AÑO X - NÚMERO 312 / Lunes 12 de octubre de 2009

JORGE KOLBOWSKI Y LOS RECUERDOS DE SU PADRE
Todo sobre mi padre
Jorge Kolbowski, hijo del Gran León, está escribiendo un libro sobre la vida y obra de su padre y comparte esta semana con los lectores de Sentimiento Bohemio otro de los capítulos de esperada obra: "Introducción"
ESCRIBE JORGE KOLBOWSKY

A través de los tiempos en nuestro país grupos de distintas extracciones políticas, religiosas, educativas, deportivas, y tantas otras han tratado de establecer distintos regímenes de vida y de gobierno con un deseo genuino de lograr su perdurabilidad, digamos como en Europa u otras partes del mundo, donde es manifiesto que muchos sistemas con sus organizaciones internas lo han logrado.
Y hoy muchas se mantienen.
Pero en nuestro país es evidente que a través de los siglos nada se ha mantenido igual.
Desde la revolución de mayo donde antes imperaba un régimen monárquico aparentemente inmutable las cosas cambiaron y desde entonces nuestro país se convirtió en un revoltijo de ires y venires con sus jefes de turno y sus clases gobernantes. Sin ir muy atrás desde el golpe de Uriburu del treinta, pasando por los gobiernos fraudulentos de esa década, haciendo un descanso en el gobierno democrático de Ortiz en el treinta y ocho, muerto antes de finalizar su mandato, pasando por los siguientes gobiernos reaccionarios de Castillo el golpe de las mismas características del cuarenta y tres y la venida de Perón con su democracia "socialista" hasta su caída en el cincuenta y cinco, derrocado por los militares.
El gobierno de Frondizi, la democracia de Illia, el golpe militar de Onganía en el sesenta y seis, la vuelta de Perón, su muerte, de nuevo el golpe del setenta y seis de los militares hasta el gobierno de Alfonsín en el ochenta y tres.
Hasta el gobierno de Menen en el ochenta y nueve y hasta nuestros días han demostrado que hemos pasado por constantes épocas con vertiginosos cambios de políticas que han hecho un caos de nuestro país.
Nunca hubo una continuidad de mandato ni una política coherente en todos los órdenes. Es decir, para decirlo rápidamente: todo mal.
Que fue lo que faltó:
¿Capacidad de dirigencia?¿Dominó la corrupción? ¿Obsecuencia total? O todo junto?
En este maremagnum de cosas surge la figura de mi padre.
Un joven venido en el veintiocho del este de Europa, Polonia.
Era un tipo que manejaba cuatro idiomas: polaco, idish, hebreo y castellano.
Más tarde habría de aprender el más difícil de todos: el idioma de los jugadores de futbol.
Tan difícil de manejar.
El idioma polaco estoy seguro de haberlo escuchado hablar, pero después estoy más seguro que fue abandonado en casa. Motivos tendrían para olvidar.
Los polacos harían un desastre del pueblo judío. Algo realmente olvidable. Y luego serían los nazis con su "solución final" los encargados de destruir físicamente casi toda la judeidad. Algo realmente para no olvidar, ni perdonar.
El idish era al principio el idioma corriente en casa y de tanto oírlo hablar algo se me pegó. Creo que recibí mucho de mis abuelos que sólo lo hablaban.
Según un primo mío que ya cifra los ochenta y estaba todos los días en casa allá por el treinta y cinco mi padre era un parodista de primera.
Solían visitarnos los mejores actores del teatro y del vodevil judío, los cuales actuaban en teatros desaparecidos ya, en el Abasto: el Soleil y Excelsior, y en Villa Crespo el Mitre.
Estos venían de Norteamérica , sobre todo de Nueva York, la gran urbe del teatro judío .
Yo tuve la enorme satisfacción de haberlos visto actuar, siendo pequeño, a Buloff, Ben Ami, Moris Scwartz y tantos otros.
Según mi primo Isidoro, el personaje que recién nombré, y actual concejal en Palm Beach, estado de La Florida, USA, quién estaba todos los días en nuestro departamento de Pueyrredón y Tucumán en el cual mi padre ejercía su oficio de retocador de retratos y éste limpiaba el piso con viruta por cincuenta centavos, escuchaba absorto repetir las canciones y parodiar a mi padre a esos grandes artistas, siempre en idish. Después se iban al bar "León", un bar que estaba sobre Corrientes y Pueyrredón y se tomaban un té con "limenes"(limón). El té se servía en un vaso de vidrio muy delgado y se usaba el azúcar en cuadritos. El terrón de azúcar se colocaba apretado entre las muelas de arriba y de abajo y el té se tomaba de a sorbos. Así se endulzaba la infusión. Había que tener mucha cancha para que el terrón no se deshiciera al primer sorbo.(importado de Rusia).
Allí se reunía toda la colectividad ( o casi toda ). Se hacían negocios, se jugaba al dominó y se arreglaba al mundo.
Yo también recuerdo con satisfacción tararear a mi padre e incluso imitar a los grandes de la escena judía.
Otro de los idiomas que dominaba era el hebreo. Era obligado para él leer los rezos del Iom Kipur (Día del Perdón ) en hebreo. Después la comida. Todo esto, por supuesto al finalizar las veinticuatro horas de ayuno correspondientes. Una vez, según mi primo Isidoro se adelantó en dicha lectura pues el hambre acuciaba, lo cual fue obligado por mi abuelo a leerlos nuevamente desde el principio.
Mi abuelo era judío ortodoxo.
Entonces, resumiendo aparecía en escena mi padre, un personaje que se comenzaba a configurar en un mundo confundido como una figura que se iba a engendrar en el mismo pueblo y la barriada que lo rodeaba. En pocas palabras: un dirigente popular dotado de atributos necesarios para cumplir una función de suma utilidad en la sociedad. Cual es entonces la relación entre el pedazo de historia del comienzo de esta introducción y el pequeño relato de este personaje.
Yo digo que la sociedad tiene que encontrar tipos como éste, con capacidad dirigente o con condición de tal que surjan del seno del pueblo. Y realmente lo encontró.
El futuro lo demostraría.
Debe protegerlos, estimularlos, perfeccionarlos y encabezar con ellos todo tipo de organizaciones de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo.
Pero tipos que sean honestos, que convivan con la gente en todos lados y sean concientes de lo que le pasa a dicha gente y aprendan a mamar sus vivires, y también que les guste esta forma de vida y que sientan, que tengan sensibilidad y se hagan querer y respetar.
Así surgen los conductores de masas, no muy seguido.

Mayo 2003

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