AÑO X - NÚMERO 296 / Lunes 22 de junio de 2009
ENRIQUE MARTIN, DE MEMORIA
La pasión de los colores
Atlanta-Chacarita.
POR ENRIQUE MARTIN

A propósito del justo ascenso de Chaca, de las coincidencias y de la historia, por qué no dejar volar la evocación. Si el defensor Abel Pérez surgió de las divisiones inferiores de Atlanta y el volante Juan Carlos Puntorero brilló durante años con la camiseta bohemia, y si, con el correr de los años, los dos fueron titulares y figuras en el equipo de Chacarita campeón de primera división en 1969. Si un producto de la cantera de los funebreros -con un toque de Colegiales- como Juan Antonio Gómez Voglino resultó ser con el tiempo nuestro máximo goleador. Y sí, la vida está llena de estas cosas extrañas…

Siempre fue un arrebatado. Sanguíneo, dicen ahora. Prepotente, peleador. Calabrés, según se enteró algo tarde. Vivió mucho tiempo con la puteada al toque y la derecha cruzada sorpresiva. Ahora está viejo -o se siente viejo- y se ríe del recuento de nostalgias. Siempre fue de Atlanta. Ni por origen barrial, ni por herencia paterna. No. Fue por gracia y desgracia de una amistad familiar de lotería. Los del barrio Cafferata, por otra parte, son todos de San Lorenzo. Pero el destino y el colectivo 402 (hoy 42) lo depositaron temprano en el centro de una película inesperada y luego imprescindible.

Era otro tiempo, y San Martín quedaba lejos de Villa Crespo. Chacarita seguía en pie y vigente en su antigua estancia, y aun resistía el oprobio del desalojo a patadas, pero Atlanta era el patrón de las veredas por aquella época, aunque tenía contra en cada calle, en cada esquina, en cada café, como el de Dorrego y Caldas, que nunca resignó su cuna y su linaje tricolor.

El día que los salvamos del descenso en el 67 es casi un feriado negro en la memoria ¿Arreglaron? ¿Transaron? Fue así, así, y a otra cosa. El 2-0 se transformó en 2-3 y no hubo reclamo. Y entonces el odio bohemio buscó otros rumbos. Contra los ajenos del barrio, sí, pero también contra los sospechosos propios y contra la vida que comenzaba a enseñar el camino: todo es posible, hasta rescatar del cementerio a Chacarita. El tiempo cicatrizó las heridas sin entusiasmo. El penal que Pestarino les regaló sobre la hora en el año cualquiera; la emboscada policial que nos enterró a nosotros (y a ellos) en el descenso del 79. Los triunfos y las derrotas; el rencor y la trampa, las intrigas; una guerra que subsiste a media máquina, a favor del paso de las décadas y del vaivén de la suerte futbolera.

Un día del 91 nos sacaron de la silla eléctrica en una oficina de la AFA. "Queremos que Atlanta exista para ganarle siempre", dijeron en la voz de un hombre sabio, y entonces el protagonista de esta novelita descubrió que esa sentencia (que impidió la desafiliación de Atlanta) tenía un antecedente similar en su propio prontuario.

Fue la noche en que el Loco Fierro -jefe histórico de la barrabrava bohemia hasta el 75- lo corrió con un cuchillo de cocina por Humboldt hacia el oeste. Esa noche en que la derecha cruzada de los estragos juveniles no le sirvió para nada. Esa noche del desafío absurdo y temerario. Esa noche, esa, lo salvó del puñal, el enemigo. Pasaron tantos años y todos están tan de vuelta, que vale reconocerlo como corresponde. Entre el cuchillo de Fierro y sus 58 kilos de guapo a la bartola se interpuso ¡Chacarita!, un tipo, una palabra desesperada, una voz que siempre prefirió el silencio.

Ahora estamos más parejos. Acaso le deba una, después de una revancha calabresa colgada en la cancha del destiempo, pero sin prepotencia ni arrebato. Con la paciencia y la terquedad de los picapiedras, que eso son Atlanta y Chacarita. Traficantes del recuerdo, pegados a la historia de la Historia. Apenas sobrevivientes de la pasión en colores.

PD: No tiene nada que ver. Pero hay dos tipos que se merecen esta alegría de un ascenso que nos resulta francamente imbancable: el que detuvo el cuchillo y mi amigo Pablo Llonto.

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Enrique Martín

El autor
Enrique Martín tiene 54 años y vive en el barrio de Balvanera. Es periodista, escritor y autor de la novela Bohemios.

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