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JORGE
KOLBOWSKI Y LOS RECUERDOS DE SU PADRE
Todo
sobre mi padre
Jorge
Kolbowski, hijo del Gran León, está escribiendo
un libro sobre la vida y obra de su padre y comparte esta semana
con los lectores de Sentimiento Bohemio otro de los capítulos
de esperada obra: "Aquellos años felices".
ESCRIBE
JORGE KOLBOWSKY
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Pista
de baile del club, año 1936. Foto archivo SB, de
Mateo Giordano
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Ya
Villa Crespo había salido del arroyo Maldonado en los albores
de la década del treinta y las palabras del tango de Pedro Mafia:
"Quien dijo que en Villa Crespo no nació el tango" se cernían
con un fuerte resplandor sobre el bajío barrial lleno de charcos
de agua y matorrales. Años antes, iluminado, el bar de Venturita
(1) se atiborraba de milongueros al son de la música que emanaba
del palco alto donde el quinteto de la primera mujer bandoneonista
Paquita Bernardo de tan solo quince años ejecutaba el dos por
cuatro marcado por los hermanos Servidio, Mafia y Osvaldo Pugliese,
un niño de pantalón corto. Canaro hacía sonar su violín agachándose
para que el arco no golpeara el techo. No tantos años antes,
a mitades del siglo diez y nueve la caballada de Urquiza venía
avanzando rauda por "El Camino de Moreno " (2), levantando una
polvareda que no dejaba ver nada cuando doblaba por "Del Ministro
Inglés " (3) dirigiéndose a Palermo para tomar posesión de las
propiedades del Restaurador .
El
Lacroze llevaba su carga de muerte al cementerio de la Chacarita
(la Chacrita de los Colegiales según Miguel Cané) hoy plaza
de Los Andes, haciendo sonar el tan tan de su campanilla; y
por ahí el negro Celedonio Flores se encaminaba raudo al bar
" La Pura " (4) para ocupar su sitial en una mesa oscura y escribir
los versos tangueros que lo hicieran inmortal.
Todo se mezcla en mi memoria. Por Pringles y Corrientes pasaba
la columna en manifestación por la matanza de los talleres Vasena
y se tiroteaba con los ocupantes de la casa de Jesús. La librería
de Gleizer en Triunvirato al trescientos, César Tiempo, Leopoldo
Marechal y Alberto Vacarezza, el loco Fijman recién salido del
Borda. Por Triunvirato,de doble mano, los tranvías iban y venían.
En la barrera del paradero Chacarita un tipo hacía funcionar
un dispositivo que corría unas pesadas puertas las cuales se
cerraban herméticamente impidiendo el cruce hasta que el tren
pasara, y cuando estaban abiertas de todos los vehículos de
transporte que trasponían la barrera se bajaba el guarda, se
adelantaba, miraba para ambos lados y si el tren no venía le
hacía señas al que manejaba el vehículo para que avanzara. Siempre
había un cana en la barrera, siempre.
Voy
a entrar a ver si me veo tres películas de cow-boys en " La
Chinche Celeste "(5) yo se que al negro Flores no le gusta venir
a este cine, más vale me voy hasta La Pura y lo encuentro a
mi viejo sentado como siempre en la ventana y le mangueo veinte
guitas, son diez para la entrada al cine Villa Crespo,(pegado
al mismo un griego atendía un quiosco en el cual solo entraba
él, maníes pelados, semillitas de girasol y de zapallo fritos
con sal envasados en cucuruchos de papel de diario que eran
nuestra delicia; comentaban las malas lenguas que el susodicho
poseía un serie de propiedades como resultado de la venta de
estos productos) cinco de propina para el acomodador, importante
porque si no los tengo por ahí me zarandea como la última vez,
y cinco para un cacho de pizza en el "Tuñín de la Boca " (6),
como es continuado me quedo y veo seis de Tom Mix en una tarde.
A la vuelta por Gurruchaga las turcas sentadas en el suelo con
la canasta sobre sus faldas ofrecían avellanas calientes y turrones.
A la noche las odaliscas se contorneaban en el Izmir (7) del
turco Alboher. En la esquina de Julián Alvarez y Warnes observo
el ir y venir afectado de los fantasmas de Cicalessi, Pierina
Dalessi y Tomás Simari entrando y saliendo de la casona de estilo
que, todavía hoy conserva su fachada, a metros apenas un poco
después concurrían a sus habituales reuniones Luis Sandrini,
Tita Merello y la Malvina Pastorino; el troesma iniciaba su
feroz lucha por la reivindicación del Sindicato de Músicos (8)mientras
la dictadura de Uriburu borraba de un plumazo la canchita de
fútbol de Liberal Argentino que ocupaba la manzana delimitada
por Camargo, Padilla, Julián Álvarez y Aráoz, sólo por tener
ese nombre ¡Que ironía!. Pocos años más tarde mi familia vivió
en la calle Canning al cuatrocientos y nunca se fue del barrio,
yo era un niño en la década del treinta y mi padre ejercía el
oficio de retocador de retratos,(el mismo de Mao Tse Tung durante
su exilio en París ), al llegar las últimas horas de la tarde
me agarraba de la mano y salíamos a realizar nuestra rutina
diaria: el diario Crítica en el quiosco del loco "bocina" (8
),"boxeador semiamateur" al cual todos los jueves le daban la
biaba en las semifondo del Luna Park y aparecía atendiendo el
boliche de diarios llena la cara de parches , luego la caminata
por Corrientes y la inefable parada en el bar automático de
Gurruchaga y Corrientes; típicos de la época con columnas de
vidrio angostas y pisos que alojaban suculentos emparedados
de diversos gustos los cuales se movían hacia abajo al mágico
influjo de una moneda de cinco guitas, no sé por que el tipo
que estaba del otro lado me bajaba doble porción.
Ya
la década infame culminaba su trayecto con gobiernos dictatoriales
y antisemitas y la producción tanguera se diluía al son de las
orquestas clásicas de tango. El aviador Fresedo, Canaro que
todavía perduraría, los hermanos De Caro, el nombrado Mafia,
Vardaro, los cantantes de gran fuste como Corsini, Gardel el
supremo, Magaldi, Alberto Vila ,Alonso , Charlo y muchos otros.
Pero una cantidad de mujeres cantantes del dos por cuatro en
gran profusión habría de ser un signo indicativo de una época
significativa en ese medio: Tania, Libertad Lamarque, Azucena
Maizani la "Ñata Gaucha", Tita Merello, Sabina Olmos, Aída Luz,
Mercedes Simone, Nelly Omar, Rosita Montemar (9), tal vez nunca
superada. La década del cuarenta nos trae el recuerdo de carnavales
fastuosos sobre la avenida Corrientes. Palcos, el desfile de
carrozas engalanadas, los hermosos disfraces, el piso tapizado
de serpentina y papel picado se prolongaba hasta altas horas
de la madrugada en constante jolgorio hasta que el sonido de
los últimos pitos y cornetas indicaban la muerte de una noche
inolvidable, pero no por siempre, sino para imponer una pausa
perentoria y continuar al día siguiente. La aparición de grandes
orquestas de diversos tipos, en la década del cuarenta, bien
llamada la década de oro del tango, marca un hito importante
en la vida de nuestro pueblo, en todo sentido. La clase obrera
había elevado su nivel económico y la gente iba a bailar
Gente goza Juventud baila
Pueblo feliz Todos trabajan
Gobernantes cambian Situación mejora
Leyes mejores Madres paren
Lucha sindical Víctimas cobradas
Mejoras sociales Obrero veranea
Viviendas mejores País construye
Cantantes
de voz maravillosa le daban una connotación destacada a las
orquestas típicas surgidas durante esos años de bienestar. Aníbal
Troilo con Florentino, el tano Marino y Rivero, luego el polaco
Goyeneche, Carlos Di Sarli con Jorge Durán y Roberto Rufino,
también con Alberto Podestá, Juan D'Arienzo con Echagüe, Mario
Bustos y otros, Ángel D'Agostino con Ángel Vargas, Enrique Tanturi
con Alberto Castillo y Enrique Campos, y tantos otros, y otros,
y otros bajo el mágico influjo de una pléyade de poetas tangueros
que engalanaron nuestros oídos y nuestros corazones, Homero
Manzi, Cátulo Castillo, Discepolín, el negro Cele (10), en fin,
todavía hoy perduran.
¡¡¡
Que nadie se mueva!!! Hoy hay milonga en Atlanta y toca el maestro,
canta el flaco Morán, sobre el tablado de la orquesta que llega
hasta la altura de sus mentones, hombres y mujeres de toda edad
con los codos apoyados sosteniendo su intelecto se aprestan
a escuchar, arrobados, embelesados, pasmados, encandilados:"
Pasional " por enésima vez, pero: ¿Qué pasa ¿ El piano está
vacío, y sobre él un clavel rojo, a Pugliese los hijos de mil
puta de la " ESPE" (11) se lo llevaron en cana por su actividad
comunista, como tantas otras veces, pero el baile debe continuar
y el público guarda homenaje a su recuerdo, las parejas se animan,
abrazadas bien fuertes circulando alrededor de la pista como
en una cajita de música .
Esos
años me tocó hacer el secundario en el Mariano Moreno de la
calle Bartolomé Mitre; todas las mañanas cagado de frío con
mi eterno saco Stalin, tomaba el tranvía hasta el colegio y
viajaba indefectiblemente, al lado del guarda, el motorman (ambos
con su uniforme de paño negro arratonado lucían sendas gorras
con el nombre específico de la función que los caracterizaba
) pisaba el botón en el piso cuyo tan tan anunciaba el paso
del gigante de hierro eléctrico y el guarda tiraba la soga colgada
del techo para sonar la campanilla que permitiría la subida
o bajada en la próxima esquina. Los domingos había baile en
el Villa Crespo(12), y yo, agarrado al alambrado que daba a
la calle veía desfilar las parejas de bailarines que se deslizaban
bien apretados sobre el piso de baldosas del patio que también
oficiaba de pista de patinaje y cancha de básquetbol. La noche
terminaba invariablemente a la una de la madrugada al son del
disco de pasta ejecutando La Cumparsita por Juan D'Arienzo.
El
lugar más conspicuo del barrio era el café San Bernardo (13),
en cuya tarima superior las vitroleras cruzadas de gambas y
"muy observadas" esperaban la esquela con el nombre de la pieza
que deseabas escuchar, acompañada de una monedita de propina;
en esa tarima había debutado Marrone con " la gorda ", su primera
mujer legal, sus sesenta metros de salón albergaban numerosas
mesas de billar y otras de dominó y cartas. Escolazo puro. Para
entrar al café había que hacer un esfuerzo pues una densa humareda
fruto de los fasos de los parroquianos impedían la visión a
veinte… cm. Las estrellas regulares eran Ianquele y Valussi.
Ianquele perseguía a todo el mundo con su eterna pregunta: mil
cuarenta más mil cuarenta cuanto es, más veinte: tres mil. No.
Dos mil cien. Y Valussi: La estrella rutilante, vendía billetes
de lotería. En pleno verano, cuando el calor apretaba iba vestido
con un traje de casimir grueso. Era rubio, igualito al fullback
de Boca, de allí su apodo. Chueco, con un sombrero panamá, siempre
estaba dando vueltas, tenía dos notables virtudes, si lo chistabas
de atrás (chist Valussi ) no se daba vuelta aunque repitieras
mil veces el acto. Después de intentarlo vanamente sacaba un
espejito del bolsillo superior de su saco, y te miraba. Y la
otra era que si le querías comprar un billete de lotería nunca
te lo iba a entregar con la mano izquierda, ni por cien pesos
Ese bar todavía hoy subsiste.
El
trocen me conoció de milonguero empedernido en las confiterías
de moda: el Sans Souci ( 14 ), La Nobel ( 15 ), Picadilly (16
), Montecarlo ( 17 ), de lunes a lunes. Los clubes sociales
de barrio donde las madres y las abuelas llevaban a bailar a
sus descendientes femeninas todavía con su clásico vestido de
percal, aunque algunas se quedaban dormidas en su silla de vigilancia.
Pero invariablemente mis pasos se encaminaban hacia la calle
Humboldt donde se hallaba el club Atlanta (13). Pero la relación
siempre fue distinta. La pasión por el fútbol en esos años de
gloria, el ardor, el entusiasmo, la efusión y el calor, agregados
a ellos el ímpetu, la exaltación y la fogosidad eran los sinónimos
de una época inolvidable, y la figura de León Kolbowski, de
activista de mutuales de residentes a conformador de un movimiento
monstruoso de cooperativas de crédito, enderezó sus pasos a
ese club de rayas verticales amarillas y azules. Bohemios y
muertos de hambre allá por mitades de siglo supimos recibir
el impulso avasallador de un dirigente popular nacido de las
entrañas del pueblo, y para colmo: comunista. Las tribunas endebles
de maderita se movían en la vieja y gloriosa canchita de fútbol
de la calle Humboldt como viajando en un gomón cuando había
apenas un poco de gente. Y el negro invariablemente en pedo
todos los domingos en los que hacíamos las veces de local subía
por los precarios hierros en " U " de la chimenea de ladrillo
de setenta metros de alto que aún hoy subsiste, terca y erguida,
como un testigo mudo y obstinado del devenir de las épocas,
para colocar la bandera bohemia. Luego bajaba, pero al terminar
el encuentro, vuelta a subir, desatarla y vuelta a bajar. Era
un espectáculo aparte y todos permanecíamos absortos, preocupados
y embelesados observando la maniobra. Éramos herederos de dirigentes
de fuste que a principio de siglo fundaron la divisa, Los Sanz,
los Ciancio, los Corbellini y los Chisotti junto a los que los
acompañaron, fueron más valientes y capaces que nosotros, porque
supieron crear de la nada una ilusión, una quimera, una utopía,
le pusieron colores y un nombre y lograron que todas las generaciones
posteriores pudieran llegar a soñar y, algunas veces ser felices.
León Kolbowski fue el único heredero legal, fundamental y único
que junto al pueblo tuvieran la grandeza de sentirse señalados
para una tarea grandiosa, plasmar los sueños de aquellos y vindicar
las esperanzas del pueblo construyendo una serie de obras, algunas
desaparecidas, como una actividad social plena y popular, con
jardín de infantes ejemplar, vestuarios, quinchos para las familias,
dos piletas de natación, parrillas, cancha de bochas, consultorio
médico, una multitud de diez y ocho mil socios atronando con
su vocerío las instalaciones, hasta mencionar la construcción
de la cancha, suprema y sagrada obra, que al decir de mi amigo
Néstor Straimel, redactor de deportes de Clarín, todavía hoy
se ve hermosa. La cancha es un estadio de fútbol construido
en la década del cincuenta sin un peso en el bolsillo, sólo
a base de donaciones, bonos de cal y de cemento y una promesa
formal a las empresas contratadas de un pago diferido, cumplido
armoniosamente, hasta el final. Las campañas futboleras en aquellos
años fueron arrolladoras, Atlanta había formado muy buenos planteles
y era temible para los equipos grandes o chicos que ocasionalmente
enfrentaba, sus jugadores eran diestros y frontales, tal vez
un poco vehementes, (como diría el loco Corbata: Jugábamos bien
pero nos cagaban a patadas) pero todo se arreglaba cuando al
entrar al campo de juego una profusión de claveles de diversos
colores era arrojado por éstos a las tribunas. En fin, al estadio
le pusieron el nombre de León Kolbowski, y los que recibimos
esa herencia nos acostamos todas las noches con una sonrisa
en los labios y el pensamiento y los fantasmas aun deambulan
por la habitación. ¡Que época grandiosa!
En
el próximo número un manual con veinte puntos para construir
un estadio sin un mango.
Referencias:
(1) Serrano y Triunvirato, hoy Corrientes.
(2) Hoy Warnes.
(3) Luego Canning, hoy Scalabrini Ortiz.
(4) Triunvirato, hoy Corrientes, entre Serrano y Gurruchaga.
(5) Estaba en los fondos de la librería de Gleizer.
(6) Pegado al cine Villa Crespo.
(7) Gurruchaga entre Corrientes y Camargo.
(8) Camargo y Julián Álvarez, en lo de Potenza.
(9) Rosita Sprutz fue una cantante sin trayectoria de abultada
envergadura teutónica y a la cual los muchachos de la cuadra
se esforzaban por espiarla a través de su ventana de Camargo
y Julián Álvarez, sin embargo fue la primera en grabarle el
tango cantado "Recuerdo " en el año 1928 que Pugliese había
compuesto con Moreno.
(10) Esteban Celedonio Flores de Villa Crespo.
(11) Sección Especial de la Policía ubicada en los altos de
la octava.
(12) Juan B. Justo y Corrientes.
(13) Corrientes y Acevedo.
(14) Corrientes y Suipacha.
(15) Lavalle y Suipacha.
(16) Corrientes y Paraná.
(1 7) Corrientes y Talcahuano.
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