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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Sensaciones
mezcladas
POR
ENRIQUE MARTIN
Todo
bohemio que se precie sigue la trayectoria de los jugadores
propios hasta que se le acaba la memoria, que a veces es nunca.
Y cuando se entremezclan, se superponen los apellidos y las
sensaciones, y a veces nos convertimos en un mix capaz de hablar
y de escuchar sobre Atlanta, sólo respaldados en todos los nombres
que recorren el camino inverso en nuestro cariño, de la cancha
a la mesa del café.
Por
estos días, fijesé, circulan en Youtube una fotografía y una
historia del fútbol cholulo, pero que atrae. Aparentemente,
dicen, Mirtha Legrand habría sido una de las primeras botineras,
precursora del putarraquerío (con perdón de las trabajadoras
del sexo) que fatiga nuestros insufribles programas televisivos
vespertinos. Muestran en el sitio una placa que une las historias
de la anciana comensal con el ex jugador de Vélez, Daniel Willington.
Y entonces la gente manda comentarios. Uno de ellos, textual,
recuerda: El cordobés fue siempre un HDP. Le partió la rodilla
al Pepe Vásquez, una gloria de Chacarita y de la selección nacional.
Le arruinó la carrera.
Y
es cierto. Y conocimos al Pepe cuando tras larga inactividad,
operaciones y rehabilitación con las limitaciones de la década
del 60, vistió la 6 de Atlanta con enorme dignidad, con un amor
propio que nos hizo olvidar su origen funebrero. Y en una foto
vieja, lo vemos al lado de Juan de la Cruz Kairuz, ese excelente
lateral tucumano que mencionamos en nuestra entrega anterior,
no por sus condiciones futbolísticas, sino por su actuación
en las bandas represoras militares que asolaran el país durante
la dictadura. Y ahí surgió la sensación superpuesta. Aquel amor
propio del 6 y aquel oprobio del 3. Todo por la misma plata.
Y como en una terapia, todo llegó de la mano de terceros (velezanos)
y viejas (cortesanas).
Repasando
el archivo de SB, nos enteramos que Pepe Vásquez llegó a ejercer
efímeramente la dirección técnica de Atlanta en 1967. No lo
recordábamos. Sí supimos que había debido abandonar tempranamente
el fútbol por aquella canallada de Willington.
Y
para cerrar nuestras imágenes encimadas, casi nos chocamos haciendo
zapping con un enfervorizado Jorge Ghiso, gritando desde la
banda de cal un gol de Quilmes, equipo que dirige y que puntea
en el Nacional B con serias pretensiones de llegar a primera
en esta temporada. Y se nos presentó ahí mismo la alegría del
'95. Los mismos gritos de Vitrola dando ánimos al Pepe Castro,
a Castillo o a Bonnet. Regalándonos nuestro último ascenso.
Un tipo bárbaro, Ghiso, sin duda, como el Pepe Vásquez. Ya que
surgieron de la nada para estas líneas, aprovechamos para agradecerles
a la distancia. Son parte del tesoro bohemio que descubrimos
día a día, Kairuz incluído, que no todo puede ser oro ni color
de rosa. Chau.
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