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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
A
mi no me marca nadie
POR
ENRIQUE MARTIN
El paso del tiempo...Fotomontaje SB.
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Es
un ejercicio de fantasía, pero no está mal volar un poco mientras
se extinguen las vacaciones. Pensar por ejemplo, ahora que resurgió
el tema de la camiseta elegida por los hinchas, pensar digo,
en cuánto más lindas serían las casacas futbolísticas -todas-
sin el horroroso aunque rentable aditamento de las publicidades,
a veces enormes carteles en el pecho, en la espalda, en las
mangas y hasta en el culo de los jugadores, como se ve habitualmente.
Futbolistas que acaso presuman ser pilotos de Fórmula Uno, con
el consiguiente salto de calidad en el bolsillo que eso conlleva,
pero que, me parece, se asemejan más a los hombres sándwich
que oficiaban de afiches humanos a comienzos del siglo veinte,
a cambio de un plato de sopa. Por lo menos en la B Metropolitana.
Esto
no involucra solamente a Atlanta, aunque nuestra camiseta ya
es un catálogo de propagandas. Cuantas más anuncios, se sabe,
menos pagan esos anunciantes, Por eso los clubes grandes-grandes
del mundo, siempre lucen un solo logo, y bastante chiquito,
porque con la marca basta, que no es lo mismo un Mercedes Benz
que la panadería La Catalana, más allá de esos pandeleches de
locura que sigue elaborando. Con el chiquitaje alcanza para
poco y nada. Pero igual creo que esos pequeños comercios, esas
pequeñas empresas, son las que realmente ayudan, porque lo hacen
sin esperar beneficios colaterales o efectos secundarios. Alguna
pasadita cuando nos transmiten por tele, y listo. Acá no hay
merchandising, Y mucho menos prepotencia de billetera, como
la del Barcelona, único club del mundo que no cobra por llevar
un logo, sino que paga (Unicef), aunque es lógico suponer que
por algún lado descargarán algún impuestito, qué va a hacer…
No
me voy a meter con los anunciantes de Atlanta porque no soy
boludo. Aportan y muchas gracias. Igual me gustaba la camisa
con botones de los años 60, limpita de reclames promocionales,
inmaculada en su azul Francia y en su amarillo huevo, con el
toque tenue de los números blancos y el bolsillito sobre la
izquierda. No recuerdo ninguna propaganda que me haya gustado
en la camiseta de Atlanta, porque no me gustan las propagandas,
menos que menos las que remiten a nombres conectados con la
explotación y hasta con el delito. Igual me quedo, como decía,
con Ferretería Don Manolo, y me resulta realmente desagradable
el cartel de Petrobras sobre la camiseta de River ¿Se dan cuenta?
River publicitando el petróleo nacional brasileño. Claro, ellos
tienen petróleo nacional, no como el nuestro, que es español
de Repsol, gracias a los '90. Y qué decir cuando Racing salía
a la cancha con el letrero del Banco Hipotecario, una joda ¿Y
San Lorenzo con el ridículo Wall Mart, que recuerda al Carrefour
que les piantó el Gasómetro? Como si Chacarita promocionara
a la cochería fúnebre de su ex presidente Salvador Zuccotti…
Para no aburrir, un ejemplo interesante, el que incluye ahora
también al hincha en la locura consumista de remeras de su club,
pero con el sponsor, para que los pibes trabajen gratis promocionando
pavadas o trampas por la calle, al precio de su amor por los
colores, que para colmo ahora aparecen desteñidos o embadurnados
por cualquier violeta, fucsia o turquesa, y que en cualquier
momento podrían convertir los colores de All Boys en los de
Chicago, problema de ellos, que nosotros tenemos los nuestros.
Atención talleristas textiles; puede ser un buen negocio confeccionar
casacas sin propaganda, por lo menos para los que sólo trabajan
para quien les paga, El problema son los jóvenes, los marqueros,
como se dice hoy, que si no tiene el logo no es lo mismo, no
está de onda, no es fashion, es un bajón, no flashea, qué giles…
Ocurrió
hace unos años con dos pibes hinchas de Estudiantes de la Plata
se encontraron en una esquina para ir a la cancha. Los dos con
la camiseta rayada rojiblanca del pincha. Una casaca tenía dos
años de vieja y otra era flamante, la del momento, El chico
de la camiseta nueva, con el logo de Bieckert, se burló del
amigo, que lucía exactamente la misma prenda, pero con el viejo
logo de temporadas atrás..
-Qué
querés, mi viejo no tiene guita para comprarme la nueva. Cuando
el banco lo estafó quedamos en la lona. Me la tengo que aguantar,
dijo el pibe de la casaca con el antiguo logo, perteneciente
al Banco Comercial de La Plata, la entidad crediticia que, como
a tantos incautos, también había arruinado a su padre, quien
como mínimo debió haber quemado esa remera, por el bien de su
hijo y con perdón de la Brujita, de Bilardo y de la garra del
león.
Me
gustaba la auriazul con botones. Pero comprendo la realidad.
Mientras no salgamos a la cancha con algún cartelón rojo/negro/blanco
a bandas verticales o alguna huevada parecida…
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