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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Adrenalina
POR
ENRIQUE MARTIN
Momento de adrenalina, entre muchisimos otros. Foto archivo
Olé.
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Lo
del paladar es opinable, como se vio, aunque no los datos estadísticos,
que en esta columna semanal solemos obviar olímpicamente, por
dos razones que alguna vez -creo- hemos explicitado, sin que
con ello evitemos críticas merecidas por parte de quienes necesitan
siempre el dato exacto. Que quede claro; no es que no sepamos
buscarlo. Es que no queremos. Así de simple.
Y no queremos por dos cosas, que también más de una vez hemos
tratado de compartir. Primero, no tenemos tiempo. Segundo, si
lo tuviéramos, también optaríamos por la memoria a secas, naturalmente,
y especialmente porque ya no sentimos el oficio de periodista,
que ejercimos treinta años en distintos medios gráficos, radiales
y televisivos (catorce de esos años en el monopolio Clarín),
del que huímos despavoridos en 1995 cuando ostentábamos un interesante
y bien rentado cargo de secretario de redacción en la Agencia
Diarios y Noticias (DyN), una de las 254 empresitas periodísticas
de la Viuda y del guerrero Magnetto. Por todo esto, basta de
redacciones y de sanatas de periodismo independiente. Nos alcanza
y nos gusta la memoria. Lo que de todos modos no nos impide
decirle al lector bohemio que, cuando quiera, tiene a mano a
Edgardo Imas, un tipo que sabe todo, pero todo, acerca de nuestro
club, su historia y sus números. Nobleza obliga. Él dice que
Juan Antonio Gómez Voglino señaló 68 goles para Atlanta. Y entonces
son 68. Yo le creo. Y ustedes deben creerle. En esta sección
no hay exactitudes.
Así
como vivimos de la memoria y la emoción, también volvemos a
experimentar de tanto en tanto la adrenalina corriendo por el
cuerpo, gracias a Atlanta, por culpa de Atlanta, como quiera
que sea. Y…las fechas pueden ser difusas. Y aquí también los
invito a recordar cuántos y cuáles fueron los instantes más
vibrantes, más dramáticos, más tensos, en el romance bohemio
de cada uno.
Sin
orden cronológico, yo rescato estos: fines de 1973, cuando Atlanta
juega con San Lorenzo en la Bombonera el primer partido del
cuadrangular por el título de campeón Nacional (junto a River
y Central). Estábamos en la antesala de la gloria. Esa noche
igualamos 0-0 y la ilusión se deshilachó un poquito. Pero no
del todo. El sufrimiento de los 90 minutos todavía subsiste.
Lo juro. También juro que Isaac Slipak y sus dos hijos desayunaron
ese día con Lexotanil. Y también el día que perdimos con Central
y se fue todo a la mierda.
Qué
no decir de la noche de diciembre de 1982 en el Tomás A.Ducó,
con los veintipico de penales contra Temperley, que nos dejaron
sin el ascenso a primera. Los 40 grados de calor, la actuación
de Porté, las puteadas al mudo Cassé y la chamboneada de Hrabina
ya están en el inventario de la adrenalina.
Al
año siguiente, creo que 21 de noviembre '83, cuando el Narigón
Torres clava el penal de la gloria frente a Central Córdoba
en un arco del Coloso del Parque. Después ellos empataron pero
Atlanta fue campeón y retornó a primera. Por un año, pero volvió.
Y esa emoción no te la quita nadie.
Y
no hace mucho tiempo -acá creo que entramos todos- rezando y
temblando en las graderías de Tigre durante veinte minutos,
con el partido y el triunfo consumado, aguardando que San Miguel
no lo embocase al campeón Ferro en Caballito. Y no le ganó.
Y no descendimos a la C, no la estrenamos. Y después le ganamos
la promoción a Argentino de Merlo. Pero la procesión por dentro
fue en Victoria. Qué no ni no…
¿Y
el penal de Ferreiro en la cancha de Argentino de Quilmes, más
largo que el de la novela de Osvaldo Soriano? ¿Eh?
Y
cualquier triunfo apretado por un gol de diferencia frente a
alguno de los cinco grandes en Primera. Haciendo fuerza para
que transcurriese el tiempo. 1975 en el Monumental, por ejemplo.
Las dos veces contra Boca en el 61. Central en el 73. La última
victoria contra Chacarita en la A, en Villa Crespo '84, creo
que con un gol del recontraolvidado Osvaldo Mazo.
Y cuando los que te dije colgaban en la garganta de Caballito,
en el 95, mientras el Pepe, el Pelado y Castillo nos aguantaban
el alma ante Dock Sud hasta la explosión de una nueva vuelta
a la B Nacional. Otra que adrenalina…
Son
muchas, son miles. Y agrego ésta, porque la sentí en serio.
Fue hace casi un año, el 29-3-09 (la tengo clarita), la tarde
que inauguramos el cemento y el pibe Marecos quedó en el álbum
como autor del primer gol en el estadio recuperado. Bueno, y
todo lo que me olvido y que recordaré dentro de cinco minutos.
Y
lo que está por venir.
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