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AÑO
VI - NÚMERO 92 / Martes 5 de
abril de 2005
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PRODUCCION ESPECIAL
Sólo
medio siglo
Recordamos la clausura
que en 1955 sufrió el viejo estadio de Humboldt 470. Hace cincuenta años, con
el telón de fondo de los profundos cambios en la situación política del país,
derivados del golpe de Estado que tumbó al presidente Juan Domingo Perón, una
mano negra y una decisión arbitraria e injusta impidieron que Atlanta utilizara
su cancha durante seis meses.
POR EDGARDO IMAS
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Tal como ocurre hoy, hace medio siglo Atlanta soportó la clausura de estadio. Por aquellos años estaba ubicado en Humboldt 470 y la medida fue adoptada por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. La similitud con la situación actual no sólo radica en la sanción propiamente dicha, sino en el ensañamiento que hubo entonces hacia el club mediante exigencias arbitrarias y cambiantes que estiraron en el tiempo el cierre del campo de juego de Villa Crespo. El estadio había sido inaugurado el 30 de julio de 1922 y fue el puntapié inicial para la identificación de Atlanta con el barrio de Villa Crespo. Contó en un principio con una pequeña tribuna oficial techada, a la cual se le agregó luego una tribuna de madera en el sector opuesto. Con el correr del tiempo la oficial techada se desarmó y se construyeron dos tribunas bajas cabeceras sobre Humboldt y las vías del ferrocarril -es decir, la vieja cancha tenía una orientación norte-sur, a diferencia de la este-oeste de la actual-.. Así, hacia 1955, además de las citadas cabeceras, el estadio tenía graderías altas laterales, con una platea central en el sector que daba a espaldas al terreno baldío en el cual Chacarita había tenido su campo de juego hasta 1944 y que había sido adquirido por Atlanta, que en 1960 inauguró su actual estadio. Popularmente conocido como el "cajoncito", por sus reducidas dimensiones, en noviembre de 1934 los arquitectos Enrique Macchi y Roberto Carusso informaban sobre él al interventor de la institución, Ernesto Malbec. Al realizar la valuación del capital activo de la entidad afirmaban que los planos estaban aprobados por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y que "todo estaba construido y habilitado de acuerdo con el Reglamento General de Construcciones de la Municipalidad de la Capital. (...) Cuenta con servicio de obras sanitarias y agua caliente y fría en condiciones reglamentarias y aprobadas por Obras Sanitarias de la Nación. Existen instalaciones eléctricas en todos los locales y en condiciones para el funcionamieto de noche de la pista de baile. (...) Las gradas son de madera de pino de tea". Hasta 1959 el Bohemio jugó allí, oportunidad en que se decidió a desmantelar su estructura y trasladarla al predio lindero, donde un año antes se había iniciado la construcción de una tribuna de cemento -la actual platea-. La resolución se tomó también cuando el estadio fue clausurado y los directivos, encabezados por León Kolbowski, se convencieron de que jamás volvería a ser habilitado (ver nota en la edición del 8 de marzo pasado de Sentimiento Bohemio, http://www.sentimientobohemio.com.ar/88_encruestadio.htm). "Fiebre de inspecciones" En 1955 la institución estaba presidida por Santiago Bascialla, a quienes secundaban el vicepresidente Alberto José Segundo Chissotti, el secretario doctor Isaac Slinin y el tesorero Daniel Di Santo, entre otros. Entre el 1° de diciembre de 1954 y el 30 de noviembre de 1955 los gastos del estadio representaron un total de $108.785,58, de los cuales casi la mitad fueron destinados a la estructura en sí, distribuidos del siguiente modo: $ 36.882,73 correspondieron a reposición de tablones, $ 2.959,30 a arreglo y pintura de plateas y 2.227,88 a gastos de conservación de la cancha. El resto de los casi 109 mil pesos de las erogaciones del estadio se repartió entre sueldo, aguinaldo y leyes sociales del personal y los jornales del personal auxiliar. Los dirigentes venían haciendo denodados esfuerzos para iniciar la construcción de la pileta de natación en la sede social, sin abandonar el viejo proyecto de levantar un moderno estadio en el predio que el club tenía al lado, algo que concretaría tiempo después otra Comisión Directiva. Al respecto decían en la Memoria institucional de ese año: "Se debe imperiosamente construir la pileta de natación y, sobre todo e impostergablemente, se debe construir en nuestros terrenos el nuevo estadio o trasladar las tribunas. Debe hacerse carne en todos los asociados que así, so pena de sucumbir, no se puede seguir. El estadio debe surgir. Por nuestro propio esfuerzo, sin grandezas y sin la espera de regalos o ayudas ajenas. Si todos unidos ponemos manos a la obra, el mismo será una realidad". En eso estaban, aunque no los acompañaban las actuaciones del primer equipo en los Campeonatos de Primera B de 1954 y de aquel 1955. El domingo 7 de agosto de 1955, en una mañana gris y húmeda, jugaban en el estadio de Huracán, en Parque de los Patricios, River y San Lorenzo de Almagro. Por la tarde, en el mismo escenario, debían enfrentarse el local con Platense. Sólo se habían disputado tres minutos de juego cuando se oyó un estrépito ensordecedor. La mayoría no se dio cuenta de lo que ocurría, pero un grupo de espectadores ubicados en la tribuna donde está el palco de honor y el mástil frente a las plateas levantaba las manos en forma desesperada. ¿Qué había ocurrido? En una extensión de veinte metros habían caído diez escalones de las gradas en aquel sector. El estadio había sido inaugurado en 1947, pero al parecer se había zafado un pilar sobre el cual se asentaba el panel de cemento que se precipitó al vacío. Hubo casi un centenar de heridos, afortunadamente ninguno de gravedad, y naturalmente el partido se suspendió. De inmediato, Inspección General de la Municipalidad clausuró en forma preventiva la cancha de Huracán. Tres días más tarde, un decreto firmado por el intendente porteño Gago ratificó la clausura y dispuso inspecciones en todos los estadios ubicados en la Capital. Recién casi un año más tarde -el 22 de julio de 1956- Huracán pudo volver a utilizar su campo de juego. Las inspecciones a las demás canchas se llevaron a cabo, y Atlanta fue quien peor lo pasó. Su estadio fue inhabilitado en setiembre y los siete encuentros restantes del Campeonato de 1955 los jugó en otros estadios. Retornó a Villa Crespo para enfrentar a Unión, por la primera fecha del torneo de 1956, seis meses después. Aquella clausura del estadio de Humboldt 470 -que no era la primera y no sería la última-tuvo lugar en el contexto del golpe de Estado que derrocó al presidente constitucional, el general Juan Domingo Perón, el 16 de setiembre de 1955. Las fuerzas armadas y varios sectores civiles pergeñaron lo que ellos mismos denominaron "Revolución Libertadora", que produjo un cambio de la situación política del país y desató una ola de persecuciones, proscripciones y modificaciones en la plantilla de funcionarios en todos los niveles de la administración pública y en distintas organizaciones, entre ellas, la que regía los destinos del fútbol oficial argentino. Este contexto hay que tenerlo bien presente para comprender los hechos que la propia Comisión Directiva relata en las siguientes líneas, y que revelan la presencia de una mano negra y un particular ensañamiento en contra de la institución, oponiéndose a la habilitación del estadio, a pesar de las reformas introducidas.
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Siete
partidos fuera de casa
Muchos
problemas en el 31-32
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