado este
tipo de espectáculo automovilístico, pero la experiencia en
Atlanta hasta dejó una deuda impaga a la Asociación Argentina
de Pilotos Midget, que fue incluida en la quiebra judicial declarada
a Atlanta en 1991.
Asimismo,
las instalaciones del León Kolbowski fueron utilizadas para
un acto organizado por la colectividad judía y sus instituciones
a fines de mayo de 1985 en conmemoración del 37.° aniversario
de la creación del Estado de Israel.
En 1990,
durante un prolongado conflicto del gremio telefónico cuyos
trabajadores se oponían a la privatización de la Empresa Nacional
de Teléfonos (ENTel) decidida por el presidente Carlos Saúl
Menem, una masiva asamblea de trabajadores de ese sindicato
se desarrolló en el estadio.
La construcción
del microestadio en el predio que ocupaba la sede social durante
la presidencia del doctor Hugo Masci (1978-83) pretendió captar
una oferta de shows artísticos y actos con una cantidad no muy
numerosa de participantes. La venta de esos terrenos para permitir
el levantamiento de la quiebra y la supervivencia del club obligó
a que posteriormente algunos espectáculos y acontecimientos
de esas características fueran desarrollados en el amplio gimnasio
existente debajo de la platea sobre la calle Humboldt.
En ese ámbito,
el sábado 11 de marzo de 1995 el Partido Obrero realizó un acto
político cerrado por su líder Jorge Altamira, designado en la
ocasión candidato a presidente para las elecciones del 14 de
mayo. Años después, el 14 de junio de 2003, se presentó una
banda de rock cuya popularidad venía en aumento, por lo que
los pequeños locales en los que solía tocar ya no eran suficientes
para albergar a sus seguidores. Su nombre: Callejeros. Por entonces,
Omar Chabán no había inaugurado aún República Cromañón. El grupo
de Villa Celina tocó en Atlanta ante 1.600 espectadores, y el
concierto representó también un salto cualitativo en cuanto
a la organización: contrató para el show a parte de la seguridad
y del equipo técnico de La Renga.
Sin embargo,
los acontecimientos no futbolísticos más importantes, memorables
y masivos tuvieron lugar en el estadio propiamente dicho, con
un escenario o palco montado -y hasta una cancha de básquet,
como se verá- sobre el campo de juego.
Jueves
13 de enero de 1966
River Plate se consagró campeón metropolitano de básquet
al ganarle a Villa Crespo
Ese
día se jugó la última jornada de la rueda final del XII Torneo
Metropolitano de Basquetbol, correspondiente a 1965. En aquel
entonces existían dos organismos que regían la actividad del
básquet: la Asociación Buenos Aires y la Asociación Porteña,
que tenían cada una sus competencias. Sin embargo, desde 1954
se venía disputando el mencionado certamen en el cual participaban
los mejores clasificados de cada asociación.
En
1965, la rueda final la disputaron River Plate, Club Social
Villa Crespo, Boca Juniors, Independiente, Racing Club y Deportivo
San Andrés, a razón de dos partidos por jornada. Las primeras
cuatro fechas se habían disputado en el Luna Park, la quinta
en Comunicaciones y la sexta en Gimnasia y Esgrima (Buenos Aires).
Así,
se arribó a un enfrentamiento con características de final entre
precisamente los campeones de cada una de las asociaciones:
River Plate (Buenos Aires) y Villa Crespo. Eran dos grandes
potencias del básquet de aquella década del 60; tanto es así
que sus jugadores habían conformado el equipo de Capital Federal
que se ganó el Campeonato Argentino de 1964, disputado en Salta.
Por un lado, Villa Crespo (Porteña) era el último campeón metropolitano,
ya que se había adjudicado la edición anterior, en 1964, cuando
estuvo 49 partidos consecutivos sin caídas. Por el otro, River
que llegaba invicto a este partido y que no ganaba un Metropolitano
desde 1955. El triunfo para los de la banda roja significaba
el título; para la entidad de la avenida Juan B. Justo, la victoria
representaba la posibilidad de alcanzar a su rival en la primera
posición y de jugar un partido de desempate.
La
expectativa era tan grande como las limitaciones en cuanto a
capacidad de público de las canchas disponibles. Por eso, se
tomó la decisión de jugar la jornada final en un escenario poco
habitual: un estadio de fútbol, y elegido fue el de Atlanta,
donde sin dudas Villa Crespo iba a ser local por el apoyo del
público. Hay que recordar que aún eran pocas las canchas de
básquet cubiertas. En los días previos se armó sobre el campo
de juego la cancha de básquet: se colocó un tablado cerca del
arco que da a la sede social y dos tableros transparentes.
El
día previsto para el decisivo cotejo una multitud colmó la platea
sobre la calle Humboldt y la cabecera este. En el partido preliminar
Boca superó a San Andrés 70 a 65.
A
las 22.30 empezó el partido en el cual River Plate le ganó a
Villa Crespo 70-49, y se consagró campeón metropolitano en una
cancha de básquet armada en el estadio de Atlanta. El primer
tiempo terminó con un parcial de 26-24 favorable a Villa Crespo.
Sin embargo, en los primeros 2 m 23 s del segundo período River
Plate pasó al frente con un parcial de 10-0 en ese lapso. Luego,
basado en el armado de Curi y el juego debajo del tablero del
ingeniero Tomás Sandor (2,03 metros), alcanzó una resonante
victoria, que le permitió quedarse con el Torneo Metropolitano.
La
síntesis del partido es la siguiente:
River
Plate:
Tomás Atilio Sandor, 12; Miguel Ballícora, 8 (x); Jorge Curi,
21; Alfredo Feresin, 9; Carlos José Cócaro, 2 (formación inicial);
Juan Carlos Pascual, 5 (x); Enrique Osvaldo Pagnotta, 13. DT:
Alberto López.
Villa
Crespo:
Carlos Ferello, 13; Norberto Battilana, 12 (x); Carlos Mariani,
4; Osvaldo Ros, 3 (x), Carlos Moyano, 2 (formación inicial);
Juan Carlos Valdez, 7; Juan Carlos Uzal, 0; Horacio Cabrera,
8. DT: Armando Grynberg.
Jueces:
Juan Sastre y Samuel Mijalovich. Recaudación: $1.603.400.
Pagnotta,
uno de los campeones riverplatenses y estudiante de Odontología,
era hincha de Atlanta.
La
experiencia no fue del todo satisfactoria pues la pelota no
picaba bien en el tablado, y hasta hubo que clavar con un martillo
algunos sectores del piso que se aflojaron durante el partido.
Esa noche de verano hubo también un fuerte viento y la luz era
deficiente —recién en noviembre de 1967 Atlanta modernizaría
su sistema lumínico—.
No
fue la primera vez que se disputó un partido de básquet en un
estadio de fútbol. En 1941, habían jugado San Lorenzo-Platense
en el Viejo Gasómetro, para lo cual se había armado tinglado
sobre lo que entonces era la tribuna de socios, y en 1953, en
el mismo escenario, el piso de madera se colocó en uno de los
ángulos de la tribuna que da espaldas a la avenida La Plata
para que jugaran el local y Racing Club.
En
la excelente sección propia que tiene en la página Webasketball,
Osvaldo Raúl Orcasitas, uno de los más reconocidos periodistas
de básquet del país, cuenta en relación con aquel partido jugado
en la cancha de Atlanta una anécdota que le narró el DT de Villa
Crespo, Armando Grynberg:
«A
la tarde estaba tomando café con León Najnudel (NdR: por
entonces entrenador de Atlanta y vecino de Villa Crespo)
en el bar El Zorzal, que luego pasó a ser El Greco, de Corrientes
y Thames, frente al histórico El Dandi. Se para de golpe y me
dice: “Le desconfío a la cancha, se armó muy de emergencia.
¡Vamos a Atlanta que quiero probar los aros!” Y nos fuimos.
Agarró una pelota y empezó a tirar, de bandeja, de tiro libre,
de media distancia... Una y otra vez, en un aro y en el otro,
hasta que me llama y me dice: “¡¡¡Si no ganás el sorteo para
la posición del salto, estás muerto!!!”.
»Los
aros eran dobles y León comprobó que uno estaba muy duro, con
cero de elasticidad, parecía de cemento. Lo lógico, me decía,
era atacar el primer tiempo sobre ese aro malo y dejar el bueno
para el segundo tiempo, donde se definen los partidos. Bueno,
perdimos el sorteo y así nos fue... Basta fijarse en el resultado
de los dos tiempos para ver que León —una vez más— tenía razón.
Eran sus conocimientos y sus intuiciones».
Viernes
5 de noviembre de 1971
El ex campeón mundial de los pesos pesados, el norteamericano
Cassius Clay se presenta en una pelea-exhibición
Si se trata de mencionar a dos de las personas más conocidas
en todo el mundo que hayan pisado alguna vez el estadio León
Kolbowski, seguramente debiéramos nombrar al boxeador norteamericano
Cassius Clay y al futbolista Diego Maradona.
Por ello, el arribo al país en 1971 del ex campeón
mundial de todos los pesos pesados para una breve visita tuvo
una gran repercusión.
Sin dudas, es una de las personalidades deportivas
más trascendentes de la historia, y en aquel entonces estaba
en un muy buen momento de su carrera, si bien ya no era el campeón.
A ello hay que sumar su militancia político-pacifista en momentos
en que los Estados Unidos estaban embarcados en una guerra imperialista
contra Vietnam. En ese marco, Cassius Clay ya se había convertido
al islamismo y adoptado el nombre de Muhammad Alí.
Cassius Clay había sido medalla de oro en los Juegos
Olimpicos de Roma en 1960 y luego desarrolló una extensa carrera
como profesional bajo la égida de Angelo Dundee. En 1964 venció
a Sonny Liston conquistó el cetro mundial de los pesados, del
cual fue despojado luego de su negativa a enrolarse en las fuerzas
armadas que combatían en Vietnam. Por eso no combatió entre
1968 y 1969, y además fue condenado por desertor a cinco años
de prisión y a una elevada multa. Sin embargo, regresó a la
actividad y en diciembre de 1970 había derrotado por KO en 15.°
round al argentino Oscar Ringo Bonavena. Y en
ese mismo año en que estuvo en Villa Crespo no había podido
recuperar el título mundial pues no perdió con Joe Frazier.
Recién en 1974 se consagró nuevamente como campeón del mundo
al derrotar a George Foreman en Zaire. Retuvo el título hasta
1978, cuando perdió con Leon Spinks, aunque consiguió recuperarlo
meses después antes el mismo rival, para retirarse en 1979.
Fue traído al país por un empresario de apellido
Méndez para brindar una exhibición nocturna de boxeo en la cancha
de Atlanta frente al boxeador argentino Miguel Ángel Páez, que
había sido campeón argentino de los medio pesados en dos oportunidades:
en 1965, al vencer a José Menno, y en 1967-68, luego de derrotar
a Andrés Selpa (entre 1978 y 1980 lo sería de los cruceros,
ex pesados livianos).
Durante las 42 horas que permaneció en la Argentina,
Cassius Clay se alojó en el Alvear Palace Hotel. Desplegó
una intensa actividad: dialogó con la prensa, firmó autógrafos
y recibió el cariño de público de todas las edades. Estuvo también
en el programa televisivo Horangel y los Doce del Signo,
visitó la sede de una organización árabe y hasta comió con el
justicialista Carlos Spadone y los gremialistas Lorenzo Miguel
y José Ignacio Rucci, quienes lo habían invitado.
En el Gran León se habían montado un ring
y un ring-side preferencial. Mucho público concurrió
a presenciar al ex campeón. Antes hubo una pelea en serio entre
dos púgiles locales, luego de la cual comenzó el show del norteamericano.
En la primera parte Muhammad Alí cruzó guantes con un sparring
estadounidense. También tuvo un encontronazo verbal con el argentino
Oscar Ringo Bonavena. El segundo segmento tuvo ribetes
más serios e hizo cinco rounds con el argentino Miguel
Ángel Páez, cuyo oficio permitió que lo que se veía sobre el
ring tuviera mayor interés.
El espectáculo fue empañado por una deficiente organización,
ya que la concurrencia desbordó cualquier obstáculo para acercarse
a su ídolo. Así, grupos de exaltados rompieron el alambrado
y pudieron ingresar al campo de juego, donde invadieron el ring-side
y cometieron desmanes. Todo concluyó abruptamente y en escándalo
Jueves 15 de febrero de 1973
Acto de proclamación de la candidatura de Héctor Cámpora
a presidente de la Nación por el Frente Justicialista de Liberación
(Frejuli)
Una
multitud pocas veces vista en la historia del estadio rebasó
las instalaciones del León Kolbowski en la concentración donde
el peronismo proclamó sus candidatos e inició la campaña proselitista
para las elecciones presidenciales llamadas por la dictadura
militar para el 11 de marzo de 1973.
Los
comicios habían sido convocados, con el general Juan Domingo
Perón aún en el exilio, por la dictadura militar que había asaltado
el poder el 28 de junio de 1966, derrocando al gobierno constitucional
del radical Arturo Illia, si bien éste había asumido al ganar
unas elecciones en 1964, en las cuales estuvo proscrito el peronismo.
Entre 1966 y 1973 se habían sucedido tres dictadores castrenses:
Juan Carlos Onganía, Roberto Levingston y Agustín Lanusse.
Fracasadas
distintas maniobras continuistas del general Lanusse —entre
ellas, el Gran Acuedo Nacional (GAN)—, y con la bendición del
ex presidente Perón desde Madrid y del líder radical Ricardo
Balbín para descomprimir la situación política y social, el
general fijó la fecha de los comicios y de la entrega del mando
al nuevo gobierno surgido del pronunciamiento de las urnas.
En
el mitin en el cual se proclamó la candidatura a presidente
de Héctor Cámpora y a vice de Vicente Solano Lima, del diminuto
Partido Conservador Popular (PCP) —uno de los socios con los
que se armó el frente—, hubo un gran entusiasmo y participación,
síntomas de un tiempo pasional y esperanzado en un futuro distinto
y mejor. El 70% de los asistentes eran jóvenes y mujeres. De
ello da cuenta, por ejemplo, que durante cinco horas casi nadie
se movió ni dejó de gritar dado que el acto propiamente dicho
—anunciado para las 20.30— recién pudo comenzar a medianoche
por el derrumbe del palco levantado en el campo de juego sin
consecuencias lamentables.
El
percance ocurrió cuando a las 22.40 arribaron Cámpora y Solano
Lima a quienes numerosos jóvenes les hicieron un cordón protector
para que llegaran al palco colmado de personas. La precaria
construcción no soportó el peso de tantas personas y se vino
abajo. Mientras se improvisaba esto, Cámpora recorrió el campo
de juego como si estuviera dando una vuelta olímpica y fue aclamado
por la multitud. Incluso se trepó varias veces al alambrado
olímpico para estrechar las manos de quienes querían pugnaban
por saludarlo.
Los
simpatizantes peronistas gritaban vivas a Perón y al Tío Cámpora,
y agitaban banderas argentinas —varias de ellas con la leyenda
«Montoneros»—y pancartas con leyendas como «Liberación o dependencia»
y «Sonríe, Perón te ama» y con imágenes de Perón y Evita.
Si
bien hubo cánticos en común, desde dos sectores de las tribunas
se escucharon versiones distintas: «Perón, Evita, la patria
socialista» y «Perón, Evita, la patria peronista», una confirmación
de una aún irresuelta pelea política e ideológica en el movimiento,
que en los dos años siguientes pasaría a una escala mayor.
Entre
las personalidades presentes estuvieron el dirigente de las
62 Organizaciones, el metalúrgico Lorenzo Miguel; el líder sindical
portuario Eustaquio Tolosa; los jóvenes candidatos a diputados
nacionales Leonardo Bettanin y Virginia Sanguinetti; el cantante
Leonardo Favio; el secretario del PJ, Juan Manuel Abal Medina;
Marcelo Sánchez Sorondo y José Antonio Allende, dirigentes justicialistas.
Luego
de que el locutor Leonardo Biancotti leyera decenas de adhesiones
(entre otras, las de Rodolfo Galimberti y Julián Licastro) y
de la entonación del Himno Nacional y de la Marcha Peronista,
a las 0.15 comenzó el único discurso de la noche, a cargo de
Héctor Cámpora, ya que por la hora se suspendió el resto de
las alocuciones.
El
candidato a presidente auguró el triunfo, que «no podrá ser
impedido por Lanusse ni por la Junta», y agregó que «la ciudadanía
había roto la trampa».
En
relación con el famoso desafío lanzado por el presidente Lanusse
en el sentido de que a Perón no le daba el cuero para regresar
al país, el Tío afirmó que «a otros no les daba el cuero
para aguantarlo y que en pocos días lo tendríamos al General
entre nosotros nuevamente». A tono con el eslogan de campaña:
«Cámpora al gobierno, Perón al poder», el candidato reconoció
que «el pueblo vibra por Perón y no por mí».
Se
calcula que los organizadores del acto pagaron por el alquiler
del estadio $3.000.000.
Veinticuatro
días después el Frejuli se imponía en las urnas a la UCR, arañando
el 50% de los votos. Por eso, se convino en no desarrollar la
segunda vuelta electoral entre el primer y segundo, prevista
para el caso de que nadie superara la mitad de los sufragios.
Jueves
8 de marzo de 1973
Acto de cierre de la campaña electoral de Oscar Alende,
candidato a presidente por la Alianza Popular Revolucionaria
Ese día se clausuraron las campañas para las elecciones
generales del domingo 11 de marzo.
El
acto más importante fue el de la lista que sería la ganadora
de las elecciones, el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli),
que cerró con un masivo mitin nocturno —casi 70.000 personas—
en la cancha de Independiente, mientras que la centroizquierdista
Alianza Popular Revolucionaria (APR) lo hacía en la de Atlanta.
La
APR estaba conformada por el Partido Intransigente (PI), el
Partido Revolucionario Cristiano (PRC) y un sector de
la Unión del Pueblo Argentino (UDELPA), dirigido por Héctor
Sandler; contaba además con el apoyo del Partido Comunista (PC).
Impulsaban como fórmula presidencial a Oscar Alende-Horacio
Sueldo, intransigente y revolucionario cristiano, respectivamente.
Oscar
Alende tenía en ese momento 63 años de edad. Era un médico que
había sido gobernador de la provincia de Buenos Aires en el
período 1958-62, por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI),
cuando la presidencia de la Nación estuvo a cargo de Arturo
Frondizi. Su partido, el Intransigente, había adoptado esa denominación
el 22 de mayo de 1972, como sucesor de la UCRI.
El
estadio de Atlanta presentó un aspecto imponente con alrededor
de 25.000 personas. La consigna central parafraseaba la del
Frejuli («Cámpora al gobierno, Perón al poder») y rezaba: «Alende
al gobierno, el pueblo al poder».
Luego
de un festival artístico, se sucedieron varios oradores: Jesús
Mira, del PC, candidato a diputado nacional; Héctor Sandler,
de UDELPA; Nicéforo Castellano, de la Juventud Intransigente
—actualmente es el vicepresidente del partido—; la candidata
a diputada nacional Rina Meiva; el candidato a vice Horacio
Sueldo y cerró la noche el doctor Alende.
Con
un discurso muy a tono con aquellos tiempos y muy distinto de
aquel con el que diez años después el PI tuvo preponderancia
en el espacio centroizquierdista, el ex gobernador prometió
nacionalizar la banca en su totalidad y los depósitos bancarios.
También expresó: «Haremos la reforma agraria y negociaremos
con los países de América latina con prescindencia de
la OEA». Asimismo, criticó a los monopolios, «que succionan
el esfuerzo del pueblo trabajador». En otro pasaje, Alende afirmó
que «el pueblo comprende que el estado de derecho burgués
no puede dar paz ni estabilidad ni justicia».
El
acto transcurrió en orden y no intervino la gran cantidad de
efectivos policiales que lo custodiaban.
Tres
días después el escrutinio determinó el cuarto lugar para el
doctor Alende, por detrás de Cámpora, Balbín y el derechista
Francisco Manrique.
Miércoles 22 de agosto de 1973
Acto de la Juventud Peronista y de Montoneros por
el primer aniversario de la masacre de Trelew
Con
seguridad la oportunidad en que más gente hubo en el Gran León,
superando incluso al acto de proclamación de la candidatura
de Héctor Cámpora en febrero de ese mismo año, y al que organizaron
la Juventud Peronista (JP) y los Montoneros en marzo de 1974.
Cámpora
y Solano Lima habían renunciado, y el presidente interino era
Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados. Juan Domingo
Perón estaba de regreso en el país y se postulaba para presidente
de la Nación en las elecciones llamadas para el 23 de septiembre.
La fórmula la completaba su controvertida esposa, Isabel Perón,
sobre quien circulaban versiones de que renunciaría, algo que
entusiasmaba a los sectores juveniles que se congregaron en
Villa Crespo esa noche invernal de aquel emblemático 1973. Es
más, especulaban con que el doctor Taiana la sustituiría en
la postulación y que el derechista y oscuro ministro de Bienestar
Social, José López Rega, sería designado embajador en Europa.
Se
calcula que casi 50.000 personas asistieron y colmaron y desbordaron
la capacidad de la platea, las tribunas y sus pasillos, el campo
de juego y las calles aledañas al estadio.
La
convocatoria había estado a cargo de la JP y Montoneros —que
ya habían absorbido a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)—,
para homenajear a los dieciséis presos políticos que habían
sido asesinados un año atrás en la base aeronaval Almirante
Zar, en Trelew (Chubut). También se evocaba el 22.° aniversario
del renunciamiento de Evita a la vicepresidencia de la Nación,
once meses antes de su muerte y se recordaba al obrero metalúrgico
Felipe Vallese, secuestrado y desaparecido el 23 de agosto de
1962. Este sector de la juventud ya había realizado un acto
en ocasión de la campaña electoral para los comicios de marzo
en la cancha de Argentinos Juniors.
En
el llamamiento al mitin la JP Regional I llamaba a respetar
la única consigna central del acto: «Patria sí, colonia no»
y aconsejaba «impedir una superposición de consignas que a lo
único que conduce es a la confusión y al desgaste de la gente».
El
palco fue decorado con una larga cinta roja y negra de la JP
y dos grandes fotos de Juan Domingo Perón y Evita. Los militantes
de las columnas de las Regionales de la JP, la Juventud Universitaria
Peronista (JUP), la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), la
Unión de Estudiantes Secundarios (UES), portaban carteles
con leyendas como «Perón, Evita, la patria socialista», «Perón
presidente, Evita presente», «A un combatiente no se lo llora,
se lo reemplaza» y «Murieron para que el pueblo viva».
El
ambiente era festivo y con mucho fervor militante. Luego de
que se cantaron el Himno Nacional y la Marcha Peronista, se
hizo un minuto de silencio por los caídos en la lucha y por
Evita, mientras en una pantalla se proyectaban escenas del Cabildo
Abierto del justicialismo realizado el 22 de agosto de 1951.
Por los caídos en el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, los
fusilados de 1956, los asesinados en Trelew y Ezeiza, hubo una
oración a cargo del sacerdote tercermundista Jorge Goñi. Más
tarde, un grupo de militantes quemó una bandera norteamericana
en el centro de la cancha, a la vez que ésta era recorrida por
otros pertenecientes al Frente de Lisiados Peronistas, con sus
sillas de rueda. Entre otros, por la zona del palco se pudo
ver al ex secretario del Movimiento Nacional Justicialista,
Juan Manuel Abal Medina; el sacerdote Carlos Mugica; los dirigentes
de la Junta Coordinadora Nacional del radicalismo, Marcelo Stubrin
y Enrique «Coti» Nosiglia; dos de los tres sobrevivientes de
la masacre de Trelew, Ricardo Haidar y Alberto Camps —ambos
fueron detenidos-desaparecidos en la última dictadura militar—;
varios familiares de los caídos en la ciudad patagónica, y la
madre de Juan Pablo Maestre, trabajador bibliotecario secuestrado
y asesinado dos años antes.
Los
primeros oradores fueron Lidia Laferrère, madre del guerrillero
Manuel Belloni, muerto en el Delta; Mario Marzocca, de la JTP;
Alberto Campos, sobreviviente de los sucesos de Trelew, y Roberto
Vidaña, diputado nacional por la provincia de Córdoba.
Continuó
en el uso de la palabra Juan Carlos Añón, que habló por las
Regionales de la JP en lugar de Dante Gullo, ausente por razones
de salud. El dirigente juvenil afirmó que «nosotros no somos
ni infiltrados ni troscos ni bichos colorados. Lo único colorado
que tenemos es nuestra sangre de peronistas leales a Perón».
Y añadió: «La candidatura de Isabel abre fisuras en el frente
del 11 de marzo y no es la figura más representativa de 18 años
de lucha», admitió, mientras los militantes cantaban: «No rompan
más las bolas, Evita hay una sola».
El
multitudinario acto fue cerrado por Mario Eduardo Firmenich,
quien afirmó que «no tiene sentido la alianza de clases si el
proceso no es conducido por trabajadores. Pero no secede eso
porque en la CGT hay cuatro burócratas que no representan ni
a su abuela». Los asistentes repudiaron mediante gritos hostiles
al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, que fue
asesinado un mes más tarde.
Firmenich
criticó la integración de la fórmula justicialista para los
cercanos comicios. No obstante, convocó a «votar masivamente
por Perón y a una intensa campaña barrio por barrio, manzana
por manzana».
El
acto transcurrió sin incidentes, mientras en la plaza del Congreso
otro acto de menor concurrencia organizado por sectores de izquierda
no peronista terminó con enfrentamientos con la policía y varios
detenidos.
Lunes
11 de marzo de 1974
Acto de la Juventud Peronista y de Montoneros por
el primer aniversario del triunfo electoral del Frejuli
Con
Juan Domingo Perón ejerciendo su tercera presidencia y casi
cuatro meses de su fallecimiento, la denominada Tendencia Revolucionaria
del peronismo organizó un masivo acto para celebrar un año del
triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima en las elecciones
presidenciales llamadas por la dictadura lanussista.
La
situación política ya estaba dando un giro muy importante y
los sectores más ortodoxos y derechistas del sindicalismo y
el justicialismo estaban ocupando crecientes espacios de poder,
especialmente desde la masacre de Ezeiza cuando Perón había
regresado al país nueve meses atrás. Era los días de gestación
de la Triple A y de la represión paraestatal fogoneada por el
ministro de Bienestar Social, José López Rega. En ese marco,
la JP y Montoneros consiguieron montar una concentración con
alrededor de 40.000 concurrentes evidenciado que mantenía intacta
su capacidad de movilización y que se erigía como oposición
interna tratando de recuperar posiciones con vistas a un futuro
e hipotético vacío de poder.
En
el acto hubo delegaciones de las ocho Regionales en que se dividía
en todo el país la Juventud Peronista, la Juventud Universitaria
Peronista (JUP), la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), el
Movimiento Villero Peronista (MVP), la Unión de Estudiantes
Secundarios (UES), la Agrupación Evita (rama femenina) y los
Montoneros, además del Peronismo de Base (PB), una corriente
que no pertenecía a la Tendencia.
Sin
embargo, con gran inteligencia los dirigentes de la JP y Montoneros
habían logrado armar una comisión organizadora del acto integrada
por viejas y prestigiosas figuras del sindicalismo y de la Resistencia,
como Andrés Framini, Sebastián Borro, Daniel Viel, Avelino Fernández,
Armando Cabo, quienes aparecieron avalando el acto.
En
el palco se habían colocado dos grandes efigies de Juan Domingo
Perón y de Evita, además de la leyenda «Montoneros». Los cánticos
reflejaban la creciente desilusión y duda de los militantes,
así como una postura ideológica clara: «Qué pasa, qué pasa,
General / está lleno de gorilas el gobierno popular» y «Vamos
a hacer la patria peronista, montonera y socialista». Otros
hits que se escucharon en la noche de Villa Crespo fueron: «Se
va acabar, se va acabar la burocracia sindical», «Cinco por
uno no va a quedar ninguno» y algunos que prometían que el golpista
jefe policial de Córdoba, teniente coronel (RE) Antonio Navarro
—que había destituido al gobernador Ricardo Obregón Cano— sería
«visitado» por un comando montonero. También fueron muy denostados
el líder metalúrgico Lorenzo Miguel, el gobernador bonaerense
Victorio Calabró y los funcionarios policiales Alberto Villar
y Luis Margaride.
Los
oradores del mitin fueron Daniel Viel; el cordobés Ricardo Panzeta,
de la JP Regional III; Enrique Juárez, líder de la JTP, y el
dirigente Rodolfo Galimberti. Cerca de la medianoche, el locutor
anunció la presencia del boxeador Abel Cachazú y que habían
cedido su turno y no hablarían Andrés Framini y Sebastián Borro,
por lo avanzado de la hora. Fue así como comenzó su discurso
Mario Firmenich, que cerró el acto por la conducción montonera.
Firmenich
instó a «recuperar el gobierno para el pueblo y para Perón»
y denunció «el desplazamiento de los leales por los traidores,
lo que ha puesto en serio peligro el programa de liberación
nacional». También llamó a «romper el Pacto Social y a que cualquier
reivindicación social debe ser apoyada por la JTP y las organizaciones
barriales».
Parada
al lado de Firmenich —según narra Gabriela Saidón en el atrapante
libro La montonera, de Editorial Sudamericana—,
estaba Norma Arrostito en su única aparición pública, quien
se hallaba por entonces en una situación de semiclandestinidad.
Arrostito había integrado el diminuto grupo fundador de Montoneros
y participado en el secuestro y posterior asesinato del ex presidente
Pedro Eugenio Aramburu en 1970.
De
cara al 22 de agosto de ese año 1974, la Tendencia intentó organizar
un tercer acto y repetir la exitosa convocatoria de la misma
fecha de 1973. Pero para entonces Perón estaba muerto
y previamente los había echado de la plaza de Mayo el 1° de
mayo, por lo que las condiciones habían cambiado rotundamente:
el gabinete se había llenado de figuras identificadas con el
peronismo ortodoxo y la Policía Federal prohibió la realización
de la concentración. A pesar de que la JP anunció que harían
«el acto por los caídos de Trelew, Evita y Perón allí o donde
sea», el estadio y buena parte de Villa Crespo fue rodeado por
un espectacular y nutrido operativo de seguridad, por lo que
nadie pudo llegar ni intentó hacerlo hasta Humboldt 350.
Lunes
10 de septiembre de 1979
Arribo de la Selección Nacional Juvenil luego de ganar
el Mundial Sub-20 en Japón
El
6 de septiembre el seleccionado argentino se consagró campeón
mundial Sub-20 al derrotar en Tokio a la Unión Soviética por
3 a 1. Aquel equipo dirigido por César Luis Menotti, tenía como
figuras estelares a Diego Maradona y Ramón Díaz, y contaba con
dos jugadores de Atlanta: Alfredo Torres y Jorge Piaggio. Miles
de argentinos madrugaban para seguir los partidos por televisión
desde la lejana Japón y gozar del buen fútbol que esos juveniles
desplegaron en aquel certamen.
Naturalmente
que una parte de la población, tan demostrativa de sus afectos,
quería brindar una gran recepción a aquellos chicos. Sobre este
legítimo deseo basado en un hecho deportivo se montó la dictadura
militar juntamente con algunos personajes de los medios comunicación,
en particular el relator radial José María Muñoz, para manipular
a la opinión pública y prácticamente arrear a los jugadores
a la Casa Rosada. El régimen militar pretendía demostrarle a
la delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,
dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA),
que visitaba el país ante las denuncias de graves violaciones
a los derechos humanos que «los argentinos éramos derechos y
humanos», tal el eslogan con el cual se manipuló la alegría
de la gente.
De
este modo, el estadio de Atlanta se convirtió prácticamente
en la primera escala del equipo nacional juvenil al llegar a
suelo argentino. Sobre el campo de juego dos helicópteros transportaron
a los campeones desde el Aeroparque a Villa Crespo. Las calles
aledañas a la cancha habían sido cerradas para no permitir que
se acercaran los vecinos, mientras que en la sede social esperaban
los familiares y amigos. Desde allí, en un micro que tomó por
la avenida Corrientes, atestada de gente que quería saludar
a los jugadores, rumbo a la Plaza de Mayo.
Hace dos
años Sentimiento Bohemio le realizó una entrevista
al entonces jugador de Atlanta y campeón mundial Jorge Piaggio,
que tenía un primo detenido-desaparecido. Sobre la llegada a
Atlanta y la visita a la Casa Rosada, expresó lo siguiente:
«La movida
del regreso de Japón fue muy rara. Nosotros festejamos en Japón
y se ve que vino un “tubazo”: “Hay que volver”. Recuerdo que
regresamos con urgencia; ya estaban aquí los inspectores de
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pero nosotros
no lo sabíamos. Es más, ni teníamos idea de quiénes eran. Nosotros
teníamos toda la inocencia del mundo. Como te decía, el viaje
de vuelta lo hicimos rapidísimo. Llegamos a Río y para el trasbordo
estaba un avión oficial esperándonos, no uno de línea. Ni siquiera
pudimos recoger las valijas. La urgencia era arribar cuanto
antes. Llegamos a Aeroparque a las 6 de la tarde. Atando cabos,
uno se da cuenta que querían llegar a la hora en que la gente
salía de sus trabajos para armar la fiesta. Si hubiéramos llegado
a las 3 de la mañana, no habría sido lo mismo. Dos helicópteros
del Ejército nos llevaron a la cancha de Atlanta, y los familiares
en micro también se dirigieron para allí. Bajamos, un beso a
los parientes y al micro para la Casa de Gobierno, a saludar
a Videla y después a la AFA. El pueblo, feliz. Nosotros nos
preguntábamos: “Loco, qué hicimos?” Claro, éramos campeones
mundiales. Creíamos que toda la movilización era espontánea.
Tiempo después me doy cuenta de que todo había sido manipulado,
pero en ese momento...». (La nota completa puede leerse en http://www.sentimientobohemio.com.ar/nota_piaggio.htm.)
Lunes
18 de octubre de 1982
Acto peronista por el Día de la Lealtad
Con la crisis política abierta por la derrota argentina
en las islas Malvinas en junio de ese año, pareció que la sangrienta
dictadura militar daba sus últimos estertores, pero aun así
consiguió pactar con la dirigencia política una retirada ordenada
y recién entregó el poder a un gobierno surgido del sufragio
el 10 de diciembre de 1983.
Así,
en el último cuatrimestre de 1982 tuvieron lugar un resurgimiento
de la actividad política y una participación in crescendo de
parte de la población, que parecía despertar de una pesadilla,
pero la realidad indicaba que había otro país tras seis años
de dictadura.
En
conmemoración del 37° anversario del 17 de octubre de 1945,
el sindicalismo y el partido peronismos organizaron un acto
en el estadio de Atlanta. La importante concentración constituyó
el primer acto político partidario convocado en un estadio abierto,
ya que sólo había habido movilizaciones callejeras, como la
del 30 de marzo de 1982 en Plaza de Mayo.
La
convocatoria estuvo a cargo del Partido Justicialista (PJ),
las 62 Organizaciones Peronistas y la CGT-Brasil —la central
obrera estaba escindida en dos; la otra era la de Azopardo,
con una línea más dialoguista con los militares en le poder—.
Ante
una concurrencia estimada en 30.000 personas, Hugo del Carril
y Hugo Marcel cantaron con los asistentes el Himno Nacional
y la Marcha Peronista, mientras que la actriz Irma Roy leyó
fragmentos de discursos de Evita. Luego se hizo un minuto de
silencio con un toque de clarín en homenaje a Juan Domingo Perón.
También
se proyectó un filme con declaraciones del general Perón y su
esposa Isabel a periodistas franceses.
Los
oradores centrales fueron el líder cervecero Saúl Ubaldini,
titular de la CGT-Brasil; el metalúrgico Lorenzo Miguel, secretario
general de las 62, y el chaqueño Deolindo Felipe Bittel, vicepresidente
primero del PJ, quien dijo que «el pueblo argentino sólo quiere
concertar con el pueblo argentino, y no con los responsables
de la crisis».
Entre
las personalidades presentes estuvieron el ex gobernador de
La Rioja, Carlos Saúl Menem; el ex ministro de Trabajo, Ricardo
Otero; el ex ministro y legislador Antonio Cafiero, y el general
Adel Edgardo Vilas, con participación en la represión en Tucumán
y Bahía Blanca. Además de muchas pancartas de militantes de
la CGT-Brasil con las consigna «Paz, pan y trabajo», estuvo
el inefable Tula, con 28 bombos.
Durante
el desarrollo del mitin hubo incidentes y golpes de puño entre
simpatizantes de Intransigencia Peronista, que agrupaba a la
izquierda del movimiento y adscribía a Vicente Saadi, y la Juventud
Peronista de la República Argentina (JPRA), donde confluían
sectores juveniles y sindicales ortodoxos.
En
la cabecera que da a la avenida Corrientes se ubicó un grupo
de Madres de Plaza de Mayo junto con un centenar de adherentes
a organismos de derechos humanos. En ese sector se escucharon
silbidos cuando desde el palco se recordó que «Perón nos enseñó
a querer a las fuerzas armadas».
Lunes
30 de abril de 1984
Acto de la Confederación General del Trabajo (CGT)
por el Día de los Trabajadores
Luego
de ocho años de dictadura militar, por primera vez en ocho años
la central obrera conmemoraba en un acto el Día de los Trabajadores.
A la concentración adhirieron numerosas organizaciones sindicales
y el Partido Justicialista.
Primero,
desde el palco Hugo Marcel cantó la Marcha Peronista; posteriormente
la multitud entonó el Himno Nacional, y hubo un minuto de silencio
por los caídos en las luchas sindicales y en Malvinas.
Sólo
hubo dos oradores: los dirigentes Jorge Triaca, del gremio plástico,
y Saúl Ubaldini, del cervecero. Ambos habían encabezado meses
atrás las dos ramas en que estaba escindida la Confederación
General del Trabajo (CGT): Azopardo y Brasil.
Las
alocuciones estuvieron marcadas por el enfrentamiento que venían
manteniendo el gobierno de Raúl Alfonsín y los gremialistas.
En primer lugar, a partir de la denuncia, en mayo de 1983, de
un pacto sindical-militar por parte del líder radical, meses
antes de las elecciones del 30 de octubre, que había ganado
con facilidad. El chascomusense había acusado a Lorenzo Miguel
y otros gremialistas peronistas de haber pactado con la dictadura
condiciones favorables para la normalización de los sindicatos.
En segundo, una semana después de haber asumido, el ministro
de Trabajo alfonsinista, Antonio Mucci, presentó en sociedad
una ley de reordenamiento sindical —más conocida como «Ley Mucci»,
por la cual, so pretexto de democratizar los gremios y hacerlos
más representativos, se intentaba introducir una cuña dentro
del sindicalismo peronista ortodoxo de modo tal que limitara
su poder y evitara que las organizaciones obreras confrontaran
con su gobierno. El proyecto de ley no pudo pasar el filtro
de las dos Cámaras legislativas y no prosperó.
En
sintonía con lo señalado, en su discurso Triaca criticó a quienes
«arman trenzas en el Ministerio de Trabajo, mientras la CGT
continúa en la defensa de los intereses de los trabajadores»,
y agregó: «El sindicalismo es democrático y queremos que rijan
los intereses de los trabajadores».
Por
su parte, Ubaldini afirmó que «el movimiento obrero no ha perdido
su capacidad de convocatoria y no necesita de apoyos oficiales
para disimular concentraciones». Además de fustigar las recetas
recesivas del Fondo Monetario Internacional (FMI), el dirigente
cervecero dijo que «no tenemos nada que festejar, pero sí conservamos
la fe, la esperanza y el compromiso para luchar, si fuera necesario
hasta la última gota de sangre, para jamás entregar los derechos
y las conquistas de los trabajadores».
Miércoles 1° de mayo de 1985
Acto del Movimiento al Socialismo (MAS) por el Día
de los Trabajadores
Alrededor
de 20.000 personas se congregaron en el Gran León para participar
en una concentración recordatoria de la masacre de los mártires
de Chicago en 1886 luego de una huelga por la jornada laboral
de ocho horas. Tres años después quedó instituido como Día Internacional
de los Trabajadores.
Un
sector de la izquierda argentina, representado por una de los
dos vertientes del trotskismo argentino, el Movimiento al Socialismo
(MAS), era la convocante. Con la particularidad de que para
este acto sumó a una franja del peronismo denominado «revolucionario»,
encabezado por Susana Valle, la hija del general Juan José Valle,
que el 9 de junio de 1956 había encabezado un levantamiento
contra el gobierno golpista de la autodenominada «Revolución
Libertadora» y luego fue fusilado con otros militares y civiles
de la Resistencia Peronista.
El
MAS, entonces liderado por el luego diputado nacional Luis Zamora,
consolidaba su estrategia frentista con «fuerzas populares para
la liberación», que meses después lo llevó a formar con el PC
y un diminuto sector peronista el Frente del Pueblo (FREPU),
que se presentó a los comicios legislativos de 1985 y fue el
antecesor de Izquierda Unida (IU).
En
el mitin izquierdista hablaron el dirigente obrero Eduardo Gómez;
el dirigente sindical peronista Mario Aguirre; la ex candidata
a vicepresidenta por el MAS en 1983, Silvia Díaz, y la mencionada
Susana Valle.
Cerró
el acto Luis Zamora quien advirtió que había dos amenazas de
golpe: «la de los viejos golpistas que siguen al acecho y la
del propio gobierno, con sus golpes de hambre, su guerra salarial
de despidos y tarifazos contra el pueblo».
Sábado 29 de noviembre de 1997
Primer recital de La Renga
Ya
se habían presentado en el gimnasio debajo de la platea el sábado
21 de enero de 1995. Volvían a Atlanta, luego de su primera
gira por el exterior, pero al estadio y con una convocatoria
cada vez mayor.
La
banda se formó a fines de 1988 en el barrio de Mataderos y la
integran Jorge Tanque Iglesias (batería), Gabriel Teté
Iglesias (bajo) y Gustavo Chizzo Napoli (voz y guitarra).
Viernes
27 y sábado 28 de noviembre de 1998
Segundo y tercer recital de La Renga
Un
año después de su primera presentación regresa al Gran León
con dos funciones. Algunos de los asistentes, identificados
con el Club Atlético San Miguel y otros equipos de fútbol, cometen
destrozos en las instalaciones.
Sábado
18 de diciembre de 1999
Primer megaconcierto de Los Piojos
La
banda llegó a Atlanta para cerrar un año importante: había aparecido
su quinto disco, Ritual, el primero grabado en vivo.
Ello sucedió en un recital en Obras Sanitarias, en el cual se
hizo presente Diego Maradona. Continuando con sus referencias
futbolísticas, Los Piojos le habían dedicado al Diez un
tema llamado Maradó.
Dos
meses antes de actuar en el Gran León, habían tocado en la cancha
de All Boys, pero hubo gente que se quedó afuera. Por eso, buscaron
para el siguiente recital en Buenos Aires un escenario con mayor
capacidad.
El
megaconcierto en Atlanta fue presenciado por unas 22.000 personas
que llenaron el lugar de banderas y fuegos. El periodista de
Página/12 Eduardo Fabregat cuenta que «los shows
del grupo liderado por Andrés Ciro Martínez siempre se caracterizaron
por provocar una emocionante ceremonia colectiva, un estado
de fiesta en el que mucho tenían que ver las innegables cualidades
musicales del grupo. Pero aquella noche las cosas arrancaron
mal. Apenas iniciado Esquina Libertad, el tema que abre
su disco Tercer arco, una esquirla en llamas voló desde
el público e impactó en la batería de Daniel Buira. El cantante
detuvo el show y pidió: “Che, aflojen con las bengalas, que
casi le pegan a Dani”. El concierto continuó y terminó sin nada
que lamentar, aunque esporádicamente siguieron apareciendo las
luces entre la gente». El incipiente folclore futbolero transportado
al rock más la corrupción y la desidia estatal-empresariales
desatarían una verdadera masacre de decenas de jóvenes algunos
años después.
La banda se formó en El Palomar a fines de los años 80,
y la integraban Andrés Ciro Martínez (voz, guitarra y armónica),
Daniel Piti Fernández (guitarra), Gustavo Kupinski (guitarra),
Miguel Ángel Micky Rodríguez (bajo) y Daniel Buira (batería
y percusión).
Sábado 25 de noviembre de 2000
Recital de Joan Manuel Serrat
Luego de varias funciones en el teatro Gran Rex y
de presentaciones en las principales ciudades del país, a los
56 años de edad Joan Manuel Serrat brindó un recital en Atlanta
a precios populares ($13) y obtuvo una buena respuesta de público:
20.000 personas. Una muestra más del fenómeno que representa
el catalán entre un sector de la clase media urbana argentina,
especialmente entre las mujeres mayores de cuarenta años. A
diferencia de otras presentaciones de años anteriores, no banderas
políticas, con excepción de una con la leyenda «Liberta a los
presos de La Tablada».
El cantautor presentó su disco Cansiones —así
escrito, con s—, de Tarres/Serrat, donde Tarres es su
alter ego palindrómico, su «enemigo íntimo», ese ser
«alcohólico y
caótico, que satisface a las mujeres del barrio», y por quien
él deberá pedir perdón al día siguiente. Pero los temas más
solicitados por el público fueron los clásicos.
Con una escenografía de pequeña ciudad de historieta
a color, el concierto tuvo momentos muy intimistas y numerosos
invitados que subieron al escenario: el bandoneonista Rodolfo
Mederos para tocar El último organito; la cantante Adriana
Varela, con quien interpretó Soy lo prohibido; Marcela
Morelo, para El amor, amor; Víctor Heredia, para el clásico
No hago otra cosa que pensar en ti; Diego Torres
para Penélope; un rosarino, hincha de Central, Fito Páez,
para Aquellas pequeñas cosas, y Ana Belén para Mediterráneo.
En un momento, Serrat agradeció a los «del vecindario Villa
Crespo por acompañar desde la intimidad de sus hogares».
Sábado 16 de diciembre de 2000
Segundo megaconcierto de Los Piojos
Para despedir el milenio la banda presentó ante 25.000
fieles seguidores su disco Verde paisaje del infierno,
que había aparecido el 27 de octubre. Antes, a mediados de años,
habían dado siete recitales en Obras durante dos fines de semana.
Ya no estaba en el grupo Daniel Buira, que había sido reemplazado
por el baterista Sebastián Roger Cardero.
Sábado 20 de octubre de 2001
Tercer megaconcierto de Los Piojos
Luego de presentar el álbum Verde paisaje del infierno
por todo el país en una extensa gira, se presentó por primera
vez en el año en la Capital. Y otra vez la jugada les
salió bien: hubo 30.000 personas. Lo dijo Andrés Ciro cuando promediaba el show: «Esto no es un
concierto ni un recital: es una fiesta». Y claro, nadie que
haya ido ese sábado al estadio de Atlanta puede negarlo. Tocaron temas de todo su repertorio
durante casi tres horas y recibieron las visitas de los hermanos Mollo
(Omar
cantó y tocó la guitarra en
Yira yira
y Around
& Around y
Ricardo tocó
la guitarra en Morella
y también en Around
& Around). Como las entradas para este
show se habían agotado casi una semana atrás, Los Piojos debieron agregar una nueva fecha
el sábado
27, también en Atlanta. Pero debido a una disposición del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires referente a la habilitación
del Estadio del Club Atlético Atlanta,
Los
Piojos
se vieron obligados a suspender el show que tenían previsto,
que pasó para el 24 de noviembre en el estadio de Huracán, donde
hubo 35.000 personas.
Viernes 17 de enero de 2003
Primer acto de organizaciones piqueteras en
un estadio de fútbol
Convocados por el Polo Obrero (PO), encabezado por
Néstor Pitrola, y por el Movimiento Independiente de Jubilados
y Pensionados (MIJD), conducido por Raúl Castells, y con el
apoyo de la Federación de Cámaras y Centros Comerciales Zonales
de la República Argentina (Fedecámaras), de Rubén Manusovich
—padre del ex jugador bohemio Damián Manusovich—, más de 15.000
desocupados, trabajadores y jóvenes se congregaron en Villa
Crespo.
Los seguidores de Castells
realizaron la primera exposición nacional de los emprendimientos
productivos. Para eso, piqueteros, desocupados y obreros de
fábricas recuperadas montaron stands en los que exhibieron alimentos
caseros, ropa y muebles.
A pesar de que la prensa calificó al hecho de que el acto fuera
el primero que el sector desarrollaba en un estadio de fútbol
como una muestra de que habían abandonado las calles, nada de
ello se evidenció en el acto. Por el contrario, además de la
cantidad de participantes y de su fervor, los distintos oradores
reivindicaron la denominación de «piqueteros duros» o «clasistas»,
haciendo un balance de los planes de lucha y movilizaciones
contra el gobierno nacional duhaldista y proponiendo el primer
plan de lucha nacional y la marcha y acampe del 22 y 23 de enero.
Pero no sólo intervinieron los desocupados; hubo
oradores de diversos gremios en lucha por aumentos salariales
o en defensa de las fuentes de trabajo, como la industria del
pescado de Mar del Plata y los choferes de Transportes del Oeste.
Las organizaciones piqueteras y sociales reunidas
en Atlanta confluyeron en un bloque político de denuncia del
acuerdo del gobierno con el FMI, exigieron la extensión de los
planes sociales a todos los desocupados, criticaron el saqueo
desatado con la devaluación, calificó al gobierno de usurpador
político de la revuelta del «Que se vayan todos», y llamaron
a luchar contra la salida electoral continuista proponiendo
que el poder sea entregado a una Asamblea Constituyente libre
y soberana.
Además de un festival musical, hablaron los representantes
de Fedecámaras y de las Madres en lucha por la vivienda y que
repudiaban
la dolarización de las deudas y
los remates de los bienes de los deudores hipotecarios.
Desfilaron los chicos que
se alimentan en los más de 300 comedores populares del MIJD,
mientras Castells decía en el palco: «Tienen razón cuando nos
atacan por organizar a los chicos: éstos son los chicos de la
revolución».
El orador final fue Néstor
Pitrola, del Polo Obrero (PO), quien prometió «un 2003 lleno
de piquetes», llamó a la Corriente Clasista y Combativa a «romper
la tregua y sumarse al plan de lucha y movilización» y les pegó
a «los platos recalentados del menemismo» como Néstor Kirchner
(«operador de Repsol») y Felipe Solá (ex secretario de Agricultura
de Menem).
Viernes 19 de diciembre de 2003
Acto de los «piqueteros K» liderados por Luis D’Elía
En
ocasión del segundo aniversario de los sucesos acaecidos el
19 y 20 de diciembre de 2001, cuando un levantamiento popular
tiró abajo el gobierno de Fernando de la Rúa-Felipe Cavallo,
el sector piquetero oficialista convocó a un acto en el estadio
León Kolbowski. El orador principal fue el hoy subsecretario
de Tierras para el Hábitat Social
—área dentro del Ministerio Planificación creada especialmente
por el presidente Kirchner— y por entonces diputado provincial
bonaerense Luis D’Elía. Las consignas con las cuales se convocó
a 12.000 personas eran «Viva la unidad latinoamericana» y «Por una Navidad
latinoamericana con paz y justicia».
La curiosa recordación de D’Elía de la revuelta
popular de fines del 2001 llamó la atención en razón de que
él mismo había señalado que la caída del gobierno de la Alianza
había sido a causa de un complot del justicialismo del conurbano.
El dirigente matancero dirigía la Federación de
Tierra y Vivienda (FTV) y ya hace rato había dejado atrás la
calle, los piquetes y la protesta. Desde la asunción de Kirchner
como primer mandatario, sus intervenciones públicas se habían
reducido a una persistente y feroz crítica hacia los sectores
piqueteros que se oponían a las políticas socio-económicas desarrolladas
por el sucesor de Duhalde en la Casa Rosada.
El
discurso de D’Elía en aquel acto en Atlanta fue indudablemente
el inicio de una carrera apenas disimulada hacia un cargo en
el gobierno nacional y la captación de sectores sobre la base
de la distribución de planes sociales con criterios similares
a los utilizados por los tan criticados punteros del PJ bonaerense,
combinada con explosivas declaraciones de defensa a ultranza
del gobierno nacional.
Sobre el presidente Kirchner, D’Elía afirmó que «no
fue un regalo de nadie sino que representa la realidad construida
por la lucha de todos», a la vez que negó rotundamente que fuera
oficialista. También criticó duramente a los otros sectores
piqueteros por haber elegido «la vía insurreccional».
A todo esto, el 20 de diciembre más de 60.000
manifestantes se dieron cita en la plaza de Mayo convocada por
organizaciones piqueteras, asambleas barriales y partidos políticos
para conmemorar los hechos que habían ocurrido dos años y su
secuela de víctimas por la represión.
Sábado 18 de septiembre de 2004
«Rock&Vida», festival de rock cristiano
Casi
15.000 fans participaron en este festival musical cristiano.
Se trata del último recital que se llevó a cabo en el estadio.
En el acontecimiento, denominado Rock&Vida, se presentaron
bandas como RESCATE y Kyosko.
El
grupo evangélico RESCATE (Reyes al Servicio de Cristo Ante Tiempos
Extremos) nació a fines de los años ochenta en la localidad
bonaerense de San Nicolás, inspirado en bandas de rock cristiano
anglosajonas. La idea era hacer rock gospel pero en español,
con el deseo de alcanzar a los jóvenes para Cristo por medio
de la música, un lenguaje que ellos podrían escuchar, entender
y digerir. Luego bajan a Buenos Aires y con el agregado de dos
músicos porteños la banda se termina de conformar. Han grabado
seis discos y precisamente dos meses antes de su presentación
en Atlanta habían estado de gira por varios países europeos.
Además, dos semanas después de tocar en el Gran León, estuvieron
en el Rock Quilmes Festival, el más importante de los que se
realizan en la Argentina.
En
el concierto hubo varias sorpresas: cantó
Guillermo Novelis (cantante de La Mosca) en Amores como vos.
Y participaron tocando un tema cada uno Adrián Cionco (bajista
de La Mosca) y Mauricio Díaz (bajista ex Sinergia).
Los
integrantes de RESCATE: Ulises Eyherabide, vocal y uno de los
fundadores; Marcelo Barrera, guitarra; Marcelo Tega, bajo; Pablo
Bauzá, teclados; Sergio Ramos, batería; Claudio Franco, saxo;
Rubén López, trompeta, y Walter Caballero, percusión.
Por su parte, el grupo Kyosco, con menor repercusión que
RESCATE, se formó en 1994 y lo integran Fabián Liendo (voz),
Diego Bisio (guitarra), Ezequiel Bisio (teclado, coros), Lucas
Leyes (bajo) y Esteban Cubista (batería, percusión).
Viernes 15 de octubre de 2004
Acto de la CGT por el Día de la Lealtad con la presencia
de ministros kirchneristas y del ex presidente Eduardo Duhalde
Aunque
poco tiempo después comenzaron los cortocircuitos, cuya consecuencia
fueron las dos listas separadas con las que participaron en
la provincia de Buenos Aires en las elecciones legislativas
del 2005, aquella celebración por el 59° aniversario del 17
de octubre de 1945 —una gran movilización popular liberó al
encarcelado Juan Domingo Perón— significó un fuerte apoyo del
ex presidente Eduardo Duhalde y su esposa, la diputada Chiche
Duhalde, al mandatario Néstor Kirchner. Éste decidió no concurrir
no obstante la invitación que le habían formulado los popes
sindicalistas; de todos modos hubo una fuerte presencia K en
el palco: estuvieron los ministros del Interior, Aníbal Fernández;
de Trabajo, Carlos Tomada, y de Salud, Ginés González García,
además del vicepresidente Daniel Scioli.
En
el acto se desplegó todo el habitual ritual peronista: bombos,
la entonación de la Marcha Peronista, banderas y estribillos
alusivos. La Confederación General del Trabajo (CGT) estaba
a cargo de una conducción tripartita integrada por Hugo Moyano
(Camioneros), Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingieri (Obras
Sanitarias), que habían asumido a mediados de julio la conducción
de la central obrera, sucediendo a Rodolfo Daer. Este triunvirato
consolidaba el pacto de Moyano con los denominados «Gordos»
en función de apuntalar al gobierno kirchnerista. En ese sentido
deben entenderse las declaraciones del dirigente camionero sobre
el agotamiento del método piquetero de protesta primero y la
celebración del Día de la Lealtad después.
Dirigieron
la palabra durante el mitin en el Gran León fueron Gerónimo
Venegas, de las 62 Organizaciones Peronistas, y los citados
Scioli, Rueda y Moyano. Otros jerarcas gremiales presentes fueron
Armando Cavalieri (mercantil), Gerardo Martínez (construcción)
y Omar Viviani (taxistas). El orador de cierre fue el sucesor
de Kirchner, Eduardo Duhalde, quien aseguró
que «los peronistas no pactamos ni nos peleamos, tenemos una
coincidencia ideológica profunda», coincidencia que no se evidenció
en la munición gruesa que ambos sectores se dispararon meses
después durante la campaña electoral.
Los párrafos finales de su discurso fueron una clara señal de
apoyo al santacruceño:
«¡Adelante
Presidente Kichner! Usted ha sabido despertar nuevamente la
esperanza del pueblo argentino. A usted le sobra coraje para
plantarse con firmeza y dignidad ante las corporaciones multinacionales
que quieren manejar la economía argentina. A usted no le tiembla
el pulso para enfrentar los intereses hegemónicos internacionales
y negociar con los acreedores externos para salir del default
y devolverle a la República el respeto y la consideración mundial.
»Queridas compañeras, ¡Viva el Movimiento Nacional Justicialista!
¡Vivan los trabajadores justicialistas! ¡Viva el General Perón!
¡Que viva por siempre la compañera Evita! Gracias compañeras,
gracias compañeros».
Este
acto tuvo lugar a pesar de que el estadio se hallaba clausurado
por la justicia contravencional porteña. Atlanta había celebrado
cinco días antes su centésimo aniversario con un partido ante
River luego del cual fue arrestado el presidente bohemio, Carlos
Moreno, acusado de haber abierto el estadio para la realización
de la fiesta. Así, el juez y la fiscal intervinientes
parecían opinar que el estadio no estaba en condiciones de soportar
el peso de los pocos espectadores que concurren a la gran mayoría
de partidos de la Primera B, pero sí era apto para actos con
15.000 militantes, como el que tuvo lugar cinco días después.
Miércoles
15 de marzo de 2006
Visita del escritor Juan Gelman
Con
motivo de la reedición de su primer libro de poemas, Violín
y otras cuestiones, de cuya publicación se cumplía medio
siglo, el escritor argentino Juan Gelman, de 75 años, radicado
en México, fue invitado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires.
Recibió durante esa estadía múltiples homenajes oficiales
—fue declarado embajador cultural de la Ciudad—y no oficiales,
pero se dio el lujo, para orgullo de socios e hinchas de Atlanta
y de los vecinos de Villa Crespo, de visitar el Gran León, pisar
su césped y recibir varios obsequios, entre ellos una camiseta
del club de sus amores.
Es que Juan Gelman, uno de los mejores poetas contemporáneos
en idioma español, nació en Villa Crespo y, como habitué en
sus años juveniles de las milongas que se organizaban en Atlanta,
se hizo hincha del club.
Dirigentes y medio centenar de hinchas lo recibieron
con profunda emoción y alegría. El escritor llegó acompañado
por Manuela Fingueret, otra ex vecina e hincha, titular de la
Casa del Escritor del área de Cultura del GCBA. Pidió por la
habilitación del clausurado estadio y «amenazó» con «repensar
este amor» si no se conseguía ascender de categoría. Gelman
se emocionó de tal modo que se comprendió por qué alguna vez
manifestó: «¿Cómo me van a dar el Premio Nobel de Literatura
a mí que soy hincha de Atlanta?». (Más
detalles de su visita).
Agradecimientos: para esta segunda entrega de los
46 años de historia del estadio León Kolbowski, además del archivo
personal del autor y de la consulta de diversos diarios, revistas
y los sitios oficiales de los grupos de rock citados en la nota,,
hicieron también algún aporte Héctor Fernández y los socios
de Atlanta Flavio Duvidovich, Jorge de Gregorio, Juan Carlos
Padín, Carlos Stortz, Felipe Leibovich y Enrique Martín.
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