AÑO X - NÚMERO 313 / Lunes 19 de octubre de 2009

ENRIQUE MARTIN, DE MEMORIA
Volver a las fuentes
La memoria...
POR ENRIQUE MARTIN

.

Luego del ascenso a primera en 1956, el objetivo de Atlanta fue 'tirarse' al campeonato mayor. Intentó una y otra vez. Vendió bien, compró bien, siempre barato. Se reforzó adecuadamente. Si se deshacía de Artime y Mario Griguol, traía a Luna, a Fernández y a Puntorero como parte del negocio. Si vendía a Gatti y a Bonczuk, venían en el paquete Puchero Domínguez y Zarich. Si después de una vida nos desprendíamos de Timoteo, llegaba Perico Raimondo como 'relleno' de lujo.

Ya en los 70, siempre con la vista puesta en el primer título (mucho más después de la consagración de Chaca en el 69) continuamos con la misma política. Y si vendimos a Biasutto, llegó en el arreglo nada menos que Carnevali. Y si un año después vendimos a Carnevali, embolsamos nada menos que a Gómez Voglino. Es decir, Atlanta sacaba ventaja de cualquier transferencia. Parecía que se debilitaba, pero era al revés. Y además, obviamente, quedaba mucha plata.

¿Cómo ocurría eso? Sencillo. Los dirigentes sabían de fútbol. Y si no sabían, llamaban a alguien que supiera. Ni Kolbowski ni Amadeo Altamura, los dos grandes presidentes de aquellos tiempos, conocían demasiado sobre lo que pasaba en la cancha, pero tenían olfato. Armaban buenas subcomisiones de fútbol, nombraban delegados pícaros y establecían cabeceras de playa en el interior. Así, de regalo, llegó Artime de Junín, llegaron Salomone y Rubén Cano, de Mendoza, etc.

Hoy los tiempos han cambiado. Gente de buena leche, buenas intenciones, absolutamente intachable en el aspecto administrativo, cree que puede manejar el fútbol así como así. Y no es fácil. El acuerdo con Lanús ya muestra lo que decimos. Mal negocio, Atlanta. Sólo por no preguntar, por creer que la voluntad, el amor por los colores y la honestidad es suficiente. El fútbol es otra cosa. Lo bueno es que siempre hay revancha. Pero hace falta una autocrítica.

Una vez Atlanta fichó al Gorrión Héctor López, que venía libre de las inferiores de River. Aquel formidable lateral izquierdo integró el equipo del 73 y al año siguiente se lo vendimos ¿a quién? ¡a River!, por veintipico de millones de esa època. Y en el 74 le dimos asilo a otro producto de las divisiones menores Millonarias, Mario Finaroli. Y el tipo casi les arruina el título del 75, cuando estaban por mojar luego de dieciocho años. No sé si me explico. Todo se hacía en base a sapiencia futbolística.

Hoy estamos en las antípodas. En la otra orilla. Y mirar para atrás, bucear en la memoria, es imprescindible para no cometer errores graves. Todo eso si queremos al Atlanta-club-de-fútbol. Si la intención es nuevamente disfrazarnos de lo que no fuimos ni somos, avisen y hablamos de otra cosa. Pero parece (bah, estoy seguro) que la gente de Atlanta sigue siendo futbolera. Lo demás es paisaje.

Como ejemplo de lo que ocurre por estos días en otra órbita. Julio Grondona, el mismo que bancó a Bilardo en el 85 cuando hasta Alfonsín lo quería echar, transformó aquella eliminatoria desastrosa en una Copa del Mundo espectacular. Tiene cosas cuestionables. Cómo no. Pero sabe de fútbol. Ahora respaldó a un Maradona incinerado por el peteperiodismo ® antes de tiempo, y el 'cadáver' nos clasificó para el Mundial -objetivo cumplido- tras una victoria que Argentina no conseguía desde hace 33 años en Montevideo. En una palabra, saben de fútbol. Como saben Verón y Bielsa, estigmatizados durante años por ejércitos de analfabetos futbolísticos, que hoy les levantan monumentos sólo para joder a los actuales timoneles.

Atlanta tiene que mirarse en espejos serios. El fútbol es un tema complicado. No es para cualquiera. Seamos humildes. Si tenemos a la gente, démosle herramientas. Si no la tenemos, busquémosla. Pero bajemos del caballo de la soberbia.

El que toca nunca baila. O, si se prefiere, no podés tirar el centro e ir a cabecear. Ah, y no hace falta gastar demasiado. Con guita, cualquiera es vivo. Creo que es una frase que patentó Don León…

Volver a inicio>>>


Enrique Martín

El autor
Enrique Martín tiene 54 años y vive en el barrio de Balvanera. Es periodista, escritor y autor de la novela Bohemios.

Deja tu mensaje:


:
Nombre:

E-Mail:

Mensaje:

 

Está terminatemente prohibido usar material de esta página sin permiso previo. Ante la duda consulte por mail. Todos los derechos reservados 99/00©. Fecha de inicio: 1/6/1999 sentimientobohemio.com.ar® (usuarios.arnet.com.ar/gasgel) es una página registrada en propiedad intelectual. Buenos Aires, República Argentina . Resolución mínima recomendada: 800 x 600. INTENTARON IMITARNOS, JAMAS NOS IGUALARON...