24 DE OCTUBRE DE
2002 - NOTA A RODOLFO BETTINOTTI
Cincuenta años
a puro fútbol
El pasado mes de septiembre
se cumplieron cincuenta años del debut de Rodolfo Bettinotti en la Primera de
Atlanta. Desde 1952, el Pocho se mantuvo en el equipo durante doce temporadas,
que incluyeron el mejor período futbolístico de la historia bohemia. Con sus
306 partidos oficiales de campeonatos, muchos de ellos como capitán, se convirtió
durante un largo período en el jugador con más presencias con la camiseta azul
y amarilla, hasta que recientemente Víctor Paredes superó esa cifra. Luego cumplió
una destacada tarea como director técnico de inferiores y en dos ocasiones en
la Primera. Sentimiento Bohemio tuvo el gusto de entrevistar a esta verdadera
leyenda, que hoy tiene 70 años. Hallamos a un personaje memorioso, extravertido,
frontal, gustoso de recordar buenos y malos momentos y que no ocultó nada. Durante
las tres horas de conversación afloraron recuerdos y vivencias producto de los
casi treinta años en que estuvo ligado con el club, y dejó en evidencia su pasión
por el fútbol y su particular modo de verlo y analizarlo.
POR EDGARDO IMAS Y CARLOS STORTZ
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Ya durante la conversación telefónica previa para concertar la cita, Rodolfo Bettinotti había hablado de manera ininterrumpida de su gran amor, la pelota, y también de Atlanta, gratamente sorprendido por que nos hubiéramos acordado de que se cumplía medio siglo de su debut en Primera. Más tarde, ni bien nos hubimos encontrado en el bar de un complejo deportivo en el barrio de Boedo, debajo de la autopista, continuó de inmediato, sin mucho esfuerzo, recordando, opinando, disparando frases sin ajustarse al tan mentado casete, en el cual se refugia en la actualidad buena parte de los protagonistas y allegados al fútbol. Muy suelto, sin inhibiciones ni protocolo, con la convicción y la experiencia que dan años de potrero, barrio y calle, incluso esto último en el sentido literal, ya que por las mañanas aún conduce su taxi por esta complicada, por momentos hostil, pero querida gran ciudad. "Por las tardes tengo aquí una escuelita de fútbol para chicos. Pero ya la estoy por cerrar, pues cada vez deja menos y, naturalmente, le tengo que dar un porcentaje al dueño del complejo. Con la malaria que hay, las familias no pueden pagar la cuota mensual que les cobro, que es muy baja. Además algunos padres prefieren llevar a los pibes a lugares donde haya competencia en alguna liga infantil", comenta Bettinotti, resignado y azorado ante el modo en que la crítica situación económica invade todos los órdenes de la vida cotidiana de los argentinos. |
Luego Pocho, pariente lejano del célebre payador, posa amablemente para las fotos, sin dejar de hablar por un instante -de fútbol, por supuesto-, y hace jueguito con la pelota con una habilidad y estado físico asombrosos. De algún modo, denota tristeza por esa decisión, que implica no seguir transmitiéndoles a los chicos, tal cual lo hizo durante muchos años en Atlanta y San Lorenzo, esa pasión por el fútbol, al mismo tiempo de formarlos en una escala de valores, tan escasos y devaluados hoy en día.
-¿Usted hizo
inferiores en Atlanta?
-Sí, pasé por las inferiores de Atlanta. Yo nací en Almagro y de pibe jugaba
en un club de barrio del Parque Centenario, llamado "Los Colgados", en Campichuelo
y Díaz Vélez. Un delegado de Atlanta, Juan Marengo, me llevó de allí para probarme.
-¿Qué otro jugador
que llegó a Primera hizo inferiores con usted?
-La mayoría quedó en el camino. Uno de los pocos que llegaron fue el negro Asprela,
que jugaba en el mismo puesto, pero era algo más chico. Jugábamos en el mismo
club, "Los Colgados". Yo lo hacía de diez, pero no llegó nadie. Tengo un trofeo
de goleador, le pegaba muy bien a la pelota. En la Cuarta División yo jugaba
los sábados de número diez y los domingos en la Tercera, de seis. No existían
los cambios entonces. Y así me conoció la gente.
-¿Por qué empezó
a jugar usted cuando había otros futbolistas en ese puesto, en esa campaña tan
mala de 1952?
-A mí me fue pidiendo la gente que me veía en la Tercera. El director técnico,
Mario Fortunato, fue escuchando a la gente que decía: "Hay que poner a ese pibe
Bettinotti". En cuanto al debut frente a Huracán, a mí me extrañó que los diarios
me anunciaran como número 4, porque yo nunca había jugado en ese puesto. Según
los diarios, ese día frente a Huracán iba a actuar yo de 4 y no Mantegari. Yo
estaba en el vestuario esperando, pensando que jugaba de 4, hasta que me comunicaron:
"No, Bettinotti; vos jugás de 6 en lugar de Altomonte". Tuve que marcar al 8
de ellos, Ameal. En Huracán también jugaban Ricagni, los peruanos López y Lazón
y el Loco De Zorzi, que luego vendría a Atlanta y terminaría siendo amigo mío.
El Loco me patoteó ese día: "Te voy a quebrar, guachito; te voy a romper las
patas". Finalmente, en ese partido lo expulsaron a Mantegari y yo jugué los
partidos siguientes como número 4.
-Sí, los cinco
partidos siguientes al del debut. Ya en ese entonces estaban casi descendidos
pues la campaña había sido muy mala...
-Yo debuté justo en el comienzo de la segunda rueda. En la primera apenas habíamos
sacado unos pocos empates. Unas fechas después jugamos con River, que tenía
a Loustau, y ahí dijimos: "Nos hacen veinte". Pero perdimos 3 a 2; ese día pateé
un tiro de 35 metros, que pegó en el travesaño del arco que da al río. Recién
en la vigésimo primera fecha ganamos, 6 a 4 a Independiente. Y después a Lanús,
3 a 2. En la anteúltima fecha le hice un gol a Chacarita, al arquero Isaac López;
le pegué con la de palo. ¿Saben a quién marqué en esa temporada? Al gran Capote,
a Vicente de la Mata, en uno de sus últimos partidos en Primera División. Ya
se había ido de Independiente y estaba jugando en Newell's. Él me advirtió:
"No me vas a lesionar, pibe". Y yo le contesté: "No, por favor, si yo te estoy
mirando, te quiero tocar".
-¿Cómo era tácticamente
el esquema con el número 2 y el 3 abajo, y los restantes tres, los halves, en
el medio?
-¿Vos te creés que inventaron algo ahora? Nosotros ya jugábamos con tres en
el fondo: Desanzo de 4, Clariá de 2 y Nuin o Etchegaray de 3. Con Carlitos Griguol
de 5 y yo, y más adelante Güenzatti y el 10, hacíamos un cuadrado. Después estaban
los tres delanteros netos: el 7, el 9 y el 11. Yo generalmente jugaba de 6 y
era el que marcaba al 8 rival. El 8 volanteaba, se tiraba más atrás que el 10.
¿Sabés quién fue el 8 que más me costó? Pando, de Argentinos Juniors. Era como
Pablito Aimar. De esos jugadores que tocan y van, y no les podés pegar. Era
vivo y lo teníamos que seguir entre dos, y no podíamos agarrarlo casi nunca:
uno tenía que seguir cuando la tocaba, y el otro, la pelota. Ése fue el gran
equipo de Argentinos en los sesenta, con Ramaciotti.
-Volviendo a
1952, ¿cómo repercutió el descenso a la Primera B?
-A mí no me afectó nada, porque era bastante joven. Así que no lo tomé como
una cosa mía.. O sea, yo no me hice responsable. Yo estaba tranquilo y en la
B me acostumbré a jugar distinto. Yo era bastante técnico. Y en la B había que
sacudir, había que meter, porque los otros metían. Me hice un poquito áspero
y fui titular casi siempre.
-¿Qué pasó con
un jugador como Pablo Dupuy que hacía muchos goles y después no siguió?
-Dupuy era lento, no muy dotado físicamente para el fútbol. Pesadón, grandote,
poca cintura, poco entrenamiento. En veinte minutos se cansaba. Era inteligente
como otro gran goleador, el Mono Ingunza. Lo que pasaba con Ingunza es que laburaba
todo el día en el almacén. Todos teníamos que laburar, querido. Ganábamos el
sueldo básico de un obrero, así que teníamos que laburar.
-¿Y a qué se
dedicaba usted?
-Yo laburaba en la construcción. En la casa Martín, hacíamos ventanas.
-¿Cuándo pudo
empezar a vivir del fútbol?
-No, casi nunca viví del fútbol. Hace 42 años que tengo taxi. En algún momento
llegué a tener tres taxis, y ya no laburé a la par del fútbol. Pero, ojo, que
en el '52, cuando Atlanta descendió a la B, el sueldo era 250 pesos y el premio,
30 pesos...
-En el '53,
en la B, Atlanta hizo una buena campaña; sin embargo, no le alcanzó, pues fue
subcampeón. Tampoco le fue muy bien en las dos temporadas siguientes.
-Y había política en aquellos años. Mercante con Estudiantes de La Plata en
el '54. Después, en el '55, recuerdo que vino Riccardi. ¡Qué bien cabeceaba!
Nos había hecho antes goles a nosotros. También ese año estaban Minteguía, Carelli,
De Santis, el pibe Sicre, que falleció hace poco.
-Hablemos un
poco de la campaña del '56. Fue el primer campeonato, ya que en el '48 Atlanta
había ascendido por decreto. Y usted hizo el primer gol de esa brillante campaña.
-Sí, le hice el gol a Nanzer, el arquero de Unión. Acá tengo la foto. Fue de
penal. Lo maté, le apunté a la cabeza, en el arco que daba a Humboldt.
-Usted pateó
pocos penales: sólo cinco. Después vino Nuin, el especialista en ejecutar penales.
-Le daba muy bien el Negro. También falleció hace dos años, vivía en
Moreno. El hijo jugaba en Ituzaingó cuando yo dirigía a Deportivo Merlo, y lo
enfrenté en un clásico del Oeste. El Negro me vino a ver, a decirme que
el pibe jugaba enfrente. Jugaba bien el pibe, elegante.
-¿Cómo jugaba
ese equipo que obtuvo el ascenso de 1956?
-Era un equipo bastante áspero. Me acuerdo de que el último partido lo perdimos
con Colegiales, pero ya habíamos logrado el ascenso. A Rocha le pegó un pelotazo
en la cara que lo mató. Era un equipo que no era tan bueno, no era vistoso,
pero era metedor. Es que con Victorio Spinetto como DT había que ser duro, meter,
no se podía ser vistoso. Spinetto quería que el jugador tuviera el temperamento
suyo. Te lo digo desde adentro: Spinetto era duro. Fijate que, cuando agarró
de técnico en el '79, contra Rosario Central metió cuatro fullbacks, cuatro
en el medio.
-Estaban Luis
Bravo, que las metía todas, y el virtuoso Fazzolari.
-¡Qué calidad que tenía Bravo! La tocaba, tic, y la dejaba ahí la pelota. Fazzolari
era un jugador raro. De físico desgarbado, aparte era indisciplinado. Pero en
el área arriesgaba, era vivo.
-Ese año también
llegó Oscar Clariá, que se quedaría por mucho tiempo.
-Sí, Clariá llegó como número 5, pero Spinetto lo hizo número 2, cuando compraron
a Griguol en el '57. Era buen jugador Clariá. Un poco vago, cargaba a los contrarios.
Enganchaba, tenía una pierna media corta, pero era vivo. Jugó después en Chile.
Tiene seis pibes. Yo soy muy amigo. Bah, muy amigo, ahora nos separamos todos.
Esto es como los matrimonios. Yo tengo familia en Luján, y en un tiempo Clariá,
Griguol iban solos a Luján, a la casa de mi suegro a comer asado.
-¿Y el Loco
De Zorzi? ¿Es verdad que fue el primero en trabarse solo las dos piernas para
simular penales?
-Te cuento una del Loco: una vez iba con un Chevrolet 46, y le tocó bocina
el tren al costado de la ruta. El Loco se tiró a volantear para esquivar
el tren, ¡se creía que era un camión! Respecto de los penales, sí, inventó un
montón. Tuvimos una temporada con un montón de penales. Pero los errábamos todos,
hasta Pozas llegó a marrar y yo también. De Zorzi era vivo, se trababa la gamba.
Era la época de los referees ingleses. Y ésos compraban cualquier cosa. Cross,
Gibbs, todos ésos.
-Hubo un episodio
muy recordado en 1956 que tuvo como protagonista al jugador Anacleto Labrador.
¿Nos explica qué ocurrió?
-Jugábamos con Talleres, en Escalada. Labrador era un pibe de oro, y sigue siendo
un pibe de oro para mí. Íbamos 1 a 1 y hay una jugada cuando faltaba un minuto
en la que él estaba en el ángulo del área penal, llegó la pelota, y metió la
mano. No se veía la raya, él pensó que era afuera, y le cobraron penal. A partir
de ahí, lo quisieron matar. Lo acusaron de vendido. Ese día lo salvó el utilero
Simón Straiman, con un "chumbo". Si no sacaba el "chumbo", lo mataban a palos.
Y cobrábamos todos. Los quince que vinieron, no sabés cómo se fueron. Yo no
pienso mal de Labrador, sabés cómo lloraba. Pero le quedó que se había vendido.
-¿Cómo vivió
la hinchada de Atlanta ese período, signado por el descenso primero y el posterior
paso de cuatro años por la B? Por ejemplo, en el '52, ¿los insultaban por la
pérdida de categoría?
-No me acuerdo, porque yo no me sentía responsable por el descenso. Yo estaba
hecho; para mí, jugar era una alegría. Te digo que en las crónicas me consideraban
el hombre de la cancha, el que más corría, los demás estaban vencidos. Del '53
al '56 la gente acompañó, aunque cuando Atlanta no andaba bien, ya no iban mucho.
Nosotros llenábamos siempre la cancha de Atlanta. Y también algunas otras. Una
vez con Colón, en Villa Crespo, vimos la cancha llena (NdR: 1954). De
los santafecinos no venía nadie. Sentíamos el murmullo, cada vez más gente,
mujeres. ¿Qué ocurrió? Resulta que había un mago que curaba a la gente. El tipo
había alquilado la cancha para después del partido. La gente pagó la entrada
y se vio el partido, para después poder ver al tipo ése. Yo sentía que la gente
se reía, no gritaba. No era público de fútbol. Era de esos magos que le decían
a quien venía con muletas: "Camine, camine". Y el de las muletas aterrizaba
y se mataba. Incluso uno se rompió la cabeza y vino la ambulancia. Fue la mejor
recaudación de Atlanta. Hicimos 53.000 pesos, nadie lo creía. Con Almagro sí
se llenaba la cancha, era un clásico.
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Los años dorados Mientras estamos sentados a la mesa, café de por medio, a cada instante llega gente para jugar en las canchas que se alquilan. Todos lo conocen a Pocho y él saluda a todos y los analiza. "¡A éste lo tuve de chiquitito! ¿Sabés cómo juega?", exclama. "¿Ves aquél? Lo mandé a San Lorenzo." Y Bettinotti continúa hablando, rebosando de fútbol. -Una vez logrado el ascenso, después de la transición del '57, empieza el mejor período futbolístico de Atlanta: cuarto en 1958 y 1961, quinto en 1963 y 1964, el logro de la Copa Suecia. Toda la época de Zubeldía, Giúdice y Mogilevsky, durante la cual se empezó a hacer pretemporada y a desarrollar trabajos grupales, además de obsequiar flores a los espectadores. |
Una etapa que lo contó a usted como protagonista ya que su último partido con la camiseta bohemia fue el 1° de septiembre de 1963, en un 1-5 contra Banfield en Villa Crespo.
-No me acordaba de esto último. Yo ya me había roto los meniscos un tiempo antes, en el '61, en la cancha de River. Después seguí de número 4, porque las piernas ya no me respondían. Con Mogilevsky también trabajó Amándola. Hacían las cosas que hacen ahora los equipos. Atlanta fue uno de los primeros en hacer pretemporada. Fuimos a La Cumbre y a Necochea. Yo antes había participado en la pretemporada de la Selección Nacional. Pero después me enfermé y no pude jugar.
-Usted fue compañero
de Osvaldo Zubeldía y también lo tuvo como entrenador. ¿Qué relación tenía con
él?
-Zubeldía era un jugador muy inteligente. Le veías el físico y te morías, no
te decía nada. Pero en el 2 a 2 con Boca, él sólo empató el partido. Yo lo conocía
a Osvaldo: era muy vivo, muy cargador. Calentaba a los contrarios. Fue el estilo
que después hizo como DT en Estudiantes. Pero cabeceaba más o menos, le pegaba
más o menos; no era un diez puntos, sino medio pelo. La relación era muy buena.
También estaba el Negro Colman. En algún momento de aquella época se
hizo un interinato, y los técnicos fueron Griguol, Conde y Rocha. Yo no figuraba,
porque era muy jodón. No tenía seriedad para ser técnico. Si León Kolbowsky
se peleó conmigo como diez veces. Me decía: "A mí no me cargués".
-A propósito,
¿cómo era el trato con los dirigentes?
-León era un fenómeno, un amigo. No había plata en el club, así como ahora no
hay en ningún lado. Pero tampoco estaban arruinados como hoy en día. No había
para el momento. Vos le ibas a pedir: "León, ¿me da cincuenta pesos?". Y él
te daba veinte, y vos te ibas contento. Él te atendía. Era el presidente pero
te atendía. No como después, cuando estuve en San Lorenzo, donde a Miele no
lo podía ver, no me dejaban llegar a él. Era más difícil que ver a Duhalde.
Pero León Kolbowsky era un fenómeno. Un tipo gaucho que se fundió por Atlanta.
Él hizo muchos negocios con Armando, que lo tenía en inferiores a Gandulla.
Bernardo tenía un cuadernito y anotaba a los que andaban bien en la Cuarta,
en la Quinta. Entonces vos pedías un jugador conocido, te mandaban un paquete
con los de Cuarta, te mandaban todo. Y así se llevaron a Jorge Fernández, Zarich,
Luna, Cabrera. Nunca hubo un problema en serio con León. Te cuento otra: una
vez le fui a pedir a León 2.000 pesos a cuenta de lo que me debían. Yo necesitaba
4.000 para las ruedas de un coche que tenía. Tenía dos mil; sumados a los dos
mil que me daría, ya tenía las cuatro gomas para el auto. Vino el Negro Castro
también a pedir 2.000 pesos a cuenta. Don León me miró y me dijo: "Pocho, vos
tenés dos mil pesos, ¿no? Bueno, prestámelos", y se los dio a Castro. Éste firmó
y se fue dando las gracias. Y León me preguntó: "¿Qué esperás?". Le contesté:
"Espero los 4 mil...". Me respondió que me los daría en siete días. "¿Y los
dos mil?", le pregunté yo. ¿Sabés qué me contestó León?: "Vos me los diste.
Yo te voy a dar tus dos mil y los otros dos mil en siete días, y te comprás
las cuatro gomas". A los siete días me dio los cuatro mil. Pero me cagó, y me
la hizo bien. Y me quedé esperándolo una semana. Entendeme, ¡un fenómeno! ¡No
te podías enojar con don León!
-¿Y cómo eran
los equipos del '58 y del '61 respecto de ese conjunto áspero del '56?
-De la B a la A hay una diferencia bárbara. Vos te querés parar en la B y no
te dejan. Es como en el country. Yo dirigí varios años a Hebraica y conozco
lo que es el fútbol de country. Todo áspero y dale para adelante. Y la B es
así. Y es así ahora. Quizá no la B Nacional, pero sí la B donde juega Atlanta,
que es en realidad una C de antes. En la B yo jugué contra Colón, Argentinos
Juniors, Estudiantes, esto de Atlanta es la C. Cuando vas a la A tenés una transición
que te cuesta. Porque tenés que jugar, pero no estás acostumbrado. Es distinto.
Es un proceso difícil de cambiar. Tenés que traer jugadores de la A, ya acostumbrados.
Fijate que los jugadores desahuciados de la A van a la B, y los de la B a la
C. Pero de la B a la A van pocos. Pocos triunfan. Igualmente la B Nacional de
ahora es muy superior a la B nuestra. Un Chori Domínguez, el que estaba
en Quilmes, no se veía por entonces. Aunque, ojo, tuve que marcar a Chiche
Sosa, que jugaba bien.
-Usted también
fue compañero de Luis Artime. ¿Cómo lo veía?
-Artime era un tipo especial. Yo le pregunté cómo hacía para hacer tantos goles.
Y me respondió: "Estoy lejos de la jugada y pico cuando veo la oportunidad".
Mirá cómo será que una vez jugamos contra River y perdimos 1 a 0 con gol de
Artime, en la cancha de Atlanta. Creo que Roberto, el brasileño, tira el centro
al punto del penal. Me pica Ermindo Onega y lo busco a Luis y no lo veo. Entra
por no sé dónde, y gol a Gatti. Y después me dijo: "¿Viste que te cagué?". Pero
no me dio tiempo para encontrarlo. Es que al que te viene de atrás es muy difícil
agarrarlo. Ojo, quizás hoy, que físicamente la cosa es distinta, sí se puede.
-El periodismo
era muy crítico del Atlanta exitoso de aquellos años. ¿Tenía razón?
-Porque era un equipo que marcaba en toda la cancha, no era vistoso...
-¿El del '61
también?
-Ése era algo más lindo, hacía muchos goles. El uruguayo Roque era guapo. Era
la época en que tirábamos las flores a los hinchas rivales. Una vez en cancha
de Boca casi me matan. Me tiraron dos ladrillazos, así que no quise tirar las
flores. Las arrojé al piso y le dije a Mogilevsky que las tirara él: "Vaya,
arrímese usted. Casi me arrancan la cabeza". La cancha de Boca era terrible:
una vez me tiraron café caliente. Te gritaban: "Judío hijo de p...", y yo les
contestaba: "Bostero, la c... de tu m...". No sabés lo que era. Yo no quería
eso de los claveles, porque te decían de todo. Pero Adolfo era de otra época.
Era un avanzado, ahora están las porristas. ¿Y vieron eso de Griguol que les
pega en el pecho a los jugadores? Ésa es de él, de Adolfo. Una vez pegó abajo,
y dijo que era para despertarnos. Con Mogilevsky laburábamos con el cajón, nos
mataba. Atlanta en el '58, en el '59, físicamente los mataba a todos. Racing
no quería jugar con nosotros. Yo le decía a Adolfo que no nos cruzáramos los
marcadores de punta. Porque, por ahí, Corbatta se iba a la izquierda, Belén
a la derecha, y uno quedaba cruzado. Yo me tenía que cruzar con Desanzo, después
chocábamos los dos, se armaba un "bolonqui" y quedaba otro solo. La idea en
realidad es hombre a hombre, pero si se van mucho, zona. Él quería hombre a
hombre en cualquier lado. Pero eso no andaba tan bien. Etchegaray, por ejemplo,
si iba a una zona que no estaba acostumbrado, se asustaba. Te decía: "Yo no
sé qué hacer con la pelota". Porque no cualquiera se ubica en cualquier parte
de la cancha y tiene panorama. Ahora ya no, ahora el fútbol se juega en cualquier
lugar de la cancha. Antes éramos más estáticos. A mí me gustaba encimar pero
en zona. Yo en realidad no tenía drama, porque jugué de 4, de 3, de 6, y le
pego con las dos. Pero al vasco Etchegaray lo mandabas a la derecha y se caía
a la zanja solo.
-Gonzalito fue
otro gran jugador, ¿no?
-Gonzalito era el prototipo del tipo laburador en la cancha. El relevo de todas
las posiciones. Venía de 6, venía de 3, y además era vivo y buen jugador. Cuando
pasó a Boca fue la rueda de auxilio de Rattin. No hacía muchos goles y tampoco
le pegaba muy bien a la pelota.
-Poggi fue un
delantero que prometía ser sensacional y, sin embargo, no resultó así.
-¡El gordo Poggi! ¡Cómo hacía goles ese gordo! Goleador en todas las inferiores.
Pero ¿sabés lo que pasaba? Salía del entrenamiento, se cruzaba a la pizzería
de Humboldt y Camargo y se comía dos pizzas. Era un desastre. Después se fue
a San Telmo con Asprela, Michelena, Monteleone. Pero tenía tendencia a ser gordo.
Le pegaba bien a la pelota pero, si veía una pizza, se perdía.
-Otros dos grandes
valores de aquella etapa fueron Conde y Carone.
-El Beto Conde era un tipo ya grande, pero muy inteligente. Jugaba tipo Ardiles,
o como Montenegro, con menos habilidad. Había actuado muy bien en Vélez, con
Sansone, Zubeldía y Mendiburu. Vino acá con 30 años. En cuanto a Pichino
Carone, nunca vi un hijo de p... más grande. Cuando yo jugaba en primera, él
saltaba a la cancha y me afanaba la pelota. Se metía por abajo del alambrado.
Vivía en Corrientes y Humboldt. Tiene diez años menos que yo. En cancha de River
agarraba tierra y Amadeo Carrizo le decía al referee que le iba a tirar tierra
en los ojos. Era mentira. Y mientras, le pateaba la gorra. Te calentaba la cabeza.
Nosotros hacíamos así: él picaba en diagonal, centro pasado y gol del Negro
Castro. A Pichino lo veías, y le querías pegar en la cara. Pero si le
pegabas te echaban, y a él no, pues era muy vivo. Les hablaba a todos. Una vez,
jugaban Atlanta y Boca en la Bombonera y se armó un "tole tole" en la platea
de Boca porque había bronca interna (NdR: Atlanta ganó 3 a 0, en 1963). ¿Vos
sabés lo que Carone le dijo a Sanfilippo? Que lo estaban cagando a trompadas
al padre en la platea. Sanfilippo se pasó todo el partido mirando si el padre
estaba bien. Carone le decía: "¡Huy, mirá, ahí lo tiraron abajo!". Y Sanfilippo
miraba. No pudo jugar en todo el partido. Pichino se las sabía todas.
Vos lo veías jugar, desgarbado, con esas patas que no te decían nada. Pero era
vivo y cabeceaba bien.
-¿Cuál fue el
compañero más talentoso que tuvo en su campaña en Atlanta?
-¿Compañero mío?. Se me mezclan los recuerdos. Pero seguramente Güenzatti. Un
número 8 de lujo, de ida y vuelta. Güenzatti era de toda la cancha. Mientras
que el Beto Conde era por sectores.
-Usted compartió
la línea media bohemia durante muchos años con el cordobés Carlos Timoteo Griguol.
-Cuando Griguol vino de Córdoba, paraba la pelota y se la afanaban. Era lento.
Pero después aprendió. Él estaba en la pensión, y se iba a la tarde al club,
junto con Gatti, Artime. En vez de quedarse en la pensión durmiendo, iban a
patear. Una vez a River le hizo un gol de tiro libre de zurda. ¿De zurda? Para
hacer un gol de tiro libre con la otra pierna, tenés que aprenderlo. Carlos
era eso, un estudioso. Todo a lo que llegó como técnico, lo aprendió como jugador.
De Zubeldía, de Mogilevsky, de Spinetto. Fue sacando lo mejor de todos. Es un
buen amigo, aunque nunca dio pelota a nadie. No da bola. Cerrado como culo de
muñeco. Él es así; yo soy espontáneo. Fue vivo con el fútbol y ganó buena guita.
Me acuerdo de que él estaba en una pensión de la calle 24 de Noviembre, y Atlanta
daba cheques sin fondos y los echaron de ahí y de otros lugares más. Yo, con
el camioncito que tenía, los iba a buscar. Lo de los cheques sin fondos siguió
años después: cuando era técnico de inferiores, ¿sabés los lugares a los que
tuvimos que ir a entrenar, porque nos echaban de todos lados?
-El único título
en Primera que obtuvo Atlanta fue la Copa Suecia. ¿Qué interés les despertaba?
-Algunos no le daban bola. Es como hacen algunos en la Libertadores, que usan
un equipo alterno. En cambio, Racing no; jugó la final en la cancha de San Lorenzo
con todo y le ganamos 3 a 1. ¿Sabés que la copa era de cristal? Mientras estábamos
sacando las fotos, tiraron una moneda de un peso y rajaron un pedazo de copa;
incluso estaba el embajador sueco presente. Fue una linda copa, y para nosotros,
una hazaña. Yo había tenido la suerte de jugar en el '56, pero para los que
no habían estado fue una gran hazaña. Estar en la A es lo máximo. Si vos sos
jugador de inferiores en la B, no llegás más. Ya aprendés los trucos de la B
y no te adaptás a la A. Que te hagan diez goles en la A, pero jugás en la A.
Yo tuve la mala suerte de que de entrada casi no jugué en Primera. Sólo quince
partidos con un equipo descendido y picapiedra. Así que me hice jugador en la
B. En la A hubiera aprendido mucho más.
-En ese período,
Atlanta tuvo muchos triunfos espectaculares a los equipos grandes: Boca, San
Lorenzo, Racing, River.
-No teníamos problemas con los equipos grandes. Fue espectacular el 4 a 3 con
Racing, que perdíamos 3 a 1. El primer tiempo nos estaban bailando y cargando.
Nuin lo había amenazado a Corbatta: "Te voy a arrancar la cabeza, te voy a mandar
al cementerio acá atrás". Y Corbatta lo empezó a cargar. Fuimos a los vestuarios
y el técnico nos dijo: "Bueno nos hicieron tres goles, ahora podemos hacer tres
goles nosotros. ¿Qué problema hay?". Y triunfamos 4 a 3, salimos convencidos
de que ganábamos. En la primera rueda habíamos perdido 5 a 0. Racing jugaba
bien.
-En 1960 hubo
un 4 a 4 memorable en cancha de Boca.
-Sí, también jugué otra vez, al año siguiente, que ganamos 3 a 2, luego de ir
abajo 2 a 1.
-También en
la última fecha del '60 se superó a Independiente, que se coronó campeón. Ese
día jugaban Argentinos y Racing también, y si Racing no hubiera puesto ganas,
el campeón habría sido Argentinos, privándolo a Independiente. Por su parte,
Atlanta también podría haber evitado el título para Argentinos dejándose ganar.
-Sí, se decía que íbamos al bombo. Hizo el gol Asprela en el arco de la tribuna
de Atlanta. Independiente pudo haber perdido el campeonato.
-¿Cómo fue su
convocatoria para la Selección Nacional? Fue en 1959, año en que hubo dos Campeonatos
Sudamericanos.
-En 1959 estaban Spinetto y Mogilevsky. Y de Atlanta convocaron a Desanzo, Carlos
Griguol, Güenzatti y a mí. Lo borraron a Desanzo y a Güenzatti, y quedamos Griguol
y yo. Después me borraron a mí. Griguol quedó. Luego hay un torneo que juegan
en Inglaterra y Rusia. Estaba Vidal, Marzolini y yo, los tres éramos número
tres. De número seis me tocaba pelear con Mouriño y Varacka, de tres con Marzolini.
Mirá lo que es la vida. Entonces, Vidal estaba jodido pero fue igual, y Marzolini
también. Y yo quedé afuera. Después, para el Sudamericano de Guayaquil (Ecuador),
juntaron a los de Racing y San Lorenzo. El técnico era el Charro Moreno, que
era horrible. Sanfilippo se peleó varias veces con él. Las dos delanteras eran
Facundo, Ruiz, García, Sanfilippo y Boggio, por San Lorenzo, Corbatta, Pizzutti,
Mansilla, Sosa y Belén, por Racing. Sanfilippo quería que jugaran los de San
Lorenzo. Se hizo muy rápido, porque fue un Sudamericano extra, y juntaron San
Lorenzo, Racing, Atlanta y algún otro equipo. Y estos h... de p... de Racing
y San Lorenzo no querían correr. 5 a 0 perdimos el único partido que yo jugué
(NdR: frente a Uruguay), y yo me quería morir. Íbamos 0-3 en el primer
tiempo y me sacaron antes del segundo. Lo encaré a Moreno: "¿A mí me sacás?
¿Por qué no lo sacás a Sanfilippo, que no corre?". Me peleé con el Charro.
Lo salvó García Fierro, que me paró justo, porque estaba por embocarlo.
-No lo hacíamos tan calentón...
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Con el buzo de DT Pocho Bettinotti sintió que Víctor Bichi Paredes lo haya bajado del podio de jugador con más partidos oficiales en la historia de Atlanta, al totalizar 333. Tanto es así que insiste en que, en realidad, él disputó más partidos y ofrece pruebas: los partidos amistosos, aportando gruesos libros de actas en los que aparecen pegados, meticulosa y cronológicamente, los recortes de diarios y revistas de cada uno de los encuentros, tanto con carácter oficial como sin él. Luego de la explicación de que a los fines estadísticos se computan sólo los partidos por Campeonatos, y eventualmente de Copas oficiales, le señalamos que, si bien el formoseño Paredes lo ha superado por 27 presencias -que se reducen a apenas 11 si se toma en cuenta la Copa Suecia-, y dado que antes no se autorizaban los cambios y que el Bichi ingresó varias veces una vez comenzado el partido, Bettinotti es el futbolista con más partidos como titular y que más minutos jugó con la camiseta bohemia. |
Su campaña como jugador la cerró en Primera B: 1964/65 en All Boys y 1966/67 en Excursionistas. Posteriormente arribó a Atlanta para volcar todo lo aprendido ya desde el puesto de entrenador, en una primera etapa con las divisiones juveniles.
-Como técnico
de inferiores, de algún modo usted formó toda la base del equipo que hizo la
gran campaña en 1973.
-¿Sabés cuándo empieza la campaña buena? Cuando hubo una huelga de jugadores
profesionales en el '71, y yo estaba en inferiores. Atlanta jugaba con Gimnasia
y Esgrima de Mendoza, que venía con los titulares e iba puntero. El técnico
de la Primera era Zoff, pero me dijo: "Quédese tranquilo, Bettinotti; yo soy
técnico de los profesionales. Para los pibes está usted". Y yo pensaba cómo
era eso de jugar con la Tercera y si no quedaba como un carnero. Es feo. Bueno,
entonces agarré a Cortés, a Onnis, a Pichón Rodríguez y a los demás,
y les mostré a los jugadores de Mendoza en la foto. Les dije: "Miren a éstos,
no pueden jugar, no tienen cintura". Esos juveniles eran un muy buen equipo
y casi todos luego jugaron en Primera
-Hace unos meses
en un reportaje que le hicimos, Rubén Cano -uno de los tantos jugadores espectaculares
de aquel equipo- reconoció la influencia que tuvo usted en el tercer puesto
del Nacional '73, más allá de que los laureles se los terminó llevando Pipo
Rossi.
-A Cano lo trajimos nosotros muy joven, cuando lo vimos en San Rafael. Era un
avión. No tenía muchas condiciones técnicas, pero metía la primera, y no lo
agarrabas más. Pichón Rodríguez fue un jugador exquisito. El Tano Onnis,
inteligentísimo. A Candau lo trajimos nosotros de Entre Ríos. Veo pocos jugadores
que le pegan a la pelota como Candau, a quien yo le tiraba un centro para que
picara y le pegara al segundo palo, y de diez te metía nueve. A Miguel Cerqueiro
lo trajimos de una prueba de jugadores; jugaba de 8, en Arsenal de Llavallol.
Me llamó la atención porque era pícaro. Victorio Spinetto lo puso después de
puntero derecho. Había unos pibes bárbaros en inferiores: el Baby Cortés,
el Gorrión López, que era de River, lo dejaron libre en Quinta y lo trajimos
a Atlanta nosotros. Después se lo vendieron a River en 21 palos. La guita la
agarró toda Pipo Rossi porque el club se la debía. ¿Lo sabían? Pecoraro
era medio duro. Gutiérrez la paraba con el pecho y la dejaba a cinco metros;
si le ponía un clavo en el pecho, la pinchaba.
-A Gutiérrez
usted lo ubicó como marcador de punta izquierda en el debut del '73 con Vélez
y anduvo mal. Después encontró su lugar como número 6.
-Sí, de 6 tenía más espacio. Además de buen físico. Luego pasó a Boca. Era estilo
Bonczuk, que también era duro como una piedra y fue a River. Los de 1972-73
eran unos pibes bárbaros, por lo menos en Atlanta. Después muchos no llegaron.
-No crea, Cano,
Gómez Voglino y Cortés fueron a España, Pichón a Independiente.
-Pero el que más me impresionó fue Gómez Voglino.
-¿Por la pegada?
-No... Aparte, ¡qué jugador! ¡De otro planeta! Era un volante que acompañaba
siempre a Cano, como si tuviéramos dos números 9. Y con esos punteros, Cerqueiro
y Candau, era como si jugáramos con cuatro arriba. Los del medio, por ejemplo
Pichón, no marcaban mucho. En esa zona también jugaba Fuentes, a quien me lo
llevé después a Campana, cuando estuve de DT en Dálmine.
-Repasando,
usted tomó el equipo en el Metro '72, sucediendo a Mareque, que había hecho
una muy mala campaña. Le ganó a Boca 2 a 1, con gol de Cano. El partido siguiente
perdió con Independiente 3 a 1, y después venció a Gimnasia (LP) 2 a 1, con
goles de Cano y el Chino Vallejos. En 1972, especialmente en el Nacional, el
equipo conquistó varias goleadas a favor. Por ejemplo, ¿se acuerda del 4 a 0
a Newell's en Rosario?
-De ese día tengo una anécdota. Jugábamos al off-side. Salió Pecoraro y quedó
enganchado Rico, y se iba Mario Zanabria solo. Desde el banco le toqué el pito
con la boca (NdR: reproduce con asombrosa similitud el sonido de un silbato
utilizando la boca), Zanabria dejó la pelota y le reclamó al juez Coerezza:
"¿Qué me cobrás?". Era gol de Newell's. Con uno a cero abajo seguramente hubiéramos
perdido. Y después les hicimos cuatro. Nos querían matar de atrás. El comisario
deportivo me preguntó entonces: "Bettinotti, ¿quién tiene el pito?". "¿Qué pito?
-le dije-. No sé, habrán tocado de atrás." Ésa la usé muchas veces. También
cuando estuve de DT en Dálmine; otra vez, un partido de Cuarta entre San Lorenzo
y Boca lo hice terminar pitando. Tocaba bien. Pero después dejé de hacerlo pues
se "chimentaba" que Bettinotti imitaba un silbato para parar los partidos y
ya me tenían marcado. Ahora, con la televisión me encanarían.
-Ahora bien,
ya en el Metro '73 la campaña fue bastante irregular, hasta que llegó su reemplazo
por Pipo Rossi.
-Fueron once partidos y ya me querían matar. Yo ya sabía que me querían matar.
Terminó el partido con San Lorenzo, en el Viejo Gasómetro, y yo estaba caliente.
¿Sabés por qué? El problema fue así: el arquero, Ortiz, se había teñido el pelo
el sábado, y le había entrado tintura en los ojos. Lo llamó al doctor Bartfeld,
que le puso unas gotas y lo llevó al Lagleyze; pero yo no sabía nada, te lo
juro, y lo puse en el equipo. Vino un centro, cabeceó Cocco, Ortiz acompañó
la pelota y se le metió. Yo en el banco me quería morir. Quería patear todo;
si yo la estaba mirando la jugada. Otro centro, y Ortiz salió mal de nuevo.
Yo le dije: "¿Usted no ve, viejo? ¿Qué le pasa? No le eche la culpa al sol.
¡Si usted acompaña la pelota y la deja entrar!". Lo iba a sacar, lo tenía a
Yonadi en el banco, pero viste cómo es: a un arquero no lo podés sacar porque
lo quemás. Lo tenía que haber sacado igual. Cuando terminó el partido, Bartfeld
me dijo: "Lo que pasa, Pocho, es que se tiñó el pelo". Yo le contesté: "No me
lo contés ahora. ¿Por qué no me lo dijiste antes de empezar el partido?". Entonces,
el martes reuní al plantel -tengo testigos y les podés preguntar-, y le dije
al médico: "Te quedás vos o me quedo yo". Bartfeld era una institución, pero
yo no podía aguantar un tipo así y se tuvo que ir. Era un compañero mío, y me
estaba cagando a mí. Al final, no sé cómo fue. Yo renuncié... No, en realidad
renuncié con el gerente. Yo me quería quedar. Yo sabía que estaba Pipo Rossi
dando vueltas. Lo había visto en una reunión. Fue un quilombo, me sacaron de
ahí. En realidad tengo una confusión. Porque a Bartfeld lo hice echar el mismo
domingo. Pero me cagaron muy mal con lo del arquero. Encima que venían mal las
cosas. El médico es parte del cuerpo técnico. O nos consagramos todos o nos
vamos a la mierda todos. Tengo algunas confusiones con los días, pero Pipo
estaba ahí.
La cuestión es que le pedí a Pipo: "Me tenés que llamar a mí", y yo dije que
no me quería ir. Se reunió la comisión y me contestaron: "Bueno, vamos a llegar
a un arreglo". Y yo les dije: "No, yo no quiero ningún arreglo. Yo me quiero
quedar en Atlanta". "Bueno, quédese en inferiores", fue la respuesta. A lo que
respondí que sí. Me fui a inferiores, pero allá estaba Spinetto. Le dije: "Victorio,
yo quiero terminar el año, faltan 5 o 6 meses; déme una o dos divisiones". Bueno,
el viejo se portó mal. Me dio los suplentes de Novena. Yo le dije: "No, don
Victorio; yo era el técnico de la Primera, vengo acá a cumplir un contrato.
No me haga mierda usted también; déme una división". Al final le comenté que
no se hiciera problema, y no fui más. Igual me pagaron todo. Yo le dije a Davilman
que se pusiera en mi lugar y que yo entendía que las cosas iba mal y se tenía
que ir el técnico, pero yo quería trabajar en Atlanta. ¿Por qué me tenía que
ir? No era fracaso mío solamente. Pero por lo menos que me dieran la Novena,
para que me sintiera bien. Yo la hubiera dirigido, ojo, pero no los suplentes.
Mirá que me hicieron macanas: ese año también había tenido problemas con otro
arquero: Carballo. Una vez en cancha de Huracán le hicieron cinco goles, y tres
se los hizo él.
-El día que
lo puso a Ribolzi y Atlanta descontó.
-Sí,
Slipak (NdR: dirigente del club) me gritaba desde la platea: "¡Ponelo
a Ribolzi! Yo decía: "Vamos perdiendo por diferencia, ¿para qué lo voy a poner
a Ribolzi?". Carballo me había mandado a pique, saliendo mal en los centros.
Yo discutí mucho con él y después lo saqué del equipo, a pesar de que él se
quejaba de que yo no lo podía quemar así. ¿Y acaso él sí me podía incendiar
a mí primero? También tuve una brava con otro arquero, Reggi.
-¡Siempre con
los arqueros, Pocho! Pero ésa fue en su segundo período como DT en Atlanta.
El famoso partido en 1978 que Boca dio vuelta y ganó 3 a 2 en cancha de Ferro,
cuando peleaban el título con Quilmes.
-A mí me gritaba la gente: "Sacalo al Turco Abdala, que va al bombo".
Estábamos ganando y faltaba poco. Squeo agarró una pelota que se iba afuera,
tiró un centro, Reggi salió mal y de cabeza nos empataron.
-Al mendocino
lo acusaron por ese día. Pero Reggi ese campeonato había atajado en muy nivel,
y había sido responsable de varios triunfos y empates. Y justo antes del partido
había trascendido que el Toto Lorenzo, el DT de Boca, estaba interesado
en llevarlo a Boca.
-Yo le tenía miedo al Turco; jugaba Bartolo Álvarez de nueve en Boca, creo.
Y yo iba a hacer dos cambios. El problema del técnico, cuando vas ganando 2
a 1, es que si hacés dos cambios y te equivocás, te lo van a recriminar toda
la vida. En general, si faltan quince minutos, aunque estés cansado, tenés mejor
la cancha que el que va a entrar. Y me la comí. Entonces después vinieron las
voces que acusaban: "Bettinotti y Reggi fueron al bombo".
-Quédese tranquilo,
Pocho: lo de Reggi lo escuchamos en la tribuna. En cambio, lo de usted, no.
-Es que te comés garrones, que sos impotente para contrarrestar. Te acusan,
y no tenés nada que ver. Fijate que cuando mi hijo estuvo por debutar en Primera
en el '85 (NdR: finalmente no llegó a jugar en el primer equipo), algunos
me acusaban que yo había mandado a Atlanta al descenso. ¿Qué voy a mandar al
descenso yo? ¡Atlanta descendió porque no tenía un carajo!
-Retomemos su
vuelta a Atlanta en el '78, tras un paso por inferiores y breve interinato en
la Primera de San Lorenzo y una excelente campaña en Villa Dálmine. Usted tomó
el equipo en la séptima fecha del Metro, luego de la ida de Tardivo, que había
fracasado. Y empezó bien de nuevo: le ganó a Huracán. La campaña fue muy pareja.
Pero se fue en 1979, luego de la quinta fecha.
-En el '79 me habían renovado el contrato. ¿Después de mí vino Spinetto? ¿Me
equivoco o fue ese año que después no ganó nadie ni Spinetto ni Artime?
-Así fue. Atlanta
descendió. Y sólo triunfó en la última fecha, ya descendido: 3 a 1 a Gimnasia.
Era la primera vez en el año que hacía un gol un delantero.
-Eso quiere decir que era un equipo malo. Y por eso se fue el descenso. El presidente
era Hugo Masci, que me bancaba a mí, él me dio el equipo. Yo le advertí: "Hugo,
nos vamos al descenso. Jugamos amistosos contra equipos de la B, como El Porvenir,
y no ganamos ninguno. Hugo me dijo: "Vas a ver cuando empiecen". Yo le insistí:
"Hugo, no ganamos más cuando empiecen. Hay que traer jugadores". Habíamos traído
a Espósito, que estaba de vuelta, y a Olivares, que estaba roto. Yo quería a
Miguel Ángel Torres, el 9 de Gimnasia (NdR: ese año fue a San Lorenzo), un jugadorazo.
Y Masci se negó: "Ese jugador me cuesta seis meses de cuotas sociales, y yo
no puedo enterrar el club por un jugador". Mirá lo que me sacó; él pensaba que
no iba a ir mal la cosa. Lo que pasa es que a Masci le importaba lo social,
hizo oficinas. Hugo era un señor. Conmigo se portó muy bien y se había encariñado
pues me tenía de ídolo de mi época de jugador en el club.
-Pero no habíamos
tenido tan mal equipo el año anterior. Por ejemplo, Atondo había andado muy
bien... Se contaba con Alfredo Torres, Carlos Carrió...
-Atondo, ¡qué jugadorazo! ¡Cómo le pegaba! Recuerdo un golazo que le hizo a
Boca de tiro libre. Lo que tenía Atondo es que era apático. Pero con la pelota
en el piso, ojo. Sabía un montón. ¿Así que falleció? No sabía.
El Narigón Torres era un fenómeno. Te la cuento. Es de Luján, como toda
mi familia. Un día mi cuñado me dijo: "Tengo a un pibito con edad de Octava.
Llevátelo". Era muy pobre. Le pagábamos los viajes. Asi empezó. Después falleció
el papá, así que con Sgambato le daban una cuotita mensual. Y mirá a lo que
llegó. Ahora tiene pizzería. Un gran pibe. Me acuerdo de que los tenía a Abdala
y Filipetto, que de nueve había pasado a defender. Me gustaba Raffaelli. Yo
también lo puse de 8, el hermano jugaba con Cachito, mi hijo en inferiores.
-¿Por qué Carrió
era resistido por muchos técnicos? Mire que después fue uno de los futbolistas
que más jugaron, no sólo en Atlanta, sino en Gimnasia.
-Por ahí uno no está para acertar en todas. Con algunos me pasaba. Me insistían
siempre que lo pusiera a Carrió. Y yo les decía: "Carrió no te va a jugar; te
juega sólo quince minutos". Después se fue haciendo. Después se fue haciendo.
¿Sabés lo que pasa? A veces el técnico ve cosas que los de afuera no saben.
Vos sabés quién arruga, y la gente no lo sabe. Vos sabés quién le escapa al
bulto, quién te va a defender dentro de la cancha. Por ahí es menos jugador.
Pero se juega la vida dentro de la cancha. Son todos técnicos. El mismo problema
de Bielsa con Batistuta y Crespo. Todos decimos, desde afuera, que pueden jugar
los dos juntos.
-Pero los hinchas
lo pedían siempre. Cantaban: "A Carrió, queremos a Carrió".
-Sí, era un tipo muy querido, buen jugador, pero como persona... Hay cosas que
te chocaban. Jodía, te quería pasar, en la charla técnica se quería hacer el
piola. Entonces de repente lo vas raleando, porque pará, ¿vamos todos para adelante?
Son cosas... pero era buen jugador.
-Otros de los
jugadores que tuvo fueron Mario Franceschini, que luego descolló en Chicago,
y el puntero Curini.
-Sí. Curini, torpe y ligero. En cuanto a Mario, conmigo anduvo muy bien. Tenía
buena onda, lo hacía jugar suelto, no le daba compromisos. Yo no le podía pedir
que agarrara al ocho, porque no lo agarraba. Así que jugaba tranquilo. Le pegaba
bien a la pelota, vivo, hizo varios goles. Lo que pasaba es que llegaba al entrenamiento
dormido y con el yogur en la mano. Había que esperarlo que comprara en el quiosco.
Tenías que utilizarlo como era él. No le des compromisos porque tenías que echarlo.
-¿Y qué opina
del mendocino Contreras, a quien algún periodista definió como probable sucesor
de Pelé?
-Era intermitente, te aparecía y te pintaba la cara. Cuando yo lo puse de titular,
la rompió. El negrito de a ratos era un fenómeno y de a ratos había que sacarlo.
-Usted trajo
también a Gallardo y a Contte, en 1978, a quienes conocía de su paso por Campana.
-Sí, Contte. Allá, un fenómeno, y en Atlanta no anduvo. ¿Vos sabés qué 8 era
ese pibe? Pero se asustó en Atlanta. ¿Sabés por qué? Porque nunca había salido
de Campana hasta que llegó a Atlanta. También lo traje a Lobos. Horacio jugaba
con los codos. Te mataba. Un partido de noche contra Independiente, en cancha
de Atlanta, Lobos le dio a Trossero y cayó. Le vino a pegar Larrosa. Y cayó
Larrosa. Gritaban: "¡¡Y pegue, Rojo, pegue!!". Era Horacio con los codos. Un
día, en cancha de Dálmine, frente a Defensores, Lobos le dio con el codo a Gómez
de Armas. El referee le exigía al chiquito que se levantara. Al tipo se le caía
el ojo, y el árbitro lo quería echar. Yo a Lobos lo traje a Atlanta porque era
guapo. Una vez me salvó en Campana porque me querían matar. Había cincuenta
tipos esperándome, y él les hizo frente: "El primero que lo toca a Pocho me
busca a mí". Y se fueron todos. Lobos sí era guapo, tenía tajos por todos lados.
-Los equipos
de Atlanta que usted dirigió tuvieron la particularidad no sólo de ser ofensivos
sino también, por ejemplo, de hacerle partidos espectaculares a River Plate,
con muchos goles.
-¿Vos me preguntás por qué se dieron tantos goles? Para mí es el jugador quien
hace eso. Es que River es un equipo distinto. Es el único equipo que es otra
cosa. Vos jugás con Boca, y Boca es guerrero. Pero River no es guerrero. River
siempre fue un equipo de calidad. Todos los años. Es un trato de pelota distinto
de todo el fútbol argentino. Vos ves a un nueve, a un diez de la Octava, de
la Novena de River, es el diez de la Primera. Cómo la baja, y ojo, que yo no
soy hincha de River. El jugador mismo se motiva cuando enfrenta a River. Si
juega contra un equipo chico, sin ofender a nadie, no es lo mismo. Pero contra
River tiene que destacarse. Además, River lo puede comprar, pues es un club
comprador. Me pasó a mí, que a fin de año me quería River y al final fue Mantegari.
Iba a ir yo, con 19 años. Y yo me fui al descenso. Si hubiera ido a River, me
habría salvado. Y bueno, es el jugador. Yo siempre lo digo, es el jugador el
que hace todo adentro. Uno como técnico tiene una idea, hace un trabajo. Pero
el trabajo de adentro de la cancha es el que importa. Los jugadores en la cancha
se asustan, se ponen nerviosos, hay jugadores que son de entrenamiento, hay
jugadores que son de partidos locales, hay jugadores que son de segunda rueda.
Se cuidan y juegan a lo último para que les renueven el contrato. Es un poco
difícil. Ojo, estamos hablando de la época mía. Quizás ahora cambió algo, pero
no creo. Ahora hay mucha televisión Entonces, jugás con River y ya te vieron
todos. Antes no existía eso.
-Después de
la segunda etapa como DT en Atlanta, ¿adónde fue a dirigir?
-Primero fui a Deportivo Merlo, y en 1983 volví a inferiores de San Lorenzo.
Pero también estuve en Comunicaciones antes, y ahí fue cuando me vinieron a
buscar para volver a Dálmine, que se iba al descenso. Yo les contesté: "No puedo;
estoy en Comunicaciones". Me pidieron que trabajara por la mañana y que a la
tarde fuera a Comunicaciones. Bueno, dirigía los dos entonces, pero no era lo
mismo. Porque yo dejaba el equipo hecho el jueves y no estaba. Y estaba en Comunicaciones,
escuchando por la radio cómo andaba Dálmine. Yo lo quería a Dálmine, porque
era buena gente. Pero me la pasaba viajando.
-Cuando había
dirigido antes a Dálmine, ¿no vivía en Campana?
-No, no quería vivir en Campana. Me habían ofrecido un chalet bárbaro, pero
es muy jodido Campana. Si te quedás en Campana, no vivís más. Tu señora va a
comprar algo y le dicen: "Eh, ¿qué pasa? ¿Fueron al bombo?". No podés vivir
ahí, es un pueblo chico. Así que iba y venía. ¿Y en la época de los militares?
Me paraban siempre. Yo lo llevaba a Durich, el arquero, que tenía barba. Una
vez nos detuvieron cerca de la Casa de la Moneda y le dijeron: "Vos sos del
ERP. ¡Bajá!". Bajamos todos, tenían unas matracas... Nosotros llevábamos la
revista "Nuestro Ascenso". Se la vendíamos en Campana para que el que la sacaba
no viajara por treinta ejemplares y le traíamos la guita después. Nos revisaron
una por una.
El presente del club
Si bien muchos hinchas y socios de Atlanta ubican el comienzo de la decadencia institucional y futbolística del club a mediados de los ochenta, luego de las gestiones Masci-Carbone y de que en 1986 no pudiera clasificar para el entonces flamante Nacional B y se hundiera en la tercera categoría, Bettinotti tiene un interesante y particular punto de vista sobre la cuestión y ubica la debacle antes: "Fijate la importancia de la cancha auxiliar. Cuando yo era jugador, se armó la auxiliar. Habían traído tierra de la Chacarita, del cementerio, para rellenar, y había pedazos de hueso, tibia, peroné, de todo. Pusimos un arco grande para probar el arquero. Así hicimos la cancha auxiliar. La pared de la vía iba en diagonal, y no daba el lugar para armar una cancha entera. Llegamos a jugar 11 contra 11, los pibitos apretados porque estábamos en casa. En los trenes venían los pibes a probarse desde San Miguel, José C.Paz, toda la línea del Ferrocarril San Martín. ¿Sabés cuándo murió Atlanta? Cuando perdió la auxiliar. Más murió (sic) todavía cuando se fueron a Celina las inferiores, ahí murió del todo".
-¿Qué significó
Atlanta en su vida?
-Con Atlanta todo bien. Yo en casa, tengo la foto de Atlanta y San Lorenzo.
De chiquito era de San Lorenzo. Me decían Martinito, por el jugador Rinaldo
Martino, pero el destino me hizo encariñar con Atlanta.
-¿Tuvo alguna
relación con Atlanta en los últimos años?
-No. Después del problema que te comenté con mi pibe, no.
-En 1993 usted
jugó aquel partido homenaje ante Temperley, para festejar el fin de la quiebra.
-Sí ahí estuve con mis 61 años. Fue cuando Gatti pidió que le dieran televisores
para participar. Pero jugaron varios jóvenes, y de los "viejos", Artime y pocos,
porque estaban todos rotos. Yo con Atlanta no tengo ningún problema. Lo que
pasa es que mucha de la gente que yo conocía ya no está. Fui a Warnes a comprarle
un repuesto a Simón, y me enteré de que murió hace un año. Simón Straiman me
adoraba. Güenzatti, Bettinotti, para él era todo el club. Así que ya no voy
a Atlanta. También me complica lo de las escuelas de fútbol, porque los sábados
compiten a veces. Antes iba siempre. Y no tengo problemas con la gente.
¿Acaso alguien podría tener problemas con él? Suponemos que quienes no lo vieron jugar y los más jóvenes, que sólo conocen su trayectoria y la del Atlanta de Primera División por vagas referencias o por algún relato familiar, a partir de ahora aprenderán a valorarlo, a quererlo, y lo dejarán por siempre en la memoria colectiva bohemia, al margen de la frialdad que tienen las cifras, aun cuando sean récord.
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Rodolfo Bettinotti en números Lugar y fecha de nacimiento: Buenos Aires, 7-10-1932. Trayectoria general como jugador: Atlanta (1952-1963), 306; All Boys (1964-1965), 58, y Excursionistas (1966-1967), 50, con un total de 414 partidos oficiales por Campeonatos (175 en Primera A y 239 en Primera B). Trayectoria general como director técnico: Atlanta (1969-1972, inferiores; 1972-1973, Primera), San Lorenzo de Almagro (1974-75, inferiores y un muy breve interinato en Primera), Villa Dálmine (1976-77), Atlanta (1978-79), Comunicaciones, Deportivo Merlo, San Lorenzo de Almagro (inferiores). Goles convertidos: en toda su carrera sólo anotó en Atlanta, 14. |
Campaña como jugador en Atlanta
Partidos jugados: 306 (175 en Primera A y 131 en Primera B) por Campeonatos. Si se toman en cuenta los 16 partidos disputados por la Copa Suecia, totaliza 322 partidos oficiales con la camiseta bohemia. Jugó durante 12 temporadas consecutivas en el primer equipo.
Títulos obtenidos: dos. Campeón de Primera B 1956 (ascendió a la A) y Copa Suecia 1958/60.
Descensos: uno. En 1952, de Primera A a la B.
Debut en Primera: Campeonato de Primera A 1952, 16ª fecha, 7-9-1952, Atlanta 0-Huracán 2. Atlanta: Enrique Giulianelli; Carlos Spinelli y César Pérez; Oscar Mantegari, Iván Aragón y Rodolfo Bettinotti; Antonio Delogú, Herberto Simmons, Héctor Ingunza, Raúl Barrionuevo y Nadir Pogliani. DT: Mario Fortunato. Huracán: Juan Carlos Marcello; Oscar Gaggino y Juan Manuel Filgueiras; Néstor Naya, Pascasio Sola y Enrique Cerioni; Alberto De Zorzi, Manuel Ameal, Valeriano López, Eduardo Ricagni y Carlos Lazón. Juez: Harry Dyckes. Cancha: Atlanta. Recaudación: $ 68.698,30. Goles: PT: 27' Enrique Cerioni, 38' Valeriano López. Incidencia: PT: 26' expulsado Oscar Mantegari (At).
Último partido en Primera: Campeonato de Primera A 1963, 16ª fecha, 1-9-1963, Atlanta 1-Banfield 5. Atlanta: Hugo Gatti; Oscar Clariá y Mario Bonczuk; Miguel Vignale, Carlos Griguol y Rodolfo Bettinotti; José Luis Luna, Norberto Conde, Juan Carlos Puntorero, Juan Alberto Castro y Juan Carlos Carone. Banfield: Ediberto Righi; Oscar Calics y Antonio Manilo; Adolfo Vázquez, Enry Barale y Oscar Villano; Oscar López, Luis Maidana, Mario Chaldú, Norberto Raffo y Roberto Zárate. Juez: Roberto Barreiro. Cancha: Atlanta. Recaudación: $ 615.710. Goles: PT: 2' y 40' Oscar López (B). ST: 4' Luis Maidana (B), 10' Mario Chaldú (B), 11' Oscar López (B), 44' Oscar Clariá (At), de penal. Incidencia: PT: 43' expulsado Juan Carlos Carone (At). Goles convertidos: 14 (3 en Primera A y 11 en Primera B). Si se toma en cuenta el gol que anotó en la Copa Suecia, totaliza 15 tantos.
Primer gol en Primera: Campeonato de Primera A 1952, 29ª fecha, 26-11-1952, Atlanta 3-Chacarita Juniors 5, al 1' de juego, al arquero Isaac López.
Goles en contra: anotó 3, ante Racing -V- (1952), Vélez -L- (1957) y Ferro -V- (1960).
Equipo al que más goles le convirtió: Almagro, 2. Penales: ejecutó 5, de los cuales convirtió 3 y le atajaron 2: los arqueros Tulio Luciani (Central Córdoba), en 1954, y Generoso Guelfi (Almagro), en 1956.
Expulsado: en dos oportunidades, ambas de visitante, por los jueces Carlos Nai Foino (ante Excursionistas, en 1954) y Luis Ventre (ante Independiente, en 1960).
Directores técnicos que tuvo como jugador: Mario Fortunato, Gastón Pagés, Lorenzo Tornaroli, Victorio Spinetto, Juan Carlos Fonda, Manuel Giúdice, Osvaldo Zubeldía.
Partidos internacionales: todos de carácter amistoso. Entre otros, participó en la extensa gira por Bolivia en 1958 y en los dos encuentros disputados en 1963 en Israel.
Campaña como director técnico en Atlanta
Entre 1969 y 1972
estuvo en inferiores. A
cargo del primer equipo estuvo en dos períodos: 1972/73 y 1978/79.
La primera etapa, tras la partida de Armando Mareque, se inicia el 30-3-1972,
Torneo Metropolitano 1972, Primera A, 7° fecha, Atlanta 2-Boca Juniors 1, goles
de Miguel Pecoraro (At), de penal, Rubén Cano (At) y Hugo Curioni (BJ). El último
partido fue el 6-5-1973, Torneo Metropolitano 1973, 11ª fecha, San Lorenzo de
Almagro 4-Atlanta 2, luego del cual fue reemplazado por Néstor "Pipo" Rossi.
El segundo período, después de la renuncia de Alberto Tardivo, comienza el 2-4-1978,
Torneo Metropolitano 1978, Primera A, 7ª fecha, Atlanta 3-Huracán 0, goles de
Alberto Curini (2) y Héctor Contreras.
Este ciclo culmina el 1-4-1979, Torneo Metropolitano 1979, 5° fecha, Atlanta
1-Ferro Carril Oeste 2, y fue sustituido en la dirección técnica por Victorio
Spinetto.
El siguiente cuadro resume su trayectoria como director técnico de la Primera de Atlanta
| Período |
Jugó
|
Ganó
|
Empató
|
Perdio
|
G.F.
|
G.C.
|
| 1972/73 |
57
|
22
|
13
|
22
|
96
|
90
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| 1978/79 |
53
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13
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24
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16
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69
|
69
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| Total |
110
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35
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37
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38
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165
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159
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Campaña en la Selección Nacional
Jugó un solo partido oficial, el 16-12-1959, Uruguay 5- Argentina 0, correspondiente al VII Sudamericano extraordinario, disputado en 1959 en Guayaquil (Ecuador). El campeón fue Uruguay y la Argentina ocupó el segundo lugar. Argentina: Osvaldo Negri; Carlos Arredondo, Carlos Griguol y Juan Carlos Murúa; Héctor Guidi y Rodolfo Bettinotti (Antonio Rattin); Norberto Boggio, Juan José Pizzutti, Rubén Sosa (Miguel Ruiz), José Francisco Sanfilippo (Juan José Rodríguez) y Raúl Belén. DT: José Manuel Moreno. Juez: José Gomes Sobrino (Brasil). Goles: PT: 9' Alcides Silveyra, de penal, 15' Bergara, 25' José Francisco Sasía. ST: 10' Alcides Silveyra, de penal, 59' Vladas Douksas.
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