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Martes
29 de noviembre de 2005. La AFA vuelve a mofarse del sentido
común y de los hinchas que encima trabajan, y fija una fecha
un día laborable por la tarde. A Atlanta le toca jugar en Caseros
con Estudiantes. Venía de ser vapuleado 3 a 0 por Los Andes,
así que el pronóstico deportivo y de concurrencia de público
no es muy halagüeño. En el andén de la parada Chacarita, que
parece clamar por el cambio de nombre, esperando el tren hasta
Caseros, me encuentro con Peñita, quien se dirigía solo, a los
92 años, a la cancha, a despecho de resultados. Viajamos juntos,
desgranando recuerdos del Bohemio y tejiendo ilusiones sobre
un pronto retorno al barrio y a tiempos mejores. Luego caminamos,
él apoyándose en su bastón, pero a un ritmo increíble, las seis
cuadras de la estación Caseros a la cancha de Estudiantes. Al
ratito, ya estaba cómodamente ubicado en la popular.
Quedó
pendiente un reportaje, que lamentablemente nunca podrá hacerse.
Las dos veces en que lo llamé entresemana no se sentía muy bien.
Eso sí, al sábado siguiente aparecía por la cancha.
Es
que se lo veía allí donde Atlanta jugara. En Humboldt era infaltable;
por supuesto, le quedaba muy cerca, ya que Peñita vivía en la
calle Villarroel. Pero cuando el público podía acompañar a su
equipo fuera de Villa Crespo -¿se acuerdan de aquel tiempo?-,
allí estaba firme él con su bastón, su simpatía y su amor y
apego por los colores.
No
importaban la distancia, ni el estado del tiempo, ni los achaques
de la edad. Y no exagero: Manuel Peña, que nos dejó el día de
las elecciones, el 28 de junio, a los 96 años, tenía un sentimiento
bohemio indiscutible. Pero lo acompañaba con un compromiso militante,
que para él significaba estar de cuerpo presente en toda cancha,
desafiando su edad cronológica. Y lo hizo hasta hace poco no
más, apenas escasos meses, cuando su cuerpo le empezó a decir
basta.
Haydée,
la señora que lo cuidó en los últimos cuatro años, se emociona
recordándolo simplemente como alguien "bueno y divino". Entre
llantos, dice que le desobedecía y se iba a la cancha igual.
"Espero que le hagan el minuto de silencio que se merece en
algún partido", pide.
A
Peñita a veces lo invitaba algún vecino a ir a la cancha en
auto, pero él no se hacía problema: si no lo llevaban, para
eso había colectivo o tren, e incluso el micro de "los pibes",
al que en alguna ocasión se subía, no obstante sus noventa y
pico años.
Manuel
Peña nació en la Argentina el 28 de diciembre de 1912. Cuando
tenía dos años sus padres se fueron a vivir a España. Volvió
al país en 1930, a la edad de 17. Desde entonces abrazó la causa
bohemia. Se hizo socio en 1944.
Recién
en la década del sesenta tuvo alguna participación en la vida
política del club: en 1964 fue vocal suplente y, al año siguiente,
vocal titular en comisiones directivas encabezadas por el tándem
Kolbowski-Motta. En 1965 y 1966 integró la Subcomisión de Básquet
Femenino. Y, a partir del 1.º de enero de 1969, como socio activo
n.º 685, pasó a ser socio vitalicio.
En
la faz laboral, Manuel Peña fue comerciante. Tuvo en sociedad
una gran cantidad de negocios, generalmente ligados con la actividad
gastronómica, entre ellos, varios conocidos.
Peñita
se fue. Es muy difícil saber si era el socio e hincha de Atlanta
vivo de mayor edad. Sí es seguro que lo era entre quienes siguen
fielmente al equipo a todos lados. Ahora, satisfecho pues su
corazón aguantó hasta que Atlanta volvió a su Villa Crespo luego
de tres años de exilio y con tribunas nuevas, Peñita seguirá
sentado quién sabe en qué tribuna popular, con sus manos apoyadas
sobre el puño de su bastón, sufriendo y gozando con Atlanta.
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