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LA COLUMNA
DE TEBELE
Dos
demonios reloaded
Fernando Tebele
Tengo
el título de la nota pero me cuesta encontrar el comienzo. Las
palabras se pechan en mis dedos buscando una salida ordenada.
Pero parecen pasajeros intentando subirse al tren a la hora
del regreso a casa. No hay lugar para el orden cuando uno está
tan conmovido.
La muerte de Mariano Ferreyra me enoja. Pero también logran
sacudirme algunos comentarios de estos días.
Me niego a llamarlo Mariano, así a secas. Porque no lo conocí
y muchos que lo hubieran escupido y se hubieran reído irónicamente
de él por su pertenencia a la militancia trotskista del Partido
Obrero, hoy le dicen Mariano. Entonces prefiero llamarle de
otro modo.
Sé que es fuerte hablar de una nueva teoría de los dos demonios.
Conozco perfectamente de qué estoy hablando. Por eso me duele
utilizar la metáfora.
¿Por qué importa tanto su filiación política? ¿Por qué si hubieran
asesinado a un militante del FPV la plaza hubiera desbordado
más de lo que rebalsó de gente el jueves? ¿Existen muertos propios
y ajenos en estos casos; cuáles son los nuestros y cuáles los
demás?
Veamos si las preguntas me ayudan a ordenar las ideas indignadas.
Su militancia en el PO contribuye, para mucha gente izquierdofóbica,
a dudar de él sin decirlo. Nadie se anima, al menos por ahora,
a caerle encima al muerto. Pero comienzan a escucharse algunas
preguntas que hieren y, aun sin llegar a la justificación de
la patota, van en el sentido de "y bue muchachos, ustedes se
la buscaron un poco también…". Un recurso bastante similar al
que utilizan los dosdemonistas de los '70 que, sin justificar
a los genocidas, sostienen que la militancia de aquellos años
tensó la cuerda más de lo aconsejable. Es decir: no se animan
a decir abiertamente que se lo buscaron, pero dejan implícita
una cuota importante de responsabilidad en las víctimas.
Cuando Reynaldo Sietecase
(http://www.reynaldosietecase.com.ar/2010/10/21/preguntas-sobre-la-sangre/)
se pregunta "¿Por qué los dirigentes del Partido Obrero,
el MRT, Quebracho y otras organizaciones impulsan a los jóvenes
militantes y estudiantes a concurrir a los conflictos gremiales
aun cuando saben que habrá violencia?", está haciendo una
pregunta peligrosa en este contexto. Más allá del error, seguramente
de tipeo, de llamar MRT al MTR (Movimiento Teresa Rodríguez,
por la víctima del primer piquete en Cutral Có 1997), Reynaldo,
a quien respeto por intentar estirar los límites de la escasa
libertad que los periodistas de los medios masivos tienen para
opinar, se pregunta esto al mismo tiempo que cuestiona a la
patota. No digo que haya que esquivar ciertos debates; sostengo
que es peligroso hacerlo en este momento. Porque desde esa pregunta
hasta que alguien diga "si los dirigentes no lo hubieran mandado
a Mariano a una protesta que no le incumbía, no lo habrían matado",
hay menos de dos pasos. No cabe ese debate ahora; en otro momento,
despegado de este hecho, no hay ningún inconveniente. De todas
formas, no puedo dejar de contradecirme para opinar ahora mismo
que si las Madres de Plaza de Mayo hubieran sido sólo las madres,
nunca hubiesen rondado la pirámide más de doscientas personas.
Nadie se animaría a preguntar que hacía Pérez Esquivel allí
si no era madre, por contraponer sólo un ejemplo a la teoría
que dice que a una protesta sólo pueden ir los implicados directamente.
No cabe tampoco preguntarse por qué Ferreyra, que militaba en
la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires), estaba en
esa manifestación.
La presidenta, en la misma línea, tras unas primeras apariciones
impecables repudiando el hecho, comenzó
luego a igualar a los dirigentes del PO con la patota de la
burocracia sindical (http://www.infobae.com/politica/543022-0-0-No-quiero-mas-marchas-palos-o-armas-afirmo-Cristina-Kirchner-el-crimen-Ferreyra):
"Los incidentes y la muerte de Ferreyra, son producto de
la violencia y de no poder sentarse a discutir las cosas como
corresponde en una sociedad democrática". Olvidó contar
que los manifestantes tercerizados habían sido desoídos en sus
reclamos ante el Ministerio de Trabajo durante meses. Pequeño
olvido al fin, sí habían intentado sentarse a discutir donde
correspondía y, ante la negativa a ser incorporados, planificaron
un corte en las vías cercanas a la Estación Avellaneda para
hacer notar su reclamo. "No quiero vivir más en una sociedad
donde se sale a manifestar con palos y con armas de fuego",
agregó Cristina Kirchner. No hubo, en los últimos 30 años, al
menos que recuerde y permito que se me corrija por supuesto,
ninguna movilización de fuerzas de izquierda en las que se evidenciara
que alguien portara armas de fuego; sí palos. Pero no es lo
mismo. Aunque uno pudiera no compartir ese tipo de manifestaciones,
igualarlas con los que van a romperlas con armas de fuego, en
este instante, es la teoría de los dos demonios recargada. Es
equiparable a las declaraciones que se refieren a los '70 como
una "época de violencia política". Así, sin más, sin ninguna
distinción entre la guerrilla y las fuerzas del Estado como
organizador y perpetrador de un genocidio. La presidenta, con
acierto, rechazaría declaraciones de ese estilo. Por la misma
razón, no debería referirse al asesinato de Ferreyra con frases
que todo lo abarcan e igualan. No todo es igual. No todos son
lo mismo.
En realidad lo que está ocurriendo es que nadie quiere hacerse
cargo de la muerte. Y, en el afán de despegarse de los culpables,
todo vale. Hasta revitalizar conceptos nefastamente perversos
como la teoría de los dos demonios.
De todas maneras, habrá que marcar en este punto que, hasta
ahora, no da para vincular al gobierno con la muerte de Ferreyra;
tampoco a Duhalde, como intentaron instalar algunos medios y
dirigentes afines al gobierno. Quizá nunca conozcamos la punta
más alta de la pirámide. Tal vez esa punta no sea tan alta como
varios apuntan. O sí. Yo no lo sé. Y prefiero la cautela en
estos casos. Sí tenemos algunos datos: hubo barrabravas integrando
la patota asesina. No conozco barras trotskistas. Tampoco grupos
de izquierda que utilicen barras como fuerza de choque. Hay
un testimonio de un trabajador (http://www.amprovincia.com.ar/noticias/detail_noticia.asp?id=25136&seccion=1)
asegurando que, durante una asamblea de los tercerizados realizada
hace un par de meses, un grupo de gente se presentó como "barras
de Lafe". Les dijeron que ya tenían un arreglo con el otro sector
pero que si les ponían más dinero se pasaban de bando. Los rechazaron.
No todos son lo mismo.
Cuando se habla de "enfrentamiento sindical", ¿a qué nos referimos?
Aquí hubo un grupo que fue a manifestarse. Decidieron cortar
las vías. Cuando los agredieron se defendieron y rápidamente
se replegaron. Los asesinos los fueron a buscar desde Avellaneda
hasta Barracas y, finalmente, allí les dispararon, ¿eso es un
enfrentamiento o un grupo saliendo a cazar a otro? Igual que
en los `70, salvando las diferencias más que obvias, es un grupo
jugando a la cacería.
La CGT (Confederación General del Trabajo, qué loco que no se
denomine Confederación General de Trabajadores) está integrada,
en tanto la reunión de sindicatos más popular del país, por
la mayoría de los gremios. Allí, uno suele encontrarse con que
los secretarios generales apenas han trabajado de trabajadores
y en algunos casos hasta han heredado el poder de sus padres.
Pero no sólo eso: han convertido a los sindicatos en empresas
y, al mismo tiempo que prestan servicios sociales a sus afiliados,
son socios en empresas que nada tienen que ver con la actividad
de ese gremio (es emblemático el caso de la sociedad Camioneros-Macri
en el ferrocarril Belgrano Cargas). En ese contexto, algunos
partidos de izquierda, a quienes muchas veces consideramos torpes
en la construcción política, han realizado un importante y acertado
trabajo sindical, organizando a trabajadores de base abandonados
por sus gremios y con la necesidad de encontrar nuevos representantes.
Muchas veces les hemos marcado con bronca esas falencias que
los aíslan en el juego electoral; desde ese mismo lugar habrá
que marcarles como un acierto todas las movidas que intentan
romper con casi medio siglo de burocracia sindical. Ese buen
trabajo no lo notamos sólo nosotros. Por eso la patota se preocupa.
También por eso no reparan en los métodos: UPCN contra ATE en
el Indec ; la UTA contra los Metrodelegados del subte; la UTA,
otra vez, contra la nueva agremiación de conductores de micros.
Y podríamos seguir. Siempre los agresores pertenecen al mismo
sector y los agredidos son quienes intentan quebrar estas lógicas
matonas con organizaciones más de base.
Carlos Chile, el recientemente electo Secretario General de
la CTA (Central de Trabajadores Argentinos), Seccional Capital,
nos dijo la tarde del asesinato que:
"este muerto es por la falta de libertad sindical" (http://laretaguardiaam770.blogspot.com/2010/10/carlos-chile-este-muerto-es-por-la.html).
Tiene razón.
Ya resulta inadmisible que un trabajador no pueda elegir por
quién desea ser representado. Por eso, además de la reincorporación
de los despedidos tercerizados que se anunció la tarde siguiente
al crimen, el anuncio que estamos esperando, para no considerar
vana la muerte de Mariano Ferreyra, es el reconocimiento sindical
para la CTA y el encarcelamiento inmediato de aquellos que recurran
a este tipo de aprietes, haya muertos o no.
Sin avales políticos, las patotas se desarman solas. Quienes
merodeamos el fútbol lo sabemos mejor que nadie.
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