|
ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Recuerdos
de la vieja casa
Historias
del estadio.
POR
ENRIQUE MARTIN

Día de la inaguración del mítico
estadio de madera. Foto archivo de Sentimiento Bohemio.
|
Ahora
que la vemos distinta, con sus cabeceras de cemento y su tramo
truncado permitiendo la visión desde el ferrocarril, ahora recordamos
todo lo que aquellos tablones inaugurados el 5 de junio de 1960
nos dejaron como recuerdo indeleble. Y no solamente en materia
de fútbol, que de eso siempre hablamos bastante con el el auxilio
de la memoria, esa casquivana odiada por los argentinos en general,
que por razones insondables suelen olvidar episodios de enorme
trascendencia, aunque hayan ocurrido apenas siete años antes.
Pero
este no es el caso. La cancha de Atlanta (ahora deberíamos decir
la vieja cancha) fue escenario de tantas emociones, eso, emociones,
que cualquier sobremesa de parrilla sobre la calle Thames podría
terminar a la madrugada bien subida, si intentáramos entre varios
tirar sobre el mantel las migas de lo anecdótico.
Y
sí, para mí, que siempre tuve al fútbol y al boxeo en bandera
verde de preferencias (je, lo de la verde es para esconder otra
antigua preferencia...) la canchita de Atlanta me permitió ver
en acción alguna vez, nada menos que a Muhammad Ali, sin duda
el mejor pugilista de todos los tiempos, aunque más no fuese
en una exhibición con el talentoso argentino Miguel Ángel Páez.
El ring en el centro del campo, y tanta gente en las adyacencias,
y tanta emoción, como decíamos, que el cuadrado se vino abajo
y hubo más de un contuso, entre ellos el dirigente Gaspar Bizzózzero,
quien sufrió la fractura de una pierna durante el tumulto.
En
ese teatro deportivo colocaron alguna vez un tablado de básquet
(sobre el sector de plateas de Humboldt) para que disfrutáramos
de un encuentro decisivo entre River Plate y aquel legendario
Villa Crespo de Battilana, Ferello, Ros, Mariani y Denatale,
el mismo que venció por aquella década del 60 al Real Madrid,
rey de Europa.
Y
allí también se presentó oficialmente a comienzos de 1973 la
fórmula del mentado Frejuli, integrada por Héctor J. Cámpora
y Vicente Solano Lima, que finalmente arrasó en las elecciones
del 11 de marzo y nos devolvió una vez la democracia que permanecía
de vacaciones desde el Golpe de Onganía en 1966. También permitió
que ese mismo año, tras una proscripción de dieciocho temporadas,
Perón se consagrase presidente constitucional por tercera vez.
El estadio a full y la voz cascada del "Tío" Cámpora conmovió
aquella noche a muchos jóvenes, que ingresaban en los vericuetos
de un ideario que, en algunos casos, hasta sus padres les habían
negado. Todo en Atlanta. Y en ese caso, gratis.
Muchos
lo escucharon a Joan Manuel Serrat, un artista que está más
allá de las épocas, y que desde 1970 mantiene un romance infatigable
con buena parte de la sociedad nacional. Pues bien, estuvo allí,
en la canchita.
Y
también, allá lejos y hace tiempo, actuó un grupo circense alemán,
que regaló a los ojos de los más chicos el impagable espectáculo
de un contorsionista atravesando el ancho del césped, a unos
50 metros de altura, columpiándose sobre un hilo de metal, y
socorrido sólo por una especie de bastón. Ah, y ¡sin red!
Los
rockeros de toda laya invadieron también el recinto (como diría
equivocadamente Jorge Bullrich), así como un grupo de dirigentes
bohemios invadieron el campo para intentar golpear al árbitro
Dellacassa, azuzados por un gordito desde los altavoces.
Allí
se entrenaron seleccionados extranjeros y hasta el Santos de
Pelé. Allí le robaron el bombo al Tula, el legendario barrabrava
de Central, devenido luego en tambor mayor del PJ. Allí, en
el techo de la platea, encaramado en un mástil, hizo equilibrismo
otro legendario barrabrava, pero nuestro: Miguel Amado, mejor
conocido como "Fierro".
Y
allí en la platea se concretó más de un noviazgo, se birló algún
teléfono prohibido, se escupió a Ante Garmaz, se escuchó invariablemente
durante décadas el vozarrón del socio Bruzzone calificando al
árbitro de turno como ¡Caradura..!
Desde
esa platea que atajaba los claveles rojos del equipo del 61,
se arrojó un tablón que nos dejó sin ascenso frente a Sarmiento
en el 2003. La paradoja auriazul, je.
En
esos tablones y en esas butacas compartieron más de una tarde
Roberto Eduardo Viola (hijo) y Jorge Daniel Toscano, acaso la
contracara más gráfica de un momento terrible de la Argentina.
Alguien
dijo que el cemento es frío. Y es verdad. Pero Atlanta lo llenará
con emociones, sin duda. Esperando que a las muchas que enumeramos,
empecemos a agregarles algún golcito de campo, un triunfito
contra Almirante Brown (a falta de Chaca y de All Boys) y en
poco tiempo alguna vuelta olímpica. Para columpiarnos de a poco
en la hamaca que nos deposite en primera división, como en aquellos
tiempos en los que -también- ocurrían los hechos que convertimos
luego en anécdota y en la historia que merecemos.
Volver
a inicio>>>
|