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La
verdadera historia de los clubes de fútbol, sin ninguna duda
ha sido escrita por los jugadores que han pasado por sus filas.
Si bien hemos hecho historia en " la era futbolística " debemos
hacer hincapié en la época del cincuenta y seis al sesenta y
ocho, donde han pasado una pléyade de deportistas difícil de
recordar toda la lista ,pues han sido numerosos. Pero trataremos
de entrevistar a algunos.... si los ubicamos. Por dónde andarán
¡ Carlos Griguol fue el primero, vino de Córdoba, tuvo una larga
trayectoria en Atlanta y muy fecunda hasta que se hizo técnico
abandonando el fútbol y también con gran éxito.
Luego lo siguió su primo Mario Griguol quien siguió su carrera
en River. De Mario nunca me voy a olvidar: jugaba Atlanta con
Boca en cancha de estos últimos. Seguramente el centro has de
los xeneises tuvo una mala tarde, la cuestión es que el brasileño
Dino Sani, tal era su puesto fue bailado toda la tarde por el
puntero bohemio; parece que sus nervios no le dieron más y en
un momento dado en una jugada entreverada Dino le dio una trompada
que le sacó a Griguol dos dientes. Siguieron viniendo jugadores,
libres que pasaban la última etapa de su vida deportiva, Conde,
Zubeldía, Sánchez Lage a quién mi padre le dio la oportunidad
de terminar su carrera en el Real Madrid, se comentaba que después
fue un enlace entre el peronismo y Perón durante su estadía
en España y también ayudante de campo en el Real. El " toto
" Galvanese, ya mencionado, transferido al Genoa, Italia, Etchegaray
había sido transferido a River, luego lo fue Bonczuk con el
" loco " Gatti a River. Gatti fue un personaje de antología,
todo un revolucionario en el arco, audaz hasta el extremo con
atajadas impresionantes y de categoría asombrosa, pero con goles
que le han hecho que nos hacían sonreír. Es innegable que ha
quedado en la historia del balompié. El uruguayo Walter Roqué,
un wing con unas agallas nunca vistas. Una vez jugó todo un
partido con la cabeza vendada. De Sanzo y Simeone jugaron tal
vez sus últimos partidos en el lado derecho de la línea media.
El loco De Zorzi le hizo ganar un montón de partidos a nuestro
equipo con sus innumerables " caídas " en los áreas penales
rivales. El desfile de arqueros fue interminable, de la mano
del maestro Spinetto :Errea vino de Sacchispas, nunca me voy
a olvidar el día que lo trajo don Victorio a su primera entrevista
con mi padre en el bar del gordo Paley, al lado de nuestro negocio.
Parecía un estudiante de secundaria con su saco azul cruzado
y los botones dorados. Enseguida fue transferido a Boca. Hoy
me he enterado con pena que acaba de fallecer, una pérdida a
sus jóvenes 62 años.
Luego vinieron en el cuidado de la valla: el loco Gatti ya mencionado,
Biasuto, transferido a Rosario Central, Caffaro, quién al poco
tiempo siguió su carrera en Italia, Bertani, de Mendoza, quién
regresó a sus pagos, Sánchez y otros. El iniciador de esta lista
fue el gordo Rocha quién había venido de River. Lo llamábamos
" la vaca voladora " por su peso desmedido. Excelente arquero
y más excelente persona. Nuin había venido de River para su
puesto de full-back en el pase de el petiso Etchegaray, tenía
un cuerpo impresionante, no cualquiera se acercaba al área,
y si lo escuchabas hablar parecía una nena por su voz finita,
pero la patada más baja te la daba encima de las cejas. Nunca
me voy a olvidar, jugaba Atlanta con River en cancha de Rácing.
Nuestro técnico era Osvaldo Zubeldía. En el equipo de nuestro
rival ocasional estaba uno de los mejores jugadores que dio
el fútbol argentino: Ermindo Onega. Antes de comenzar el partido,
en la charla de rutina con indicaciones de mucho conocimiento
técnico, como era habitual, entre otras cosas, Zubeldía, al
dirigirse al plantel lo encaró directamente a Nuin, el técnico
también tenía voz de nena, aunque distaba mucho de serlo. Diálogo:
" cuando empieza el encuentro, Nuin, ya sabés lo que tenés que
hacer ". En el comienzo mismo el zaguero recorrió todo el campo
y le dio un " patadón " tan feroz que yo creí que había terminado
con la vida de aquél. En todo el encuentro Onega ni se acercó
a nuestra área chica. Lamentablemente los dos nos han abandonado
hace muchos años. Nuestro zaguero víctima de su afición por
la bebida.
Del tablón, de la barra brava y de los alambrados surgió un
chico en las inferiores: " pichino " Carone, el rey de la picardía.
Conocía un montón de cosas particulares de los rivales y no
dejaba de aprovecharlas para ponerlos nerviosos metiéndoles
una chanza en el transcurso del encuentro. A Montaño, que había
integrado las mejores formaciones del Huracán de otra época
lo cargaba insistentemente con su ojo de vidrio. Del arquero
nuestro Errea que jugaba en Boca se decía que su mujer era una
dama de vida disipada, así que pichino cada vez que lo enfrentaba
no dejaba de acercarse y meterle alguna frasecita socarrona
como: " qué estará haciendo tu señora ahora ". Yo creo que muchos
jugadores han usado sus trampas en los encuentros, todo con
un solo efecto. Sacar ventaja.
Alguien debería hacer una investigación sobre este tema:" las
trampas en el fútbol" Un día mi padre trajo un chico de San
Rafael, Mendoza: se llamaba Roberto Salomone. Tenía una característica
muy especial: tomaba la pelota en cualquier lugar de la cancha
y como un toro arremete a la capa del torero, Roberto iniciaba
una corrida fulminante derecho hacia delante con la cabeza gacha
y parecía que no paraba nunca. Había un hincha que venía con
su señora a ver los partidos, y en cuanto se producía la jugada
empezaba a gritar sin parar: " huye Salomone ". A raíz de esto
le pusimos un nuevo nombre: huye Salomone. Desde entonces lo
nombramos siempre así. Y lo identificamos al hincha por siempre.
De Rufino, Santa Fé era el Eber Mastrángelo. Una ciudad cerealera,
pequeña y pobre, con la plaza al centro y la vuelta " al perro
". Sin embargo los rufinenses tenían motivos más que de sobra
para estar orgullosos. De allí era el gran Bernabé Ferreira,
que hiciera época en la década del treinta como centro foward
de los millonarios. Decían que Bernabé se entrenaba desde niño
colocando un sombrero sobre un poste de alambrado y pateando
la pelota hasta voltearlo. También de Rufino era Amadeo Carrizo,
pero no muy recordado porque él se había olvidado de su ciudad
natal cuando se hizo famoso. La cuestión que el Eber era la
tercera esperanza de Rufino. Con el vino la alegría a Atlanta,
siempre chanceando con una sonrisa en su rostro. Cada jugador
una historia, un mundo diferente, la mayoría complicados, difíciles
de tratar. Había que tener pelotas para hacerlo, y mi padre
las tenía, pero también tenía la ductibilidad de un padre, de
un conductor, un dirigente que sabía comprender a sus jugadores
y también sabía ponerse fuerte cuando la ocasión lo requería.
Y aflojar cuando era necesario para lograr un objetivo. Siempre
tratando de cumplir con la palabra dada. Importante para obtener
el esfuerzo de los hombres en el campo de juego, que siempre
se brindaban al máximo. Tal vez eso ha sido el factor preponderante
del éxito de esa temporada más gloriosa que vivió la divisa
bohemia en esos años de satisfacción deportiva perteneciente
a la salud intelectual de todos, por eso de " mens sana in corpore
sano ".Y eso fueron los jugadores bohemios que pasaron raudos
con la incorporación de esa premisa a su mente y a su corazón,
y que seguro al haberlo incorporado a sí mismo lo han llevado
y lo llevan por siempre. Nunca olvidarán esos años vividos,
ni nosotros tampoco.
En fín, siempre suenan en mis oídos las palabras de la gente:
"si tu viejo se levantara de la tumba, se volvería a morir".
Siguieron surgiendo jugadores, el " nano " Gandulla era el gran
maestro en las inferiores, y surgían y luego se desparramaban
por todos lados con la capacidad de manejo humano de mi padre
que hizo que éstos acrecentaran la fama de club hacedor de cracks
que tuvimos en gran cantidad, y que luego perdimos. Pero la
fama no fue puro cuento y aún perdura.
Jorge Kolbowski
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Leon Kolbowski en su despacho presidencial en el club. Sobre
la pared, un cuadro de Quinquela Martín que años
después desapareció. Foto gentileza Jorge Kolbowski.
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