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La
reinauguración del estadio, el pasado 29 de marzo trajo aparejado
un importante incremento en la asistencia del público a los
partidos. No sólo por la euforia que provocó en la familia bohemia
la recuperación de su lugar natural, sino porque además posibilitó
la regularización del calendario de partidos, dejando de lado
los extemporáneos horarios y fechas que provocaba jugar en Vicente
López o Caseros.
Desgraciadamente los resultados no acompañaron y fecha tras
fecha la merma de asistentes se fue haciendo cada vez más notoria.
La derrota ante Flandria fue lapidaria y en los encuentros subsiguientes
disputados en Villa Crespo, la cantidad de gente en la tribuna
y la platea no difería mucho de la que podía verse en los encuentros
jugados fuera del León Kolbowski.
Lo que sí tuvo un vuelco significativo fue todo lo atinente
a la escenografía que acompaña cada presentación del equipo
de Atlanta. Una multitud de nuevos carteles y banderas se sumaron
a las que eran infaltables en el alambrado de la tribuna Roberto
Goyeneche en Platense. Ahora el perímetro de la cancha en esas
jornadas se encuentra cubierto en ambas cabeceras y, sobre la
de la calle Muñecas, en dos o tres niveles.
La hinchada tomó como costumbre "reservar" su lugar en el centro
la tribuna desde temprano con banderas que descendían desde
el parapeto superior y otras cruzadas con consignas tales como
VILLA CRESPO o LA BARRA DE VILLA CREPO.
Generalmente hacía su aparición minutos antes del inicio de
los cotejos o incluso con el encuentro comenzado. Siempre había
un par de bombos acompañando los estribillos, que no fueron
ni muy variados ni muy novedosos.
Tal como aconteció a lo largo de todo el torneo, en este segmento
final el aliento de la barra fue constante y -salvo excepciones-
no hubo reproches ni insultos a los jugadores, ni cuerpo técnico
ni dirigentes, a pesar de los magros resultados.
Por el contrario, aún en las peores circunstancias, mantuvo
su entusiasmo y un nivel parejo de apoyo al equipo.
Una constante fue el ininterrumpido canto a lo largo de todo
los primeros tiempos, decayendo algo al iniciarse el segundo
y que terminaba diluyéndose con el correr de los minutos, acompañando
el rendimiento de los jugadores (Recordemos que desde la reapertura
Atlanta jugó 5 partidos, ganó 2, empató 1 y perdió 2).
Los únicos jugadores que oyeron corear su nombre en esta segunda
rueda fueron Lucas Ferreiro (no en Villa Crespo) y el arquero
Rodrigo Llinás.
Las dos veces en que la hinchada atacó con sus estribillos al
equipo fueron cuando se perdía 2 a 0 con Acassuso en Caseros,
donde aparecieron los típicos cánticos "A VER SI PONEN HUEVO
QUE NO JUEGAN CON NADIE" y "LA CAMISETA DE ATLANTA SE TIENE
QUE TRANSPIRAR…" que terminaron acallados por la imprevista
remontada del marcador.
La segunda y más notoria, fue en el último partido cuando la
barra quiso emular a sus pares de River entonando una amenaza
fuera de lugar y que sorprendió al resto de los asistentes por
su virulencia. Cuando la victoria de Sarmiento era un hecho,
se alternó el aliento con la crítica. Ese día además, se insultó
desde la popular por primera vez al técnico Agüero en forma
colectiva.
En este período la platea también mantuvo su comportamiento
habitual que -fuera del día de la reinauguración- rara vez se
hizo coro para acompañar a la popular y sí para putear al despedido
entrenador bohemio.
Desgraciadamente, todavía no se pudo implementar la saludable
medida de mudar los bancos de suplentes al sector que da espaldas
a la avenida Dorrego.
En términos generales, el comportamiento del público fue bueno,
a pesar de lo frustrante del resultado deportivo, sin que haya
que lamentar ningún incidente de importancia ni ningún acto
de violencia, que tanto han perjudicado a la institución en
otras oportunidades.
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