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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
El
verdadero paladar del hincha
La
pregunta que nadie se hizo.
POR
ENRIQUE MARTIN
Los hinchas de pie aplaudiendo a Gonzalez. Foto archivo
de Sentimiento Bohemio.
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Acaso
sean sólo frases hechas, pero algo de asidero tienen. Cuando
uno dice que los hinchas de River, Independiente, Huracán o
Argentinos tienen paladar futbolístico "negro", sabe de qué
se está hablando, del juego fino. Lo mismo cuando se coincide
en que los de Boca, Racing o Nueva Chicago prefieren la garra,
la entrega, la voluntad. O los de San Lorenzo, una mezcla de
las dos cosas más la contundencia goleadora
¿Y
los de Atlanta qué quisimos, qué queremos, cuál estilo nos identifica?
La verdad, no tengo la respuesta. Sólo nuevas preguntas que
espero me ayuden a resolver, aunque es difícil cuando contesta
un crisol de edades, como ocurrió con Nuestro Mejor Atlanta.
Las preferencias varían según las època. Y, lamentablemente,
los jóvenes de hoy se niegan a bucear en la historia. No sólo
los de Atlanta, sin los jóvenes en general. Así entonces es
más complicado, porque los jóvenes no sólo son imprescindibles
para este tipo de compulsa, sino para respaldar una pasión desde
la tribuna, que los más veteranos ya van dejando de lado, por
la razón que sea y con las excepciones del caso, que las hay.
Pues
bien, la gran cantidad de amigos bohemios que respondieron a
la requisitoria sobre el Mejor Atlanta, nos tiraron un montón
de nombres recordados, queridos, estudiados en los libros, idolatrados.
De todo. Ahora, ni esta pequeña encuesta, ni lo que sabemos
por haber estado y estar arroja un resultado claro sobre el
tema del paladar.
Han
sido elegidos arqueros vanguardistas, salidores, visionarios,
para nada esforzados en revolcones como Néstor Errea y Hugo
Gatti, por ejemplo. Y también 'gordos' queridos por sus increíbles
voladas en la línea, pero incapaces de cortar con los pies por
su lentitud, como Ángel Rocha y Enrique Reggi. Tal vez Daniel
Carnevali haya sido la combinación de ambos estilos ¿Pero es
ese el pàladar bohemio bajo los tres palos?
Hemos
escogido probados laterales exquisitos como Carlos Sosa y Osvaldo
Cortés, pero alguien se acordó del Negro Miguel Vignale, que
era todo esfuerzo entre los cracks del 61. Y del otro lado,
a la pulcritud de Héctor López se opuso la fiereza de Julio
Nuin y hasta el arrebato de Horacio Pizurica. Y como central
derecho, la prestancia de Oscar Clariá a la enjundia torpe de
Hugo Abdala. Y en la cueva, la seguridad de Osvaldo Gutiérrez
a la habilidad tibia de Adrián Bianchi.
Seguimos.
Ochos de potrero y pelota atada como el Manija Puntorero o Pichón
Rodríguez a locomotoras como el Chacho Cabrera (si bien en Atlanta
fue siempre más 7 que 8). Quizás Osvaldo Güenzatti resuma las
dos escuelas. Y en el medio, un batallador como Timoteo a un
pisador increíble como Perico Raimondo.
Adelante,
más de lo mismo. Motonetas como José Luis Luna o Villagra o
el Eber Mastrángelo, malabaristas como Cerqueiro, agresivos
y metedores como Omar Porté, artilleros como Paredes. En el
medio del ataque, bueno, de todos los colores. Mi amigo Osvaldo
Slipak se enojó por mi fidelidad a la Chancha Fernández, un
verdadero mago con poco gol pero con la genialidad de Bochini.
Mencionó la tromba romperredes que fue Luis Artime, sin moños
pero con pólvora; citó a Rubén Cano, pura velocidad y buena
definición, pero capaz de comerse ocho goles por partido. Habló
de Salomone, que jugaba, pero había que alimentarlo con pies
como los de la Chancha o del Manija. Así como el Pepe Castro
alimentaba al uruguayo Espala o el Narigón Torres a Alfredo
Graciani, o Cristian Castillo y el Papu Insaurralde al Pelado
Bonnet. Y para concluir, los reyes de la zurda: el ventilador
sabio de Gonzalito, más enganche que puntero; la endiablada
habilidad de Pichino Carone o la calidad sin medida de Palito
Candau.
Son
apenas unos ejemplos de lo que tal vez no sea una contradicción,
sino el alma bohemia, disconforme y discutidora del hincha de
Atlanta. Que se casó con pocos para siempre. Con algunos por
su buen pie, con otros por sus goles explosivos, con otros por
su sangre regada, con otros por su presencia en terrenos difíciles.
En fin, somos así. Y si quieren opinar sobre el tema, está abierta
la línea. Chau.
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