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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Los
que ponen el hombro
POR
ENRIQUE MARTIN
La popular, tablón o cemento. Los que alientan
y dejan todo pese a la categoría. Foto Fede de
Gregorio. Archivo Sentimiento Bohemio.
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¿Por
qué valen tanto los pibes que hoy siguen a Atlanta y se desviven
en su pasión, y sabemos de sobra que estarían en todas las canchas
si los visitantes pudieran volver a darle al fútbol el color
que la burocracia le quitó. Valen tanto porque ellos no conocieron
en vivo el mejor tiempo futbolístico. Las 45 (¿son más o menos?)
temporadas en primera división, los triunfos frente a Boca,
River o cualquier grande, la legión que acompañaba al equipo
rigurosamente. No vivieron el 58, ni el 61 ni el 73. Sólo sufren
el ascenso. Con todo lo que eso representa.
Cuando
se es, se es. Y ser de Atlanta, evidentemente, no tiene tiempo,
ni época, ni victoria que valga. Uno es y listo. Por eso para
estos pibes la bronca es con All Boys o con Defensores o con
Estudiantes de Caseros, y no con Chacarita o con Argentinos.
Es su mundo, pero para ellos Atlanta simboliza lo mismo que
para los que vimos otra película, con mejores actores, mejores
directores, mejores guionistas, mejor iluminación, mejores decorados
y más dinero para invertir en la producción. Pero da lo mismo.
El amor es más fuerte.
Uno
los ve embanderados, encamisetados (linda palabra…), uno los
ve con la alegría y la fe indestructibles. Y hablo de los de
la popular, mayoritariamente. Estaba por decir "del tablón",
pero a ellos el tablón se les acabó rápido y ahora trajinan
el cemento nuevo, del que son propietarios más que nadie. Los
de la platea a veces ayudan, pero nunca tanto. Acaso sea como
las clases sociales. Unos ponen el hombro y otros se quejan.
Así en el fútbol como en la vida. Aunque todos viajen en el
mismo barco. Y a veces desde los sectores más protestones y
favorecidos parte un maderazo que nos deja sin ascenso a todos,
casi como un calco de las épocas que se viven o se vivirán fuera
de los cementos y de los tablones.
Por
eso este mínimo homenaje a los que para sumar no le restan a
nadie. Los que gritan cuando ganamos y también cuando perdemos.
Que no piden la cabeza de nadie, sino que todos pongan cabeza.
Y un poco de corazón. Si Atlanta es de esos todos, incluídos
los de la madera, los que escondieron y esconden la mano, pero
que antes y después de la picardía exigen como si se mojasen,
aunque sean los dueños del paraguas. Del auriazul, digo.
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