20/1: REPORTAJE A OSVALDO MIRANDA
Ochenta y seis años de sentimiento bohemio
Quizá sea el hincha de Atlanta más famoso. Osvaldo Miranda, orgulloso presidente de la Asociación Argentina de Actores y uno de los mejores comediantes que pasaron por el teatro, el cine y la televisión, recibió cálidamente a Sentimiento Bohemio, en una entrevista en la que fluyeron recuerdos, anécdotas y algunos temas para la polémica.
NOTA: EDGARDO IMAS
Osvaldo Miranda conversó con Sentimiento Bohemio
Intenso movimiento hay en la Presidencia de la Asociación Argentina de Actores. Además de los múltiples compromisos derivados del ejercicio de ese cargo, Osvaldo Miranda es requerido en estos días por varios colegas que lo entrevistan acerca de su regreso a los escenarios, tras haberse alejado en 1987. En efecto, don Osvaldo, 86 años recién cumplidos, estrenará a partir del 4 de enero de 2002 en una sala marplatense el espectáculo Aquí me pongo a contar, en el cual evocará más de cincuenta años de prolífica actividad artística mediante charlas con su amiga y secretaria personal, la actriz Aurora del Mar. Precisamente, acaba de regresar de esa ciudad balnearia, adonde viajó para promocionar sus próximas presentaciones. A través de los inmensos ventanales se filtra el bullicio originado por la pirotecnia y los bombos de los participantes

de la marcha sindical contra las nuevas medidas de Cavallo, en la cercana plaza Congreso. Osvaldo Miranda no permanece ajeno a la situación y expresa su preocupación: "Espero que la gente pueda ir a veranear a Mar del Plata". Nos recibe en el amplio y confortable salón de reunión de la Presidencia, con una gran mesa oval en el centro, sillas de estilo tapizadas de cuero y finos y trabajados detalles marmóreos y de ebanistería. Retratos y bustos de personalidades ligadas con la actividad teatral son mudo testimonio de décadas en las que la cultura nacional ocupaba un espacio más importante en nuestro país. De afable trato, elegante porte y conversador sin esfuerzo y sin pausa, don Osvaldo se sorprende primero por el nombre de nuestro sitio web, Sentimiento Bohemio, y luego lo repite con firmeza, como identificándose con él y como si esas dos simples palabras resumieran toda una serie de recuerdos y vivencias futbolísticos y barriales, tan importantes como otros aspectos de su vida.

-Don Osvaldo, ¿cómo y cuándo empezó esta relación entre usted y Atlanta?

-Yo nací en Villa Crespo, en Malabia y Loyola. Al principio mi padre, que tenía un almacén, me llevaba al parque Chacabuco, donde Atlanta tenía la cancha. Un día mi padre no fue más y yo seguí yendo solo.

-O sea que usted llegó a ver a Atlanta en el campo de juego que utilizaba en el parque Chacabuco, antes aun de que se inaugurara la vieja cancha en Villa Crespo en 1922.

-Sí, pero no recuerdo casi nada pues era muy chico y mi papá me llevaba. Atlanta, que en el año 2004 cumplirá cien años de vida, fue un club muy querido siempre, por todos. Nos decían los bohemios. Eramos un cuadro que anotaba todo en un papel, no teníamos libro. Mucha gente, incluso conocidos míos de Chacarita, decía: "¡Qué gente importante tiene Atlanta!". Así es, gente muy destacada: Ben Molar, Osvaldo Pugliese, el licenciado Di Noia, del Museo de la Palabra, que es mundialmente reconocido. También Zucker, Rodolfo Bebán; en fin, todos los que nacieron en Villa Crespo se identifican con Atlanta.

-Se habla actualmente de una crisis dirigencial tanto en el nivel nacional como en el ámbito del fútbol. ¿Qué dirigente del club recuerda especialmente?

-Atlanta tuvo varios dirigentes y presidentes. Que yo me acuerde, al español Toribio Gutiérrez durante dieciocho años, doce años a Chisotti, Saccone… ¡y Kolbowsky! Kolbowsky fue un hombre muy honrado y se fundió por Atlanta, pero se equivocó. Bueno, todos nos equivocamos alguna vez. El lo hizo con la mejor intención y su equivocación le costó su ruina. Un día, en la AFA el representante de River, Samuel Vega, me comentó: "Dígale a Kolbowsky que se una a nosotros, que nosotros queremos que sean el número 8". El estaba haciendo su oposición contra Armando, en contra de la política de River, y estaba con Durán, de Gimnasia y Esgrima. No quiso y ahí aprovechó para meterse Valentín Suárez y quedó Banfield como número 8.

-Incluso usted, don Osvaldo, tuvo un paso como vocal en la comisión directiva. Fue en el año 1951, con Iacapraro como presidente, que era un militar.

-Sí, también era militar el vice, Castro, pero éste era militar de carrera. Esa comisión la integraban también Tassitani y otros amigos míos.

-Asimismo, en ese período estuvo usted en la subcomisión de fútbol profesional hasta que renunció a mediados de 1952. El director técnico era Battagliero, quien también jugaba.

-Sí, ya le digo: estuve con Perper y el negro Gutiérrez. Aquellos años pasados Asombran su locuacidad, lucidez y precisión para compartir recuerdos, formaciones y nombres -más allá de alguna circunstancial confusión- con los hinchas de Atlanta. Osvaldo Miranda vivió como espectador y, como se ha dicho, desde dentro también, el fútbol de otra época, aquel que es protagonista de una de las interminables grandes polémicas nacionales: si fue mejor que el fútbol actual y si son comparables períodos tan distintos.

-Usted tuvo el privilegio de ver jugar a una cantidad importante de equipos y de jugadores con la casaca bohemia.

-Atlanta tuvo muy buenos equipos, muy buenos jugadores. Hay dos equipos que me gustaron mucho. Uno era Carletti; Cruz y Bedia; Bertarelli, Espinosa y Aguirre; Lapresa, Sbaffi, Agnolín, Rodríguez y Rosell.

-Sí, un recordado equipo de los años '40. Por entonces se decía: "Centro de Lapresa, gol de Agnolín".

-Así es, como dice apunta; ese equipo me gustó mucho. El segundo era: Errea; Clariá y Etchegaray; Desanzo, Griguol y Betinotti; Dezorzi, Güenzatti, Galvanese, Zubeldía y Roque. ¡Qué gran línea media: Desanzo, Griguol y Betinotti! Un día, cuando yo formaba parte de la comisión, salía del vestuario y hasta el juez Nay Foino, que estaba con la puerta abierta fumando un cigarrillo, me dijo que esa línea media era muy buena. Y vi a varios otros buenos jugadores, como Lucho Sosa; en la tercera teníamos a Artime, a Gonzalito.

-El de 1973 fue otro gran equipo, ¿no?

-Efectivamente. También me acuerdo muy bien del '47, cuando nos hicieron la matufia de mandarnos al descenso. La gente dice que fue el asunto de Pedernera, pero no tuvo nada que ver. Nos mandaron al descenso, pero no por Pedernera. La gente está equivocada. Al arquero peruano Soriano lo habían dejado libre con una media palabra para que nadie lo contratara. Atlanta, como se había lesionado Carletti, lo trajo a Soriano, quien luego también se lastimó, y terminamos el campeonato con un arquero, Quiroga, que era de básquet. Al no cumplir la palabra, River se la guardó. Y River era campeón virtual antes de la última fecha y concentró en el último partido ante Atlanta y les dio premio especial si le ganaban a Atlanta. Cuando iban cero a cero, Gandulla esquivó, iba a patear, dribbleó a Grisetti, que era el arquero, que lo tackleó y no dieron el penal. Después perdimos 1 a 0 con gol de Distéfano.

-Ese partido en Villa Crespo, por la última fecha, no concluyó; se suspendió por una agresión e incidentes posteriores.

-Sí, pero cuidado que la agresión salió de la popular. La cuestión es que se habían hecho unos arreglos. Atlanta estaba un punto arriba de Banfield o de Lanús, que empataron 1 a 1, y quedó último Atlanta, que descendió a Segunda.

-Y si hablamos de directores técnicos, ¿a quién mencionaría?

-Permítame recordarle que Atlanta tuvo un dibujo de técnico. Tenía a Moguilevsky como preparador físico, a Zubeldía como director técnico y Gandulla estaba en las inferiores. Ellos fueron los primeros en hacer el achique, ¿quién fue el primero que hizo la ley del offside? Atlanta. ¿Y cómo fue? Llegó al club un fullback, Cardoso, que había jugado en Indpendiente y Boca y que venía de Yugoslavia. Le explicó la ley del offside que hacían en Yugoslavia al técnico Zubeldía; ni más ni menos que el achique. Entonces empezaron a practicarlo y Atlanta fue el primero que lo aplicó.

-También innovaron con el tema de concentraciones y pretemporada. Incluso Moguilevsky en ellas organizaba con el plantel talleres de teatro y de expresión artística.

-En una mesa redonda, grande como esta que está aquí en la Presidencia de Actores, ponía fruta seca, avellanas, higos, pasas de uva. Comían y no se desgarraba ningún jugador, y eso que eran jugadores grandes. Después, otra de las equivocaciones de Kolbowsky, lo sacaron a Moguilevsky como preparador físico y lo hicieron director técnico junto con Amándola, otro preparador físico. No entendían nada. Ser director técnico es otra cosa; por ejemplo, no tiene nada que ver con la trayectoria que se haya tenido como jugador. Puede haber sido un muy buen jugador y muy mal director técnico, y viceversa.

-Hay gran cantidad de ejemplos. Acaso el más simbólico sea Diego Maradona, que no ha tenido éxito hasta el momento en sus incursiones como director técnico.

-Claro. Sin embargo, fíjese qué lindo es cuando escucho a un muchacho joven que dice que el mejor jugador del mundo es Maradona. Yo lo puedo decir, porque yo he visto jugadores que me gustaron mucho, entre quienes está Maradona. A lo mejor lo elijo como el mejor de todos los que vi. Pero ¿sabe a quién vi yo? Sastre, Porta, De la Mata, Loustau, Moreno, Pedernera, Pontoni, Rossi. También una gran línea media, aquella que tenía Lanús: Daponte, Guidi y Nazionale. Yo iba a ver a veces a Independiente, pues me encantaba cómo jugaban: De la Mata, Sastre, Erico y Reuben. He visto equipos muy lindos; siempre digo que me gustaron, porque para decir éste es mejor, hay que ser director técnico. La mejor época de Maradona la viví yo y no ese chico de 20 años. Yo a veces iba a la cancha de Argentinos Juniors, cuando no trabajaba en el teatro, e iba a comer a lo de mi mamá. Después concurría a la cancha de Argentinos, que me contaron que pronto la reinaugurarán, entrábamos allí, luego de haber comido con mi mamá, saludaba a doña Tota, a quien le decía que venía a hacer la digestión, me sentaba y, mientras fumaba un habano, engordaba viendo a ese chiquilín que era una maravilla. El gol que les hace a los ingleses, ¡qué barbaridad! ¡Desde dónde toma la pelota! Pero la gente es un poco ingrata también: no nombra a Valdano, que lo iba acompañando y le gritaba: "Dale para allá, vení para aquí". Yo he visto cada gol. Por ejemplo, un jueves en la cancha de Lanús. Cuando se suspendía, jugaban los jueves. Buján se la pidió al arquero y empezó a pasar gente, gente y gente, y de repente, como había poca gente en la cancha y se escuchaba lo que decían los jugadores, gritó: "Norberto (por Pairoux), metelo vos que a mí me queda incómodo". Y Pairoux metió el gol; nadie lo vio, porque éramos 40 personas.

-¿Cómo se vivía en el barrio la rivalidad con Chacarita, que tuvo hasta 1945 su cancha junto a la de Atlanta?

-Yo soy descendiente de españoles y Villa Crespo era un reducto judío. Chacarita y Atlanta tenían muchos socios judíos, más aún Chacarita que Atlanta. Yo tenía muchas amistades de Chacarita; por ejemplo, yo era muy amigo de Juan Carlos Lorenzo, con quien cuando jugaba en Chacarita tomábamos juntos café en la Real. Existía sí rivalidad con Chacarita, pero éramos rivales y no enemigos. ¡Cómo nos íbamos a pelear, si vivíamos todos en el mismo barrio! Yo iba a comer con la gente de Chacarita: jugábamos apuestas, después nos juntábamos todos y el que perdía pagaba la cena. La gente tiene una equivocación, especialmente la de Chacarita, que no está al tanto, y dice: "Nos sacaron la cancha". No les sacamos para nada la cancha. Donde se encuentra ahora el estadio de Atlanta estaba antes la de Chacarita, y cuando se venció el contrato, no se lo renovaron porque los dueños no querían alquilarlo, querían venderlo. Y Chacarita dice que no tenía el dinero.

-No podía pagar el alquiler Chacarita… -No, no, Chacarita quería seguir pagando el alquiler; lo que no podía era comprarlo. Pero Atlanta tampoco podía comprarlo. Entonces se fundó la cooperativa Villa Crespo, pero no era Atlanta. La gente dice que Atlanta le sacó la cancha. Pero no, era la cooperativa, que integraban Saccone, Scabiolo, Chisotti y un cuarto que creo que era Clavell. Esos compraron la cancha y después se la dieron, se la regalaron a Atlanta.

-Habían constituido para ello la Sociedad de Tierras de Villa Crespo.

-Sí, figuraba como una cooperativa de Villa Crespo. Scabiolo, por ejemplo, tenía una inmobiliaria importantísima en Villa Crespo; Chisotti era el que fabricaba la grapa. Bueno, de ese modo se quedó con esos terrenos Atlanta.

-¿Cómo vivió el tema de la quiebra en 1991, que derivó casi en un problema existencial?

-Era un problema institucional lo de Atlanta. Nosotros tuvimos un presidente llamado Hugo Masci, que lo agarró en Segunda con 25 embargos, lo dejó en Primera con más de 10.000 socios, hizo la pista de hielo, el microestadio, Villa Madero. Yo no lo conocía, pero al enterarme empecé a asistir. Si Atlanta era local iba directamente a la cancha; pero cuando nos tocaba de visitante, me dirigía al hotel y viajaba con la delegación. Cuando volvíamos con el micro de los jugadores, yo iba a la sede y notaba que el presidente se bajaba tres cuadras antes. Por ejemplo, veníamos de Almirante Brown y le ganábamos 4 a 0 y Masci descendía antes. Qué raro, me decía a mí mismo, hasta que un día le pregunté por qué. Le habían pegado… y después renunció y se fue. En esa época nosotros perdimos el ascenso con Sarmiento de Junín. Si hubiera habido antidoping, hasta el presidente de ellos habría ido preso. Yo me crucé con un tal Britapaja, que me miró y con el brillo de los ojos casi me mató. Estaban todos... Nosotros nos cansábamos y ellos corrían cada vez más.

-¿Recuerda cuándo fue la última vez que fue a la cancha?

-Sí, por supuesto, cuando ascendimos al Nacional. Le ganamos a Armenio. Fui con un médico amigo mío y cuando terminó el primer período, me tomó el pulso y me dijo: "Vamos". Después no lo vi más. No sé si todos los paisanitos amigos míos todavía están ahí. Yo no voy más a la cancha porque me hace mal verlo. Pero tengo mis espías que me cuentan todo: este jugador sirve, éste no, hubo dos tiros en los palos. El otro día me enteré de que ganamos y que estamos peleando el descenso… Pero nos vamos a salvar. Hay un nuevo técnico, Finarolli, que fue jugador del club.

-¿Qué opina sobre el grado de violencia que se genera actualmente alrededor del fútbol?

-Atlanta era un club muy querido siempre. Nadie le tenía bronca. Yo siento orgullo por los judíos. Me acuerdo de Pasteur, de Einstein. Antes nos decían los bohemios, ahora nos tiran jabones. No se puede llevar la cosa política…, porque Kolbowsky, que fue un hombre honrado, lo reitero, honradísimo, se equivocó. Y lo llevó a Atlanta a jugar a Israel. Bueno, y hay gente que es antijudía, pues aquí hay mucho nazismo, y nos tira jabones. A mí me lo cuentan todo. Pensar que antes nos decían los bohemios…

Clara identificación cuando se le recuerda que, en una encuesta que hizo Sentimiento Bohemio acerca de qué nombres les pondrían los hinchas a las tribunas, algunos votaron por su nombre, se emociona y explica con humildad que ello naturalmente se debe a los tantos años de relación con la institución. "Cuando doy alguna charla, quien hace la presentación previa, tras hacer un racconto de mi carrera artística, suele cerrar recalcando que 'además, es socio vitalicio de Atlanta'."

-¿Cómo ve el futuro de Atlanta?

-Y... es una expresión de deseos. Ahora nos van a hacer la cancha. Porque da la casualidad que el arroyo Maldonado se desborda y hay inundaciones. ¿Ya empezaron con las obras, no?

-Todavía no. Existe el proyecto, pero los tiempos burocráticos y políticos suelen no corresponderse con los de los vecinos que sufren las inundaciones y con la ansiedad de los socios y simpatizantes de Atlanta.

-Bueno, pero eso lo van a hacer porque yo fui a hablar con Aníbal Ibarra acompañando al presidente de Atlanta. Estoy seguro de ello.

-¿De qué manera conjugó su dilatada trayectoria artística con su pasión con Atlanta?

-Nunca dejé de ser de Atlanta. Ocurre que yo hacía giras por Centroamérica y dejaba de verlo por un tiempo. Pero siempre me identificaban con el club. Una vez estaba cargando nafta y los pibes que atendían me miraban y me miraban, pues me reconocían de la televisión. ¿Y qué va a hablar con los chicos uno? De modo que les pregunté: "¿De quién sos hincha vos?". Respondieron: "Yo de Boca, yo de River, yo de.... ¿Y usted de quién es?" "Yo soy de Atlanta." Los chicos no podían creer que un tipo famoso, de la TV, fuera de Atlanta. Decían: "No, no, vamos, diga, diga".

-Para finalizar, don Osvaldo. ¿Qué representa Atlanta para usted?

-Atlanta forma parte de mis cosas cariñosas: mi familia, mi país, mi carrera; por eso siempre digo mi Atlanta.

 

BIOGRAFIA

Precisamente en algunos clubes de ese barrio se inició como cantante de tangos hasta que finalmente pudo dar el gran salto a las luces del centro. En 1945 se casó con Amelia Sáez, su compañera inseparable, quien falleció el año pasado. Su larga trayectoria abarca el teatro, el cine y la televisión; las principales obras en las que actuó son las siguientes:

Teatro: Sueño de una noche de verano (en 1953, en el Teatro Colón); Donde duermen dos, duermen tres. Fue integrante del elenco del Teatro Municipal General San Martín.

Cine: Los muchachos de antes no usaban gomina, en el que actuó como extra en la primera versión en 1937 y en un rol protagónica en la remake que se hizo años después; La hostería del caballo blanco; Navidad de los pobres.

Televisión: Tropicana Club; El show Rambler; La nena; Mi cuñado. Los premios más destacados que recibió fueron: cuatro Martín Fierro más uno por "Trayectoria" junto con Niní Marshall; Konex de Platino; Santa Clara de Asís; Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. El Club Atlético Atlanta, en 1982, le entregó una distinción por la cual se lo designaba "permanente embajador bohemio".

 

ANECDOTA

En un libro de reciente aparición, Osvaldo Miranda, el comediante, de Mario Gallina (Editorial Corregidor), se narra la siguiente anécdota: "La afición de Osvaldo Miranda estuvo a punto de ser plasmada por el cine, pero la rapidez del actor lo impidió. Todo sucedió gracias a una broma que le jugó el realizador José A. Martínez Suárez". Durante el rodaje del filme El complejo de Felipe,éste cuenta que "en una escena Osvaldo Miranda recibía una nota que le tenía que provocar sorpresa. Creo que se trataba de la declaración de amor de una alumna. Se me ocurrió gastarle una broma y preparé un papel que decía: 'Este año, ni Dios lo salva a Atlanta del descenso'. Se lo di, fuimos a la toma y cuando Osvaldo lo leyó, contra lo que yo esperaba, puso la mayor cara de sorpresa que vi en mi vida con una interpretación. El profesional le había ganado al hincha".
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