AÑO X - NÚMERO 310 / Lunes 28 de septiembre de 2009
JORGE KOLBOWSKI Y LOS RECUERDOS DE SU PADRE
Todo sobre mi padre
Jorge Kolbowski, hijo del Gran León, está escribiendo un libro sobre la vida y obra de su padre y comparte esta semana con los lectores de Sentimiento Bohemio otro de los capítulos de esperada obra: "De periodistas y técnicos, vivos y muertos".

Conversación con Diego Lucero

Yo: Hola don Diego, se acuerda de mí, mi padre nos presentó en una cena en la Ciudad Deportiva de Boca. ¡Como extraño sus notas en el diario Clarín!
Lástima que ya no esté entre nosotros.
Con perdón de los demás, y conste que los hay y hubo muy buenos en su profesión, ud. Fue, es y será el mejor. Recuérdeme algunas de sus notas geniales de la época de mi padre.
Don Diego: para vos Jorge.
Atalanta fue una diosa mitológica que en el Olimpo,-que era el café-concert donde se reunían a escabiar los dioses olímpicos- la tal Atalanta tenía fama de retrechera. O hablando en otros términos, se hacía la Magallanes. Y un día, asediada por los fiolos que querían conquistarla para hacerla laburar con farol colorado, la cusifay que tenía pierna atlética y el ánimo dispuesto, hizo un trato con los pretendientes: empezó a correr y a tirar manzanas, algo así como la manzana de la tentación. Los que la quisieran, que no hicieran caso de la fruta y la siguieran corriendo. Pero con lo carolinas que están ahora las manzanas, los cosos de la persecución se paraban a chapar las pomonas y así se salvó Atalanta de que su destino fuera fulero porque cuando miró para atrás no quedó ni uno de los Donjuanes que se la afilaban. Esto se lo contó a la Ciriaca, el gordo Samuelito Yankilevich que en el Atlanta Fobalclú es uno de los que forman fuerte y se ponen con un buen montón de guita cuando por el clú de los bohemios de Villa Crespo hay que tapar algún buraco en el presupuesto.
¡ Los bohemios de Atlanta ¡ Es el refugio tablonero de los artistas, Florencio Parravicini fue uno de sus hinchas máximos y de Osvaldo Miranda no te digo niente. Es de los que cuando, si por pura casualidá pierde Atlanta, piensan que la vida no tiene razón ni sentido y pierde el sueño y el apetito y no quiere “ ni comer pan a manteles ni con la reina folgar “. Atlanta viejo y peludo que vos también sos azul y oro. Un día, cuando empezó el profesionalismo, estos locos de Villa Crespo quisieron traerse nada menos que a todo el equipo de los celestes de Uruguay, cuando aquellos y nosotros en fulbol éramos una cosa seria. Todo el equipo de los “ celestes 2 con Nazazzi, Scarone y el “ Manco Castro “. La operación cuando ya estaba todo arreglado, fayó por un detalle: los del Atlanta ofrecían a los palomos un kilo “ é “ yerba per cápita por semana y los yoruguas pedían dos kilos. Andando el tiempo, al Atlanta lo cachó un día León Kolbowski –León no sólo en el nombre sino también en los hechos-
Y fue el primero que hizo para los diareros y charletunes de la radiola, un palco como la gente para expansión y laburo, mientras los clubes más bacanes para chamuyeta, puras promesas y para los que le hacemos el caldo espeso y la publicidad gratarola, los pomposos “ palcos de periodistas “, a dichos y charletas los apilan.
Publicado en Clarín el 12 de abril de 1977.

Angel Lapresa. Ni técnico ni periodista. Sólo jugador allá a lo lejos.

Y que jugador, que hombre de bien.
Hace apenas setenta y cinco años recaló en la Boca desde Italia.
Y allí se quedó.
“ Anyula “ para los que lo quieren bien, para sus familiares y para los pasados un poco en años en este barrio tan especial. Este hombre de ochenta años formó su hogar y allí se quedó sin moverse del vecindario “ xeneise “.
Desde hace muchos años dirige la mutual “ San Martín “ muy cerquita de su domicilio en Almirante Brown al setecientos.
Cuando sale a la calle es frecuente oír las voces de simpatía que lo reconocen y lo saludan cálidamente.
No es para menos, al tratarlo trasunta una hombría de bien excepcional. En el año treinta y ocho comenzó a jugar en la quinta de Boca ascendiendo sucesivamente de categorías hasta que en el año cuarenta y dos integra la primera división como suplente del atómico Boyé en ese inencontrable equipo con Vaca, Marante y Valussi, Sosa Lazzati y el “ leoncito “ Pescia, Boyé, Corcuera, Sarlanga, Gandulla y Emeal.
En el cuarenta y tres Boca lo cede a préstamo y en el cuarenta y cuatro Atlanta paga por su pase definitivo quince mil pesos, así que no fue el mayor de diez mil el que se decía pagado luego por Pedernera. Lo interesante de acotar en esto es que su paso por la divisa bohemia le significó un recuerdo imborrable para él y para los que lo vieron jugar. Su puesto de wing derecho en un conjunto para los melancólicos repetido casi invariablemente durante los años cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco, cuarenta y seis formado por: Carletti, Cruz y Vedia, Bertarelli, Espinosa y Aguirre, Lapresa, Zito “ la bordadora “, Agnolín, Rodríguez y Rossell dejó un recuerdo de un equipo fuerte y casi imbatible en el cual las veloces corridas de Anyula y el centro rasante a la cabeza de Agnolín hacían temblar a los arqueros.
De allí surgió un cantito que se oyó durante años y alguno recuerda hoy en día: “ tira la piola, tira el piolín, centro de Lapresa y gol de Agnolín “. Aunque este hombre de pausado hablar y voz muy suave no perteneció a la época de oro de mi padre me pareció muy justo agregarlo a esta historia. Y es como si lo hubiera sido
Unos pocos meses en el cuarenta y siete y desavenencias en el acuerdo contractual con Atlanta lo alejó por un breve período y fin de una carrera deportiva terminada mucho antes del final tras un breve paso por Gimnasia y Esgrima de La Plata . Las autoridades se olvidaron de mantener a un buen valor a sus jóvenes veinticinco años en pos de un equipo de estrellas que le costó bien caro y a la postre mandó a la divisa bohemia en el cuarenta y siete al descenso.
Sólo recuerdos.

De una conversación sostenida con Angel Lapresa y su amable esposa Josefina en el domicilio de ambos.Hoy lamentablemente desaparecido.

26 de junio del 2003.

Con Adolfo Mogilevsky.

No, con Adolfo no hubo charla. Me recibió una mañana de apuro en su Instituto de la calle Camargo 231 en Villa Crespo. Le plantée que quería tener una conversación sobre su trayectoria en Atlanta y algo más sobre su carrera profesional. Salió casi corriendo aduciendo que tenía que acompañar a su señora, luego de tener una cita previa me dejó parado con la promesa de que me iba a preparar “ algo “ sobre sus trabajos anteriores y me dejó con la promesa de que en unos días yo iba a recibir, intuí, ese “ algo “-
Adolfo actualmente cuenta con ochenta y siete años y dirige junto a su esposa la actividad de su centro de rehabilitación en la mencionada dirección. Campeón de lucha libre en mil novecientos cuarenta y preparador de luchadores en el club Macabi por aquellos tiempos su vida profesional se birfucó en dos sentidos: la preparación física y la rehabilitación locomotriz. En el cincuenta y dos estuvo con Banfield en futbol, siempre en la preparación física en una campaña antológica que casi lo lleva al campeonato de primera división.
Adolfo está escribiendo actualmente la historia de su campaña profesional, y según me manifestó iba en este momento por la página ciento nueve.
De cualquier manera nada pudiera resumir en unas pocas o muchas carillas su trascendencia profesional en los dos órdenes de su actividad. Yo creo que la mayor relevancia la tuvo las tres veces que se acercó a Atlanta como un revolucionario de la preparación física. La iniciativa de arrojar flores a los espectadores por parte de los jugadores al salir a la cancha arrojó infinidad de sonrisas en la década del cincuenta y sesenta. Su ascendencia sobre los deportistas fue relevante, y muy respetado sobre todo. La disciplina era rigurosa y fuerte para jugadores que no conocían un pasado inmediato por la poca atención que nunca le prestaron los técnicos, y eso hizo en gran parte prevalecer la gestión de Atlanta en sus campañas rutilantes de esa época. Los bohemios superaban ampliamente a sus rivales en sus piques , corridas, corridas partiendo de una posición inicial estática, en el forcejeo y en otros vaivenes del encuentro que Adolfo no me dejaría seguir sin su consabido: “ no, esto no es así, sino así, así y así “. Difícil opinar sobre un metier que este hombre dominó tan bien.
De cualquier manera este profesional excepcional pasó repetidamente por Atlanta en la década del cincuenta y del sesenta y después de uno o dos intentos de dirigir algunas instituciones como preparador físico o como técnico se alejó del fútbol para dirigir desde entonces con mucho éxito su instituto de rehabilitación.
Finalmente días pasados me llamó una de sus secretarias y me comunicó que había a mi disposición unas líneas escritas del propio Adolfo:” Hace unos días vino a verme el hijo de Don León Kolbowski. Está escribiendo un libro sobre el padre y quiere que yo le proporcione algunos detalles de mi relación con él cuando yo estaba en Atlanta. Corría el año 58. Yo estaba de vuelta de Stoke Mandeville, Inglaterra, donde habíamos disputado los Juegos Paraolímpicos, y después del certamen nos habíamos ido en viaje de estudios a varios países de Europa, para terminar en la quinta Macabeada en Israel donde fui asesor del equipo argentino. No contento con ese periplo volvimos a los Estados Unidos siempre para ver novedades en mis dos profesiones. De manera que estaba con una deuda importante sobre mis hombros. Mantenía mis cargos en la Escuela de Mecánica, el Colegio Militar y el I.N.E.F.. Por otra parte estaba comprometido con mis socios en Super. Y para mí, entrenar era un asunto que llevaba tiempo. No era cuestión simplemente de hacerles hacer gimnasia, correr o cuidar la disciplina. De manera que, en principio, no acepté la propuesta. Pero Don León no se resignaba así nomás, así que insistió, haciéndome una oferta ,que si bien era interesante, no cubría mis asiraciones. Estábamos en este tira y afloja, cuando me preguntó: “: ¿ Cuántos puntos cree usted que va a sacar en el año ¿. No me acuerdo cuántos, pero se conformaba con un punto por partido. Entonces me hizo una oferta propia de un dirigente inteligente. Si ganamos más que esa cifra le pagaremos lo que pida.- “ Antes de terminar la primera rueda ya habíamos sobrepasado ese puntaje. Don León me hacía acordar mucho a mi viejo. Se manejaba sin dinero, sin problemas. No se asustaba por deudas. Si bien tenía apoyo de las cooperativas, nunca le alcanzaba: Es decir, siempre sus proyectos requerían una cifra mayor que la que él obtenía. Pero inventó una cooperativa y me pagaba con cheque sobre ellas que nunca tenían fondos: Había que esperar. Las deudas siempre se pagaban. Le había dado trabajo a Carlos Griguol en su negocio: Además sensato como dirigente: Si bien en los partidos gritaba como el que más desde la platea, sabía muy bien el terreno que pisaba: En mil novecientos sesenta y dos Atlanta tenía, entre jugadores transferidos a otras instituciones valores como para formar un seleccionado. En una de nuestras conversaciones le propuse:¿ Porqué, en lugar de transferir cada año no nos proponemos ganar el campeonato ¿ Me contestó a su vez con una pregunta ¿ Cuánta plata va a ganar si salimos campeones ¿ A mí no me interesaba la cifra sino el mérito. Pero Don León, como dice la gente ahora. “ Si en la segunda rueda vamos primeros, tendremos que aumentar los premios. “ Si seguimos siendo primeros o segundos en las últimas fechas vamos a tener que darles toda la recaudación. Usted ¿Cuántas plateas se lleva a la Escuela de Mecánica para adornar a los que dejan salir a Artime, tres, cinco ¿ Va a tener que llevar diez. El doble de las que se lleva ahora la comisaría. Además nos van a pedir del Departamento de Policía, del Congreso, de la Municipalidad, con lo cual nos quedaremos sin plateas para vender. Esto se agrava cuando jugamos con los grandes. Las hinchadas nos van a romper las instalaciones. Hemos instalado baños adecuados en las tribunas. Si les ganamos, ese día no va a quedar ni uno sano. Y al final del año le pueden quedar ochenta mil pesos. Transferimos dos jugadores de cuarta división y obtenemos la misma plata “. Estaba todo dicho.

Palabras vertidas por Adolfo en junio 26-03

Diálogos, posiciones conspicuas de dos grandes en su metier. Uno todavía activo, el otro ya hace veintitrés años que nos dejó, y la diferencia de edad es mínima. Aquel cuenta con ochenta y siete jóvenes años. El otro hubiera cumplido noventa y uno. Se fue muy joven. Muy joven. Dos figuras señeras que deberían ser una guía para cualquier joven que se atreva a leer esto.
Julio 03

José María Muñoz

José María Muñoz era un periodista radial que había cobrado relevancia con sus relatos de fútbol, sobre todo por su peculiar manera de transmitir los encuentros . Digamos que era un profesional de excepcional verborragia, el prototipo de relator que se empeñaba en contagiarle a los oyentes ese gran entusiasmo por las fiestas domingueras.
Su viveza le hizo escalar los puestos de graduación de los relatores deportivos y se encaramó ya en la década del sesenta en el primer puesto que habían ocupado notables como Lalo Pelicciari, Fioravanti, tal vez el decano de todos los tiempos y que también ocuparon con natural prosapia en el periodismo futbolero escrito, gente como Dante Arrigó, Dante Panzeri con su ácida expresión insobornable de crítico inclaudicable del más popular de los deportes, el mencionado genial Diego Lucero, Juvenal, y otros.
Muñoz tenía un feeling natural con mi padre. Yo lo veía cuando venía a Atlanta a transmitir y al subir la escalera para dirigirse a las cabinas de transmisión , siempre lo encontraba dando vueltas por ahí, bah, como por todos lados y le espetaba una socarrona expresión de su sonrisa siempre presente ( el gordo era así ) : “ y, don León, todos los días un ladrillito más ¡”.
Lamentablemente su imagen se degradó como relator del mundial del setenta y ocho realizado en nuestro país y anteriores y subsiguientes transmisiones en donde sus arengas fueron sumamente favorables a la gesta dictatorial establecida en el setenta y seis. Una opinión, por supuesto discutible
El gordo, de alguna manera quedó como titular de la “ Oral Deportiva “, una audición que se transmitía por radio Rivadavia ( la más escuchada ) y que había fundado años atrás Edmundo Campagnale, hecho que se produjo al deceso de éste último. Pero mal o bien: “ su imagen trascendió “.

Y de Técnicos...

La década de cincuenta vió desfilar una escueta fila de profesionales , sabihondos del balompié, la figura máxima fue la de don Victorio Spinetto, que había iniciado sus pasos en Vélez Sarsfield, su venida a nuestro club bohemio en el cincuenta y seis significó una productiva trayectoria de un maestro por antonomasia.
Fue un “hacedor” de arqueros. Era capaz de agarrar un poste y transformarlo en un gran “atajador”.
Lo demostró la larga lista que salió de Atlanta, sobre todo del 56 al 63: Errea, Gatti, Biasutto, Cafaro, Bertani, Sánchez, hasta “la chancha voladora” Rocha que había venido de River nos brindó grandes satisfacciones, y otros.
También fue formador de defensores, y grandes delanteros se formaron de su mano:: Carlos Griguol, Artime, Gonzalito, Mario Griguol, y tantos otros que siguieron el viaje destinado a los grandes “cracks” de todos los tiempos requeridos por los clubes que solicitaron sus servicios. También Osvaldo Zubeldía salió de Atlanta, fue un técnico “vivo” e inteligente para este quehacer que supo insuflar a sus dirigidos y ex compañeros en un principio la tradicional viveza criolla que lo caracterizó y lo acompañó hasta su temprana muerte en Colombia. Spinetto y Zubeldía fueron grandes en su profesión. El primero fue un formador. Sabía enseñar y corregir errores. “Agachate y sacá la pierna de atrás para rechazar una pelota”, metele el codo al delantero en un “corner” ( tiro de esquina), buscale el perfil al delantero contrario cuando avanza, etc, etc
El otro, en cambio fue un estratega, y también sabía indicarle a nuestros jugadores cuando había que “dar la primera patada y a quién,al comenzar y al finalizar un encuentro”, y otras cosas, pido disculpas.
Otros profesionales tuvieron la ocasión de dirigir a nuestros equipos con variada suerte: Giúdice, Florencio Doval, Fonda, Luis Ferreira, Luis Cardozo y sigue….. , sin olvidar al inolvidable “Nano” Gandulla, maestro de futbolistas adolescentes.

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Leon Kolbowski en el momento de la firma de Mogilevski. Foto gentileza Jorge Kolbowski.

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