AÑO X - NÚMERO 308 / Lunes 15 de septiembre de 2009
ENRIQUE MARTIN, DE MEMORIA
Mas de lo mismo
Efímeros ilustres.
POR ENRIQUE MARTIN

Los recuerdos se borronean, se destiñen, se diluyen. Especialmente para el que sólo cuenta con la memoria, y se excusa de visitar el archivo. Este escribiente ya no es periodista porque reniega de la profesión que ejerció durante casi tres décadas. Es más, le da vergüenza el periodismo de hoy, no los periodistas, aunque sí muchos de ellos, incluídos algunos con los que compartió la fragua de la redacción. Entonces, pedimos disculpas -si cuadra- por decir que el pibe Monje se fracturó contra River, pero no en primera, sino en reserva. Acaso los lectores, insisto, no entiendan, que esta sección se denomina "De memoria". Y la memoria falla, se sabe. Lo lamentamos mucho. Pero preferimos comernos algún garrón que recurrir al facilismo de los papeles. Cuando se nos acaben los recuerdos de Atlanta, le dejaremos este espacio a alguien que no se equivoque nunca, pero que tal vez no conozca el milagro del punto y coma. Será justicia.

Ahora evocamos, con el envión del anterior envío, lo que dejó aquella tercera increíble. Bah, apenas una que otra anécdota que se perdió en el tumulto. Bertani se murió. Abel Pérez (campeón en primera con Chacarita) y Madurga, pasaron a Boca sin que los disfrutáramos en primera. Así era Don León. Hacía buenos negocios para Atlanta, pero a veces nos quitaba el dulce de leche. Dicen algunos (jamás suscribiremos algo sin pruebas) que fue él quien salvó del descenso a Chacarita en aquel recordado partido del 67 (67 ¿no?), cuando el entretiempo de Villa Crespo convirtió un 2-0 en 2-3. Bueno, así habría sido la historia. Pero Don León no fue Masci. Es decir, ustedes me entienden ¿O no?

Y no me acuerdo de Escobar, pero sí de Galíndez, guapo y metedor en la defensa, porque sus parientes Ernesto y Héctor eran amigos míos en la primera adolescencia. Y cómo no recordar a Carlitos De la Iglesia, un virtuoso volante central proveniente de Villa Soldati, que sí lució en en el cuadro superior, je. No como el pobre Vizoso, que el día que debutó (67 ¿no?) nos comimos cinco contra Lanús en la vieja canchita de tablones sureños que hoy es todo cemento gracias a dirigentes que Atlanta nunca tuvo. Y que además presumen de cuidarnos como sobrinos a partir de esta temporada. Qué vamos a hacer… Aquella tarde también funcionó el cemento de los albañiles Ángel Silva y el paraguayo Bernardo Acosta ¡Pobre Vizoso! Justo él, que la rompía en la tercera. Y volvimos en tren con la tristeza. Y con los hermanos Olivetto, el boxeador y el otro, que pusieron nocaut a varios granas en la estación, que si no, todavía estamos en el andén…

De Cittadino recordamos unas corridas fenomenales por el andarivel derecho; de Pazos poco y nada, porque se desinfló en su fragilidad. De Lendoiro, su excepcional habilidad y sus lesiones, y del puntero izquierdo Lima, el anonimato total. Bueno, era la tercera…y nos acostábamos a las seis para estar en la cancha a las doce.

En aquel tiempo teníamos catorce años. También nos interesaban las chicas del básquet, los bailes en el primer piso de la sede. Y hasta la forma de hacer crecer a Atlanta redoblando la apuesta de Don León. El club se politizó en serio. Y finalmente, en el 69 (¿si?) la fórmula Altamura-Tarica desbancó al caudillo. Algunos dicen que por aquella historia de Chacarita. Pero yo no me acuerdo ¿Y?

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Octava División de Atlanta, en 1962, en la cancha auxiliar. El primero a la izquierda, entre los parados, es Raúl Héctor Barcia, masajista y delegado. El tercero a la izquierda, entre los inclinados, Héctor Raúl Barcia, capitán, hijo del anterior. (Gentileza Edgardo Imas.)

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Enrique Martín

El autor
Enrique Martín tiene 54 años y vive en el barrio de Balvanera. Es periodista, escritor y autor de la novela Bohemios.

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