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No
soy yo, sino el lector Mario Di Bona, el que asegura que fue
por orden de don León Kolbowski que Atlanta salvó del descenso
a Chacarita en aquel tristemente recordado partido de 1967 en
Villa Crespo, cuando un cómodo 2-0 en la primera etapa se transformó
en derrota 2-3 por obra y gracia de García Cambón y de algo
extraño que ocurrió en el entretiempo. No tenemos certezas como
nuestro amigo, pero sí recordamos el ambiente de consternación
que generó aquel resultado, cuando se anticipaba un verdadero
carnaval tras mandar a Chaca al tacho de basura de la primera
B, una especie de manjar de los dioses. No fue así. Y la historia
siguió escribiéndose.
Qué
no decir de lo que pasó doce años después, cuando los dos primos
marcharon a la guillotina junto con Gimnasia, en aquella increíble
definición ordenada por don Julio para que los equipos cordobeses
ingresaran al fútbol grande por la ventana. Así fue: un cuadrangular
de la muerte con tres descensos, donde sólo zafó Platense, y
bienvenida a Talleres, Instituto, Racing o el que fuera de la
Docta, sin pasar por el tamiz de los certámenes de ascenso.
En el torneíto siniestro, Chacarita le jugó a Atlanta como al
peor enemigo (bah, como tiene que ser). E incluso con una emboscada
criminal incalificable, de la mano de la policía de San Martín,
que aquella tarde permitió el ingreso de lanzas de metal, disfrazadas
de astas de bandera. Y al final, los dos equipos cayeron juntos,
y también Gimnasia.
Años
después, el Funebrero remendó sus errores cuando su representante
en AFA, en 1991, votó en contra de la idea de desafiliar a Atlanta,
al estar quebrada la institución. Varios clubes no estuvieron
de acuerdo y nos pusieron la soga al cuello (remember El Porvenir…).
Acaso en aquel gesto noble y tardío, haya quedado zanjado el
favor (¿o la agachada?) del 67 ¿Quién lo sabe? Tal vez algún
otro lector interesado en la historia. De todos modos, nada
de esto puede modificarse. Han prescripto todos los plazos.
Kolbowski está muerto, García Cambón ya no juega y el presidente
Zuccotti (el de las lanzas) también pasó a mejor vida. Lo que
queda es la bronca contenida de algunos y la evocación piadosa
de los otros.
Si
don León hizo lo que dicen que hizo, el Cielo lo juzgará. Por
el momento, estamos embarcados en que los jueces, y no el Santísimo,
se ocupe de otros presidentes de Atlanta, aun vivos, vivos de
tantas viveza, que además de enterrar a nuestro club también
se quedaron con medio parque Tres de Febrero -bosques de Palermo-
gracias a su amistad con dictadores del Proceso o intendentes
corruptos, y utilizan el predio para explotar un club de ricos,
cuando ese lugar (público y gratuito) debiera poblarse de los
chicos porteños que no tienen acceso a divertimentos pagos,
ya que le pertenece a la Comuna y no un grupo de empresarios
de pro. Las denuncias le llueven a ese ex presidente de Atlanta.
Y parece que en breve su historia (tantos años ocultada, adrede
o por ignorancia) saldrá a la luz. En el archivo de Sentimiento
Bohemio existe material de sobra para empaparse sobre el tema.
A menos que uno se niegue a saber, como nos negamos alguna vez
a investigar la historia del entretiempo del 67. Y ahora la
memoria no nos sirve para mucho.
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