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AÑO
VI - NÚMERO 64 / Martes 31
de agosto de 2004
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¿EN
QUÉ ANDA?
HOY:
Jorge Eduardo Piaggio
Hoy vende música en una
disquería, pero fue campeón mundial con una recordada Selección juvenil, cuando
ni siquiera había debutado en la Primera de Atlanta. Luego, si bien no jugó
muchos partidos en el equipo, Jorge Piaggio dejó un buen recuerdo en todos los
hinchas y socios. No sólo por aquel título sino también porque integró el plantel
que obtuvo el ascenso a Primera División en 1983. La historia de su primo detenido-desaparecido
por la última dictadura militar y de cómo ésta manipuló a la población cuando
el seleccionado Sub-20 regresó triunfante al país.
POR EDGARDO IMAS
(imased@yahoo.com)
Se emociona con la propuesta de un reportaje y agradece el reconocimiento. En una pausa en su trabajo como empleado de una disquería céntrica, rubro en el que se desempeña desde que abandonó el fútbol profesional hace unos trece años, Jorge Piaggio, 44 años y dos hijos -Martín, de 16, y Florencia, de 13-, dialogó con Sentimiento Bohemio. Café de por medio, el ex defensor bohemio y campeón en el Mundial Sub-20 de 1979 repasó sus años en Atlanta, adonde arribó desde un pueblito del interior bonaerense. No podía quedar a un lado aquella experiencia con aquella ya mítica Selección juvenil, dirigida por Menotti y en la cual jugaban otro bohemio, Alfredo Manuel Torres, además de Diego Maradona y Ramón Díaz, entre otros.

Jorge Piaggio en
su despedida de Atlanta en la última fecha del Campeonato de Primera B de 1983,
cuando se consagró campeón. Esa tarde estuvo en el banco y no le tocó ingresar
en un encuentro suspendido a los 49 minutos por falta de balón. Piaggio es el
cuarto parado desde la derecha, entre Adrián Bianchi y el arquero Horacio Yonadi.
(Gentileza Jorge Piaggio.)
Caso raro el de Piaggio: si bien no jugó muchos partidos en la Primera de Atlanta, ya que -con excepción de 1981- nunca se terminó de consolidar como titular, fue convocado en reiteradas oportunidades para integrar equipos nacionales -juvenil y de la B-. Él mismo reconoce esa paradoja, pero no guarda rencores ni lamentos. Por el contrario, destaca un reconocimiento anterior: "Hace unos tres años un grupo de socios me invitó a una cena en la que participaron varios ex jugadore; nos entregaron un recordatorio y nos hicieron hablar. En ese momento dije que deseaba de todo corazón que las inferiores y el club volvieran a ser lo que eran cuando yo había llegado. A mí me da mucha pena verlo tan abajo; como mínimo debe estar en la B Nacional, peleando para subir".
De hablar pausado, meditando cada palabra, cada frase, a los 44 años Jorge Piaggio transmite serenidad -la misma que desplegó en los campos de juego- y un constante agradecimiento a lo que le dio el fútbol y a cómo éste le permitió desarrollarse como persona. Claro que el paso del tiempo, además de aplomo, dejó huellas en la cabellera, pero Piaggio tiene para ello un infalible remedio: una inseparable gorra deportiva.
-¿Cómo
llegaste a Atlanta?
-Me trae Mario Fossa, que era del mismo pueblo que yo: Conesa, entre San Nicolás
y Pergamino, con 2.000 habitantes. Fossa ya había debutado en la Primera de
Atlanta y tenía una habilidad infernal. En mi pueblo yo jugaba en el Conesa
F. C., que estaba en la Liga de San Nicolás. Aunque era chico, ya estaba incluso
en la Primera en Conesa, pues allí es distinto, llegás antes. Vine a hacer una
prueba en inferiores y quedé. Para mí resultó fácil porque ya jugaba en Primera
allá y tenía compañeros de 30 años. Como yo estaba estudiando en Conesa el secundario,
accedieron a que yo no viniera a vivir ni practicara aquí y a que sólo viajara
los fines de semana para jugar. Los viernes tomaba un micro que pasaba por Conesa
a las 3 de la mañana y llegaba a las 8, y me iba al club porque no conocía la
ciudad y después de jugar volvía enseguida.
-¿Qué
recordás de tus años en divisiones inferiores?
-Empecé en Séptima, con Zamudio y Rocha como directores técnicos. Ese año salimos
campeones, en cancha de Atlanta, frente a Boca. Jugamos con la camiseta de la
Primera, que era blanca con escudo en el medio. Al año siguiente, 1977, ya en
Sexta, me vengo a radicar en la Capital y continúo los estudios. Vivía con cinco
muchachos del pueblo en un departamento en Once, sobre la avenida Rivadavia,
que era de Fossa, porque el padre se lo había comprado. En Sexta salimos subcampeones:
perdimos la final ante Independiente en la ciudad deportiva de San Lorenzo.
Yo no jugué ese partido pues me había lesionado en una práctica del seleccionado
juvenil, para el cual Duchini nos había citado a varios del club: Claudio Dalcó,
Francisco Barone, Omar Juan, Eduardo Santa María y yo. Recuerdo que el Juvenil
entrenaba en All Boys y que a varios la AFA nos declaró intransferibles por
pedido de Menotti. Es decir, que si a mí me hubiera querido, suponete, el Bayern
Munich, Atlanta no me habría podido transferir. Al que no pudieron citar era
a un arquero que teníamos, Battaglia, porque era paraguayo, y que después integró
la Selección de ese país. Para ese entonces Alfredo Torres y Santa María ya
habían debutado en Primera y otros empezábamos a alternar en Tercera. Jugábamos
los sábados en inferiores y los domingos en Tercera. En el Nacional 77, el DT
Tardivo hizo debutar a varios en Primera, como Moll y Dalcó, y yo me la perdí
pues me había lesionado en una práctica del Juvenil y me había vuelto a mi pueblo.
En el '78 hice Quinta y siguieron las prácticas del Juvenil; no me acuerdo cómo
salimos, pero no figuramos.

El equipo que le
ganó en 1983 a Lanús 4 a 2 como visitante.
Jorge Piaggio es el tercero, desde la izquierda, entre los parados.
-En
1979 Atlanta descendió a Primera B en una muy pobre campaña en la cual vos no
alcanzaste a jugar y que además coincidió con el título de campeona juvenil
que obtuvo la Selección en el Mundial de Japón.
-En el '79 bajamos, pero yo estuve mucho con el Juvenil y ya el Narigón Torres
jugaba en Primera. A mí me mató el descenso: una, por mis características futbolísticas,
y otra, porque no es lo mismo jugar en Primera División que en la B. En la A
no pude jugar nunca. Tanto es así que luego de que ascendimos en el '83 el Toto
Lorenzo me dijo: "Usted en Primera A la tiene que romper, por su prestancia
y por su juego". Pero después no sé qué movida hubo y me dejaron libre. En el
'79 estaba concentrado en el Juvenil y jugaba en Tercera, y luego, como descendimos,
hubo un parate de siete meses porque el que descendía no jugaba el Nacional.
Me acuerdo de que una vez que volví del Mundial Juvenil, los que quedamos practicábamos
y jugábamos amistosos con Luis Artime, que era el DT; a varios de la Primera
los prestaron a otros clubes para ese Nacional.
-¿Cómo
viviste un proceso tan vertiginoso para un adolescente que venía de un pueblito
de 2.000 habitantes?
-Finalmente el secundario lo abandoné. Estaba ya con la Selección y además me
costó el cambio del pueblo a aquí. Fueron muchos cambios todos juntos para un
pibe de 16 o 17 años. Pero el club me albergó, y de una manera tal que lo terminé
queriendo y llevándolo adentro.
Por fin,
el debut
Con una buena experiencia con los colores argentinos, era hora de su presentación
en la Primera bohemia. Y llegó en los inicios del primer torneo que disputaba
Atlanta en la B luego de 24 años en la A.
-Y
en 1980 debutás en Primera, con gol en contra tuyo incluido, en un partido ante
Villa Dálmine
-Habíamos hecho una pretemporada buena en Atlántida, Uruguay, con Artime y el
profe Habbeger. La consigna era volver a Primera sí o sí. Los amistosos fueron
muy buenos. Fuimos a jugar dos cuadrangulares a Chile: con Colo Colo, Universidad
y Huracán, en el estadio Nacional, en Santiago, fue el primero y llegamos a
la final. Y después viajamos a jugar el segundo a Iquique, en el norte, en el
que perdimos con el local y luego jugamos con Palestino. En el debut estuve
tranquilo. Futbolísticamente, con bronca por no haber podido ganar, porque nosotros
estábamos mentalizados para ascender. Sin embargo, no habíamos arrancado bien.
Pero la campaña fue muy buena y no perdimos en todo el torneo como local, a
pesar de que Sarmiento fue el campeón. El partido clave fue en Junín cuando
nos ganaron 2 a 0. Había discrepancias en cuanto a lo táctico en ese partido
entre lo que pensaba el DT Artime y el profe Habbeger. Artime lo quiso jugar
de igual a igual, no así el profe, que era muy influyente y muy capaz. Yo jugué
poco ese año porque los titulares eran Rocca y Bianchi, y también alternaba
Marinich. Me la bancaba bien y estaba cómodo. Me interesaba más que anduviera
bien el equipo que la pelea personal por jugar. Está bien, uno quería jugar,
pero... Fijate que con Adrián (Bianchi) siempre fuimos muy buenos compañeros.
Nos habíamos mentalizado que el equipo estaba por sobre todo. Como aún no tenía
21 años, yo no tenía aún contrato profesional. Además, había venido solo, no
tenía representante y mi viejo estaba en el campo. Yo tenía una plata mejorada,
como un viático para moverme aquí. En realidad tenía un contrato firmado con
el club, pero privado, no era profesional.
-Por
ese entonces es cuando se frusta una posibilidad de pasar a un club grande,
¿no?
-En el '81, el representante uruguayo que había traído a Espala a Atlanta me
quiso llevar a Boca. Yo estuve reunido con Boca para arreglar, cuando estaba
Noel de presidente. Sabés lo que era ir a Boca; si yo ganaba 1.000 en Atlanta,
ellos me habían dicho que me darían 5.000 y que no podían más pues habían gastado
ya mucho con el pase de Maradona. Yo decía: "Sí, te firmo las paredes". La cuestión
es que el pase no se hizo, y en Atlanta ya estaba Manera como DT, que me empezó
a poner de 4. En ese puesto jugué con Quilmes. La campaña no fue buena y luego
Manera se tuvo que ir. Debutó el Ruso Hrabina, que era un año más chico que
yo. Volvió Artime como DT, tuvimos una levantada y hubo un partido clave con
Chicago en cancha de Atlanta, que perdimos y en el que Hrabina erró un penal
sobre la hora. Me acuerdo de que ese penal trajo lío, porque decíamos por qué
no pateó Landaburo, que lo hacía como un animal.
-¿Por
qué te fuiste en 1982 a Almirante Brown?
-Yo hice la pretemporada con Atlanta y todavía estaba Artime con el profe Dean,
que después fue el PF del Pelado Díaz. Fue en Don Torcuato; yo veía que traían
defensores: a la Gata Olmedo, de Córdoba, por ejemplo. Justo López-Cavallero,
que estaban en Almirante Brown, me piden y entonces me fui. Fue un trueque por
el puntero derecho Almada, sin dinero en el medio y sin opción de compra; cada
uno arreglaba el contrato con el club. En Brown me fue bien. Fue una muy buena
campaña: jugaban Pistone, Rivoira, Palito Candau. A Atlanta le ganamos los dos
partidos. En Villa Crespo, fue 1 a 0, con gol de Adrián Márquez. A mí me mandaron
a seguirlo por toda la cancha a Alfredo Graciani. Me sentí rarísimo al jugar
con Atlanta: veía a los muchachos de la tribuna y a muchos los conocía, porque
había pasado mucho tiempo en el club en los años anteriores, ya que, por ejemplo,
comía allí.
-En
el '83 regresás e integraste el plantel que fue campeón de la B y ascendió a
la Primera División.
-Como DT estaba la dupla López-Cavallero, que se quedaron hasta poco más de
la mitad del torneo, cuando llegó Lorenzo. Yo arranqué jugando, y el equipo
empezó bien. Después se cayó un poco, pero cuando renunciaron López-Cavallero
no estaba el equipo como para que se hubieran ido. Ocurre que la gente los cuestionaba.
Pero eran unas personas espectaculares. La gente tenía fastidio con ellos, discutían
la forma en que hacían jugar al equipo. A mi entender el público de Atlanta
siempre fue de un paladar mixto, como una mezcla de Boca y River, salvando las
distancias. Y el esquema de López-Cavallero les parecía muy defensivo. Por ejemplo,
yo había jugado de stopper en una situación en particular, y a mí me conocía
la gente como líbero; los hinchas, no podían entender cómo me ponían a correr
hombre a mí. Otra cosa que les criticaban era que jugaran con dos 5 en el mediocampo
Gustavo Jones, que era un perro de presa, y Avelino Verón. Algunos vinieron
un par de veces a patearle la puerta, no les gustó y se fueron.
-¿Por
qué jugaste poco en esa campaña? ¿Influyó eso en que después de ella te desvinculaste
del club?
-Con Lorenzo y el profe Santella no estuve mucho tiempo pues me fui a Malasia
con la Selección de la B, aquella que también integraban Colombatti, Walter
Fernández, entre otros. Ni siquiera estuve cuando asumió pues estaba viajando.
Cuando Atlanta salió campeón, ya había regresado, pero no estaba en los planes
del DT. Yo me puse contento, pero no era mi campeonato. En realidad, en Atlanta
no jugué mucho, pero estuve en dos selecciones; es muy raro. El Toto me iba
a poner en el partido de la última fecha como titular, pero finalmente salí
como suplente. Tampoco me puso en un amistoso que jugamos en Bahía Blanca. Luego
me fui con la selección de la B a Chile, a jugar unos partidos en Puerto Montt,
La Serena y Santiago, y después ya no volví al club. Concurrí a la cena de los
campeones con mucha gente en el gimnasio grande y el presidente Masci le entregó
una medalla a cada uno. Días más tarde, recibí el telegrama en el que me declaraban
libre. Y me cayó como un balde de agua fría, más aún después de lo que había
conversado con el Toto Lorenzo, que me había ilusionado con jugar en la A. Él
después se marchó de Atlanta, pero el telegrama fue enviado antes que él se
fuera del club. No sé si fue algún problema político. Lo sentí como que me estaban
dando un cachetazo y nadie me daba una explicación. Yo quería jugar en la A:
siempre había escuchado a mis compañeros del Juvenil que decían que en la A
se juega mejor, que hay más espacios y que las canchas son mejores. Ahora, después
de tanto tiempo, reflexiono sobre eso y me digo que, con lo que había jugado
en Atlanta, quizá estuvo bien que no siguiera en el club.
-¿Cómo
era el club desde el punto de vista social?
-Cuando yo vine al club me atendieron siempre de maravillas. Me daban la comida
y algún dinero para moverme. Era un club de Primera A. Estaba el dicho ese de
que en inferiores sólo llevábamos el champú y las ojotas, porque nos daban todo:
toalla, ropa, jabón. Recuerdo con mucho cariño la sede social, la pileta, en
fin, un club que ya estaba a la altura de Ferro o Vélez en aquel momento, con
una masa societaria importante. Masci fue el que ordenó todo eso y lo trató
de llevar adelante. Pero Atlanta estaba dividido: por un lado, los socios nuevos
que había llegado, y, por el otro, los futboleros tradicionales de siempre.
Ésa fue la eterna lucha que uno vivió ahí como jugador.
-¿Dónde
continuaste tu carrera profesional?
-En el '84 arreglé con Armenio, en la B, de última. Estaban Scotta, Fanesi,
el Chino Benítez y el DT era el Chango Cárdenas. Estuve medio año, pero no jugué
oficialmente. Luego me fui a Belgrano, de San Nicolás, que había armado un equipo
para el Regional con Potente, Premici, García Cambón, el Ruso Ribolzi. Lazbal
y yo éramos los únicos pibes. Nos daban buena plata, pues estaba de por medio
una empresa constructora. Me fui detrás de los billetes, pero al ir al interior
desaparecés. Después me casé y me fui a jugar a Deportivo Maipú, de Mendoza.
Era el año '85 y salimos campeones con Ramos Delgado de DT en la Liga local.
Volví a Buenos Aires, practiqué con los libres y luego jugué en la Liga de General
Villegas y terminé mi carrera en la C en Dock Sud, en el '91. Yo ya trabajaba
en una disquería, así que luego de esa temporada largué. Después hice el curso
de técnico pero nunca ejercí.
La experiencia
celeste y blanca
Nunca un jugador de Atlanta se consagró campeón mundial con la Selección mayor.
Justamente, un año después del primer título que logró en 1978 el equipo nacional
mayor en la Argentina, dos futbolistas bohemios pudieron obtener ese galardón,
pero con el conjunto blanquiceleste juvenil: Alfredo Torres y Jorge Piaggio.
Ambos integraron un notable plantel, conducido por César Luis Menotti y con
un Diego Maradona en su plenitud, que disputó el Sudamericano en Uruguay y luego
se quedó con el Mundial en Japón.

El DT César Luis
Menotti conversa horas antes de la final del Mundial Juvenil de 1979 con los
jugadores en el estadio de Tokio donde se disputaría ese encuentro. Jorge Piaggio
es el segundo a la derecha de Menotti; el noveno es Diego Maradona. (Gentileza
Jorge Piaggio.)
-¿Cómo
viviste todo ese ciclo de una Selección Sub-20 que hizo historia?
-En el Sudamericano de Uruguay jugué más que en el Mundial. Menotti me puso
de titular como 4 en un partido en el Centenario ante Paraguay. Para mí fue
algo impresionante: era uno de los pocos que no habían jugado en Primera todavía
de todo el plantel. En Uruguay no anduvimos bien, pero a Japón íbamos a ganar
el título. Estábamos mentalizados, pero además ¡qué equipo! La gente se despertaba
aquí a las 4 de la mañana sólo para vernos jugar por TV y le gustaba ese toqueteo
grande. Yo creo que equipos como Brasil 70, Holanda 74 y el Juvenil aquel fueron
la expresión máxima del fútbol. En el Mundial apenas jugué un tiempo, porque
Simón se esguinzó un tobillo contra Argelia en cuartos de final y me tocó entrar
a mí, con el partido definido. El grupo era bueno. Además, cuando se gana, los
grupos tienden a afirmarse. Lo de Ramón con Diego fue algo que sucedió después,
en Europa, y fue más mediático.
-Precisamente,
¿cómo era Diego en aquellos tiempos?
-Lo recuerdo con mucho cariño. Era muy gracioso y jodón, y como yo también lo
soy, nos llevábamos bien. Ya tenía dos años en Primera y mucha presión. Recuerdo
que a la concentración de la Selección, en José C. Paz, llegaban revistas de
Europa con notas sobre él y yo le decía: "¿Vos te diste cuenta de lo que sos?"
Diego me respondía: "Dejame de joder. Yo a veces quisiera ser como vos". Empezaba
a sentir la presión, eso de no poder bajar de ocho puntos en una cancha.
-¿Y
el Ñato Torres, compañero tuyo en Atlanta y en el seleccionado sub-20?
-Un fenómeno. Ése sí que era un fuera de serie. Era lo más parecido a Bochini,
pero con gol. Él era número 9 en inferiores, y yo las mejores maravillas se
las vi hacer a él en inferiores. Parecía que la iba a perder, físicamente no
era gran cosa, pero era algo extraordinario. Los dos fuimos campeones mundiales,
y a mí se me recuerda, pero a Torres mucho más ya que jugó muchos partidos en
la Primera del club y su carrera fue más exitosa que la mía. En realidad, su
carrera fue menos exitosa de lo que debería haber sido. Era un enganche, para
el fútbol de hora. O media punta; se tiraba atrás y desequilibraba.
-Como
"hombre de Menotti", ¿existe esa dicotomía que durante tantos años impregnó
el fútbol argentino entre su estilo y el de Bilardo?
-César Menotti fue el más grande. Un gran motivador, que defiende al jugador
a muerte. Bilardo me cae simpático, a pesar de que no profeso simpatía por el
juego de él; pero, si querés encasillarlo, digo que soy de la otra vereda. Menotti
no decía que no había que defender. Él quería que se defendiera y que se jugara
bien, y una cosa no invalida la otra. Aunque tampoco creo que Bilardo renegara
del ataque y la habilidad. Es más, el mejor equipo que tuvo él, en Estudiantes,
estaban Ponce, Sabella, Trobbiani; todos grandes jugadores.
-¿Tenés
relación aún con los integrantes de aquel equipo que salió campeón mundial?
-Nos reúnen los periodistas de vez en cuando. Pero hoy ya somos otras personas,
cada cual en lo suyo y con realidades muy distintas: yo tengo que laburar, otros
tienen una posición muy holgada. Todos vamos cambiando con el tiempo; por eso
es mejor quedarse con el recuerdo de cuando éramos pibes y nos matábamos de
risa, y todo era más llano, parejo y teníamos nuestros sueños e ideales.
-¿Qué
te dejó la participación en la Selección de Primera B que jugó ese torneo en
Malasia asociado a hechos de corrupción y curiosamente denominado Merdeka?
-Bilardo estaba en la Selección mayor y la AFA armó un combinado de la B y lo
mandó con Chamaco Rodríguez y Albino Valentini a participar de ese torneo. Pero
el lío que mencionás vos fue al año siguiente del que viajé yo, cuando fue otra
delegación, al mando de Merelas. Cuando estuve yo, no me enteré de nada y no
pasó nada. Había un sistema de apuestas hasta por el resultado: por ejemplo,
jugaban Argentina-Nepal y suponete que arreglás ganar por equis marcador, ¿cómo
hacés para ganarle 1 o 2 a 0, si se hacían los goles ellos mismos? Nosotros
salimos campeones en Malasia y no arreglamos nada. Nos reunimos en una pieza
para decidir qué hacíamos y dijimos: "Estamos bien y queremos ganar el torneo.
No hagamos boludeces". El lugar era como en el cine: hotel cinco estrellas,
putas, los tipos.
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Dictadura,
represión y manipulación Mi primo segundo, hijo de un jefe de ferrocarriles, estaba haciendo la colimba en Santo Tomé cuando fue secuestrado. Yo ya estaba viviendo en la Capital y no entendía bien qué pasaba. Yo me entero y empiezo a tomar conciencia de toda aquella movida con la llegada de la democracia, cuando empieza a trascender todo. Imaginate el festejo que hubo en mi pueblo y cómo me recibieron; todo un gran alboroto porque llegaba el campeón del pueblo. Y ahí me entero de que mi tía había estado en la plaza, con las Madres, y que la habían reprimido. Ella estaba en Buenos Aires tratando de averiguar dónde estaba su hijo. Cuando viajé a Japón con el Juvenil sabía que mi primo estaba desaparecido, pero no conocía bien en qué circunstancias. Viste cómo son las familias: hay comentarios de todo tipo, que se fue con alguna, sumado a lo que decían los medios. La movida del regreso de Japón fue muy rara. Nosotros festejamos en Japón y se ve que vino un "tubazo": "Hay que volver". Recuerdo que regresamos con urgencia; ya estaban aquí los inspectores de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pero nosotros no lo sabíamos. Es más, ni teníamos idea de quiénes eran. Nosotros teníamos toda la inocencia del mundo. Como te decía, el viaje de vuelta lo hicimos rapidísimo. Llegamos a Río y para el trasbordo estaba un avión oficial esperándonos, no uno de línea. Ni siquiera pudimos recoger las valijas. La urgencia era arribar cuanto antes. Llegamos a Aeroparque a las 6 de la tarde. Atando cabos, uno se da cuenta que querían llegar a la hora en que la gente salía de sus trabajos para armar la fiesta. Si hubiéramos llegado a las 3 de la mañana, no habría sido lo mismo. Dos helicópteros del Ejército nos llevaron a la cancha de Atlanta, y los familiares en micro también se dirigieron para allí. Bajamos, un beso a los parientes y al micro para la Casa de Gobierno, a saludar a Videla y después a la AFA. El pueblo, feliz. Nosotros nos preguntábamos: "Loco, qué hicimos?" Claro, éramos campeones mundiales. Creíamos que toda la movilización era espontánea. Tiempo después me doy cuenta de que todo había sido manipulado, pero en ese momento...nosotros teníamos toda la inocencia del mundo. Está bien, te hace bien al ego, fue muy lindo e inolvidable, pero... Pensar que tengo la foto en la cual aparezco dándole la mano a Videla... "Nosotros fuimos usados. Nos usaron como lo hacían con cualquiera. Sin embargo, el éxito deportivo no lo empaña nadie: viajamos a Japón, les ganamos a todos y sin duda fuimos el mejor equipo, uno de los mejores juveniles de la historia. En cambio, en el Mundial 78 estuvo la sospecha del partido ante Perú." A mis hijos les conté todo lo que pasó con los militares en aquel Mundial Juvenil. Cuando el último 24 de marzo se cumplió un nuevo aniversario del golpe militar, les expliqué cómo fue el comunicado número 1, de qué manera de un día para el otro de repente no estaba más el presidente, en fin, contándoles cómo se desarrollaron los hechos. No sé si les llegó o si uno termina siendo un viejo pesado, pero por lo menos para que sepan cómo se vivía en aquella época. A mí, por ejemplo, me llevaron preso una vez que venía de Conesa para jugar aquí; pararon un micro, todos abajo, nos palpaban y nos revisaban el bolso y yo no tenía documentos. Era algo común y uno lo vivía con normalidad... Ahora hay gente que dice: "Por lo menos había seguridad". Yo les contesto: "Lo que pasa es que los milicos no se llevaban boludos como vos, se llevaban tipos con cabeza". Y la modalidad no cambió, se sigue usando para otros medios. Sin embargo, el fútbol es una burbuja. Yo veo a los jugadores de ahora, y sacando a Sorin y a dos o tres más que tienen cabeza, el ambiente es como autista. Destaco mucho lo de Sorin, porque tiene mucha plata, una carrera exitosa, es jugador de Selección, pero tiene otra sensibilidad. |

Jorge Piaggio con
la casaca nacional. Integró el seleccionado campeón mundial juvenil y el de
la Primera B
que ganó un torneo internacional en Malasia. (Gentileza Jorge Piaggio.)
Los números de Jorge Eduardo Piaggio
Fecha y lugar
de nacimiento:
7 de febrero de 1960, en Conesa (provincia de Buenos Aires).
Trayectoria
deportiva:
Conesa FC (Conesa, provincia de Buenos Aires) (Liga de San Nicolás), Atlanta,
Almirante Brown (en 1982; jugó 27 partidos), Deportivo Armenio (en 1984, no
llegó a jugar oficialmente), Belgrano (San Nicolás), Deportivo Maipú (Mendoza)
(1985, campeón de la Liga local), Bunge (Liga de General Villegas), Tres Algarrobos
(Liga de General Villegas), El Linqueño (Lincoln), Sportivo Dock Sud (Primera
C).
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Campaña en Atlanta:
a partir de 1976 pasó por inferiores. En la Primera jugó 32 partidos oficiales
(29 como titular y en los otros 3 ingresó desde el banco de suplentes). Ganó
14, empató 9 y perdió 9.
Goles:
no convirtió tantos.
Expulsiones:
1. El árbitro Pedro Feola lo echó en El Porvenir 1 - Atlanta 3, en 1981, por
agredirse con un rival (Pérez).
Primer partido
en Atlanta:
Campeonato de Primera B 1980, 3ª fecha, Atlanta 2 - Villa Dálmine 2.
Atlanta: Luis Barbieri, Armando Ovide, Jorge Piaggio, Adrián Bianchi (cap.), Horacio Pizurica; Mario Carballo, Rubén Sacconi (10' ST Jorge Vázquez), Carlos Acuña; Omar Porté (20' ST Héctor Candau), Ricardo Espala y Jorge Villagra. DT: Luis Artime. AS: Carlos Leone. SC: Carlos Rocca, Eduardo Gelabert.
Villa Dálmine: Hugo Cefo; Carlos Pintos, José Luis Schaer, Omar Santorelli, Juan José Díaz (40' ST Jorge Caballero); Mario Contte, Francisco Martiarena ( ST: Luis Orlando), Oscar Cassinerio (cap.); Narciso Gallardo, Juan Alberto Martínez y Miguel Benítez. DT: Pedro Mansilla. AS: César Robina. SC: Aldo Ifrán, Carlos Milani.
Jugado el 15 de marzo de 1980. Cancha: Atlanta. Recaudación: $ 10.700.000. Juez: Carlos Orellano. Goles: PT: 11' Rubén Sacconi (At), 29' Jorge Villagra (At). ST: 3' Oscar Cassinerio (VD), 20' Jorge Piaggio, en contra (VD). Incidencias: ST: 23' Oscar Cassinerio (VD) desvió un penal; 32' expulsado el DT Pedro Mansilla (VD).
Último partido
en Atlanta:
Campeonato de Primera B 1983, 23 ª fecha, Arsenal 1 - Atlanta 2.
Atlanta: Raúl Domínguez; Adrián Bianchi, David Millicay, Jorge Piaggio (28' ST Carlos Gustavo Jones), Rubén Bernardis; Horacio Bianchini, Avelino Verón, Alfredo Torres; Jorge Villagra, Alfredo Graciani (ST: Ricardo Espala) y Héctor Milano. DT: Oscar López-Oscar Cavallero.
Arsenal: Oscar Manis; Miguel Spinosa, Luis De Luise, Miguel Lépore, Ricardo Lupo; Oscar Castro, Jorge Di Gregorio, Héctor Torres (28' ST Roberto López); Juan Carlos Fernández, Marcelo Rosende (23' ST Miguel Gutiérrez) y Enrique Ramírez. DT: Julio Elena.
Jugado el 23 de julio de 1983. Cancha: Arsenal. Recaudación: $a 7.114. Juez: Juan Carlos Crespi. Goles: PT: 24' Héctor Torres (Ar). ST: 1' y 41' Ricardo Espala (At), el primero de penal. Incidencia: expulsado 41' PT Rubén Bernardis (At).
Campaña en la
Selección Nacional Juvenil:
Disputó 3 partidos internacionales oficiales: 2 por el Torneo Sudamericano Juvenil
disputado en Uruguay, en enero de 1979, en el que la Argentina fue subcampeona
(Uruguay 1 - Argentina 0, por el Grupo I, y Argentina 0 - Paraguay, por la ronda
final, ambos en el Estadio Centenario, en Montevideo) y 1 por el Torneo Mundial
Juvenil jugado en Japón, en agosto y septiembre de 1979, en el que la Argentina
fue campeón.
La síntesis del único partido que disputó Jorge Eduardo Piaggio por ese campeonato mundial fue:
Cuartos de final, Argentina 5 - Argelia 0.
Argentina: Sergio García; Abelardo Carabelli, Juan Simón (Jorge Piaggio), Rubén Rossi, Hugo Alves; Juan Barbas, Osvaldo Rinaldi y Diego Maradona (Juan J. Meza); Osvaldo Escudero, Ramón Díaz y Gabriel Calderón. DT: César Menotti.
Argelia: Rahmani; Ameur, Chaib, Djenadi (Belabes), Chaibi; Sebbar, Yahi, Benamer (Demdoum); Menad, Kheloufi y Bandjaballah.
Jugado el 2 de septiembre de 1979, en Tokio. Juez: George Joseph (Malasia). Goles: PT: 25' Diego Maradona, 35' Gabriel Calderón, 39' Ramón Díaz. ST: 12' y 27' Ramón Díaz.
Campaña en la
Selección de Primera B
Integró el plantel que ganó la Copa Merdeka en 1983, disputada en Malasia. La
Argentina le ganó en la final, en Kuala Lumpur, 2 a 1 a Argelia, luego de haber
eliminado en semifinales a Brasil y encabezado su grupo por encima del local,
Nepal, Bangla Desh y Corea -el único que le ganó-.

Jorge Piaggio, versión
2004. Detrás, la disquería donde trabaja.
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