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"Muchachos:
ustedes tienen que agarrar esta oferta. Si no se mueren, están
todos quebrados. La única que los puede salvar es la empresa".
Salón de la AFA. Reunión de la mesa de la Primera B metropolitana.
Algún lunes de marzo de 1993, mierda que pasaron los años. Más
o menos éstas fueron las palabras que pronunció, con su verba
y convicción acostumbrada, Ernesto Cherquis Bialo. El por entonces
Gerente operativo de Torneos y Competencias consiguió con ese
y otros argumentos, todos ellos humillantes, que los directivos
de los clubes de la divisional aceptaran la televisación de
un partido los domingos al mediodía por una míseras migajas.
No le creas al hoy vocero de la democratización del fútbol.
No le creas nada. Es un mercenario.
Pero no es el único que acomodó su discurso de acuerdo al patrón
que le pagara su salario o a las variaciones en las posiciones
de la patronal. Hay muchos otros que fueron antityc y que luego
se maravillaron por el mundo de la televisación, cambiando de
opinión de un día para otro. Fernando Niembro viró de fervoroso
opositor al monopolio en Las voces del fútbol por Radio
Libertad a acomodado sidonjulista con De una en La Red,
e inventó con su socio Marcelo Araujo la Escuela Superior de
Ciencias Deportivas, una empresa de nombre presuntuoso que se
dedicó a fabricar en serie muñequitos aptos para la sumisión
al poder: Gustavo López, Sebastián Vignolo o Juan Carlos Pasman,
entre muchos otros; todos excelentes padres de familia, diría
Nimo, pero al fin periodistas educados para ser funcionales
al poder establecido. A Don Niembra se lo escucha nervioso por
estos días.
De aquella reunión a la que asistimos con Fabio Cámera tengo
un registro inolvidable en la memoria.
Fueron muchos años de pelear contra ese poder no sólo monopólico,
sino dictatorial. Mientras la abrumadora mayoría de los periodistas
deportivos estaban en la empresa o soñaban con estar ahí, otros
pequeños grupetes no estuvimos porque lo elegimos así. Preferimos
laburar de otra cosa antes que arrodillarnos o trabajar en otros
medios afines colando notas piolas pero aceptando con resignación
que había cuestiones de las que no se podía hablar.
Estas dos décadas de dictadura fueron pesadas. Toda dictadura
que cae merece un festejo estruendoso y una o varias borracheras
con amigos y familia. Este caso, de todas maneras, es peculiar,
como siempre en el mundo del fútbol argentino: ha caído la dictadura
pero no el dictador. Don Julio nos tiene a todos agarrados de
los huevos, debemos admitirlo. No sólo atiende una de las principales
franquicias del negocio del fútbol, sino que es el vicepresidente
de la casa matriz. Desde allí se encarga de decirnos, cada vez
que alguien intenta moverlo de su sillón vencido por el paso
del tiempo, que la FIFA desafilia a las asociaciones intervenidas
por sus Estados nacionales; es decir que lo que debería hacerse,
que es sacarlo a patadas en el culo vía intervención estatal,
no se puede llevar a cabo por esa extorsión: imaginate quién
se haría cargo del costo político de que nos desafiliaran y
nos impidiesen jugar un mundial, por ejemplo. Otra opción sería
un levantamiento interno, pero los clubes, al menos por ahora,
siguen atados económicamente a Viamonte como los pobres a sus
punteros y no se ven Gámez o Chebel a la vista. Una tercera
variante sería el tiranicidio…, pero es una broma; a ver si
a alguno se le ocurre hacerlo y termino, como el perejil que
soy, acusado de ser el autor intelectual.
No sé si habrá sido como publicó Noticias http://www.perfil.com/contenidos/2009/08/14/noticia_0021.html,
que a Grondona lo apretaron desde el gobierno con sus simpáticas
declaraciones juradas ante la AFIP para que le quitara el negocio
a Torneos y Clarín. Es probable, suelen manejarse de esa manera.
Es difícil saber lo que viene lo que viene. Vamos a esperar
una semana más para escribir sobre eso.
Lo único que quiero anticipar es que el gobierno tiene una oportunidad
incomparable para, si quiere, redistribuir la riqueza en el
fútbol reordenando el reparto del dinero recibido por la tele.
Ahora, tomando el caso de la primera división, los más grandes
reciben mucho más dinero que el resto. Cobran más porque tienen
más hinchas y ganan más campeonatos; pero, veinte años después,
para mí ya es al revés: son los que más hinchas tienen y ganan
más campeonatos porque reciben más guita y arman mejores equipos.
No parece que esto vaya a cambiar, tampoco nos ilusionemos con
una revolución, porque estamos lejos de vivir una y en el 2001,
cuando pudimos intentarla, nos asustamos tan sólo por pensarlo.
Volvamos con los medios, nuestros queridos y libertarios medios
de comunicación. A mediados de 2000 el hoy gobernador de Chubut,
Mario Das Neves, era diputado nacional. Desde su banca denunció
a Julio Humberto Grondona por administración fraudulenta e infracción
a la ley penal tributaria. Un notición: uno de los tipos más
poderosos del país acusado por delitos graves. La denuncia la
hacía un diputado nacional. Había un testigo clave -Raúl Cortés,
que fue chofer y cadete para entregas sucias de Torneos y Competencias-
que aportó datos por los menos interesantes. Y un juez federal,
Juan José Mahdjoubian, que tomó la causa. Casi nadie lo publicó.
Sólo Víctor Hugo Morales y César Francis; Gonzalo Bonadeo, desde
el corazón del imperio, un aplauso para él; Marcelo Larraquy;
Ezequiel Fernández Moores; Gustavo Veiga; y, desde la revista
El Tablón, Diego Hernández, Daniel Mames y yo. Nadie más desde
los medios masivos, aunque sí algunos otros desde medios alternativos.
Estoy seguro de algo: Clarín no dijo nada. Por el contrario,
y como ya había sucedido con el ex juez Roberto
Marquevich, quién osó detener a Ernestina Herrera de Noble
por la causa de sus hijos Felipe y Marcela http://laretaguardiaam770.blogspot.com/2009/07/clarin-desafina-los-hijos-de-noble-son.html
y terminó destituido, Mahdjubian
corrió la misma suerte tras una investigación de Telenoche,
el programa justiciero del grupo. No digo que las causas de
las destituciones fueran inventadas; pero lo llamativo es, que
si un juez incomoda al poder, termina siendo desplazado de su
cargo por razones que, seguramente, podrían hacer caer a otros
jueces, que como no se meten con ningún poderoso, siguen ahí,
en sus juzgados.
Hoy, enfrentado al gobierno y traicionado por Don Julio, Clarín
escribe a
favor de la democratización en la AFA.
Hay que estar preparado para que ocurra, en el fútbol postorneos,
un reacomodamiento de los periodistas del poder similar al que
se dio tras la caída del menemismo. Asistiremos al reciclamiento
de muchos que no sólo callaron durante estos años de estafa
mayúscula, sino que vivieron de ese poder corrupto. Van a saludar
emocionados al nuevo orden, que podrá ser mejor o quizá otra
estafa contra la cual habremos de pelear, pero ellos se presentarán
como defensores de la libertad y del fútbol para todos. Es más,
dirán para todos y todas, que suena más lindo e inclusivo. Los
que nacimos antes que google y nos mantuvimos firmes en la denuncia
permanente contra el negocio espurio, tenemos la obligación
de recordar quién es quién. Y, también, tenemos derecho a estar
desbordados por la felicidad. Levanto la copa, entonces, para
brindar por la caída. Y por un deseo: que lo que venga no sea
la misma mierda con distinto olor.
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