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Paravalancha
El
balance del semestre del público presente en la cancha.
CACHO
DEL TABLON
Foto Jorge De Gregorio H. / Federico Romero

Atlanta,
por esos caprichos del fixture, se despidió de su público, prematuramente
el pasado 27 de noviembre, dos partidos antes del inicio del
receso. Y lo hizo en medio de una fiesta desatada por un una
nueva victoria, en este caso ante Armenio y la punta del torneo
asegurada, al menos, hasta la reanudación del campeonato, ya
avanzado el verano que se avecina.
Aquella fue otra de las muchas jornadas donde el León Kolbowski
vivió un lleno casi total, tanto en popular como en la platea
y cuando ya la gran campaña del equipo era un hecho consumado
y enhebraba, esa tarde, su séptimo triunfo consecutivo en Villa
Crespo.
El conjunto bohemio jugó, en esta instancia, once partidos en
condición de local, de los cuales ganó nueve y empató dos.
Anteriormente y tal la tónica que se viene repitiendo en estos
años, la hinchada y el público en general, mantuvieron una actitud
positiva y sin cuestionamientos hacía sus jugadores y por extensión
hacia el cuerpo técnico y la dirigencia.
Si bien en el inicio del torneo se planteaban serias dudas acerca
del acierto de los refuerzo contratados -excepción hecha de
Abel Soriano - y el equipo tuvo un comienzo irregular (en las
primeras seis fechas cosechó sólo 9 puntos) lo que lo ubicaba
haciendo la plancha en la mitad de la tabla con dos decepcionantes
igualdades frente a Tristán Suárez y Flandria, su gente no dio
muestra de impaciencia y siempre los jugadores se retiraron
aplaudidos del terreno de juego. El aliento nunca faltó.
Lo que sí se modificó sustancialmente fue el nivel de la convocatoria.
Hasta el encuentro frente a Colegiales en la fecha 10ª la asistencia
de público fue la "de los mismos de siempre", que daban a la
cancha el paisaje habitual, tan conocido a través de los años,
de cada uno de los sábados en que Atlanta juega en su cancha.
Pero tras la gran goleada en Caseros propinada al entonces puntero
Estudiantes, se recibió a Chicago, dos semanas después, con
una marca espectacular comparable al día de su reinauguración
en marzo del año pasado.
Ese sábado, la dirigencia del club, los muchachos de la Agrupación
nuevo Atlanta y los medios partidarios se preocuparon de generar
un llamamiento a todo el pueblo bohemio y este respondió.
Aquel, 2 de octubre se vivió un día memorable en las graderías
y adyacencias del estadio. Una masiva multitud ruidosa y colorida
se dio cita desde temprano, a la que desde la cancha los protagonistas
supieron devolver con una histórica paliza a los de Mataderos.
Los partidos posteriores ante San Carlos, Morón, Platense y
el ya mencionado Armenio, si bien mantuvieron un nivel de asistencia
considerable, no llegaron a igualar el número de público que
acompañó al Bohemio, ante Chicago. Ni aún después, cuando el
equipo se había encumbrado en lo alto de la tabla de posiciones.
El comportamiento de la hinchada, en términos generales, fue
ejemplar sin que se registraran hechos de violencia. Su aliento
fue constante, acompañado por una media docena de bombos, a
los que en algunas oportunidades se le sumaron un grupo de trompetas.
La hinchada que en los momentos de mayor esplendor ocupó cuatro
paravalanchas centrales siempre lució enmarcado por banderas
verticales, coronadas por una amarilla que reza AMISTADES JAMÁS.
El repertorio de estribillos no sufrió prácticamente modificaciones,
repitiéndose las mismas consignas ya conocidas. Claro que, el
alentador desempeño del equipo, provocó la reaparición de canciones
que hace años no se escuchaban como el "QUE VAMOS A SALIR CAMPEONES".
Por supuesto hubo recordatorios para el clásico rival: FUNEBRERO,
FUNEBRERO, QUE AMARGADO SE TE VE, CADA VEZ NO FALTA MENOS PARA
VOLVERNOS A VER.
Por su parte la escenografía de cada cita con el equipo, tampoco
sufrió modificaciones y los acostumbrados carteles siguieron
siempre ubicados en los mismos lugares cubriendo el alambrado
de ambas cabeceras.
También se hizo costumbre, que los jugadores se apiñaran a saltar
y gritar de frente a la hinchada al término de cada partido
y luego de cumplida esa ceremonia retirarse lentamente recibiendo
la ovación del estado que entonces, al unísono lo despide con
el tradicional: Y DALE, Y DALE ATLANTA DALE!.
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