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BOHEMIOS EN
LOS MEDIOS
"Un
sentido de pertenencia que no se da en otros clubes"
Retomamos
las entrevistas con simpatizantes de Atlanta que trabajan en
los medios de comunicación. En esta oportunidad, Marcelo Rodríguez,
periodista del diario Perfil.
edgardo imas (Edgardo.imas@gmail.com)
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Rodriguez
en la costa Atlántica, con la de Atlanta.
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Desde
hace varias semanas, el rol de los medios de comunicación y
qué papel juegan quienes trabajan en ellos viene siendo el tema
central en la Argentina. Propietarios y periodistas han estado
más que nunca ubicados en el ojo de la tempestad. Sentimiento
Bohemio no quería quedarse atrás y ha decidido acompañar
esta tendencia. Claro que acá no escracharemos a nadie ni nos
haremos eco de exageradas e impostadas victimizaciones. Simplemente
retomamos el contacto con hinchas de Atlanta que trabajan en
medios para conocer qué piensan y cómo sufren con el Bohemio
mientras desarrollan sus funciones periodísticas.
Marcelo
Rodríguez tiene 34 años y, además de fana de Atlanta, es periodista
del diario Perfil. Nacido el 6 de diciembre de 1975 en Capital,
más precisamente en La Paternal (“territorio enemigo”, según
él mismo define), La Paternal, trabaja allí desde hace tres
años. Antes pasó por la revista Un Caño y por Quinto
Poder. Su labor periodística la desarrolla en la sección
Deportes, cubriendo en particular todo lo atinente al fútbol
de Boca Juniors.
—¿Qué
periodistas influyeron desde el punto de vista de tu formación
profesional?
—Víctor Hugo Morales y Martín Caparrós.
—¿Qué diarios y revistas leés habitualmente?
—Diario Crítica de la Argentina y la revista Un Caño.
—¿Alguna
vez se mezclaron Atlanta y tus funciones periodísticas?
—Participé de una tira partidaria entre 1997 y 1998, en FM Flores.
—Tu
opinión sobre cómo se ejerce el periodismo deportivo hoy en
la Argentina.
—Hay un culto al amiguismo y la banalización que le quita crédito
y profundidad a cualquier análisis. La actual persecución de
la primicia convierte al periodista en un buscador frenético
de noticias que pocas veces chequea. En ese afán de ser consecuente
con el sistema rompe con el compromiso de tener una mirada distante
y analítica.
—¿Cómo,
cuándo y por qué te hiciste hincha de Atlanta?
—En mi familia se hereda primero el club y después el apellido.
La historia genealógica bohemia se remonta a mi bisabuelo y
promete continuar: mi sobrino Santino (4 años) ya tiene sangre
azul y amarilla.
—¿Sos
socio del club?
—Fui socio durante unos diez años, pero actualmente no lo soy.
—En
materia de recuerdos futbolísticos, ¿te acordás cuál fue el
primer partido de Atlanta al que concurriste?
—Atlanta 2 – Morón 2, en 1987. Me acuerdo de Eber Bueno en ese
partido. A la cancha voy desde mucho antes, pero ése es el primer
recuerdo que no necesito que mi papá me cuente. Es del que primero
tengo registro por mí mismo.
—El tríptico de los mejores: mejor equipo, mejor jugador
y mejor gol, o quizá el más recordado o que hayas gritado.
—De los que vi, el mejor equipo fue el del ascenso del 95. El
Pepe Castro es, sin dudas, “el” jugador: talentoso, emblema
y grandísima persona. El gol es el de Castillo a Defensores
en el Bajo, sobre la hora (1-1). Caruso Lombardi entró a la
cancha desbordado. Salimos por la avenida Libertador cantando,
convencidos de que éramos campeones.
—¿Alguna
anécdota vinculada con Atlanta que merezca ser narrada?
—La vez que peor la pasé fue en Mendoza, cuando Godoy Cruz le
ganó 3 a 2 a Atlanta. Los últimos diez minutos del partido los
viví dentro del micro, estacionado en la puerta de la cancha.
Los hinchas de Godoy Cruz estaban particularmente ensañados
con los 200 bohemios que viajamos. La pasé muy mal. Cuando arrancamos,
rompieron a pedradas todos los vidrios de los tres micros en
los que estábamos prácticamente acuartelados.
—¿Qué
te parece la campaña en esta temporada?
—Es un síntoma de los últimos años de Atlanta: jugadores con
poco prestigio, que de pronto, respaldados por la trascendencia
de la camiseta, amagan con posicionarse en zonas de clasificación
para un ascenso. Pero que en definitiva no pueden ocultar su
mediocridad. Tampoco surgen futbolistas importantes de las inferiores,
de donde, llamativamente, se forma un prototipo de jugador que
no supera los 65 kilos. Esa endeblez física se nota en el roce,
sobre todo en una categoría tan dura como la B.
—¿Cómo
te informás de la actualidad deportiva e institucional?
—A través de los sitios de Internet: El Show de Atlanta, Planeta
Bohemio y Sentimiento Bohemio.
—¿Cuál es tu punto de vista sobre la decadencia de Atlanta?:
sus porqués, cuándo se inició.
—No sé si hay un punto de inflexión. Seguramente la permanencia
en el Ascenso comenzó a desencantar a hinchas acostumbrados
a jugar en Primera o pelear siempre por el ascenso. Fueron demasiadas
malas campañas consecutivas, las que tal vez profundizaron una
crisis administrativa y social.
—¿Cómo viviste la quiebra en 1991?
—Con mucha amargura. Recuerdo un trailer sobre Humboldt, en
el que algunos dirigentes pedían plata para pagar la deuda.
Aquella vez tocamos fondo y todavía no terminamos de salir del
pozo.
—A tu juicio, ¿qué impacto tendrán institucionalmente la
inauguración de dos tribunas de cemento y la recuperación de
la sede?
—Son hitos fundamentales para la reconstrucción del club. No
sólo edilicia, sino espiritual. Atlanta es esencialmente un
club con historia, con vida social. Sin sede y sin cancha, estaba
mutilado. Recién ahora podemos pensar en volver a caminar.
—¿Cómo te posicionás en cuanto al perfil institucional: club
de fútbol, club con fútbol u otras variantes posibles?
—Club con fútbol. Atlanta debería ser mucho más que un partido
por sábado. Existe entre los hinchas de Atlanta un sentido de
pertenencia que no se da en cualquier club. Y ese arraigamiento
es lo que me hace sospechar que queremos más que un equipo.
Somos bohemios y necesitamos desarrollar esa identidad por encima
del fútbol.
—
Tus impresiones sobre tres personajes de la vida de Atlanta
del último cuarto de siglo: Hugo Masci, Miguel Broda y Alejandro
Korz.
—Masci: intentó que Atlanta fuera un club con fútbol. En su
etapa tuvimos 15 mil socios, algo impensado en estos días. Broda:
huele a menemismo, dependencia, capitalismo salvaje y sálvese
quién pueda. No encaja en el perfil que deseo para Atlanta.
El club no le debe nada. En todo caso, él le debe a Atlanta
explicaciones por su insistencia para sacarnos de Villa Crespo.
Korz: tiene un costado progresista que seduce, aunque no termina
de ser clara su relación con Grondona. En general, considero
que tuvo más aciertos que errores.
—¿Cómo se sale de la violencia en que está inmerso el fútbol?
Tu opinión sobre la prohibición de concurrencia de público visitante
en el Ascenso.
—La violencia es estructural y tiene anclaje en la política.
Mientras no se rompan esos vínculos es imposible desarticular
a grupos de hinchas mercenarios que utilizan la violencia como
medio de producción. Castigar a los hinchas genuinos del Ascenso
con prohibición de concurrir de visitante es refrendar el sistema
capitalista: pagan los pobres, mientras se mantiene impune el
show grande.
—Tu opinión sobre Fútbol para todos.
—Nada es para todos. En todo caso el eslogan debería ser “Fútbol
para la mayoría”, algo que no ocurría mientras el negocio de
la televisación lo ostentaba TyC. Está bien haber roto un contrato
que favorecía a una empresa monopólica. Pero faltó claridad
y auténtica democratización en el proceso.
—¿Te
jugás con un pálpito para el Mundial 2010?
—La Argentina va a ganar confianza a partir de avanzar en un
grupo con rivales débiles. Creo que la Selección puede dar el
golpe y jugar la final. Otros favoritos: España y Brasil. Italia,
Alemania e Inglaterra -un escalón más abajo del podio de candidatos-
llegarán a cuartos de final.
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