AÑO X - NÚMERO 317 / Lunes 16 de noviembre de 2009

ENRIQUE MARTIN, DE MEMORIA
Recuerdos de la vieja casa
Historias del estadio.
POR ENRIQUE MARTIN


Día de la inaguración del mítico estadio de madera. Foto archivo de Sentimiento Bohemio.

Ahora que la vemos distinta, con sus cabeceras de cemento y su tramo truncado permitiendo la visión desde el ferrocarril, ahora recordamos todo lo que aquellos tablones inaugurados el 5 de junio de 1960 nos dejaron como recuerdo indeleble. Y no solamente en materia de fútbol, que de eso siempre hablamos bastante con el el auxilio de la memoria, esa casquivana odiada por los argentinos en general, que por razones insondables suelen olvidar episodios de enorme trascendencia, aunque hayan ocurrido apenas siete años antes.

Pero este no es el caso. La cancha de Atlanta (ahora deberíamos decir la vieja cancha) fue escenario de tantas emociones, eso, emociones, que cualquier sobremesa de parrilla sobre la calle Thames podría terminar a la madrugada bien subida, si intentáramos entre varios tirar sobre el mantel las migas de lo anecdótico.

Y sí, para mí, que siempre tuve al fútbol y al boxeo en bandera verde de preferencias (je, lo de la verde es para esconder otra antigua preferencia...) la canchita de Atlanta me permitió ver en acción alguna vez, nada menos que a Muhammad Ali, sin duda el mejor pugilista de todos los tiempos, aunque más no fuese en una exhibición con el talentoso argentino Miguel Ángel Páez. El ring en el centro del campo, y tanta gente en las adyacencias, y tanta emoción, como decíamos, que el cuadrado se vino abajo y hubo más de un contuso, entre ellos el dirigente Gaspar Bizzózzero, quien sufrió la fractura de una pierna durante el tumulto.

En ese teatro deportivo colocaron alguna vez un tablado de básquet (sobre el sector de plateas de Humboldt) para que disfrutáramos de un encuentro decisivo entre River Plate y aquel legendario Villa Crespo de Battilana, Ferello, Ros, Mariani y Denatale, el mismo que venció por aquella década del 60 al Real Madrid, rey de Europa.

Y allí también se presentó oficialmente a comienzos de 1973 la fórmula del mentado Frejuli, integrada por Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, que finalmente arrasó en las elecciones del 11 de marzo y nos devolvió una vez la democracia que permanecía de vacaciones desde el Golpe de Onganía en 1966. También permitió que ese mismo año, tras una proscripción de dieciocho temporadas, Perón se consagrase presidente constitucional por tercera vez. El estadio a full y la voz cascada del "Tío" Cámpora conmovió aquella noche a muchos jóvenes, que ingresaban en los vericuetos de un ideario que, en algunos casos, hasta sus padres les habían negado. Todo en Atlanta. Y en ese caso, gratis.

Muchos lo escucharon a Joan Manuel Serrat, un artista que está más allá de las épocas, y que desde 1970 mantiene un romance infatigable con buena parte de la sociedad nacional. Pues bien, estuvo allí, en la canchita.

Y también, allá lejos y hace tiempo, actuó un grupo circense alemán, que regaló a los ojos de los más chicos el impagable espectáculo de un contorsionista atravesando el ancho del césped, a unos 50 metros de altura, columpiándose sobre un hilo de metal, y socorrido sólo por una especie de bastón. Ah, y ¡sin red!

Los rockeros de toda laya invadieron también el recinto (como diría equivocadamente Jorge Bullrich), así como un grupo de dirigentes bohemios invadieron el campo para intentar golpear al árbitro Dellacassa, azuzados por un gordito desde los altavoces.

Allí se entrenaron seleccionados extranjeros y hasta el Santos de Pelé. Allí le robaron el bombo al Tula, el legendario barrabrava de Central, devenido luego en tambor mayor del PJ. Allí, en el techo de la platea, encaramado en un mástil, hizo equilibrismo otro legendario barrabrava, pero nuestro: Miguel Amado, mejor conocido como "Fierro".

Y allí en la platea se concretó más de un noviazgo, se birló algún teléfono prohibido, se escupió a Ante Garmaz, se escuchó invariablemente durante décadas el vozarrón del socio Bruzzone calificando al árbitro de turno como ¡Caradura..!

Desde esa platea que atajaba los claveles rojos del equipo del 61, se arrojó un tablón que nos dejó sin ascenso frente a Sarmiento en el 2003. La paradoja auriazul, je.

En esos tablones y en esas butacas compartieron más de una tarde Roberto Eduardo Viola (hijo) y Jorge Daniel Toscano, acaso la contracara más gráfica de un momento terrible de la Argentina.

Alguien dijo que el cemento es frío. Y es verdad. Pero Atlanta lo llenará con emociones, sin duda. Esperando que a las muchas que enumeramos, empecemos a agregarles algún golcito de campo, un triunfito contra Almirante Brown (a falta de Chaca y de All Boys) y en poco tiempo alguna vuelta olímpica. Para columpiarnos de a poco en la hamaca que nos deposite en primera división, como en aquellos tiempos en los que -también- ocurrían los hechos que convertimos luego en anécdota y en la historia que merecemos.

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Enrique Martín

El autor
Enrique Martín tiene 54 años y vive en el barrio de Balvanera. Es periodista, escritor y autor de la novela Bohemios.

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