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¿Y
quién recuerda ahora del gordo Antonio Poggi, que metió mil
goles en las inferiores y en la reserva, y terminó tapado por
Artime sin la posibilidad de ofrecerse como el 9 que Atlanta
necesitaba si Luisito se iba (como se fue) a la aparición de
una oferta convincente. El Gordo jugó sólo seis partidos en
primera, metió un par de goles y terminó comandando el ataque
de San Telmo, ahí sí, con buena compañía para pelear el ascenso,
especialmente la del petiso Pablo Sigifredo Ramón Collazo, quien
finalmente aterrizó como 8 de Atlanta en una delantera de chiquitos,
donde él era el primero de la fila.
Y
qué no decir del flaco Norberto Monteleone, integrante de aquella
"tercera que mata", donde su cañón izquierdo hizo estragos,
pero apenas jugó cuatro en el círculo superior… (qué gilada…)
sin poder romper la red, como le gustaba, y como lo hizo casi
un centenar de veces ¡ también en San Telmo!, donde pasó a ser
un goleador histórico inamovible, devenido luego en eficaz sindicalista
de Futbolistas Argentinos Agremiados. Le pegaba con un caño
y no pudimos disfrutarlo.
Y
en la lista de desilusiones, cuántas lágrimas costó aquella
fractura de Juan Carlos Monje en una reserva de Atlanta-River
en Villa Crespo, con el consiguiente paso a la eternidad futbolística
del delantero, querido y mimado por los tempraneros de la tribuna
y en aquel puñado de encuentros (5) con los grandes de la primera.
El ruido de huesos se escuchó hasta Warnes, igual que cuando
la Momia Gutiérrez estrelló su cabeza contra la de la Bruja
Verón en el medio de la cancha, y los dos terminaron inconscientes
en la misma pieza de hospital, hasta que reaccionaron y se hicieron
amigos.
Eduardo
Lendoiro no se lastimó (demasiado) pero su calidad de alta escuela,
la que obligaba a prescindir del almuerzo dominguero o a parar
el mundo del mediodía cuando el viejo canal 7 transmitía las
terceras, todo ese talento, quedó en la nada de la nada, hasta
que muchos años después fue descubierto como entrenador. Un
desperdicio de cuatro partidos en primera. Igual que su compadre
Pazos, que con el 9 en la espalda también amenazó al cuete y
se quedó en cebita.
El
colmo de los colmos, para nosotros, fue sin embargo Juan Carlos
Montes, exquisito centromedio que hizo un vuelo rasante por
el club, pasó por Chaca y terminó siendo capitán del primer
Newell´s campeón en el 74, con Zanabria y Obberti. Pero más
que eso, fue el tipo que un día de octubre de 1976 le dijo a
Diego Maradona "andá y jugá", como un técnico de Argentinos
similar a Cristóbal Colón.
Y
bueno también es cierto que Norberto Madurga fue el sucesor
indiscutido de Rattin. Un Muñeco que sólo apreciamos en tercera
y que siempre pasa a saludar y a agradecer por los favores bohemios,
trepado a un taxi que poco tiene que ver con su casamiento en
la Confitería del Molino, cuando era crack xeneize y las cámaras
le sonreían.
Un
día, por si fuera poco, supimos que Carlos Napolitano, el padre
de Pappo, jugó como defensor un solo partido en el torneo del
33 en la primera de Atlanta. Otro día, allá por los 60, fuimos
rivales de Eduardo Bazarbachian en un campeonato por plata en
los restos de la cárcel de Las Heras. Ese turco se llevó todos
los porotos. Jugó una sola vez en el "primer equipo" (otra gilada…)
y metió dos goles que aun recuerdan los memoriosos, aunque no
interese que el anonimato lo haya convertido en apostilla. Pero
debe tener el record. Seguro.
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La
famosa Tercera de 1965, aquella a la que quienes vivían cerca
de la cancha iban a ver, luego se marchaban a sus casas para
almorzar mientras jugaba la Reserva, para después volver al
estadio a ver la Primera. Parados, de izq. a der.: Abel Pérez,
Miguel Bertani, Héctor Galíndez, ?, Juan Manuel Vizoso, Santos
Escobar, Carlos de la Iglesia, ? Agachados: ?, Cittadino,
Norberto Madurga (capitán), Carlos Pazos, Eduardo Lendoiro
(subcapitán) y Ricardo Lima. (Gentileza Edgardo Imas.)
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