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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Paladar
de fierro
Y
sigue el debate.
POR
ENRIQUE MARTIN
Gomez Voglino, un punto medio entre los "paladares".
Foto archivo de Sentimiento Bohemio.
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Nos
metimos en un lío con el asunto del paladar. Pero sabíamos que
podía ocurrir. Pasa que es muy difícil ponerse de acuerdo entre
generaciones, máxime cuando los resultados positivos no han
sido demasiados, y en definitiva lo que nos une a los bohemios
es siempre lo mismo: el amor por los colores. En eso existe
coincidencia. Todo lo demás, parece, es materia opinable. Y
no está mal. Para nada.
Hablaba
de resultados positivos y entonces tenemos que citar nuestros
títulos, nuestros logros mayores. Son los que hay. Específicamente
tres excelentes campañas en primera división (1958-1961-1973)
y nuestros cuatro ascensos, dos a la división superior (1956-1983)
y dos a la B Nacional (1990-1995). Y entonces volvemos a lo
del paladar.
Los
equipos citados tuvieron como entrenadores -mayoritariamente-
a hombres enrolados en la corriente positivo-resultadista. Osvaldo
Zubeldía, Juan Carlos Lorenzo y Jorge Castelli militaron siempre
en esas corrientes. No es que odiaran al fútbol bien jugado,
es más, se le pueden anotar más de un éxito conseguido con jogo
bonito. Pero para la opinión general, siempre serán picapiedras,
o algo -injustamente- por el estilo. El caso de Victorio Spinetto
es mixto pero más cerca de los anteriores. Nos sacó del pozo
varias veces y obtuvo lo que se necesitaba (puntos), más allá
o más acá del buen pie, del taco o del sombrero. Nos queda Jorge
Ghiso, muy querido por todos, quien también supo amalgamar lo
rústico (Macia) con lo exquisito (Pepe-Castillo). Nos queda
Salvador Pasini, inclasificable pero tremendamente sólido a
la hora de los números. Del fondo del océano de la Primera C
a un título de campeón que no fue ascenso por alguien de madera.
Su Atlanta jugaba bien o jugaba mal. Pero ponía y ganaba. Así
se simple.
Y
aterrizamos en el 73 con el gran equipo de Néstor Rossi. Sólido,
práctico, aguerrido, contundente, por momentos florido. En suma,
lo mejor de lo mejor que tuvimos, más allá de los claveles del
61. Bueno, Pipo Rossi fue clásico y hábil como jugador en la
Máquina de River, pero entre esos cracks inolvidables él era
el menos dotado. Aunque el que transpiraba más la camiseta.
Entonces, un poco de todo. Sólo que Rossi tuvo en su añorado
plantel a un hombre que acaso resuma todo lo que un hincha espera
de un equipo (casi imposible) o de un futbolista. Lo tuvo a
Juan Antonio Gómez Voglino.
'Fierro'
Gómez Voglino, máximo goleador en la historia profesional de
Atlanta, siempre jugando en primera división, señaló 69 goles
en cinco temporadas (70-74 inclusive). Algunos dicen 70 tantos.
Es lo mismo. Tenía todo: buen físico, fuerza, habilidad, garra,
extraordinaria pegada de media distancia, capacidad de mando
y de ordenador. No lo expulsaban nunca. No se lesionaba nunca.
En su perfil, que entregamos junto a otros grandes de todas
las épocas, nos detenemos en más cualidades del número 10 (nunca
fue delantero) surgido en Chacarita, con paso por Colegiales,
hincha de River y hoy trabajando y radicado en Colombia.
Si
un sueño nos colocara en la cancha a once tipos como Voglino,
no haría falta preguntar por este tema del paladar. Y más allá
de que el ideal de cualquiera es ganar-gustar-golear en todos
los partidos, los hinchas de Atlanta -seguro- tendríamos paladar
de Fierro.
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