AÑO X - NÚMERO 300 / Lunes 20 de julio de 2009
CORREO DE LECTORES
Lo impublicable
PADRE RAUL PERRUPATO

Con motivo del ascenso a primera de nuestro clásico rival, se me ocurrió escribir algo, “impublicable”, sabiendo desde ya que casi ningún hincha de fútbol estará de acuerdo.
Tengo grabadas, desde mi niñez, en mi memoria, escenas de esa antigua rivalidad.
Recuerdo una vez, en la década del 40, estar tomando la leche después de un partido , en la confitería del club, y presenciar como unos hinchas de Chacarita subidos a la pared que daba a Humbold, rompían a ladrillazos las puertas de vidrio que daban al interior de la sede.
Otra anécdota, más simpática si se quiere, en la cancha de Chacarita, un año que estábamos por descender, nos tiraron un pobre pato con la camiseta de Atlanta, como una burla. Pero ese día ganamos, y con esa mascota salvadora ganamos después cinco partidos seguidos y nos salvamos del descenso. Fue es pato salvador que después guardamos embalsamado en una vitrina de la sede. Ahora entro directamente en el argumento de esta nota.
En el año 1994 me tocó acompañar a los soldados argentinos que participaban de las fuerzas de paz de las naciones unidas, en la isla de Chipre.
Ahí, recorriendo los pueblos destruídos por la guerra entre turcos y griegos, pudimos palpar los horrores de ese “monstruo grande que pisa fuerte” (era impresionante ver esos pueblos fantasmas, abandonados precipitadamente por sus habitantes, y poder espiar todavía, a través de las ventanas, la mesa tendida con los platos, los juguetes de los niños esparcidos por el piso).
Pero lo que más me impresionó fue escuchar a los griegos y a los turcos que esa guerra, entre ellos, no fue negocio para ninguno de los dos pueblos enfrentados, sino para los ingleses.
La guerra es siempre un negocio, es verdad, pero nunca para los que se pelean, sino para los otros.
Y yo, como cura, tengo que decir, con una mirada de teólogo, que sí , seguro que la guerra es siempre un negocio para el Otro, con mayúsculas, el Maligno, al que Jesús denominó el “príncipe de este mundo”.
Tal vez, por ese motivo, el soldado “funebrero” que en los picados de fútbol que se armaban allí jugaba con la camiseta de Chaca, como yo con la de Atlanta , decidimos al terminar la misión en Chipre intercambiar nuestras camisetas, como un compromiso chiquito pero concreto y sencillo por la paz.
¿Para que sirve la violencia y la guerra entre las hinchadas? ¿A quién benefició el desubicado que tiró la madera en el partido contra Sarmiento de Junín?
Tal vez mi voz, suene en el desierto, pero no importa,
Una cosa es la rivalidad, que es un lindo condimento del fútbol, otra cosa es la enemistad, la agresión, el odio.
Hasta en los partidos de fútbol del seminario armábamos los desafíos en base a la rivalidad: los que eran de Boca contra los demás, los porteños contra provincianos, etc. pero los seminaristas nunca pensábamos que éramos enemigos.
Me da mucha pena leer en los “chats” de algunas páginas web partidarias palabras agresivas, insultos, enfrentamientos, violencia verbal… aunque también se los puede escuchar en la platea.
El compromiso por la paz en este mundo dividido, comienza por pequeños gestos de respeto por las personas, aunque sean nuestros rivales.
Basta de puños amenazantes. Siempre la mano tendida, como quiero hacerlo ahora, para felicitar a nuestros eternos rivales, por su ascenso a primera.

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Perrupato en Chipre con un soldado de la fuerza de paz, en 1996


Perrupato en la Misa con el Papa en Sydney, Australia, el 20 de julio de 2008, cuando concelebró la Misa con llevando puesta la camiseta de Atlanta.

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