REPORTAJE A CARLOS MORENO
"Atlanta no es una casa tomada"

El presidente de Atlanta, Carlos Moreno, es un hombre frontal, impulsivo, que por momentos se muestra inflexible pero, a la vez, quiere hablar con todo el mundo. Dice que siente un enorme orgullo por la responsabilidad que tiene, que quiere gobernar con las puertas abiertas y pide a todos los hinchas que se acerquen a colaborar porque si no Atlanta se muere.
POR FELIPE LEIBOVICH & EDGARDO IMAS

El matutino frío invernal envuelve Villa Crespo. En la cancha de Atlanta un grupo de jugadores hace ejercicios con pelota probando remates a la carrera y exigiendo a los arqueros Cirrincione, Presutto y Barrera. Mientras tanto, alrededor del campo de juego, ávido de césped, el supuesto equipo titular se entrega a la rutina de oxigenar los pulmones corriendo. Todo bajo la atenta mirada de Miguel Lemme. Una buena cantidad de directivos presencia el entrenamiento, y un solitario hincha, en el codo entre la platea y la tribuna de Muñecas, observa los movimientos. Tal vez esté pensando que estos futbolistas pueden salvarnos del descenso tan temido. Quién lo sabe.

Pasadas las 11 entra a la cancha la enorme figura de Carlos Moreno, el flamante presidente del club, enfundado en una campera negra y fumando sin parar. Un hombre de tablón, frontal, impulsivo, sin medias tintas, que a lo largo del extenso reportaje se mostrará por momentos inflexible, en otros predispuesto al diálogo con todos los sectores y se emocionará hasta las lágrimas al recordar a su padre y al hablar de su Atlanta. El Atlanta de todos.

Carlos Moreno en el día de su asunción oficial. (FOTO M.QUATRARO)

La charla con Sentimiento Bohemio duró casi noventa minutos y no dejó ningún tema afuera. Es la primera vez, en muchos años, que un presidente del club da la cara y afronta las preguntas más incómodas, brinda respuestas -más allá de que uno acuerde con ellas- y clarifica la actual situación del club que, a juzgar por los números vertidos, es muy crítica. Juicios, sueldos impagos, pedidos de quiebra por deudas irrisorias de sólo 1.000 pesos, el reservorio, su pasado como barrabrava, la relación con Miguel Angel Broda, las recientes renuncias de dos integrantes de la comisión directiva, la actividad en Villa Celina, el presupuesto del actual plantel, el esfuerzo constante para recaudar dinero, el ruego de que los hinchas de Atlanta se acerquen a colaborar. En fin, todos los temas fueron abordados y ninguna respuesta fue evadida.

-¿Cómo encontraste al club cuando te hiciste cargo?
-Muy mal. Los primeros días dormía cuatro horas buscando gente para ayudar a Atlanta. Un sábado hice una cuenta con mi familia y llegamos a la conclusión que el club tiene una deuda de 3.030.000 pesos. No pensaba que debíamos tanto, pero hay quienes incluso me dicen que no es mucha plata. Pero creo que por la situación en que estamos es una enormidad. Pero esto no me achicó sino que me puso nervioso. De a poquito nos fuimos enterando de los juicios que estaban encajonados, algunos de los cuales venían con pedido de quiebra. Como uno de 1.000 pesos y otro de 38 mil. Habíamos juntado el dinero, todo en patacones, cheques y Lecop; pero el demandante quería pesos. Imaginate, tuvimos que salir corriendo a cambiar y no teníamos una moneda. Necesitábamos 10 mil y en dos días conseguimos 12 mil pesos. Eso, para mí, es una satisfacción, porque significa que me abrieron la puertas.

-De estos tres millones que se adeudan, ¿qué es lo más urgente que se debe pagar?
-El de 38 mil pesos. Pero tuvimos la suerte de llegar a un arreglo para pagar en cuotas con cheques de 2.000 pesos. Después tuvimos otro de 5.000 pesos que hacía como diez años que venía dando vueltas. Logramos hacer un buen arreglo porque el hombre tenía miedo de venir a cobrar. Le explicamos que acá se acabaron los problemas que existían. Lo logré yo, porque fui a hablar con los pibes de la hinchada. Yo también tuve mis problemas pero lo entendieron. Atlanta no es una casa tomada, es un club. Ese juicio también era un pedido de quiebra, logramos solucionarlo y ahora hay que pagarlo. Después arreglé el tema de Titina, una empleada del club que trabajaba en el vestuario y que había sido echada. Cuando fuimos a Tribunales le llevé un pantaloncito y una camiseta de Atlanta. Se puso a llorar y le dije que quería que volviera al club porque ella es de Atlanta. Los abogados están manejando el tema y vamos a arribar a un acuerdo beneficioso para ella y para el club. También hablamos con la mamá de Szereszevsky, que tenía un juicio por 2.000 pesos con el club. Yo la llamé por teléfono y desistió de la demanda. Gracias a Dios es un juicio menos que tiene Atlanta.

-¿Cuál es el más difícil de todos?
-El de Puchero Domínguez que pide 120.000 pesos. Pero nos tenemos que sentar a negociar con él y creo que vamos a solucionarlo. Lo que pasa es que la gente de Atlanta está cansada de poner plata y que se la lleven. Muchas personas de afuera pusieron muchísima plata. Caso Miguel Angel Broda, al que se lo ataca constantemente. Acá hay que ser político. La vida me ha enseñado un montón de cosas. Cuando fueron las elecciones de Masci, mi viejo estaba muy mal de salud. Yo estaba buscando dadores de sangre. Me puse a hablar con un muchacho con el que estaba muy peleado y le pedí que fuera a dar sangre para mi viejo. Eso me enseñó a que me tengo que sentar a hablar con todo el mundo. No sabés lo que me está pasando ahora por la piel (NdR: se le llenan los ojos de lágrimas) Me tengo que sentar a hablar hasta con el diablo pero no puedo permitir que él me maneje a mí.

-¿Hay algún otro juicio más?
-Nadie sabe el juicio que nos hizo Osvaldo Diez (NdR: ex técnico de inferiores), que es de 120.000 pesos y que puede llegar a los 300.000. Si nos presenta la quiebra, ¿qué hacemos? ¿A quién le pedimos la plata nosotros? Estamos obligados a sacar un jugador por año pero no para guardar la plata sino para pagar los juicios. Es lamentable pero es así. Y no sólo eso, también está el tema de Aguas Argentinas. Con ellos queremos hacer un plan para no ahogarnos con la misma agua que nos están dando. Se deben más de 500 mil pesos. Hay que sentarse a hablar con todo el mundo porque a la larga vamos a tener que pagar. Te digo la verdad cuando llego a casa ni duermo...

-Es muy común en los últimos tiempos, ante la realidad institucional y deportiva de Atlanta, escuchar en la tribuna y la platea cierto revisionismo histórico, que se expresa en una especie de culpa por haberle reprochado al ex presidente Hugo Masci "las canchas de tenis y el agua caliente". Retrospectivamente, ¿te arrepentís de haber estado en contra de él en su momento?
-Estuve en contra de Masci porque él también hizo sus cositas. El se fue porque tenía una propuesta mejor y no porque nosotros lo echamos. Si vos te ponés a pensar, podríamos haberlo expulsado cuando nos fuimos a la B en 1979 y sin embargo fue presidente durante seis años. Llegamos a tener 15 mil socios... Por eso hay que sentarse a hablar y revisar los papeles y ver qué cosas dejó cada directivo, lo bueno y lo malo.

-No obstante, uno ve ahora lo que Masci hizo con el Club de Amigos y no podemos dejar de pensar que ese destino podría haber sido el de Atlanta.
-El Club de Amigos lo consiguió por una gestión política, porque eso era para Carlos Bilardo. Pero yo también lo quiero hacer aquí. A medida que pasan los años uno va madurando, tiene hijos y familia, y crece. A mí ahora me encantaría tener los 15 mil socios que Masci había logrado. No te digo cancha de tenis porque a mí no me interesa. Pero sí tener la cancha acá para sacar a los pibes de Villa Crespo. Que los abuelos y los padres puedan ver a sus hijos jugando en la cuarta, en la novena. Eso sería buenísimo.

-En Atlanta falta hacer una autocrítica feroz para saber quiénes vaciaron el club.
-Claro acá mucha gente se equivocó y perjudicó a Atlanta. Es necesario revisar todo y ver qué cosas se hicieron mal. Ir a buscar a esa gente, pero no para meterla presa, porque yo no soy policía y en todo caso debería actuar la Justicia, sino para recuperar la plata que se llevaron a través de una colaboración o bríndándonos un contacto para poder conseguir un sponsor para la camiseta que estamos buscando. Porque a mí me duele que Atlanta esté así. Antes la administración del club se abría a las tres de la tarde pero desde que asumí empezó a funcionar a las 10 de la mañana. A esa hora no viene mucha gente, sólo los conocidos, pero eso sirve porque se ve movimiento. Y también la tarea que hacen las subcomisiones que es importantísima para atraer a la gente del barrio.

-¿Qué podés decirnos de las sorpresivas salidas de la comisión directiva de Guillermo Velisone y Marcelo Di Constanzo, además de la renuncia de Julio Spolansky, coordinador del área de las subcomisiones?
-El otro día me encontré con Julio y me dijo que estaba solucionando un problema familiar y que, en cuanto lo terminara, volvería a trabajar. Julio va a volver. Guillermo Velisone estuvo aquí ocho meses y yo jamás lo molesté. La última vez que hablé con él le pedí que se quedara como vicepresidente primero y le expliqué por qué. Hay un montón de puertas que se cerraron durante su gestión que nosotros ahora pudimos abrir. Entonces, si vos sos el secretario general y tenés que firmar contratos, no podés ir a negociar nada en Agremiados porque tenés las puertas cerradas. Porque Velisone tenía una política y yo otra. El encajonaba los papeles y yo los agarro aunque me quemen en las manos. Me dijo que tenía problemas familiares y que le había salido una propuesta de trabajo en Italia y que no la podía perder. Y, bueno, se fue, pero acá las puertas para él van a estar siempre abiertas porque yo no echo a nadie.

-¿Y Marcelo Di Constanzo?
-Nunca trajo nada para Atlanta y además cometió algunos errores que casi perjudican una negociación muy importante para el club. Pero él decidió irse solo, nadie lo echó; su decisión fue personal y nos tomó por sorpresa. Incluso le dijimos que queríamos que se quedara pero no hubo caso. Dijo que iba a ayudar desde afuera, pero desde que se fue no aportó nada.

-Ante la próxima iniciación del torneo y la inhabilitación que ya sufrió Atlanta durante el certamen pasado, ¿en qué estado se halla la cancha?
-Se está trabajando en el tema de los tablones. Estoy negociando con el Sindicato de la Madera para que, a través de un canje publicitario, consigamos los tablones para las populares y las maderas para la platea. Y así dejar el estadio como corresponde. Tengo ganas de habilitar la tribuna de Dorrego pero la Policía pide otra salida más. Así que por ahora vamos a seguir así.

-¿Está previsto acondicionar la concentración para alquilársela a clubes del interior cuando éstos viajan a Buenos Aires?
-Queremos llegar a un acuerdo con Huracán de Tres Arroyos. Ellos cada vez que vienen a Buenos Aires gastan entre hotel y comida 3.800 pesos. Pienso que alquilarles la concentración un viernes y un sábado por 1.500 pesos representaría un buen ingreso para Atlanta, porque además ellos tendrían que pagarse la comida. Ahora dejamos de hablar de esto porque estamos con el tema de Rubén Cortés, que se fue a jugar para allá. Pero tengo muy buena relación con esta gente. Aparte Anzarda nos está dando una mano en esto. Pero si no es Huracán de Tres Arroyos, que sea Colón, Unión, cualquiera.

-El torneo pasado se pagaron sueldos que, en algunos casos, resultaron siderales. ¿Cómo manejaron el presupuesto para esta temporada?
-Actualmente, el jugador que más gana cobra 1.300 pesos. Acá hubo algunos de dos y tres mil pesos y hasta de 5.200, que fue lo que había arreglado Bazán Vera. Todavía no cobró y no hizo nada, pero vamos a tener que pagarle. El presupuesto actual es de 23 mil pesos.

-¿Tendríamos alguna una inhibición con Agremiados que impida que jueguen los nuevos valores?
-No, porque estamos pagando; así que por ahora está todo bien. Con UTEDYC (NdR: Unión de Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles) también teníamos problemas, pero de papeles no más, porque en sus actas figuraba que teníamos cien empleados cuando en realidad tenemos once. Eso está solucionado.

-¿Los empleados del club están cobrando?
-Si les estamos dando plata a todos a pesar de que tenemos un montón de juicios y deudas.

-¿Qué expectativa tenés con este nuevo equipo, teniendo en cuenta el bajo promedio con el cual arrancará el campeonato?
-Estoy conforme y tranquilo porque armamos un equipo con peso para que sea respetado como visitante y como local. No pienso ni el descenso ni el fracaso; soy optimista y creo que vamos a revertir esta situación. Tenemos un plantel espectacular, especialmente desde lo humano. Veo cosas que el año pasado no existían. Por ejemplo, Vero. Era un jugador del club pero uno de los tipos más problemáticos. El se manejaba así y ahora creo que terminó en Excursionistas. Acá el que no es buena gente se tiene que ir.

-¿Algunos cuestionan que tu sobrino esté jugando en el club?
-Mi sobrino es empleado del club como cualquier otro. No lo podemos dar a otra institución porque viene de una lesión pero le dije a Lemme que si no lo tiene en sus planes, lo transferimos. Ahora firmó su segundo contrato por un sueldo ínfimo pero el año pasado nunca se llevó un peso. Sufrió una lesión, así que nunca cobró nada. Tiene sus problemas económicos como todos, y yo de mi bolsillo lo voy ayudando. Pero si los hinchas de Atlanta creen que está en el club porque es mi sobrino, se equivocan feo.

-Dos preguntas finales. La primera: ¿es verdad que sos hincha de Independiente?
-No y te explico. Yo tengo una hija que es "fana" de Atlanta y otra de Independiente. Un día me pidió que quería ir a la cancha en Avellaneda y justo estaban las cámaras del programa "El Aguante", que me hicieron una nota. Pero el reportaje lo cortaron; no salió donde decía que era de Atlanta y nuestro rival, Chacarita. Yo me peleé con la hinchada de Independiente por Atlanta, así que basta de estas cosas sin sentido. Yo soy de Atlanta desde que nací.

-La última: ¿tu pasado como hombre de tablón y barrabrava no crees que asusta un poco a la gente?
-¿Ustedes se sienten intimidados o tienen miedo de mi persona?... Hay un montón de gente que se está acercando porque Carlitos Moreno es el presidente de Atlanta. Nadie tiene que tener temor porque yo no soy un delincuente, jamás maté a nadie, no soy un tipo cagador y no le debo plata a nadie. Mis teléfonos los pago yo, al igual que la nafta, los peajes y las cenas que hago por Atlanta. Al club no le paso un solo ticket. Yo dije algo una vez: "Hay que creer para poder crecer". Suena medio político, pero si vos no creés en una persona nunca la vas a dejar crecer. Yo lloré mucho por Atlanta. Cuando dimos la vuelta olímpica en Rosario (NdR: el campeonato y ascenso en 1983), me quedé llorando en la tribuna. Y me la debo. Lo mismo ocurrió en cancha de Ferro en la final ante Dock Sud. Así como dicen que soy barrabrava, yo nunca estuve en los vestuarios. Si salimos campeones, yo no voy a estar con los jugadores sino con mi gente, los hinchas del tablón. Estoy orgulloso de ser el presidente de Atlanta porque estoy trabajando con las puertas abiertas y todo el mundo sabe lo que pasa adentro. No me escondo de nada ni de nadie. No tengo problemas en ir a una pizzería a pedir una publicidad o sentarme a hablar con Macri. A mí no me asusta nada. Yo pongo la cara siempre. Y espero que la gente se acerque porque Atlanta, repito, no es una casa tomada.

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