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ENRIQUE
MARTIN, DE MEMORIA
Infierno
del 84
POR
ENRIQUE MARTIN
Recordamos
el último paso de Atlanta por la primera división. Duró sólo
una temporada, la de 1984, y jamás retornamos. Pegamos en el
poste en las polémicas finales con Racing en el 85, y a otra
cosa mariposa. De ahí en más, todo fue categoría de ascenso,
y descensos dentro del ascenso. Es decir, todo muy lejos del
fútbol grande.
Una escena del Atlanta 0 - Vélez 1, de 1984, partido en el que
el por entonces flamante DT boquense, Dino Sani, se vengó eligiendo
en la TV un gol en contra como el mejor de la fecha. El derechazo
del centrodelantero velezano Vázquez se va por encima del travesaño
ante el vuelo del guardavallas bohemio, Daniel Carnevali.
Cuando
se ganó el torneo de la B (no había B Nacional) en 1983, estábamos
en pleno idilio dirigencial con el club 'con fútbol' y entonces
en lugar de armar un equipo competitivo para el 84, se perpetró
un mamarracho memorable contratando como técnicos a los dos
máximos dirigentes de Futbolistas Agremiados, Carlos Pandolfi
y Carlos Della Savia, y ellos aconsejaron la incorporación de
una serie de amigos personales sin ton ni son, únicamente para
que cobrasen el sueldo. Cuando hicimos la famosa encuesta al
revés, muchísimos lectores nos trajeron a la memoria los ingratos
nombres de Ángel Landucci y Silvio Sotelo, de aquella camada
impresentable. Pues bien, antes de fin de año, mucho antes (pese
al sacrificio del Pocho Bettinoti) Atlanta ya había descendido.
Ni soñábamos en ese entonces que sería por tanto tiempo. Los
mandamases de la época lo lograron. Pero ese no es hoy el punto.
Junto
con Atlanta descendió aquella vez Rosario Central, club casi
siempre mal conducido, pero con una tremenda impronta futbolera,
que todo lo puede, o lo pudo en aquel trance. Mientras Atlanta
comenzó su larga e interminable caída hacia la semi-nada del
fútbol, Central se preparó para volver. Y volvió al año siguiente,
como campeón indiscutido. Y más que eso, un año después lograría
una hazaña jamás superada: de campeón del ascenso a campeón
de primera en la temporada 86/87, todo por el mismo precio.
El precio del amor por el fútbol. Porque todo lo demás es paisaje.
Ahora los rosarinos están en el mismo brete. Seguro que no se
les ocurrirá el mes que viene armar un gran equipo de handball
o instalar un parque de diversiones en la cancha de Arroyito.
No
sé si me explico. Dediquémonos ahora a Atlanta.
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