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Los
recuerdos se borronean, se destiñen, se diluyen. Especialmente
para el que sólo cuenta con la memoria, y se excusa de visitar
el archivo. Este escribiente ya no es periodista porque reniega
de la profesión que ejerció durante casi tres décadas. Es más,
le da vergüenza el periodismo de hoy, no los periodistas, aunque
sí muchos de ellos, incluídos algunos con los que compartió
la fragua de la redacción. Entonces, pedimos disculpas -si cuadra-
por decir que el pibe Monje se fracturó contra River, pero no
en primera, sino en reserva. Acaso los lectores, insisto, no
entiendan, que esta sección se denomina "De memoria". Y la memoria
falla, se sabe. Lo lamentamos mucho. Pero preferimos comernos
algún garrón que recurrir al facilismo de los papeles. Cuando
se nos acaben los recuerdos de Atlanta, le dejaremos este espacio
a alguien que no se equivoque nunca, pero que tal vez no conozca
el milagro del punto y coma. Será justicia.
Ahora
evocamos, con el envión del anterior envío, lo que dejó aquella
tercera increíble. Bah, apenas una que otra anécdota que se
perdió en el tumulto. Bertani se murió. Abel Pérez (campeón
en primera con Chacarita) y Madurga, pasaron a Boca sin que
los disfrutáramos en primera. Así era Don León. Hacía buenos
negocios para Atlanta, pero a veces nos quitaba el dulce de
leche. Dicen algunos (jamás suscribiremos algo sin pruebas)
que fue él quien salvó del descenso a Chacarita en aquel recordado
partido del 67 (67 ¿no?), cuando el entretiempo de Villa Crespo
convirtió un 2-0 en 2-3. Bueno, así habría sido la historia.
Pero Don León no fue Masci. Es decir, ustedes me entienden ¿O
no?
Y
no me acuerdo de Escobar, pero sí de Galíndez, guapo y metedor
en la defensa, porque sus parientes Ernesto y Héctor eran amigos
míos en la primera adolescencia. Y cómo no recordar a Carlitos
De la Iglesia, un virtuoso volante central proveniente de Villa
Soldati, que sí lució en en el cuadro superior, je. No como
el pobre Vizoso, que el día que debutó (67 ¿no?) nos comimos
cinco contra Lanús en la vieja canchita de tablones sureños
que hoy es todo cemento gracias a dirigentes que Atlanta nunca
tuvo. Y que además presumen de cuidarnos como sobrinos a partir
de esta temporada. Qué vamos a hacer… Aquella tarde también
funcionó el cemento de los albañiles Ángel Silva y el paraguayo
Bernardo Acosta ¡Pobre Vizoso! Justo él, que la rompía en la
tercera. Y volvimos en tren con la tristeza. Y con los hermanos
Olivetto, el boxeador y el otro, que pusieron nocaut a varios
granas en la estación, que si no, todavía estamos en el andén…
De
Cittadino recordamos unas corridas fenomenales por el andarivel
derecho; de Pazos poco y nada, porque se desinfló en su fragilidad.
De Lendoiro, su excepcional habilidad y sus lesiones, y del
puntero izquierdo Lima, el anonimato total. Bueno, era la tercera…y
nos acostábamos a las seis para estar en la cancha a las doce.
En
aquel tiempo teníamos catorce años. También nos interesaban
las chicas del básquet, los bailes en el primer piso de la sede.
Y hasta la forma de hacer crecer a Atlanta redoblando la apuesta
de Don León. El club se politizó en serio. Y finalmente, en
el 69 (¿si?) la fórmula Altamura-Tarica desbancó al caudillo.
Algunos dicen que por aquella historia de Chacarita. Pero yo
no me acuerdo ¿Y?
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