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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
De
ascensos y descensos
POR
ENRIQUE MARTIN
Una
escena de los '80.
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Se
fue Chacarita y llegó All Boys ¿Nos toca en algo? Bueno, sin
querer competir con la interesante nota aparecida en SB la semana
anterior, se me ocurren algunas cositas para compartir con los
lectores. En principio, reiterar por enésima vez que el único
rival clásico de Atlanta es Chacarita, que es y será Chacarita,
inclusive porque ellos también lo siente así. Lo de All Boys
es un invento de la modernosa enemistad de pibes, que si conocieran
la historia no le darían ni cinco de bola a los de Monte Castro
(que de ese barrio son y no de Floresta). Atlanta jugó 45 temporadas
en primera división y All Boys apenas 8, con la salvedad que
hubiesen sido una o dos, con suerte, dado que en aquella década
del 70 se suspendieron los descensos. Cuando los reinstauraron,
All Boys marchó.
Otra
cosa. He leído por ahí que All Boys se reclama clásico de Nueva
Chicago, y eso es cierto, porque los dos animaron cien años
la vieja Primera B. Suena ridículo que los de Mataderos pretendan
ser el clásico de Vélez, como suena más ridículo aun que los
de Vélez se erijan en el supuesto clásico de San Lorenzo. Son
boludeces. Pendejadas. La historia está escrita. San Lorenzo
con Huracán, Vélez con Ferro (mal que les pese), All Boys con
Chicago y Atlanta con Chacarita. Ah, y Platense con Tigre. Y
Argentinos que se arregle, pese a su digna consagración.
Ahora
bien. Chaca se fue y All Boys volvió después de 30 años. Esto
es otra cosa. No, para envidiar, sino para tomar nota. Lo de
Chacarita era previsible. Llegaron como pudieron, apostaron
a los mismos jugadores; la cancha no está terminada, cambiaron
cuatro técnicos y terminaron todos peleados. Un desastre coronado
con la vuelta a la B Nacional. Bienvenidos.
El
caso de All Boys es diferente. Y aunque se enojen los bohemios,
y se enoje Korz y quien quiera enojarse, este club hace rato
que hace las cosas bien. Despacito construyó su estadio de cemento,
bien cerradito, bien hecho, bien pensado. Tiene iluminación
y capacidad para jugar en primera. Suman socios y los socios
y los hinchas (igual que los de Atlanta, ponen y ponen; en esto
estamos iguales). Ellos tienen un espíritu barrial que nos supera,
por aquello que el Villa Crespo cosmopolita se diluyó en la
nada. El barrio está perdiendo identidad, y Atlanta hace rato
que perdió hinchas en el barrio. All Boys no. Hay mancomunidad.
Y es notoria. En Atlanta no es así.
Tampoco
es igual el manejo del fútbol (la manija del asunto). All Boys
hace rato que piensa en grande. El día que volvió a la B Nacional,
su presidente anunció (lo recuerdo) que en un año estarían en
primera. Le pifió por poquito. Pero siguió en la misma línea.
Plantel de calidad, algo caro pero eficaz, un técnico de la
casa (jugador de lujo en el ascenso 72), al que bancaron cuando
perdió cinco al hilo, economía saneada. Y nada de convertirse
en sucursal de nadie. Es decir, si el fútbol es el que nos da
de comer (por la TV, se entiende) apuntemos hacia allí nuestros
cañones. En Primera el dinero se recontramultiplica. Y Korz
lo sabe. También debería tomar nota de quienes hacen las cosas
bien en esta materia, que es su asignatura pendiente. Esta conducción
de Atlanta ha aprobado largamente en decencia, laboriosidad
y amor por los colores. Nada que objetar por ese lado. Pero
en el fútbol no. No funciona. Somos chicos sin ideas.
Busquemos entre nosotros. Propongo nuevamente a Mario Szerman
y a quienes él considere mejor dotados para la tarea. Entremos
en el siglo XXI del fútbol. Tendremos la sede terminada en un
tiempo cercano. Y vale. Tenemos un par de tribunas. Y vale,
aunque hay que seguir metiendo cemento. Nos falta el salto de
calidad futbolero. Y aquí no alcanza con honestidad y buenas
intenciones. Hay que saber. Que vengan los que saben. O que
se preparen para saber. Que pasen bien.
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