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Club
Atlético |
AÑO
IV - NÚMERO 19 / Martes 16 de septiembre
de 2003
NOTA
EDITORIAL
¿Mas de lo mismo?
Sobre llovido, mojado. A los partidos pendientes de realización o que se jugaron
en días y horarios inverosímiles, se les agregó ahora la suspensión del fútbol
como consecuencia de una decisión judicial luego de los incidentes en cancha
de Boca. Una vez más se repite la misma secuencia de declaraciones y mentiras
en función de intereses creados. ¿Se reiterará también la adopción de medidas
inocuas? Todo parece indicar que así será, lamentablemente. El análisis del
DT bohemio, Salvador Pasini, sobre la violencia en el fútbol y el parate.
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Hace aproximadamente unos diez años se estrenó la película Groundhog Day, conocida en nuestro país como Hechizo del tiempo. En esa comedia, el protagonista quedaba atrapado en el tiempo y un día por él muy esperado pasaba a repetirse una y otra vez, eternamente. Con el tema de la violencia en el fútbol parece ocurrir algo similar. El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, pero todo se repite, como sucedía en aquel filme: los días son todos iguales en relación con esta cuestión. Para comprobar lo dicho, basta con hacer apenas un poco de memoria o revisar muy por encima cualquier archivo periodístico y repasar declaraciones y gestos de quienes tienen -o no- algo qué decir sobre el particular. |
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De este modo, ante cada incidente, crimen o barbarie, escuchamos la misma cantilena, la misma retahíla de frases huecas y hechas, mentiras e hipocresías. Algunos se hacen los distraídos, otros abogan por el "lavado de trapos sucios en casa" y otros prometen, o hacen comités y proyectos, destinados invariablemente al fracaso porque efectúan un abordaje parcial del problema o porque directamente pretenden realizar retoques cosméticos para que todo siga igual. |
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Nuevamente, disturbios en una cancha motivaron que un juez suspendiera la realización de partidos de fútbol en la Capital, con un argumento bastante sólido: la enésima muestra de incompetencia policial en la prevención de incidentes, sumada a los rumores de "zona liberada", "ajuste de cuentas", "interna policial", merecían una investigación y, provisoriamente, inhabilitaban a aquella fuerza de seguridad para garantizar la seguridad y la vida de espectadores, vecinos y demás protagonistas. Luego, Grondona contraatacó y metió presión en distintas direcciones, días antes de cruciales comicios en varios puntos neurálgicos del país: suspendió el fútbol en todas las categorías.
Claro que el juez Perrotta ya había decidido interrumpir el fútbol hace cinco años en dos oportunidades. En la segunda, el fútbol de Ascenso se paró el 8-12-1998, luego de los incidentes en Chacarita (¡una vez más!)-Deportivo Morón. Tras tres meses, volvió el 6 de marzo de 1999, apenas tres días de la barbarie desatada en aquel partido de entrenamiento entre Boca y Chacarita (¡otra vez!), en la Bombonera. Desde la primera suspensión hubo protestas de los dirigentes y de futbolistas, ya que ambos aducían una merma en los ingresos pues no jugaban; el juez, que había acusado a los dirigentes por no colaborar, luego calificó a los barrabravas como "socios caracterizados" y "buenos muchachos"; se presentaron proyectos de ley en el Parlamento y hasta se trató de legislar sobre una nueva figura penal: el "odio deportivo".

Salieron las medidas: agravar las sanciones, instalación de costosísimos sistemas de audio y video -que hasta derivaron en alguna causa judicial por los precios de esos equipos-, la prohibición aún vigente de portar banderas de grandes dimensiones y con astas -que como todos sabemos y vemos se cumple a rajatabla-, venta de entradas en forma anticipada. En fin, una vez más la historia se repetía y todos miraban para otro lado.
El mes de abril del año 2000 trajo la invasión del campo de juego de Excursionistas y posterior agresión a los jugadores de Comunicaciones, en un espectáculo digno de un circo romano. Nuevamente, paro de Agremiados y posterior gran descuento de puntos para la institución del Bajo Belgrano. El criterio no acompañó otros fallos y decisiones cuando se trató de equipos de Primera División, y se continuó con las inocuas amonestaciones a las entidades, que tienen vigencia por un año y caducan al término de la temporada. A lo sumo este régimen implicaba tres puntos de descuento.
Para esa fecha, el ex árbitro Javier Castrilli hizo su ingreso en la función pública de la mano del entonces gobernador bonaerense siempre sonriente, Carlos Ruckauf, un sostenedor de la "mano fuerte" y responsable del nombramiento del ex embetunado Aldo Rico como responsable de la seguridad en la provincia.
Ahora, asistimos a un festival de los mismos argumentos y declaraciones falaces y mentirosos. Uno tiende a pensar que "esta vez sí", pero... En primer lugar, se habla de la "violencia social" y "que está en todos lados", lo cual es cierto. Dos personas se pelean por un lugar en una cola, se agreden por alguna nimia incidencia del tránsito o incluso se agarran a trompadas en una cancha por equis motivo. Pero esas frases hechas que se disparan ante cada nuevo hecho violento en una cancha mistifican, escatiman y esconden el hecho de la violencia organizada, encubierta, con infraestructura, que existe en el fútbol. Muy distinta de la violencia espontánea, con raíces sociales, económicas y educativas que existe en otros ámbitos.
Como todos sabemos desde chiquititos, las barrabravas fueron creaciones de directivos. Esto acompañó el proceso del fútbol-espectáculo desde el inicio de la década del 60 y su posterior hipermercantilización. Las conexiones y ligazones con caudillos políticos y sindicales son un secreto a voces. No vamos a abundar en ejemplos harto conocidos, pero tenemos uno demasiado fresco, y de parte de gente que se ufana de ser "parte de otra manera -progre- de hacer política": según se señala en la edición de ayer del diario Página/12, el ministro del Interior del gobierno kirchnerista, Aníbal Fernández, hincha cervecero, intercedió, exitosamente, para que el anuncio de la clausura del estadio de Quilmes se demorara para después de las elecciones que tuvieron lugar anteayer en la provincia de Buenos Aires. ¿Quiere otro?: el juez Bergés ya habría detectado caras coincidentes entre los que destrozaban baños en la Bombonera y los que quemaban urnas en Catamarca meses atrás.

En segundo lugar, Castrilli juega una cinchada con Grondona sobre el piso y el techo de las sanciones de desafiliación. "Hay que aumentar las penas", claman. Saben muy bien que el reglamento se aplica según la conveniencia y el lobby que se haga. Asimismo conocen que ello no va a servir para amedrentar y hacer que reflexionen los que generan la violencia en el fútbol y se nutren de ella. Estadísticamente, ya está probado en distintos lugares del mundo que la pena de muerte no es directamente proporcional a la caída del índice de delitos y crímenes.
En tercer término, los dirigentes se justifican: "No podemos ejercer el derecho de admisión" y acusan a la policía. Cierto es que, además de la irracionalidad e incompetencia policiales para resolver hasta el más minúsculo incidente, hay un elemento nuevo, que hasta ha derivado en causas judiciales y de corrupción: el operativo de seguridad en cada partido, la cantidad de efectivos necesarios, su costo y cuántos son los que finalmente se presentan. Los dirigentes ponen un huevo en otro cesto, pero en el suyo ocultan la connivencia con determinados personajes. Esto sin analizar lo inconstitucional que puede resulta el cacareado e impracticable "derecho de admisión". Como se ventiló en el juicio por el asesinato del hincha de Racing, Héctor Souto, en 1967, en ocasión de un Huracán-Racing, uno de los acusados por el crimen confesó que "entraba a todas las canchas pues los dirigentes habían 'premiado' su amor por la divisa con un carnet de jugador de Cuarta División". Credencial, claro, que debía avalar la AFA, suponemos.
Finalmente, está el tan conocido, y tan argentino, "todos somos algo culpables", viejo artilugio para licuar culpabilidades y responsabilidades, como si todos arrojáramos caños desde veinte metros de altura o nos tiroteáramos en alguna estación de peaje.
Todos estos coreutas y recitadores de mentiras de Perogrullo saben que ni el aumento de penas, ni la prohibición de concurrencia del público visitante, ni la instalación de satélites espías, resolverán la solución.
Mientras tanto, los días con fútbol se repiten una y otra vez. Y también son idénticos los días posteriores al de los crímenes o disturbios. Aunque, algo cambia, lamentablemente: la cantidad de muertos crece.
¿Sábados
por la tarde? Libres
Cuando se reanude la disputa del torneo, seguramente se agudizará el problema
sobre la programación de partidos por la falta de fechas. La AFA se lanzará
a la búsqueda del tiempo perdido, y ya veremos cuándo y dónde se jugará.
Hasta ahora las elecciones, la Selección, la cada vez mayor cantidad de partidos televisados -un mal necesario, pues aportan fondos a las alicaídas arcas institucionales-, hacen que Atlanta juegue un viernes laborable, un sábado, domingo o feriado al mediodía, o un martes al anochecer. A ello hay sumarle que el fixture original del Apertura preveía la realización de tres fechas entresemana. Horarios increíbles, inimaginables hace unos años, cuando el Ascenso era sinónimo de fútbol sabatino y una disposición de la AFA impedía la programación de partidos de Primera A para ese día, sagrado para las categorías menores de la AFA.
Los perjuicios son evidentes: menos espectadores por razones laborales o de estudio o porque se quedan en sus casas a ver los encuentros por TV, menos ingresos en los clubes y horarios que ponen en riesgo en épocas estivales a los jugadores.
Atlanta debutó un viernes laborable ante Tristán Suárez por la tarde, tras suspender su primera fecha ante Laferrere por un problema judicial de esta entidad. Luego jugó por TV y al mediodía -un sábado y un domingo- con Tigre y Colegiales. En la última Promoción también jugó para TV y a la hora de los ravioles o el locro frente a Argentino de Merlo.
| Una opinión autorizada | |
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El DT de Atlanta, Salvador Aurelio Pasini, es un hombre que tiene recorrido un largo camino en el mundo del fútbol, especialmente del Ascenso. Como jugador y como entrenador, pasó por distintos clubes forjando una experiencia que hace que su punto de vista sobre el recurrente problema de la violencia y la programación de partidos sea el de alguien que conoce bien el paño. Respecto de la interrupción del torneo, Pasini comenta que "por un lado, te perjudica porque luego se te acumulan varios partidos seguidos y es muy probable que se jueguen entresemana. Por el otro, a nosotros nos viene bien por dos motivos: la recuperación de varios lesionados y el trabajo con la línea de cuatro. Permite que se recuperen Barrera, que ya empezó a moverse un poco, y Cassano; además, a fines de esta semana ya empezará moverse De Lara, recién operado. Lo de la línea de cuatro hay que practicarlo y para eso hace falta tiempo; por eso decía que, de algún modo, nos venía bien el parate". |
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"Yo creo que el fin de semana próximo se reanudará el fútbol y preparé toda la actividad en función de esa fecha", arriesga el entrenador bohemio.
En cuanto a los motivos de la decisión del juez Bergés, el Tano señala: "La situación es grave y hay que buscar soluciones para este tema. ¿Si la suspensión sirve para algo? Yo creo que esta vez sí, que ahora va a haber mano dura. La quita de puntos es muy importante, porque cuando los responsables de los hechos violentos vean que les descuentan muchos puntos, van a terminar los incidentes en las canchas", y agregó: "Antes se sacaban puntos, pero luego dejó de hacerse, y volvieron los líos".
Comparando con sus épocas como jugador -Pasini debutó en 1970 en la Primera de San Lorenzo de Almagro-, Pasini, alarmado, dice que " ahora te paran un partido subiéndose al alambrado o te rompen todo el club. ¡No puede ser! No me acuerdo de que antes hubiera líos de esta envergadura. Por eso, Castrilli podrá parecer muy odioso, pero lo que dijo no está mal".
Salvador tiene en claro que "los barrabravas comparten la culpabilidad con otros", y fundamenta su aseveración: "¿Cómo entran a las canchas? ¿Nadie los conoce acaso?". No obstante reconoce que "es difícil ser dirigente, pues van y te amenazan. La solución pasa por policía firme y que haya algún audaz en cada club y que margine a los que quieren romper el club".
En relación con los insólitos días y horarios de disputa de los últimos partidos de Atlanta, el Tano admite que "se ha perdido el folclore del Ascenso, ese que decía que los sábados por la tarde eran del Ascenso. Ahora se juega los viernes, los martes a la tarde, o si no al mediodía. El hincha de cada club del Ascenso quiere jugar los sábados por la tarde, así como si estás en Primera División querés ir los domingos. Alguna vez te puede tocar al mediodía u otro día, pero no tantas veces como nos viene ocurriendo". Y añade: "Indudablemente eso saca público. Fijate que con lo grande que es Atlanta, si peleara un campeonato, ya superado en parte lo terrible que fue el tema del descenso el torneo pasado, y jugara los sábados a las 15.30, debería ir mucha más gente."
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