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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Querer
y creer
POR
ENRIQUE MARTIN
Nos
escribe Víctor:
"Enrique, tu buena visión de la realidad y lectura de la historia,
¿se puede trasladar en hechos positivos para el club? Muy de
acuerdo con vos, pero no puedo dejar de ser un descreído. Abrazo
bohemio".
Le
contestamos al amigo:
No sabemos si nuestra visión de la realidad es buena, pero creemos
que sí lo es la lectura de la historia. En temas mucho más espinosos
que la vida de un club (aunque sea el entrañable Atlanta) es
esencial primero conocer los avatares de la historia, en principio
para no repetir errores por ignorancia. Le pasa al mundo, le
pasa a los grandes países, le pasó muchas veces a la Argentina,
que también es un gran país en potencia. Puede volver a ocurrirle.
Ahí vemos cómo los griegos y los españoles se agarran la cabeza
por su descalabro económico. Quizás no les interesó enterarse
hace una década de lo que pasaba en Sudamérica. Optaron por
las misma recetas y se fueron a la lona, como nosotros (2001)
al final de de un oscuro período. De todos modos, es posible
reencausar el rumbo, siempre y cuando se elija como timoneles
a los que reflotaron la barca, y no a los mismos que propiciaron
el naufragio. Aquí, en el país, pronto estaremos en la misma
disyuntiva. Veremos cómo funciona la memoria.
En
materia de clubes y de fútbol, la cosa es parecida. Instituciones
alguna vez mal manejadas, hoy gozan de excelente salud, porque
sus socios cambiaron el tono y se sacaron el lastre de los malos
dirigentes. Alguna vez Lanús le entabló un juicio a la AFA,
con todos los perjuicios que eso le provocó al principio, pero
con la férrea voluntad de sus socios y directivos, que les permitió
ganar el juicio millonario, volcar el dinero en la construcción
de un estadio de cemento y ponerse en carrera desde la Primera
C hasta lograr su primer campeonato de primera división, hacer
buenísimos negocios con su cantera, y hasta tener una sucursal
en Villa Crespo. Ellos embolsan 50 millones de dólares vendiendo
sin intermediarios a Valeri, Acosta, Salvio y Sand, y nosotros
les paseamos los pibes en la plaza. Es un ejemplo. Pero hay
más. El otro día hablábamos de All Boys (algunos se enojaron,
otros no). Pero los hechos nos dan la razón. Esa visión económica,
esa pasión futbolera y ese espíritu barrial, los depositó donde
ahora están. En Atlanta, aun con poco dinero en la billetera,
creemos que hay visión económica y pensamos que el espíritu
barrial se terminará de recuperar con la apertura de la sede.
Pero la pasión futbolera, la verdad, sólo existe en un incierto
porcentaje de socios y simpatizantes, y por eso no se obliga
a que nuestros buenos dirigentes (honestos, capaces, leales)
den el salto futbolístico en un club de fútbol. En unos y en
otros (asociados y cd), repetimos hasta el cansancio, anida
todavía el viejo virus inoculado por el ex presidente Masci,
que convenció a cientos de que podríamos ser algo así como GEBA,
YMCA o el Club Italiano. Todavía hay gente que bate el parche
con la sarta de tonterías vociferadas por Masci para librarse
del fútbol, que era nuestra principal fuente de ingresos (y
volverá a serlo si se quiere) con el argumento del club "con"
fútbol, para lo que sólo construyó una tribunita de diez escalones
(ese "microestadio" que llamábamos irónicamente El Chocón);
un puñado de courts de tenis arancelado (sobre el terreno de
nuestra vieja cancha, en ese momento terreno auxiliar, asiento
de las inferiores, fuente y semillero) y varios canteros con
margaritas fragantes. Un visionario, sin duda, que lamentablemente
dejó herederos y un campo minado, que pronto explotó, como se
recuerda. A otros les ocurrió lo mismo. Mírese a Ferro Carril
Oeste dando pena ¿Para qué más?
En
fin, todo es cuestión de querer. Pero también hay que creer.
El lector dice ser descreído. Tal vez estas líneas lo coloquen
del lado de los que queremos un club "de" fútbol, y que todo
lo demás salga del fútbol, que en realidad es la única forma,
porque el fútbol reparte dinero al por mayor (televisión, venta
de jugadores, etc.). Ya vivimos muy bien de eso. Hasta que llegaron
los sabios del Club de Amigos, de los contrarios…
Que pasen bien.
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