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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Nuestro
y maestro
POR
ENRIQUE MARTIN
Juan Carlos Montes. Gentileza diccionario Olé.
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Un
rápido paseo por las estadísticas ajenas, algunas exactas otras
sospechosas, pero todas productivas, sumado el imprescindible
aporte de la memoria, cada vez más desconfiable, nos permite
seleccionar a placer y a la bartola cualquier nombre que aparezca
y meterlo en un recuadro, siempre y cuando haya tenido algo
que ver con Atlanta. Es una manera de hacer historia o por lo
menos de impedir que se olvide para siempre.
Nos
enteramos, como todos los lectores hace un tiempo, que un tal
Carlos Napolitano, el padre de Pappo, jugó en la década del
30 en la primera bohemia, no importa si bien o mal, pero jugó.
Y cualquier roquero que se precie cuenta desde ahí con un datito
interesante para meter entre birra y birra.
Sabemos
de lejos que Roberto Eduardo Viola, hijo del dictador del mismo
nombre, fue titular durante varios partidos de 1974 en el "primer
equipo", esa querible antigüedad. O que nuestro petiso Roberto
Martino (nada que ver con Rinaldo, Mamucho, el de San Lorenzo)
es el futbolista más pequeño (o era hasta Villalva) en el "círculo
privilegiado". O que un tal Bazarbachian jugó un solo partido
en primera y convirtió dos goles, record de records. O que alguna
vez casi salimos a la cancha con un elenco de paraguayos. Y
que tuvimos dos arqueros con menos de diez dedos, como ya apuntamos
en otra columna. En fin, los ejemplos son millares y es lindo
redescubrirlos.
Hoy
le toca a un olvidado por nosotros, pero no por el fútbol mundial.
Se trata de Juan Carlos Montes, el privilegiado mortal
que el 20 de octubre de 1976 le dijo al oído al pibe: "Vaya
Diego, y haga lo que sabe". Y Maradona, con 15 años y sin pudor,
le hizo caso. Al minuto le metió un caño al Cabrera de Talleres
de Córdoba, y desde allí -en su debut- se encaminó a la eternidad.
Bueno,
muy bien. Montes se inició como jugador en Atlanta. Muchos lo
recuerdan y muchos no. El Flaco jugó unos cuantos partidos en
primera durante 1963 y casualmente participó de un amistoso
con Banfield en el que Atlanta inauguró la iluminación del estadio
el 25 de enero de ese año (dice la data de SB) ¿El equipo? Hugo
Gatti; Héctor Lazzarini y Julio Nuin; Roberto Vassallo, Miguel
Vignale y Salvador Scalisi (Felipe Caletrio); José Luis Luna,
Juan Carlos Puntorero, Jorge Fernández, Juan Carlos Montes y
Juan Carlos Carone. DT: Osvaldo Zubeldía. AS: Carlos Michelena.
Buenísimo.
Con Gatti, con Pichino y con don Osvaldo en el banco. Montes
jugó de diez, aunque también podía hacerlo como volante central.
Ese año también actuó frente a Huracán, a fines de temporada,
en el partido que terminó siendo la despedida del Pocho Betinotti.
Después se fue a San Telmo, como Poggi, como Monteleone. Y después
¡a Chacarita!
La
historia grande de Montes, no obstante, se escribió en Newell´s
Old Boys, donde fue capitán del enorme equipo dirigido por Menotti
entre el 70 y el 71. Y donde luego se convertiría en ídolo al
conseguir como técnico el primer título profesional rojinegro
en 1974. Y también sería el entrenador sentado en mayor cantidad
de partidos sobre el banco de ese equipo, dicen que 275 veces.
El
asunto es encontrar alguna fotografía de Montes con la auriazul.
Y señalar con un asterisco que, este tipo, el de la palmada
inaugural a Maradona, hizo sus primeros palotes en Villa Crespo.
Seguro que a él, esta evocación le gustaría. Porque lo primero
es lo primero.
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