AÑO X - NÚMERO 326 / Lunes 1 de febrero de 2010

ENRIQUE MARTIN, DE MEMORIA
El verdadero paladar del hincha
La pregunta que nadie se hizo.
POR ENRIQUE MARTIN

Los hinchas de pie aplaudiendo a Gonzalez. Foto archivo de Sentimiento Bohemio.

Acaso sean sólo frases hechas, pero algo de asidero tienen. Cuando uno dice que los hinchas de River, Independiente, Huracán o Argentinos tienen paladar futbolístico "negro", sabe de qué se está hablando, del juego fino. Lo mismo cuando se coincide en que los de Boca, Racing o Nueva Chicago prefieren la garra, la entrega, la voluntad. O los de San Lorenzo, una mezcla de las dos cosas más la contundencia goleadora

¿Y los de Atlanta qué quisimos, qué queremos, cuál estilo nos identifica? La verdad, no tengo la respuesta. Sólo nuevas preguntas que espero me ayuden a resolver, aunque es difícil cuando contesta un crisol de edades, como ocurrió con Nuestro Mejor Atlanta. Las preferencias varían según las època. Y, lamentablemente, los jóvenes de hoy se niegan a bucear en la historia. No sólo los de Atlanta, sin los jóvenes en general. Así entonces es más complicado, porque los jóvenes no sólo son imprescindibles para este tipo de compulsa, sino para respaldar una pasión desde la tribuna, que los más veteranos ya van dejando de lado, por la razón que sea y con las excepciones del caso, que las hay.

Pues bien, la gran cantidad de amigos bohemios que respondieron a la requisitoria sobre el Mejor Atlanta, nos tiraron un montón de nombres recordados, queridos, estudiados en los libros, idolatrados. De todo. Ahora, ni esta pequeña encuesta, ni lo que sabemos por haber estado y estar arroja un resultado claro sobre el tema del paladar.

Han sido elegidos arqueros vanguardistas, salidores, visionarios, para nada esforzados en revolcones como Néstor Errea y Hugo Gatti, por ejemplo. Y también 'gordos' queridos por sus increíbles voladas en la línea, pero incapaces de cortar con los pies por su lentitud, como Ángel Rocha y Enrique Reggi. Tal vez Daniel Carnevali haya sido la combinación de ambos estilos ¿Pero es ese el pàladar bohemio bajo los tres palos?

Hemos escogido probados laterales exquisitos como Carlos Sosa y Osvaldo Cortés, pero alguien se acordó del Negro Miguel Vignale, que era todo esfuerzo entre los cracks del 61. Y del otro lado, a la pulcritud de Héctor López se opuso la fiereza de Julio Nuin y hasta el arrebato de Horacio Pizurica. Y como central derecho, la prestancia de Oscar Clariá a la enjundia torpe de Hugo Abdala. Y en la cueva, la seguridad de Osvaldo Gutiérrez a la habilidad tibia de Adrián Bianchi.

Seguimos. Ochos de potrero y pelota atada como el Manija Puntorero o Pichón Rodríguez a locomotoras como el Chacho Cabrera (si bien en Atlanta fue siempre más 7 que 8). Quizás Osvaldo Güenzatti resuma las dos escuelas. Y en el medio, un batallador como Timoteo a un pisador increíble como Perico Raimondo.

Adelante, más de lo mismo. Motonetas como José Luis Luna o Villagra o el Eber Mastrángelo, malabaristas como Cerqueiro, agresivos y metedores como Omar Porté, artilleros como Paredes. En el medio del ataque, bueno, de todos los colores. Mi amigo Osvaldo Slipak se enojó por mi fidelidad a la Chancha Fernández, un verdadero mago con poco gol pero con la genialidad de Bochini. Mencionó la tromba romperredes que fue Luis Artime, sin moños pero con pólvora; citó a Rubén Cano, pura velocidad y buena definición, pero capaz de comerse ocho goles por partido. Habló de Salomone, que jugaba, pero había que alimentarlo con pies como los de la Chancha o del Manija. Así como el Pepe Castro alimentaba al uruguayo Espala o el Narigón Torres a Alfredo Graciani, o Cristian Castillo y el Papu Insaurralde al Pelado Bonnet. Y para concluir, los reyes de la zurda: el ventilador sabio de Gonzalito, más enganche que puntero; la endiablada habilidad de Pichino Carone o la calidad sin medida de Palito Candau.

Son apenas unos ejemplos de lo que tal vez no sea una contradicción, sino el alma bohemia, disconforme y discutidora del hincha de Atlanta. Que se casó con pocos para siempre. Con algunos por su buen pie, con otros por sus goles explosivos, con otros por su sangre regada, con otros por su presencia en terrenos difíciles. En fin, somos así. Y si quieren opinar sobre el tema, está abierta la línea. Chau.

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Enrique Martín

El autor
Enrique Martín tiene 54 años y vive en el barrio de Balvanera. Es periodista, escritor y autor de la novela Bohemios.

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