|
Con
motivo del ascenso a primera de nuestro clásico rival, se me
ocurrió escribir algo, “impublicable”, sabiendo desde ya que
casi ningún hincha de fútbol estará de acuerdo.
Tengo grabadas, desde mi niñez, en mi memoria, escenas de esa
antigua rivalidad.
Recuerdo una vez, en la década del 40, estar tomando la leche
después de un partido , en la confitería del club, y presenciar
como unos hinchas de Chacarita subidos a la pared que daba a
Humbold, rompían a ladrillazos las puertas de vidrio que daban
al interior de la sede.
Otra anécdota, más simpática si se quiere, en la cancha de Chacarita,
un año que estábamos por descender, nos tiraron un pobre pato
con la camiseta de Atlanta, como una burla. Pero ese día ganamos,
y con esa mascota salvadora ganamos después cinco partidos seguidos
y nos salvamos del descenso. Fue es pato salvador que después
guardamos embalsamado en una vitrina de la sede. Ahora entro
directamente en el argumento de esta nota.
En el año 1994 me tocó acompañar a los soldados argentinos que
participaban de las fuerzas de paz de las naciones unidas, en
la isla de Chipre.
Ahí, recorriendo los pueblos destruídos por la guerra entre
turcos y griegos, pudimos palpar los horrores de ese “monstruo
grande que pisa fuerte” (era impresionante ver esos pueblos
fantasmas, abandonados precipitadamente por sus habitantes,
y poder espiar todavía, a través de las ventanas, la mesa tendida
con los platos, los juguetes de los niños esparcidos por el
piso).
Pero lo que más me impresionó fue escuchar a los griegos y a
los turcos que esa guerra, entre ellos, no fue negocio para
ninguno de los dos pueblos enfrentados, sino para los ingleses.
La guerra es siempre un negocio, es verdad, pero nunca para
los que se pelean, sino para los otros.
Y yo, como cura, tengo que decir, con una mirada de teólogo,
que sí , seguro que la guerra es siempre un negocio para el
Otro, con mayúsculas, el Maligno, al que Jesús denominó el “príncipe
de este mundo”.
Tal vez, por ese motivo, el soldado “funebrero” que en los picados
de fútbol que se armaban allí jugaba con la camiseta de Chaca,
como yo con la de Atlanta , decidimos al terminar la misión
en Chipre intercambiar nuestras camisetas, como un compromiso
chiquito pero concreto y sencillo por la paz.
¿Para que sirve la violencia y la guerra entre las hinchadas?
¿A quién benefició el desubicado que tiró la madera en el partido
contra Sarmiento de Junín?
Tal vez mi voz, suene en el desierto, pero no importa,
Una cosa es la rivalidad, que es un lindo condimento del fútbol,
otra cosa es la enemistad, la agresión, el odio.
Hasta en los partidos de fútbol del seminario armábamos los
desafíos en base a la rivalidad: los que eran de Boca contra
los demás, los porteños contra provincianos, etc. pero los seminaristas
nunca pensábamos que éramos enemigos.
Me da mucha pena leer en los “chats” de algunas páginas web
partidarias palabras agresivas, insultos, enfrentamientos, violencia
verbal… aunque también se los puede escuchar en la platea.
El compromiso por la paz en este mundo dividido, comienza por
pequeños gestos de respeto por las personas, aunque sean nuestros
rivales.
Basta de puños amenazantes. Siempre la mano tendida, como quiero
hacerlo ahora, para felicitar a nuestros eternos rivales, por
su ascenso a primera.
Volver
a inicio>>>
|
|