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Conversación
con Diego Lucero
Yo:
Hola don Diego, se acuerda de mí, mi padre nos presentó en una
cena en la Ciudad Deportiva de Boca. ¡Como extraño sus notas
en el diario Clarín!
Lástima que ya no esté entre nosotros.
Con perdón de los demás, y conste que los hay y hubo muy buenos
en su profesión, ud. Fue, es y será el mejor. Recuérdeme algunas
de sus notas geniales de la época de mi padre.
Don Diego: para vos Jorge.
Atalanta fue una diosa mitológica que en el Olimpo,-que era
el café-concert donde se reunían a escabiar los dioses olímpicos-
la tal Atalanta tenía fama de retrechera. O hablando en otros
términos, se hacía la Magallanes. Y un día, asediada por los
fiolos que querían conquistarla para hacerla laburar con farol
colorado, la cusifay que tenía pierna atlética y el ánimo dispuesto,
hizo un trato con los pretendientes: empezó a correr y a tirar
manzanas, algo así como la manzana de la tentación. Los que
la quisieran, que no hicieran caso de la fruta y la siguieran
corriendo. Pero con lo carolinas que están ahora las manzanas,
los cosos de la persecución se paraban a chapar las pomonas
y así se salvó Atalanta de que su destino fuera fulero porque
cuando miró para atrás no quedó ni uno de los Donjuanes que
se la afilaban. Esto se lo contó a la Ciriaca, el gordo Samuelito
Yankilevich que en el Atlanta Fobalclú es uno de los que forman
fuerte y se ponen con un buen montón de guita cuando por el
clú de los bohemios de Villa Crespo hay que tapar algún buraco
en el presupuesto.
¡ Los bohemios de Atlanta ¡ Es el refugio tablonero de los artistas,
Florencio Parravicini fue uno de sus hinchas máximos y de Osvaldo
Miranda no te digo niente. Es de los que cuando, si por pura
casualidá pierde Atlanta, piensan que la vida no tiene razón
ni sentido y pierde el sueño y el apetito y no quiere “ ni comer
pan a manteles ni con la reina folgar “. Atlanta viejo y peludo
que vos también sos azul y oro. Un día, cuando empezó el profesionalismo,
estos locos de Villa Crespo quisieron traerse nada menos que
a todo el equipo de los celestes de Uruguay, cuando aquellos
y nosotros en fulbol éramos una cosa seria. Todo el equipo de
los “ celestes 2 con Nazazzi, Scarone y el “ Manco Castro “.
La operación cuando ya estaba todo arreglado, fayó por un detalle:
los del Atlanta ofrecían a los palomos un kilo “ é “ yerba per
cápita por semana y los yoruguas pedían dos kilos. Andando el
tiempo, al Atlanta lo cachó un día León Kolbowski –León no sólo
en el nombre sino también en los hechos-
Y fue el primero que hizo para los diareros y charletunes de
la radiola, un palco como la gente para expansión y laburo,
mientras los clubes más bacanes para chamuyeta, puras promesas
y para los que le hacemos el caldo espeso y la publicidad gratarola,
los pomposos “ palcos de periodistas “, a dichos y charletas
los apilan.
Publicado en Clarín el 12 de abril de 1977.
Angel
Lapresa. Ni técnico ni periodista. Sólo jugador allá a lo lejos.
Y
que jugador, que hombre de bien.
Hace apenas setenta y cinco años recaló en la Boca desde Italia.
Y allí se quedó.
“ Anyula “ para los que lo quieren bien, para sus familiares
y para los pasados un poco en años en este barrio tan especial.
Este hombre de ochenta años formó su hogar y allí se quedó sin
moverse del vecindario “ xeneise “.
Desde hace muchos años dirige la mutual “ San Martín “ muy cerquita
de su domicilio en Almirante Brown al setecientos.
Cuando sale a la calle es frecuente oír las voces de simpatía
que lo reconocen y lo saludan cálidamente.
No es para menos, al tratarlo trasunta una hombría de bien excepcional.
En el año treinta y ocho comenzó a jugar en la quinta de Boca
ascendiendo sucesivamente de categorías hasta que en el año
cuarenta y dos integra la primera división como suplente del
atómico Boyé en ese inencontrable equipo con Vaca, Marante y
Valussi, Sosa Lazzati y el “ leoncito “ Pescia, Boyé, Corcuera,
Sarlanga, Gandulla y Emeal.
En el cuarenta y tres Boca lo cede a préstamo y en el cuarenta
y cuatro Atlanta paga por su pase definitivo quince mil pesos,
así que no fue el mayor de diez mil el que se decía pagado luego
por Pedernera. Lo interesante de acotar en esto es que su paso
por la divisa bohemia le significó un recuerdo imborrable para
él y para los que lo vieron jugar. Su puesto de wing derecho
en un conjunto para los melancólicos repetido casi invariablemente
durante los años cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco, cuarenta
y seis formado por: Carletti, Cruz y Vedia, Bertarelli, Espinosa
y Aguirre, Lapresa, Zito “ la bordadora “, Agnolín, Rodríguez
y Rossell dejó un recuerdo de un equipo fuerte y casi imbatible
en el cual las veloces corridas de Anyula y el centro rasante
a la cabeza de Agnolín hacían temblar a los arqueros.
De allí surgió un cantito que se oyó durante años y alguno recuerda
hoy en día: “ tira la piola, tira el piolín, centro de Lapresa
y gol de Agnolín “. Aunque este hombre de pausado hablar y voz
muy suave no perteneció a la época de oro de mi padre me pareció
muy justo agregarlo a esta historia. Y es como si lo hubiera
sido
Unos pocos meses en el cuarenta y siete y desavenencias en el
acuerdo contractual con Atlanta lo alejó por un breve período
y fin de una carrera deportiva terminada mucho antes del final
tras un breve paso por Gimnasia y Esgrima de La Plata . Las
autoridades se olvidaron de mantener a un buen valor a sus jóvenes
veinticinco años en pos de un equipo de estrellas que le costó
bien caro y a la postre mandó a la divisa bohemia en el cuarenta
y siete al descenso.
Sólo recuerdos.
De
una conversación sostenida con Angel Lapresa y su amable esposa
Josefina en el domicilio de ambos.Hoy lamentablemente desaparecido.
26
de junio del 2003.
Con
Adolfo Mogilevsky.
No,
con Adolfo no hubo charla. Me recibió una mañana de apuro en
su Instituto de la calle Camargo 231 en Villa Crespo. Le plantée
que quería tener una conversación sobre su trayectoria en Atlanta
y algo más sobre su carrera profesional. Salió casi corriendo
aduciendo que tenía que acompañar a su señora, luego de tener
una cita previa me dejó parado con la promesa de que me iba
a preparar “ algo “ sobre sus trabajos anteriores y me dejó
con la promesa de que en unos días yo iba a recibir, intuí,
ese “ algo “-
Adolfo actualmente cuenta con ochenta y siete años y dirige
junto a su esposa la actividad de su centro de rehabilitación
en la mencionada dirección. Campeón de lucha libre en mil novecientos
cuarenta y preparador de luchadores en el club Macabi por aquellos
tiempos su vida profesional se birfucó en dos sentidos: la preparación
física y la rehabilitación locomotriz. En el cincuenta y dos
estuvo con Banfield en futbol, siempre en la preparación física
en una campaña antológica que casi lo lleva al campeonato de
primera división.
Adolfo está escribiendo actualmente la historia de su campaña
profesional, y según me manifestó iba en este momento por la
página ciento nueve.
De cualquier manera nada pudiera resumir en unas pocas o muchas
carillas su trascendencia profesional en los dos órdenes de
su actividad. Yo creo que la mayor relevancia la tuvo las tres
veces que se acercó a Atlanta como un revolucionario de la preparación
física. La iniciativa de arrojar flores a los espectadores por
parte de los jugadores al salir a la cancha arrojó infinidad
de sonrisas en la década del cincuenta y sesenta. Su ascendencia
sobre los deportistas fue relevante, y muy respetado sobre todo.
La disciplina era rigurosa y fuerte para jugadores que no conocían
un pasado inmediato por la poca atención que nunca le prestaron
los técnicos, y eso hizo en gran parte prevalecer la gestión
de Atlanta en sus campañas rutilantes de esa época. Los bohemios
superaban ampliamente a sus rivales en sus piques , corridas,
corridas partiendo de una posición inicial estática, en el forcejeo
y en otros vaivenes del encuentro que Adolfo no me dejaría seguir
sin su consabido: “ no, esto no es así, sino así, así y así
“. Difícil opinar sobre un metier que este hombre dominó tan
bien.
De cualquier manera este profesional excepcional pasó repetidamente
por Atlanta en la década del cincuenta y del sesenta y después
de uno o dos intentos de dirigir algunas instituciones como
preparador físico o como técnico se alejó del fútbol para dirigir
desde entonces con mucho éxito su instituto de rehabilitación.
Finalmente días pasados me llamó una de sus secretarias y me
comunicó que había a mi disposición unas líneas escritas del
propio Adolfo:” Hace unos días vino a verme el hijo de Don León
Kolbowski. Está escribiendo un libro sobre el padre y quiere
que yo le proporcione algunos detalles de mi relación con él
cuando yo estaba en Atlanta. Corría el año 58. Yo estaba de
vuelta de Stoke Mandeville, Inglaterra, donde habíamos disputado
los Juegos Paraolímpicos, y después del certamen nos habíamos
ido en viaje de estudios a varios países de Europa, para terminar
en la quinta Macabeada en Israel donde fui asesor del equipo
argentino. No contento con ese periplo volvimos a los Estados
Unidos siempre para ver novedades en mis dos profesiones. De
manera que estaba con una deuda importante sobre mis hombros.
Mantenía mis cargos en la Escuela de Mecánica, el Colegio Militar
y el I.N.E.F.. Por otra parte estaba comprometido con mis socios
en Super. Y para mí, entrenar era un asunto que llevaba tiempo.
No era cuestión simplemente de hacerles hacer gimnasia, correr
o cuidar la disciplina. De manera que, en principio, no acepté
la propuesta. Pero Don León no se resignaba así nomás, así que
insistió, haciéndome una oferta ,que si bien era interesante,
no cubría mis asiraciones. Estábamos en este tira y afloja,
cuando me preguntó: “: ¿ Cuántos puntos cree usted que va a
sacar en el año ¿. No me acuerdo cuántos, pero se conformaba
con un punto por partido. Entonces me hizo una oferta propia
de un dirigente inteligente. Si ganamos más que esa cifra le
pagaremos lo que pida.- “ Antes de terminar la primera rueda
ya habíamos sobrepasado ese puntaje. Don León me hacía acordar
mucho a mi viejo. Se manejaba sin dinero, sin problemas. No
se asustaba por deudas. Si bien tenía apoyo de las cooperativas,
nunca le alcanzaba: Es decir, siempre sus proyectos requerían
una cifra mayor que la que él obtenía. Pero inventó una cooperativa
y me pagaba con cheque sobre ellas que nunca tenían fondos:
Había que esperar. Las deudas siempre se pagaban. Le había dado
trabajo a Carlos Griguol en su negocio: Además sensato como
dirigente: Si bien en los partidos gritaba como el que más desde
la platea, sabía muy bien el terreno que pisaba: En mil novecientos
sesenta y dos Atlanta tenía, entre jugadores transferidos a
otras instituciones valores como para formar un seleccionado.
En una de nuestras conversaciones le propuse:¿ Porqué, en lugar
de transferir cada año no nos proponemos ganar el campeonato
¿ Me contestó a su vez con una pregunta ¿ Cuánta plata va a
ganar si salimos campeones ¿ A mí no me interesaba la cifra
sino el mérito. Pero Don León, como dice la gente ahora. “ Si
en la segunda rueda vamos primeros, tendremos que aumentar los
premios. “ Si seguimos siendo primeros o segundos en las últimas
fechas vamos a tener que darles toda la recaudación. Usted ¿Cuántas
plateas se lleva a la Escuela de Mecánica para adornar a los
que dejan salir a Artime, tres, cinco ¿ Va a tener que llevar
diez. El doble de las que se lleva ahora la comisaría. Además
nos van a pedir del Departamento de Policía, del Congreso, de
la Municipalidad, con lo cual nos quedaremos sin plateas para
vender. Esto se agrava cuando jugamos con los grandes. Las hinchadas
nos van a romper las instalaciones. Hemos instalado baños adecuados
en las tribunas. Si les ganamos, ese día no va a quedar ni uno
sano. Y al final del año le pueden quedar ochenta mil pesos.
Transferimos dos jugadores de cuarta división y obtenemos la
misma plata “. Estaba todo dicho.
Palabras
vertidas por Adolfo en junio 26-03
Diálogos, posiciones conspicuas de dos grandes en su metier.
Uno todavía activo, el otro ya hace veintitrés años que nos
dejó, y la diferencia de edad es mínima. Aquel cuenta con ochenta
y siete jóvenes años. El otro hubiera cumplido noventa y uno.
Se fue muy joven. Muy joven. Dos figuras señeras que deberían
ser una guía para cualquier joven que se atreva a leer esto.
Julio 03
José
María Muñoz
José
María Muñoz era un periodista radial que había cobrado relevancia
con sus relatos de fútbol, sobre todo por su peculiar manera
de transmitir los encuentros . Digamos que era un profesional
de excepcional verborragia, el prototipo de relator que se empeñaba
en contagiarle a los oyentes ese gran entusiasmo por las fiestas
domingueras.
Su viveza le hizo escalar los puestos de graduación de los relatores
deportivos y se encaramó ya en la década del sesenta en el primer
puesto que habían ocupado notables como Lalo Pelicciari, Fioravanti,
tal vez el decano de todos los tiempos y que también ocuparon
con natural prosapia en el periodismo futbolero escrito, gente
como Dante Arrigó, Dante Panzeri con su ácida expresión insobornable
de crítico inclaudicable del más popular de los deportes, el
mencionado genial Diego Lucero, Juvenal, y otros.
Muñoz tenía un feeling natural con mi padre. Yo lo veía cuando
venía a Atlanta a transmitir y al subir la escalera para dirigirse
a las cabinas de transmisión , siempre lo encontraba dando vueltas
por ahí, bah, como por todos lados y le espetaba una socarrona
expresión de su sonrisa siempre presente ( el gordo era así
) : “ y, don León, todos los días un ladrillito más ¡”.
Lamentablemente su imagen se degradó como relator del mundial
del setenta y ocho realizado en nuestro país y anteriores y
subsiguientes transmisiones en donde sus arengas fueron sumamente
favorables a la gesta dictatorial establecida en el setenta
y seis. Una opinión, por supuesto discutible
El gordo, de alguna manera quedó como titular de la “ Oral Deportiva
“, una audición que se transmitía por radio Rivadavia ( la más
escuchada ) y que había fundado años atrás Edmundo Campagnale,
hecho que se produjo al deceso de éste último. Pero mal o bien:
“ su imagen trascendió “.
Y
de Técnicos...
La
década de cincuenta vió desfilar una escueta fila de profesionales
, sabihondos del balompié, la figura máxima fue la de don Victorio
Spinetto, que había iniciado sus pasos en Vélez Sarsfield, su
venida a nuestro club bohemio en el cincuenta y seis significó
una productiva trayectoria de un maestro por antonomasia.
Fue un “hacedor” de arqueros. Era capaz de agarrar un poste
y transformarlo en un gran “atajador”.
Lo demostró la larga lista que salió de Atlanta, sobre todo
del 56 al 63: Errea, Gatti, Biasutto, Cafaro, Bertani, Sánchez,
hasta “la chancha voladora” Rocha que había venido de River
nos brindó grandes satisfacciones, y otros.
También fue formador de defensores, y grandes delanteros se
formaron de su mano:: Carlos Griguol, Artime, Gonzalito, Mario
Griguol, y tantos otros que siguieron el viaje destinado a los
grandes “cracks” de todos los tiempos requeridos por los clubes
que solicitaron sus servicios. También Osvaldo Zubeldía salió
de Atlanta, fue un técnico “vivo” e inteligente para este quehacer
que supo insuflar a sus dirigidos y ex compañeros en un principio
la tradicional viveza criolla que lo caracterizó y lo acompañó
hasta su temprana muerte en Colombia. Spinetto y Zubeldía fueron
grandes en su profesión. El primero fue un formador. Sabía enseñar
y corregir errores. “Agachate y sacá la pierna de atrás para
rechazar una pelota”, metele el codo al delantero en un “corner”
( tiro de esquina), buscale el perfil al delantero contrario
cuando avanza, etc, etc
El otro, en cambio fue un estratega, y también sabía indicarle
a nuestros jugadores cuando había que “dar la primera patada
y a quién,al comenzar y al finalizar un encuentro”, y otras
cosas, pido disculpas.
Otros profesionales tuvieron la ocasión de dirigir a nuestros
equipos con variada suerte: Giúdice, Florencio Doval, Fonda,
Luis Ferreira, Luis Cardozo y sigue….. , sin olvidar al inolvidable
“Nano” Gandulla, maestro de futbolistas adolescentes.
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Leon Kolbowski en el momento de la firma de Mogilevski. Foto
gentileza Jorge Kolbowski.
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