AÑO X - NÚMERO 297 / Lunes 29 de junio de 2009
ENRIQUE MARTIN, DE MEMORIA
Es lo que hay
Más que curiosidades.
POR ENRIQUE MARTIN

Dos arqueros con pocos dedos; un canchero mudo; un utilero patizambo; un perro embalsamado como mascota; el jugador y goleador más petiso en la historia del fútbol argentino; un barrabrava (de los buenos), presidente del club; un futbolista de primera, hijo de un presidente de la Nación (de facto); un equipo de estrellas que se fue al descenso; un ascenso perdido tras veintipico penales; un ascenso perdido por una madera lanzada desde la propia ¡platea!; un vicepresidente que invitó a pegarle a un árbitro dentro del campo de juego; un ascenso logrado tras echar al cuerpo técnico cuando marchábamos al tope luego de 30 fechas; los mil locos lindos e ainda mais. Todo fue y es Atlanta.

A Francisco Berscé, no muy lejano guardapalos bohemio, le faltaban dos dedos de una mano. Y fue uno de los mejores del club en el ascenso. El pampeano Juan Eugenio Conci, quien jugó una docena de partidos en la década del 70, contaba con nueve, pero fue uno de los peores en primera. Para brillar o hacer sapo, se ve, sobran los dedos de una mano.

El canchero mudo, que regó de sudor la auxiliar y la principal durante 30 años, un hombre bajo, canoso, cascarrabias y enormemente eficiente en su trabajo, igual que el utilero Juan Ramón, mil años ordenando las pilchas auriazules parado prácticamente sobre sus tobillos, culpa de dos pies torcidos vuelta entera por la caprichosa naturaleza. Los dos fueron amigos del viejo Belón, otro empleado del club que pasó a la historia por su familiaridad con el perro Napoleón, único en su especie capaz de festejar los goles de su equipo con saltos de un metro, y de llorar los tantos del contrario rechazando la comida. La leyenda terminó embalsamada, y en una vitrina del hall de la sede social. Se extraña a Napoleón con la camiseta rayada y la pelota haciendo juego. No se extraña a otros perros que vistieron la misma casaca en distintas épocas.

Queribles colifas como Antonito, siempre disfrazado de almirante en los bailes de carnaval; como el gordo Pepino Del Ávila, pegado con su enorme panza al alambrado detrás del arco, y siempre atento para el festejo, así fuera de un lateral en la mitad del campo; como el yugoslavo Parica, un loco lindo que engrupió a Masci con un diploma de profesor de Voley extendido por el comunismo yugoslavo; como el colectivero Fernando, que una vez dejó a pie a sus pasajeros y se rajó al Luna Park para ver una consagración del básquet de Najnudel; como el mentiroso Ñosa, capaz de asegurar que llevó una tortuga a latigazos desde Chacarita a Juan B. Justo en sólo 15 minutos; como el Pato Scaramuccia, que puso nocaut al primer tambor justicialista Tula (por entonces capo de la barra de Central) en un inesperado choque mano a mano; como el japonés José Luis, que puso loca con sus insultos a toda la parcialidad de Banfield dentro de un pullover celeste que cambió su color debajo de la tribuna para evitar que lo linchasen…

Carlitos Moreno llegó a presidente de Atlanta haciendo todas las inferiores, como corresponde. Nació casi dentro de la cancha y fue tribunero toda la vida, hasta aterrizar en la primera magistratura como prueba de la democracia que siempre reinó en el club. Y supo cumplir con su rol hasta donde pudo. Roberto Eduardo Viola, hijo del general del mismo nombre, que sucedió a Videla en la última dictadura, paseó su habilidad y su garra como volante de aquel equipo de juveniles que saltó a primera por una huelga en el 74. También eso es Atlanta. Y qué no decir de la joyita de la bisabuela: el futbolista de menor estatura que haya jugado como profesional argentino en primera división (certificado por AFA). Nada menos que Roberto Martino, puntero izquierdo de 1,50 metros que es nuestro cuarto goleador histórico con 56 tantos convertidos en 1933 y entre 35/44. Más pequeño que Niell, Buonanotte y Moralito.

El año que mayor gasto hicimos para campeonar en primera (1947) nos fuimos al descenso con Adolfo Pedernera a la cabeza. La noche del partido más grande jugado por Atlanta en toda su historia (29-12-82) el torpe botín de Enrique Hrabina arruinó el inicio de un mito en manos de Cassé, el mudo arquero de Temperley que dejó sin habla a toda la popular bohemia en el Tomás A.Ducó, y que luego obligó a que le mostráramos nuestros aplausos cuando aceptó venir a Villa Crespo. Y también el gordito Bernardo incitando a la violencia contra Dellacassa y depositándonos en la noche de los tiempos. Y también dirigentes que hicieron proezas con cinco mangos. Y otros que hicieron mierda millones de mangos…

Sin estaciones intermedias, sin grises y sin matices. Regalamos un ascenso en nuestra casa en el 2003 cuando un anónimo maderazo viajó hasta Junín con un título que merecíamos. Fuimos los mismos que hicimos echar (y bien que lo hicimos) a dos picapiedras como López-Cavallero, pese a que el equipo lideraba las posiciones en el torneo de la B en el 83, después de 30 fechas y cuando faltaban 12. La popular ubicó en el banco al Toto Lorenzo y ese ascenso a primera (el último) fue realidad. Una, dentro de tanta locura poco creíble.

Es Atlanta. Es lo que hubo. Es lo que hay ¡Salud!

Volver a inicio>>>


Enrique Martín

El autor
Enrique Martín tiene 54 años y vive en el barrio de Balvanera. Es periodista, escritor y autor de la novela Bohemios.

Correo de lectores:
Nombre:

E-Mail:

Mensaje:

 

Está terminatemente prohibido usar material de esta página sin permiso previo. Ante la duda consulte por mail. Todos los derechos reservados 99/00©. Fecha de inicio: 1/6/1999 sentimientobohemio.com.ar® (usuarios.arnet.com.ar/gasgel) es una página registrada en propiedad intelectual. Buenos Aires, República Argentina . Resolución mínima recomendada: 800 x 600. INTENTARON IMITARNOS, JAMAS NOS IGUALARON...