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BASTA DE VIOLENCIA
LA
NOTA NEGRA DEL FIN DE SEMANA

Todo
tiene que tener un límite. Es cierto y sería de
necio obviar la existencia de los "códigos"
dentro del fútbol, ciertas costumbres y formas de vincularse,
pero también es cierto que todo debe tener un límite
para que ciertas conductas no terminen siendo algo que termine
en situación de catástrofe para personas y para
el club.
Lo
que no se dice se naturaliza, y desde nuestro humilde lugar
como medio de comunicación que acompaña la vida
integral de Atlanta desde hace mas de 12 años, intentamos
en la medida que nuestros cojones nos permiten, romper con la
naturalización de algunas escenas de la fauna bohemia.
Y
entre muchas cosas, también por respeto a algunos miembros
de la Comisión Directiva -de la que tantas veces hemos
tenido acalorados debates sobre la visión de club- que
deben poner la cara, dinero de su bolsillo, y ser parte de la
otra cara de la misma escena, aquella que siempre termina con
frases hechas como aquello que no tiene remedio, es parte del
club y no se lo puede sacar, o directamente afirmar que la única
solución es del estado.
Este
fin de semana tuvo un agregado a estos capítulos eternos.
No solo pasa ahora por el respeto a los directivos, sino también
a quienes juntaron sus mangos para pagarse un pasaje en micro,
combi, avión o combustible e ir a ver a su equipo. Mientras,
un grupo de 60 barras llegó al estadio en un micro de
larga distancia (financiado aparentemente por algún allegado
con fondos de origen desconocido, es decir, o de un dirigente
o de la tesorería del club), valor que superaría
los diez mil pesos, y que además, como frutilla del postre
cuyano, luego del partido un par de estos sujetos pasó
por los vestuarios en el sector visitante ¿como pasaron?
¿la policía? y tuvieron una fuerte discusión
con Grecco y Korz. Se fueron con las manos vacías pero
dejaron algunas amenazas que se terminaron haciendo realidad
el lunes, cuando mientras los jugadores entrenaban, el micro
llegó a Villa Crespo y según varios testigos,
algunos de estos sujetos amenazaron a los dirigentes que allí
estaban presentes -alguno de ellos con sus hijos- y se llevaron
con gran tranquilidad camperas y remeras de la utilera del club.
Hasta lo que pudimos averiguar no hubo denuncias y sólo
desconcierto.
No
estamos seguros de las consecuencias de esta nota, pero al menos
desde este espacio decimos basta al silencio, basta a la naturalización
de esto. Y esperamos que sean muchos los que se unan a esto.
Denunciar es una opción. Significa no ser cómplice
en el silencio, significa no fomentar actitudes apoyando con
miradas de admiración. Estas personas, que son pocas,
no son hinchas de Atlanta. Estas personas viven a costa del
club. Y son pocos, muy pocos.
Sería
una estupidez pensar que una sola persona podría ponerle
fin a estas cosas. Sabemos que es una utopía lograr erradicar
la violencia. Es evidente que no borraremos a los barras bravas
del planeta, pero al menos, que sepan que todo tiene un límite.
Unite.
GG
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