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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Recuerdo
mundial
POR
ENRIQUE MARTIN
Hoy
por hoy, el Mundial todo lo gobierna. Y fue algo complicado
encontrarle alguna relación interesante con Atlanta. Pero llegó
el enorme papelón de España en el debut y la dejaron picando.
Es que fue un mamarracho importante y no es el primero. El candidato
de las zonceras televisivas, que en su larga historia mundialista
sólo atesora un cuarto puesto hace sesenta años, llegó con la
chapa de la Eurocopa, la misma que cuatro años antes había ganado
¡Grecia!, equipo que luego ni clasificó para el Mundial siguiente.
En fin, que tienen un enorme campeonato local donde juegan sólo
dos y el tercero llega a treinta puntos. No se enteraron de
que sus máximos goleadores son Higuaín y Messi; que brilla la
negrura de varios africanos y que en definitiva las grandes
figuras son extranjeros. En la Argentina, con el 'favorito'
engrupieron los multimedios deseosos de ponerle piedras a la
selección y de encontrar una contracara para Maradona, que ya
con el resucitado Bielsa tiene bastante ¿Y Atlanta? Ya viene...
Un
enorme delantero bohemio como el mendocino Rubén Andrés Cano
Martínez (así reza en su cédula peninsular desde que se nacionalizó)
marchó a la madre patria que nos parió en el 74, después de
romper redes a placer, especialmente con el inolvidable equipo
que peleó el Nacional 73, el mejor de nuestro historial. Ya
en España fichó en el hoy oculto Elche, luego en el Aleti de
Madrid, Tenerife y Rayo Vallecano. Y siguió con su costumbre
hasta que le endosaron la roja número 20 en la Copa del Mundo
78, justo ésa, luego de convertir el gol de la clasificación
gallega en eliminatorias versus Yugoslavia.
Ya
en Mar del Plata, el equipo jugó tan mal como siempre juega
España hasta ahora en los Mundiales. Perdió con Austria, igualó
con Brasil el día que el inefable Cardeñosa erró el gol más
fácil desde que la pelota es redonda, y finalmente quedó afuera
pese a vencer a Suecia. Punto para la gaita y para Cano, que
se retiró con la Furia tras doce actuaciones y cuatro gritos
internacionales.
Mejor
le fue con la auriazul, ni qué hablar, desde su llegada en el
70. Fueron 157 partidos y 43 goles, incluyendo los tres que
le marcó al Pato Fillol el día de su resonante debut junto con
Gómez Voglino en la cancha de Quilmes. El Galgo, nacido en el
Sportivo Pedal de San Rafael, maestro primario en su profesión
alternativa, sentó reales en Europa, pero fue y vino varias
veces.
Recordamos
cuando mandó al descenso a Los Andes en el 71 y las puteadas
que ligó por cada gol perdido, así como sus alocadas carreras
con cada uno de los que estampò en arco ajeno. Lo evocamos también
hoy como mundialista español, el día de un nuevo derrape inaugural
del candidato de papel adquirido por incautos. Nada que ver
con Cano, que cotizó siempre en Bolsa y no enroscó ninguna víbora.
Por lo menos no en Villa Crespo.
Abur.
Saludos a Zapatero. Que sigan chapeando.
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