Año XI Ed. Nº 372 / Lunes 20 de diciembre de 2010 - Ediciones Anteriores - Correo de lectores - Foro de mensajes - Mail

Paravalancha
El balance del semestre del público presente en la cancha
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CACHO DEL TABLON
Foto Jorge De Gregorio H. / Federico Romero

Atlanta, por esos caprichos del fixture, se despidió de su público, prematuramente el pasado 27 de noviembre, dos partidos antes del inicio del receso. Y lo hizo en medio de una fiesta desatada por un una nueva victoria, en este caso ante Armenio y la punta del torneo asegurada, al menos, hasta la reanudación del campeonato, ya avanzado el verano que se avecina.
Aquella fue otra de las muchas jornadas donde el León Kolbowski vivió un lleno casi total, tanto en popular como en la platea y cuando ya la gran campaña del equipo era un hecho consumado y enhebraba, esa tarde, su séptimo triunfo consecutivo en Villa Crespo.
El conjunto bohemio jugó, en esta instancia, once partidos en condición de local, de los cuales ganó nueve y empató dos.
Anteriormente y tal la tónica que se viene repitiendo en estos años, la hinchada y el público en general, mantuvieron una actitud positiva y sin cuestionamientos hacía sus jugadores y por extensión hacia el cuerpo técnico y la dirigencia.
Si bien en el inicio del torneo se planteaban serias dudas acerca del acierto de los refuerzo contratados -excepción hecha de Abel Soriano - y el equipo tuvo un comienzo irregular (en las primeras seis fechas cosechó sólo 9 puntos) lo que lo ubicaba haciendo la plancha en la mitad de la tabla con dos decepcionantes igualdades frente a Tristán Suárez y Flandria, su gente no dio muestra de impaciencia y siempre los jugadores se retiraron aplaudidos del terreno de juego. El aliento nunca faltó.
Lo que sí se modificó sustancialmente fue el nivel de la convocatoria. Hasta el encuentro frente a Colegiales en la fecha 10ª la asistencia de público fue la "de los mismos de siempre", que daban a la cancha el paisaje habitual, tan conocido a través de los años, de cada uno de los sábados en que Atlanta juega en su cancha.
Pero tras la gran goleada en Caseros propinada al entonces puntero Estudiantes, se recibió a Chicago, dos semanas después, con una marca espectacular comparable al día de su reinauguración en marzo del año pasado.
Ese sábado, la dirigencia del club, los muchachos de la Agrupación nuevo Atlanta y los medios partidarios se preocuparon de generar un llamamiento a todo el pueblo bohemio y este respondió.
Aquel, 2 de octubre se vivió un día memorable en las graderías y adyacencias del estadio. Una masiva multitud ruidosa y colorida se dio cita desde temprano, a la que desde la cancha los protagonistas supieron devolver con una histórica paliza a los de Mataderos.
Los partidos posteriores ante San Carlos, Morón, Platense y el ya mencionado Armenio, si bien mantuvieron un nivel de asistencia considerable, no llegaron a igualar el número de público que acompañó al Bohemio, ante Chicago. Ni aún después, cuando el equipo se había encumbrado en lo alto de la tabla de posiciones.
El comportamiento de la hinchada, en términos generales, fue ejemplar sin que se registraran hechos de violencia. Su aliento fue constante, acompañado por una media docena de bombos, a los que en algunas oportunidades se le sumaron un grupo de trompetas.
La hinchada que en los momentos de mayor esplendor ocupó cuatro paravalanchas centrales siempre lució enmarcado por banderas verticales, coronadas por una amarilla que reza AMISTADES JAMÁS.
El repertorio de estribillos no sufrió prácticamente modificaciones, repitiéndose las mismas consignas ya conocidas. Claro que, el alentador desempeño del equipo, provocó la reaparición de canciones que hace años no se escuchaban como el "QUE VAMOS A SALIR CAMPEONES".
Por supuesto hubo recordatorios para el clásico rival: FUNEBRERO, FUNEBRERO, QUE AMARGADO SE TE VE, CADA VEZ NO FALTA MENOS PARA VOLVERNOS A VER.
Por su parte la escenografía de cada cita con el equipo, tampoco sufrió modificaciones y los acostumbrados carteles siguieron siempre ubicados en los mismos lugares cubriendo el alambrado de ambas cabeceras.
También se hizo costumbre, que los jugadores se apiñaran a saltar y gritar de frente a la hinchada al término de cada partido y luego de cumplida esa ceremonia retirarse lentamente recibiendo la ovación del estado que entonces, al unísono lo despide con el tradicional: Y DALE, Y DALE ATLANTA DALE!.

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