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El 22 de
mayo se cumplirán diez años del último
descenso sufrido por Atlanta. El
torneo B Nacional 1998/99 ya era más que crítico
para el bohemio. La institución, semanas antes de comenzar
el torneo, estaba inhibida para sumar jugadores, se le reclamaba
una gran deuda económica y deportivamente tenía
un delgado promedio junto a Almagro, Estudiantes de Buenos Aires
y Deportivo Morón. Por otra parte, muchos barras tenían
gran protagonismo en la institución, en el seno de la
CD, y en las calles, dónde la utilería del club
era arrasada semanalmente y a cuadras de allí, se vendía
esa ropa impunemente, mientras que un tal Braslausky era intermediario
de jugadores en forma un tanto desprolija y dudosa y se sumaba
el dudoso manejo en la venta del pase de Luis Bonnet a Salta.
En ese contexto, asumía
como técnico Eduardo Anzarda, y una vez controlada la
inhibición, se sumarían jugadores como Insaurralde,
Bozzoletti, Polonsky, Oyarbide, Gambande, Gerk, Ojeda, Ramirez,
D.Gonzalez, Stalteri, Hirsig y Grippo.
Los juveniles de Atlanta
no se delucían en el comienzo del torneo, cosechando
muchos empates e incluso algunos triunfos gracias a la capacidad
goleadora de Mauro Gerk. Sin embargo, se registraron derrotas
muy preocupantes: un increible 0-1 con Almagro, con un grosero
error de Gambandé, cuando los rivales estaban con nueve
jugadores y un 2-5 con Morón con una pésima actuación
del arquero Romero.
Muchas de las figuras
del plantel comenzaron a abandonar el equipo, apareciendo juveniles
como Fantini, Hirzig, Ramirez y Staltieri que daban esperanzas
de recuperación. Un 2 a 0 frente a Quilmes en Español
abrio la esperanza.
Pero comenzaron entonces a lesionarse muchos jugadores importantes,
como Paredes y Alcami. Faltando siete fechas Atlanta enfrentó
al puntero Chacarita en San Martin, y logro un valioso empate
con un golazo de Laviano para poner el 2 a 2 (fue el último
clásico disputado hasta la actualidad). Tras quedar libre
y perder con All Boys, Atlanta tuvo sus chances: debio enfrentar
a sus rivales por el descenso, Almagro y Moron.
Los primeros lo batieron con un gol cuando faltaban once minutos;
los segundos llegaron al empate en un gol faltando dos minutos.
Empate que marcaba el fallecimiento del hincha bohemio, Elías
Molinari, tras un paro cardíaco. Eran momentos muy tensos
y críticos.
Y estos puntos perdidos
se pagarian caros. Parecio que el sol salia cuando Atlanta derroto
a Central Cordoba en Rosario y a Arsenal en Villa Crespo.
En la ultima fecha, Atlanta parecia tener todas a favor: si
Almagro perdia o empataba en Rosario, descendia. Solo si Almagro
ganaba, Atlanta debia empatar en Quilmes para forzar un desempate
con Almagro y Moron (que quedaba libre), o ganar para salvarse.
El 22 de mayo de 1999 Más de 4.000 hinchas de Atlanta
llegaron a Quilmes con la esperanza de festejar, pero un 5 a
0 categorico, y el gol de Alianello de Almagro en Rosario terminaron
con el ultimo aliento bohemio. El partido fue suspendido por
incidentes de los barras de Atlanta con la policía.
Así formó
Atlanta esa tarde:
Rodrigo Reynoso; Rubén Díaz, Miguel Farrera, Adrián Bozzoletti,
Diego Raimondi; Santiago Hirsig, Eduardo Anzarda Herrero (Lucas
Ferreiro), Andrés Polonsky (Nicolás Laviano) y Marcelo Ramírez;
Rodrigo Stalteri (Carlos De Bernardis) y Mauro Gerk.
AS. Juan Carlos Gambandé.
DT: Eduardo Anzarda.
Juez: Roberto Ruscio.
Goles: PT: 31' Milozzi. ST: 6' Lemos, 23' Sever, 31' Lemos,
36' Montaño Caicedo.
Incidencia: exp. 28' ST Miguel Farrera.
Suspendido 43' ST por incidentes protagonizados por el público
visitante.
Así
lo vieron los medios
DIARIO
CLARIN
PRIMERA B NACIONAL: SUS HINCHAS, ENFURECIDOS,
SE PELEARON CON LA POLICIA: CUATRO HERIDOS
Atlanta descendió en otra tarde violenta
También hubo balazos de goma, bastonazos, gases lacrimógenos
y cinco detenidos fuera del estadio. El partido se suspendió
a dos minutos del final, cuando Quilmes ganaba 5 a 0.
ANDRES BURG
Fue otra tarde de barbarie en el fútbol argentino. Ayer, en
la cancha de Quilmes, la violencia estalló con toda la fuerza
de su repertorio: barrabravas en acción, disparos de balas de
goma, gases lacrimógenos, pedradas, corridas, heridos, angustia
colectiva y partido suspendido. El horror de siempre, una vez
más, en un estadio que se transformó en una suerte de infierno
y que dejó 4 heridos -fuera de peligro- tras una batalla campal
entre seis policías y aproximadamente 50 barras de Atlanta,
que no soportaron el virtual descenso de su equipo. Los incidentes
continuaron fuera del estadio con una pelea entre hinchas de
los dos equipos, tras la cual fueron detenidas cinco personas.A
los 39 minutos del segundo tiempo, cuando ya perdía contra Quilmes
por 5 a 0 y Almagro le ganaba a Central Córdoba, el descenso
de Atlanta parecía inevitable. Sólo podía evitarlo un gol del
equipo rosarino, que finalmente no llegó. Con la inminente pérdida
de categoría, sus hinchas comenzaron a romper el alambrado para
invadir el campo de juego. Durante cuatro minutos, la Policía
miró con pasividad.Recién cuando el tejido estuvo cerca de ceder,
los seis miembros de la Guardia de Infantería que estaban en
la tribuna visitante fueron hacia los barras para separarlos
del alambrado. Pero los violentos de Atlanta se quedaron y,
apoyándose en su descontrol y superioridad númerica, pelearon
cuerpo a cuerpo y con piedras a los efectivos que, a su vez,
contraatacaron con disparos de balas de goma, gases lacrimógenos
y bastonazos. Y el desbande en la tribuna fue general y caótico.Además,
desde la cancha, los bomberos comenzaron a lanzar agua hacia
la popular. Los jugadores Laviano y Ferreiro, también sin control,
intentaron sin éxito quitarle la manguera al efectivo que arrojaba
el agua. El árbitro, Roberto Ruscio, suspendió el partido. Iban
43 minutos. La pelota, hacía rato, había dejado de rodar.La
pelea en la tribuna entre la Infantería y los hinchas de Atlanta
duró diez minutos, hasta que llegó un refuerzo policial y los
barras se fueron. Un simpatizante se desvaneció y quedó tendido
en la popular. También fueron heridos los efectivos Juan Contreras,
Héctor Cardozo y Sergio Paz.Este no fue el único foco de violencia.
En el entretiempo hubo golpes en la tribuna local tras una persecución
a dos punguistas. El defensor de Quilmes Luis Velázquez, quien
estaba en la tribuna, resultó agredido involuntariamente. Luego
del partido, ya fuera de la cancha, se enfrentaron hinchas de
los dos equipos. Por este incidente hubo cinco detenidos, los
únicos de la tarde.En el aspecto futbolístico, Atlanta descendió
a la B Metropolitana. Para que el torneo siga normalmente, ayer
trascendió que desde la AFA le pedirán a Atlanta que mañana
presente una nota solicitando que se dé el partido por concluido.Pese
a que dependía de sí mismo para seguir en la categoría, Atlanta
se entregó a su suerte y no tuvo alma, ambición ni fútbol. En
cambio, Quilmes jugó un gran partido y se perfiló como candidato
para el segundo ascenso. Igualmente, al final la violencia tapó
todo. Otra vez.
DIARIO
OLE
B
NACIONAL - METRO
Peor imposible
Atlanta volvió a la Primera B después de ser goleado por Quilmes.
La bronca de sus hinchas hizo que el partido no terminara porque
se enfrentaron con la Policía.
Diego Sagardía
La tribuna visitante es un descontrol. Los hinchas del Bohemio
se trenzan con la Policía que, para frenarlos, arroja balas
de goma y gases lacrimógenos. Atlanta se fue. La soga del descenso
dijo "basta" y terminó, en la tarde de Quilmes, ahorcado a sus
ilusiones y a sus limitaciones. Buscando explicaciones, entristecido
de cuerpo y alma. Atlanta se fue a la B. Ese es el camino que
deberá recorrer obligatoriamente. El de la B Nacional se ha
cerrado... No hay nada ni nadie que pueda detener a esa caravana
silenciosa de jugadores que escapan del vestuario para apichonarse
en el micro. Atlanta se fue. Y no es justificativo para que
los hinchas del Bohemio rompan un alambrado, tiren piedras hacia
la platea y se agarren a trompadas con los policías que, para
frenarlos, arrojan balas de goma y gases lacrimógenos. La mala
noticia del descenso no avala que la tribuna sea el lugar de
una batalla, donde tres policías del grupo de Infantería terminaron
heridos. El oficial inspector Sergio Paz con un golpe en la
pierna y los cabos Juan Contreras y Héctor Cardozo con cortes
en la cara y en la mano. ¿Le sirve a Atlanta que en el día de
su descenso de categoría terminen cinco hinchas detenidos por
hacer disturbios fuera de la cancha? ¿Y que otro concluya desmayado
en un escalón de la popular? ¿Y que los bomberos tiren agua
para calmarlos como si fueran fieras enjauladas? No. Bochornoso
final para el Bohemio. Un final al que por la sumatoria de antecedentes
-lamentablemente- no sorprende. Atlanta se fue. El club que
está partido económicamente, al que de los bolsillos apenas
se le caen un par de centavos. En el que sus jugadores hicieron
huelga para reclamar por las deudas de los dirigentes. El de
los miles y miles problemas institucionales. En el que nunca
se logró la tan ansiada unidad política. El que fue lugar, en
muchas oportunidades, de apretadas de barrabravas a jugadores.
El de las apariciones salvadoras y fugaces de Miguel Broda,
el economista que ponía plata para que el equipo siguiera jugando.
El que tiene el estadio en Humboldt y Muñecas más vacío que
nunca. Y no sólo de hinchas, sino de voluntades que intenten
resurgirlo a los lugares más altos del fútbol argentino. Donde
estuvo y de donde se viene cayendo en caída libre desde hace
mucho tiempo. Atlanta se fue. Cuando no dependía de otros resultados,
cuando más se le exigía concentración para calmar su ansiedad.
Pero el equipo de Eduardo Anzarda nunca supo qué hacer. Salió
a la cancha sin ideas, esperanzado de que algo o alguien lo
ayudara. Y está claro que en este tipo de definiciones a la
suerte hay que ayudarla con fútbol. ¿Qué culpa tiene Quilmes
si fue la antítesis de su rival? Si tiene entre los once a Giampietri,
que de tanta gambeta, tanto taco, y tanto potrero es capaz de
robarle un aplauso hasta los contrarios. Quilmes no tiene la
culpa de hacer cinco goles y generar espacios como para aumentar
la diferencia. Atlanta se fue. Los que perdieron con Quilmes
no quisieron hablar. El descenso los dejó mudos. Víctor Paredes,
referente del equipo y que no está jugando porque está lesionado,
sí habló. Y dijo: "Es un momento difícil. Lamentablemente se
llegó a este momento por los malos manejos dirigenciales". Héctor
Virardi, otro que también lo miró desde afuera, explicó que
"todos somos culpables. Nunca se trabajó ordenadamente. Así
nos fue". Eduardo Anzarda, el técnico, fue el tercero y el último
en opinar: "Sabía de los problemas a los que estaba expuesto,
a que nunca iba a existir un proyecto serio, pero creí que se
podía zafar". Atlanta se fue. Y por ahora no puede volver. Con
todos los problemas a cuestas. Peor imposible.
DIARIO
LA NACION
Atlanta,
entre la crisis económica y deportiva
Estaba anunciado
Un final previsto, sin más. Un desenlace esperado cuando los
agobiantes procesos económicos, derivados en institucionales,
desembocaron en el descenso anunciado de Atlanta. El mismo que
sufrió Estudiantes de Buenos Aires, Huracán (Corrientes) y Douglas
Haig. Perdida la sede de la calle Humboldt, que supo de tardes
de gloria deportiva e infinitos encuentros sociales; los pedidos
de quiebra y las pésimas administraciones recayeron sobre un
conjunto de entusiastas futbolistas juveniles que cargaron con
el peso de la historia y de un promedio difícil de sobrellevar.
Inevitable final. En la temporada 94/95, Atlanta dejó la primera
B y subió un escalón. Dejó en el camino a Dock Sud; fue la última
alegría de la entidad. Un equipo vistoso, que contó con la magia
de Cristian Castillo -hoy en River-. Grande entre chicos, supo
de años de primera, con resonantes victorias sobre los
poderosos. Artime, Griguol, Gatti, Gómez Voglino vistieron de
gloria a Atlanta. Recuerdos que tal vez no volverán.
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Portada
del Diario Olé del domingo 23 de mayo. En tapa, "Atlanta
bajó y hubo lío". Fue la nota central del
suplemente ascenso.
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