|
ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Ya
vimos la película
POR
ENRIQUE MARTIN

Escena de las juveniles bohemias.
|
"Según
informó la Comisión Directiva, el juvenil Patricio Spada, integrante
de la sexta categoría (93), fue transferido al Club Atlético
Boca Juniors. Además del monto acordado entre ambas instituciones,
al bohemio le quedó el 15 por ciento de una próxima venta del
jugador".
Esta
noticia, acaso perdida en el tumulto de la información suministrada
por SB en su última edición, me llamó poderosamente la atención,
realmente. No lo conozco a Spada. No lo vi jugar. Pero supongo
que será bastante bueno. No por nada Boca fijó su interés en
contarlo en sus planteles, a través del pago de una suma de
dinero que no se da a conocer, pero que en ningún caso debe
ser demasiado importante, dada la juventud del futbolista y
su lógica inexperiencia. Lo que hizo Boca fue invertir en el
futuro. Y quizás en pocos años, los de Atlanta veamos al chico
triunfar en su nuevo club y luego ser transferido como Gago
o Banega por una millonada de dólares o de euros. Eso sí, nos
quedará el 15 por ciento.
Tal
vez el presente de Atlanta sea concentrar todos los esfuerzos
en la sede social. Y sé que hay en danza un juicio que quita
el sueño. Pero también sé de sobra que la mayoría de los correos
de lectores del sitio están referidos a la marcha de nuestro
equipo de fútbol. Y que existen cuestionamientos al entrenador
y a los que manejan la actividad en el club. No sé si todos
tienen razón. Pero es el tema que más les interesa.
Un
día Atlanta rifó a Norberto Madurga sin que pudiéramos disfrutarlo
en primera. Fue un error. De todos modos, hubo otros jugadores
surgidos de las inferiores que nos compensaron la falta. En
ese entonces, Atlanta fabricaba muchos Madurgas.
Ahora
no somos una fábrica, sino una sucursal futbolística de un club
modelo que creció gracias al fútbol. Lo que Lanús consigue ladrillo
a ladrillo, Boca lo compra casi hecho. Y nosotros nos desprendemos
de la materia prima sin pelearla, sin intentar otros caminos
de recuperación económica que preserven el inigualable capital
que representa un crack en el mercado de la pelota.
Esa
fue y es nuestra Spada de Damocles.
Volver
a inicio>>>
|